Nadie cruza por el pasillo, los pasos ya no están. Puedo sentir la preocupación de Dixon por imaginar que sea su padre quien nos haya escuchado. Vivir así, bajo el mismo techo con esta brecha tan grande nos está volviendo loca, actuamos impulsivamente sin medir si quiera donde estamos o el peligro que podemos estar corriendo. Dixon se acerca para ver si se trata de alguien. Luego, regresa y me dice:
—. No había nadie. No entiendo, yo escuché los pases.
—. Yo también. Quizás fue nuestra imaginación.
Él me mira y se acerca más a mí para susurrar—. No juegues conmigo, Bea. Es todo lo que diré. Y sale de la habitación.
Me desplomo en el sillón. Mi celular comienza a sonar, es la psicóloga de mi hermana. —. Buenos días.
—. Buenos días, señora Fitz.
—. ¿Ocurrió algo con mi hermana?
—. No, llamaba para informarle que él miércoles puede pasar por ella, creo que le haría bien regresar a casa.
Sonrío amplio —. ¡Eso es genial!
—. La esperamos en miércoles a las diez de la mañana junto con el señor Fitz.
—. Ahí estaré. Adiós. Cuelgo.
Me levanto contenta del sillón y bajo corriendo las escaleras—. ¡Mamá! ¡Tristan! —grito mientras bajo, mi madre sale de la sala de música cuando me escucha—. ¡Amy volverá a casa! El miércoles estará con nosotros.
Mi madre se emociona y me abraza fuerte. Viktor y Dixon junto con Kayla bajan las escaleras y nos ven abrazadas. —. ¿Qué las tiene tan alegre? —pregunta mi esposo.
—. El miércoles tenemos que ir por Amy, querido. Ya puede volver a casa. Sonrío y lo abrazo fuerte. Él me corresponde el abrazo.
—. ¿Amy? —pregunta Dixon. Asiento cuando me separo —. Hace cuanto no la veo.
Tristan entra por la puerta y mi madre le da la noticia, también se emociona que Amy vuelva—. ¡Toda la familia reunida!
El martes después de la cena doy vueltas en la cama por todo lo que ocurrió el último tiempo con mi hermana, por el hecho de volverla a tener conmigo. Me levanto y voy a la sala, me sirvo un vaso de whisky mientras me quedo en la oscuridad pensando en aquella vez. Escucho unos pasos, es Dixon que entra por la puerta.
—. ¡No enciendas la luz! —le digo.
Él se asusta y luego, me observa sentada en el sillón junto a la ventana que alumbra con la luz de la calle. —. ¿Qué haces aquí?
—. No podía dormir, ¿Tú?
—. Tampoco, venía a fumar junto a la ventana. Abre la ventana y saca un cigarrillo del bolsillo de su pantalón de dormir —. ¿Estás ansiosa por lo de tu hermana?
—. Sí.
—. ¿Hace mucho no la ves?
Niego con la cabeza—. La visité con frecuencia. Mi hermana estaba internada en un centro psiquiátrico, Dix.
—. Lo supuse. Por lo que contaste la otra vez con respecto a la amante de tu padre.
Bebo el whisky—. Justo en eso pienso.
Él le da una calada a su cigarrillo y luego el humo sale por su nariz—. ¿Cómo ocurrió?
—. Cuando él falleció y comenzamos a perderlo todo, el prometido de mi hermana terminó con ella porque estábamos en la boca de todos, ella tenía todo listo; el vestido, las invitaciones e incluso reservado para la noche de boda. Entró en depresión, y fue peor cuando se entero que Teresa, estaba embarazada. Condujo hasta su casa y entró a la fuerza, la culpó, la agredió y…se corto la venas delante de ella para que se sintiera culpable. Bebo el whisky y me sirvo otro poco.
Dixon suspira sorprendido—. Fue muy difícil por lo que debieron pasar. Perderlo todo y después…esto.
—. Viktor nos ayudó mucho, mi hermana está bien gracias a él. Sin él no sé dónde estaríamos ahora. Intento tomar fuerzas para no llorar.
—. ¿Te casaste con mi padre por agradecimiento? —dice pero esta vez sin el tono de maldad o resentimiento sino con compresión.
Bebo mi whisky —. No, no fue por eso. Me sirvo otro trago. Recuerdo como la psicóloga de Amy creía lo mismo sobre mi matrimonio.
—. Deberías beber menos.
—. Deberías fumar menos.
Se ríe leve—. Cada uno con su vicio. Asiento. —. Pero si bebes menos evitarías ciertos problemas.
—. Así no tendrías que defenderme todo el tiempo. Recuerdo esa noche y sé por su rostro que él también. —. ¿Deberíamos hablar sobre esa noche?
Él se acerca a mí cuando termina de fumar y luego, mira en dirección a la entrada de la sala. Retrocede un segundo y cierra las dos puertas que separar la sala del comedor. Y vuelve a acercarse a mí. Se inclina para quedar arrodillado ante mí.
