Erika se sorprende de ver a Dixon parado junto a nosotras. Ella que tiene sus años, su estilo y su estatus se siente intimidada por Dix.
Dixon pone su mano en mi espalda—. Erika, te voy a pedir que por favor no te metas con Bea.
—. Es que no escuchaste lo que acaba de decirme.
—. Lo escuché. Pero, nada justifica que quieras golpearla, ella no tiene la culpa de las decisiones de mi padre.
—. ¿Cómo qué no? ¡Si se le metió hasta por los ojos! —Grita.
—. ¡No te consta! Y si así fuera, ya no importa, está casada con mi padre, es la señora Fitz ahora.
—. Tú y tu padre están cegados por está…arribista.
—. Ninguna arribista, mi apellido ya tenía peso desde antes—le digo—. Arribista en todo caso será usted que no era nadie hasta que se casó con su exesposo.
Dixon se pone en medio —. ¡Basta! Terminen la dos ¿vamos Bea?
Asiento. Dixon se despide de Erika le dice algo que no llego a escuchar y se acerca nuevamente a mí.
—. No tenías que defenderme.
—. No lo hice por ti, lo hice por mi padre, su esposa no puede ser humillada frente a todo, ¿por qué le dijiste todas esas cosas?
—. Porqué estoy cansada, he escuchado comentarios como esos desde que me puse de novia con tu padre y estoy harta de hacer oído sordo y callarme las cosas—le explico.
—. Me sorprendió. De hecho, todas las cosas que haces o dices últimamente me sorprende.
—. ¿Por qué?
—. Eres tan diferente a la chica que conocí en Brasil.
Me duele tener que admitir que es verdad, porque la chica que fui en Brasil ya no forma parte de mi vida —. ¿Te decepcione?
—. Desde el primer momento que te vi parada junto a mi padre. Suspira. Y me acomoda la silla para que me sienta, lo hago y se sienta frente a mí. Sus palabras me ponen algo mal —. Sin embargo, ya no puedo cambiar nada, y anoche a me di cuenta de que…ya eres familia.
Asiento —. Lamento todo esto.
—. Es mejor llevarnos bien, intentar ser la familia Fitz.
—. Por mi parte está bien, sé cuál es mi lugar en esa casa.
—. Sí, yo también. Eres la señora de la casa…eres mi madrastra.
—. Primera vez que no suena tan horrible —le miento.
—. Quizás porque ahora lo digo sincero. Bea —extiende su mano —. ¡Bienvenida a mi vida y la de la familia! Asiento. Él se levanta
—. Me voy, intenta no meterte en más problemas.
Diez minutos después llega Katie, se sienta frente a mí donde antes estaba Dixon. —. ¡Me costó estacionar! ¿Esperaste mucho?
—. No.
—. ¿Qué tal la luna de miel?
—. Bien, Viktor me trató como una princesa.
—. Está bien, amiga. ¿Y ya te convenciste de que hiciste lo correcto?
—. Casi no entro por la puerta de la iglesia—le confieso—. En el viaje me sentí un poco mejor por hacer lo “correcto” —hago las comillas con los dedos—. Pero cuando regresé me di cuenta de que estaba en el lugar equivocado.
—. ¿A qué te refieres?
—. A esa casa, a esa familia, Katie; dormí con su hijo y no puedo quitármelo de la cabeza. Esto se va a salir de las manos—le confieso por lo bajo para que nadie escuche.
—. ¡Bea, olvida todo eso de una puta vez! —bufa—. ¡Joder! Hace unos meses atrás no tenías ni para pagar la universidad, tu mamá le debía a la peluquera, a la diseñadora, estaban ahogados en deudas y en boca de todo el mundo por el escándalo de la amante, básicamente ya no eran nadie. Ahora eres la señora, Fitz y sí murmuran cosas, pero nadie se atrevería a decirlas en tu cara.
Erika sí. —. Quizás si tú le envías mi número, quizás…
—. ¿Quieres ser la señora Fitz, pero hacer un cambio de esposo? —me dice irónica—. Ibas a decirle a Viktor, lo siento, me enamoré de tu hijo en mi viaje a Brasil, te engañé. Ibas a destruir a esa familia, ahora tienes la posibilidad de dejar las cosas como están y que nadie salga lastimado.
—. Ya lastimé a alguien, lastimé a Dix—miro para los costados.
—. Claro que no, él solo está enojado porque cree que te casaste con su padre por interés. ¿Crees que un hombre puede crear un vínculo con alguien después de una noche? ¡No! No eres nadie para él, no significaste nada, solo una aventura. Y sí, para ti fue importante porque fue tu primera vez y porque te hizo sonreír después de tanto dolor, pero tampoco es importante para ti, solo te aferras a una risa, una sonrisa, pero ni siquiera lo conoces.
