Mi madre comienza a gritarme que no deberíamos ayudar a esa mujer; que no puede creer que le haga esto. Tristan también se pone de su lado, ella comienza a sollozar como si la hubiera herido profundamente. Se arruina la cena.
—. ¿Puedo retirarme? —Pregúntame Grace.
—. Claro.
Ella sale prácticamente corriendo del comedor. —. No sabia nada de una amante —dice Dixon.
—. Pensé que sí, como sabías de la bancarrota de mi padre la primera vez que me hablaste.
—. Me enteré de eso por casualidad, no soy una vieja chismosa.
—. ¡Dixon! —le advierte su padre.
—. Está bien, es verdad que no es tema agradable de hablar.
—. No, está bien, ya es un tema cerrado. Mi padre tuvo un amante que quedo embarazada…
—. ¿Tienes un medio hermano? —me interrumpe
—. Sí, esa mujer se quedó con una parte de nuestro dinero, debido a las deudas, no es mucho lo que recibe al mes. Así que, no podía pagar la cirugía y me pidió que cuidáramos a su hijo.
—. ¡Ni loca! —grita mi madre.
—. Esa es la razón por la que pagué la cirugía, no quería que mi hermano bastardo se quedará sin su madre ahora que perdió a su padre. Me pongo de pie—. Lamento si los incomodamos mi madre y yo.
—. Bea, tú no le debes explicaciones ni disculpas a nadie —dice Viktor—. Eres la señora de esta casa.
Sonrío —. Pero, por culpa se daño la cena.
—. No, no fue tu culpa —dice Dix y nos sorprende a todos—. Lo que hiciste por esa mujer fue realmente generoso.
—. Lo hice por Noah.
—. ¿El bastardito se llama Noah? —dice Tristan.
Mi madre se limpia las sabanas—. Es el nombre del abuelo de tu padre.
—. Quizás solo es una coincidencia madre.
—. No, tu padre quería que si algún día teníamos el varón que llamé así, yo nunca pude darle un niño.
—. Pero le diste dos hermosas mujeres —la consuela Dixon que se encuentra a su lado —. No sé lo que habrán tenido que pasar con la muerte del señor Holland, pido disculpas si algún día dije algo que las molesto.
Viktor aplaude —. ¿Mi hijo pidiendo disculpas? ¡Esto es nuevo!
—. Y solo pasa una vez.
—. Las aceptamos, Dixon. Gracias. —digo.
El tema se termina por un tiempo. La casa se vuelve cada día más mi hogar, será porque es al único lugar al que puedo volver cuando termina el día. En la universidad me va bien, los chismes cesaron, quizás porque otros nuevos vinieron. Comparto cada día más cosas con Grace y mi esposo, mientras con Dixon a penas nos dirigimos la palabra.
Todos viajan por una presentación de música de mi hijastra a otra ciudad. Yo tenía que ir, pero decidí quedarme porque tengo un trabajo de la universidad importante que presentar.
Selene se acerca a mí cuando estoy sentada en la sala estudiando desde mi computadora—. ¿Señora quiere que le sirva la cena?
Se escuchan unas risas desde las escaleras. Miramos por la puerta. A ver de quien se trata; Dixon entra con una mujer de abrazados riéndose, cuando me ve se sorprende.
—. Pensé que habías viajado con todos —me dice.
Observo a la chica, no es la misma de la otra vez, él no se encuentra ebrio. —. Tengo un trabajo de la universidad.
—. ¿Eres Bea Holland? —Me pregunta la chica.
Asiento —. ¿Tú?
—. Kayla, te vi en uno de mis desfiles hace un tiempo.
Es modelo. —. Un gusto. ¿Ya cenaron? Niegan con la cabeza—. Selena, pon la mesa para tres. Cuando nos sentamos a cenar les pregunto con intriga —. ¿Están saliendo?
—. Sí —responde ella contenta.
—. ¿Hace mucho?
Dixon me observa, sabe que me importa demasiado la respuesta, pero no quiere ser él quien me las dé. —. Un tiempo después de su casamiento, me hubiera gustado conocerlo antes, tenía una ganas de ir a esa boda, salió en todas las revistas.
Sonrío falso—. Fue un día único. ¿Y piensan en casarse?
Dixon casi se atraganta—. Bea, hace muy poco que estamos.
—. Sí, pero es ¿serio?
—. ¿Por qué parece que te quieres deshacer de mí? —me dice.
Trago saliva y me río leve—. ¿Por qué no contestas? ¿Le tienes miedo al compromiso?
Ella lo mira esperando que responda —. Tengo entendido que si es serio, pero ¿qué dices Dixon?
Él suspira. Asiente nervioso y presionado—. Claro que sí, es serio.
Ella larga un quejido —. Por un momento pensé que estabas jugando conmigo.
—. Claro que no, Kayla ¿Cómo Dixon haría algo así? ¿Lo dices por la fama de mujeriego que tiene?
Ella frunce el ceño—. Sí, mis amigas me lo han advertido, pero él me ha demostrado ser sincero, caballeroso y romántico. El otro llego a mi trabajo con un rama de flores enorme.
Aush. Me siento un poco enojada por eso, no quiero admitir que siento celos, pero sí. —. Genial. Me levanto de la silla.
Dixon sonríe —. ¿Ocurrió algo, Bea?
—. No, solo no tengo hambre. Les dejo pasar su noche tranquilos.
Me voy a la sala me sirvo una copa de vino y me siento en el sillón con la televisión apagada, después de unos largos minutos, escucho ruidos en el pasillo y en las escaleras, van a subir a la habitación. Me levanto y me sirvo otra copa de vino, vuelvo a tumbarme sobre el sillón mientras bebo. No mido la hora, cuando llevo mi quinta copa de vino me quedo dormida por unos segundos o minutos, no lo sé, me levanta la voz de alguien.
—. Ve a descansar —me dice Dixon cuando abro los ojos.
—. Tengo que estudiar.
—. No creo que puedas en ese estado.
—. Estoy bien.
—. Ven. Me ayuda a ponerme de pie y me sube en brazos.
Me sorprendo —. ¿Qué haces? ¡Suéltame que nos pueden ver!
—. Tranquila, solo voy a llevarte a la cama.
—. Sí, porque eso no suena para nada malo. Rodeo los ojos. Él decide ignorarme y me lleva hasta mi habitación. Una vez que entramos, me recuesta sobre la cama y me quita los zapatos. Todo me da vuelta así que recuesto mi cabeza sobre la almohada.
Él mira todo alrededor—. Como cambio la habitación de mi padre desde que están casados.
Cierro los ojos—. Yo le di unos retoques.
—. Quedo bien.
—. ¿Qué haces acá? ¿No deberías estar con Kayla?
—. Sí, debería…pero quería saber si ya te fuiste a dormir.
—. Lo haré ahora.
—. Descansa.
…