—. ¡Escúchame, Bea! Asiento —. Lo que ocurrió la otro noche en tu carro, sé que estuvo mal, no puedo evitar sentirme una mierda cada vez que veo a mi padre, y al mismo tiempo no puedo quitarte de mi mente, así que sé sincera conmigo. ¿Amas a mi padre?
—. Eso no tiene nada ver, Dix—me niego a contestar esa pregunta porque me he mentido tanto a mi misma que ni siquiera sé esa respuesta con certeza.
—. Claro que sí, porque puedes calmar mi agonía con solo una palabra o un gesto.
—. Es…inútil ¿de que te sirve?
—. Yo te fui sincero, te dije que Kayla no significa nada para mí.
Bebo mi whisky y me pongo de pie intentando huir de esta situación—. Pero tú no estás casado con Kayla, Dix. Yo sí con Viktor y hay una promesa ante Dios que puedo romper.
—. No existe el hasta que la muerte nos separé, Bea.
—. Es que no cambiaría nada mi respuesta, Dixon. Lo que sucedió ya no puede volver a pasar.
Él suspira y se pone de pie—. Ya me diste la respuesta, Bea. A tu manera, de una forma tan fría y egoísta, pero lo amas. Me voy a dormir.
Asiento —. Yo también.
De camino a la casa desde la clínica voy muy callada pensando en la conversación de anoche. Miro hacia atrás, mi hermana está sentada en el auto y yo pienso en cosas que no van al caso. Ella va hablando con Viktor sobre nuestra luna de miel, los lugares que recorrimos.
—. ¿Estás bien, querida?
—. Solo casada.
—. Tú hermana no durmió en toda la noche pensando en ti —le cuenta.
—. Yo tampoco, estoy ansiosa por ver a mamá y al idiota de Tristan. Largo una carcajada—. Y a Dixon.
Se me borra la sonrisa, y miro de nuevo hacia adelante—. ¿Por qué a él?
—. Solo recuerdo cuando era un niño, quiero saber cuando ha cambiado. Y si sigue muy apuesto, aunque que si salió a Viktor apuesto lo que sea que es así. Ríe.
—. Gracias, cuñada. Y sí, mi hijo es muy apuesto.
—. Y tiene novia —añado.
—. ¿A sí?
—. Sí, Amy. Se llama Kayla, y van muy en serio ¿cierto Viktor?
—. Sí, es bastante serio para Dix, pero supongo que alguien tenía que robarle el corazón.
Asiento —. Sí, Kayla es tan dulce.
Viktor me mira confundido—. Podría jurar que no te caía bien.
Me río nerviosa —. ¿Kayla? ¡Pero, si es un amor! La adoro.
Cuando llegamos a la casa todos salen a recibir a Amy, Grace le un gran abrazo y le dice tía. Mi mamá se larga a llorar, y Tristan la termina consolando. Los empleados de la casa también muestran sus simpatía con ella. Dixon que luce recién levantado aparece para recibirla.
—. ¡Amy! ¡Hermosa! ¿Qué tal las vacaciones? —finge no saberlo.
—. Fue genial. ¡Qué cosas de la vida! ¡Cómo nos hemos vuelto a encontrar!
—. ¡Quien diría que ahora eres mi tía! Se ríe Dixon y la abraza fuerte.
—. Bueno—los separo —. Me la vas a partir, recién llega. Suban las cosas de mi hermana —le digo a los empleados.
Cuando subimos hasta su nueva habitación, ella se mira en el espejo y comienza a llorar. Me asusto —. ¿Sucede algo?
—. Luzco horrible. Y se ríe. Me tranquilizo.
—. No, solo tienes que retocarte el color y tomar sol.
Me ríe y luego se sienta en la cama—. Huele tan bien todo aquí.
—. Me alegra que estés aquí.
—. Resee fue a verme.
Me sorprendo —. ¿Te hirió?
—. No, me pidió disculpas y me dijo que me amaba. Sin embargo, no quiero esa carga nuevamente.
Me encuentro furiosa —. Voy a matarlo.
Niego con la cabeza—. No, no le digas nada. Yo ahora estoy bien.
Tocan a la puerta es Dixon—. Vengo a preguntarle a la nueva inquilina de la casa si quiere salir a caminar un poco.
—. Claro, permíteme un minuto. Voy al baño.
Cuando mi hermana entra al cuarto de baño me acerco a Dixon molesta—. ¿Qué intentas hacer?
—. Solo salir a caminar, no sale hace mucho tiempo, Bea. Solo estoy siendo amable, deja tus celos para tu esposo.
—. No te atrevas a jugar con ella.
—. Solo soy amable. Bea. No te pongas así.
Lo agarro de la camisa con fuerza y lo atraigo hacia mí —. No juegues conmigo y mi hermana, Dixon o será lo último que hagas.
Miro sus labios y él los mío. Nuestra respiración se entrecorta. Él me sonríe—. Tranquila…soy tuyo.
Escuchamos unos pasos y volteamos. Tristan esta parado justo detrás de nosotros. ¡Carajo!