Y aunque sus palabras son crueles, un poco de razón tiene. ¿En serio creía que después de una noche lo conocía? ¿Solo porque lo vi desnudo? Incluso él está sorprendido de que sea como soy. Es que no sabemos quién el otro. Solo nos recordamos.
Después de la charla, un día agotador vuelvo a casa. Me están esperando para cenar, me siento junto a mi esposo y agarro su mano. Dixon está comiendo con el celular en la mano, no aparta la vista de él. Y tal vez sea cierto, no signifique nada.
—. ¿Cómo te fue hoy, querido? —Le pregunto y pongo mi mejor sonrisa.
—. Bien ¿a ti, amor?
—. Nos pusimos al día, ya sabes cómo es Katie, no deja de hablar un segundo. Sonrío —. Pero, esta vez también hablé bastante, le conté lo bien que la pasamos en la luna de miel.
—. ¡A mí me hubiera gustado ir con ustedes! —dice Grace con un tono triste.
Dixon la mira—. Es una luna de miel, Grace, se supone que los recién casados vayan solos.
—. Podríamos organizar un viaje familiar para cuando finalicen las clases—tiro esa idea.
—. Sí, eso estaría bien —está de acuerdo Dixon y vuelve su vista al celular.
¿Acaba de apoyar mi idea de un viaje “familiar”?
—. Sí—se emociona Grace—. ¿Puedo comenzar a planearlo?
Asiento y se levanta para abrazar a su padre.
Cuando nos acostamos a dormir, me acomodo para dormir—. Me pareció extraña la reacción de Dixon, hoy a la mañana te trato muy mal y de repente apoya un viaje familiar.
—. Lo está intentando, querido. Sé que no va a aceptarme de un día para otro, pero lo hace por ti. Te quiere.
Él asiente. —. Tienes razón, soy muy duro con él a veces. Asiento y me cubro con la sabana—. Me ha dicho esta tarde que ya no volverá a Francia, no le he ido bien en los estudios.
—. ¿No?
Mi único recurso, ya no existe.
—. Sigue en segundo año. Quiere estudiar administración aquí, dedicarse a las empresas.
—. ¿Tenías muchas ganas de que sea abogado como tú?
—. No, está bien. Alguien tiene que manejar las empresas, mejor que sea él.
—. ¿Y qué es lo que te molesta en verdad?
—. La mentira, querida. Le enviaba dinero cada mes para pagar sus estudios ¿en qué crees que lo gasto? ¡fiesta, mujeres! Es Dixon, ya no va a cambiar.
—. Quizás aquí, estando en casa, cerca tuyo cambié y le vaya bien.
—. No quiero que eche a perder su vida.
Me levanto a la mañana siguiente, más temprano que mi esposo, me lavo la cara y agarro una de mis revistas para ir a verlas en el cuarto de estar. Salgo y mientras camino veo una fila de ropas desparramadas por el suelo que llevan al living, mi corazón comienza a latir con fuerza y no sé por qué. Cuando mis pantuflas tocan el piso del cuarto largo un pequeño quejido. Me imaginé. Dixon esta acostado sobre el cuerpo semidesnudo de una mujer, él lleva puesto su bóxer.
Miro para atrás, espero que Grace aún no se levanté. Me acerco, aunque no me guste ser yo la que tenga que presenciar esto.
Y toso. Él apenas reacciona—. Buenos días—le digo. Él se levanta asustado y cae al suelo. La chica también se levanta un poco aturdida y con susto. Me inclino y levanto lo que parece ser un vestido. —. Vístete y lárgate —le digo. Ella asiente muy vergonzosa y se pone el vestido mientras recoge sus demás cosas y sale de la sala. Dixon pega giros buscando sus cosas —. En el pasillo —hablo con frialdad.
—. ¡No tenías que echarla así!
—. ¡Cállate! —gruño.
—. ¿Qué sucede? ¿Estás celosa?
—. ¿De qué? ¿De tener algo con un hombre que no me respeta lo suficiente para llevarme a su habitación? —suspiro —. No sé cómo habrá sido tu vida en Francia, pero está es mi casa y aquí vive una niña, que es tu hermana. ¡Respeta la casa!
—. Sí, tienes razón. Lo siento. Llegué un poco ebrio anoche.
—. Y la noche anterior y posiblemente también está. No me importa lo que hagas con tu vida, pero respeta a tu padre y a tu hermana.
Él se acerca todavía desnudo. Doy un paso hacia atrás cuando noto que se acerca demasiado a mí. —. ¿No te molesta ni un poco?
—. Para nada —miento.
—. Está bien —retrocede —. No pasó nada igual, me quedé dormido. Sonrío por lo bajo y a parto la vista para que no lo noté. —. Aunque, no sé porque te aclaro esto si tú duermes con mi padre cada noche.