Salgo inmediatamente a la calle y puedo sentir el frío de la madrugada, veo que Dix esta parado en una esquina con un cigarrillo en la mano. Me acerco a paso lento, él me mira acercarme, tiene un corte en la ceja. Me quedo parada junto a él.
—. Gracias —logro decir.
—. Tendremos suerte si no sale en la prensa. Me imagino el titular.
—. Defendiste a tu madrastra. Solo fue eso.
—. Sí, es verdad. ¿Por qué saliste?
—. Ya fue suficiente para mí. Me tambaleó y me sostengo de él.
—. ¿Quieres que te lleve?
Asiento.
Le indico donde esta mi auto y caminamos hasta él. Le doy mis llaves y me siento en lado del acompañante. Él se sube del otro lado, enciende el auto y comienza a conducir en completo silencio, en una esquina donde debería doblar no lo hace. Miro por la ventana mientras nos alejamos.
—. Pensé en ir por el camino largo.
Sonrío apenas—. Claro.
Seguimos conduciendo, después de diez minutos en los que ya deberíamos haber llegado, me animo a hablar porque el silencio incómoda más porque hemos conducido por casi media hora y no llegamos a ningún lugar.
—. ¿Quieres decirme algo?
Estaciona el auto de manera brusca en una esquina.
—. No entiendo porqué, me hago la misma pregunta una y otra vez, y no entiendo.
—. ¿Qué pregunta?
Se ríe —. ¿Por qué de todas las mujeres en el mundo, me gusta la mujer de mi padre?
Agacho la cabeza —. Quizás sea por el alcohol que diré esto, a mí también me gustas, Dixon y no soporto verte con Kayla.
—. Yo tampoco con mi padre.
—. Quise salir corriendo de la iglesia, irme lejos, sin embargo, pensé en todas las razones por la que me casaba con él, pero solo había una razón para no hacerlo y eras tú.
Él actúa sorprendido—. Quizás hubiera sido lo mejor, que hubieras salido corriendo de la iglesia.
—. ¿Qué hubiera cambiado?
Juego con mi mano temerosa, resignada y culpable.
—. ¿En serio preguntas que hubiera cambiado, Bea? ¡No seas tonta! Tú y yo dormimos juntos, no puedo quitarme de la cabeza tu cuerpo desnudo y piensas que puedo aceptar que ahora es mi padre quien te toca. ¿Cómo pretendes que acepte eso? ¡Si desde ese día no he pasado un segundo sin intentar encontrarte! Y mira; mira donde vengo a saber de nuevo de ti. Prefiero odiarte con todas mis fuerza y pensar que te casas con dinero que pensar que de verdad lo quieres. Si hubieras salido corriendo, hubiera corrido detrás de ti.
Entonces lo miro a los ojos y puedo distinguir que lo que dice es verdad. Él posa su mirada en mis labios, trago saliva y su mano rápidamente termina en mi cuello trayéndome con fuerza hasta que mis labios tocan los suyos. Intento separarme porque sé que se arrepentirá después, pero me termino rindiendo, mis labios comienzan a moverse al compás de los suyos. Mis manos desabrochan lento los botones de su camisa. La luz de un auto detrás de nosotros nos hace entrar en razón. Es la policía.
—. Sal tú primero, antes que se acerquen al auto.
Asiente y se baja. Unos minutos después regresa y enciende el auto. —. Estaba prohibido estacionar ahí, deberás pagar una multa. Se ríe leve.
—. No es lo único que estaba prohibido.
—. Lamento eso.
—. Yo no. Sonrío y miro hacia otro lado.
Conduce hasta la casa ahora sí, estaciona en una esquina —. Ve tú, llegaré después.
Se baja y yo me paso al volante. Cuando entro por el portón de la mansión, entiendo que la noche ha terminado. Subo en silencio hasta la habitación, me siento en la cama y siento las manos de Viktor acariciar mi espalda.
—. ¿Cómo estuvo tu noche?
—. Aburrida.
—. Ven a la cama. Se acerca para besar mi cuello.
—. Estoy cansada, Viktor. Me aparto—. Me cambiaré en el baño.
Llevo mi pijama al baño, me siento en el borde de la bañera un minutos y toco el lugar en el que Viktor me beso. En un momento, las lágrimas comienzan a salir sin control, no me doy cuenta de ello. No he llorado en tanto tiempo. ¿Por qué ahora? ¡Debe ser el alcohol! Me digo para calmarme. Me pongo de pie y camino al lavado. Me miro al espejo mientras lloró, veo mis labios. Abro la canilla y lavo mi boca. Yo no puedo hacer esto, estoy casada. Lo siento tanto, Viktor, sollozo. Escucho el ruido de las escaleras y sé que es Dixon. Suspiro, seco mi cara y vuelvo a la habitación.
A la mañana, me preparo para el desayuno, cuando salgo a la sala veo a Dixon primero antes de adentrarme en el comedor del todo. Impulsivamente me sale una sonrisa que se borra inmediatamente cuando veo a Kayla junto a él.
—. Buenos días—digo amargamente.
Ella me saluda amable. Me siento en mi lugar, Viktor viene después de unos segundos. —. Querido, ven siéntate.
Él se acerca y se inclina para besar mis labios. Y se sienta en su lugar. Veo a Dixon que tiene los ojos cerrados en ese momento, cuando los abre me mira fijo. Le hago seña con los ojos sobre Kayla. Ninguno se da cuenta que con la mirada decimos más de lo que podríamos hacerlo con palabras.
Viktor bebe su café—. ¿Qué planean para este domingo?
Kayla contesta—. Mis padres están en la cuidad, vinieron a conocer a Viktor.
Me río leve y todos me miran —. Es muy serio esto, casi están comprometidos.
—. Bueno, yo conozco a su familia, él debería conocer a la mía.
—. Es diferente para los hombres, ellos solo conocen a la familia si piensan que es la correcta.
Ella sonríe —. Entonces soy la correcta.
Dixon tose —. Solo conoceré a sus padres, no voy a casarme.
—. Por ahora— agrego molesta. Acaricio la mano de mi esposo—. Y sean tan feliz como nosotros. Me inclino y beso los labios de mi esposo, en un beso levemente apasionante. Cuando me separo, veo Dixon aprieta la mandíbula y agarra la mano de Kayla por arriba de la mesa.
El silencio continuo en la mesa, cuando terminamos de desayunar me voy hacia la sala para mirar un poco de televisión, miro y miro la hora. Se acerca la hora del almuerzo, pienso en Dix y sus futuros suegros. Unas manos se posan detrás del sillón donde estoy sentada me volteo y veo a Dixon.
—. ¿Cuál es tu problema?
—. ¿De qué hablas?
—. ¡No juegues conmigo! —me apunta.—. ¿Qué carajo fue eso de felices como nosotros? —me remeda.
—. ¿Y eso de ver a sus padres? ¡No que solo estabas para pasar el tiempo!
—. ¡Entonces estás celosa! —bufa.
Y del pasillo se escuchan pasos. Nos quedamos congelados mirando haber quien cruza por la puerta. Se siente la tensión y el miedo.