“No siempre los héroes usan capa”
Estaba lista en la limosina, vaya que había sido tan agotador el día. Primero con la grabación de un comercial que tuve que repetir varias ocasiones hasta que le convenció al director, luego una sesión de fotos para una empresa de cosméticos y ahora me dirigía a una pasarela de vestidos de noche. Estaba realmente cansada pero tenía que cumplir con mi agenda.
— Ángela, ya estamos por llegar. Prepárate, amiga, ya es lo último.
Anunció Ximena con un tono débil, ella también parecía estar agotada. Y cómo no, si todo el tiempo dio vueltas. Verificando y dando el visto bueno de los detalles y prendas para mí que le mostraban.
— Oh, gracias, Ximena.
Ella también debía de estar cansadisima como yo. Pero, el trabajo es el trabajo. Y es bueno tenerlo.
Por otra parte, el que ella esté conmigo es una gran ayuda. Espero pronto recompensarla con unas vacaciones, se las merece.
— De nada, amiga.
Agradeció con una dulce sonrisa.
Al llegar, bajé y me dirigí al camerino, donde me trajeron un hermoso vestido color azul que tenía una abertura en la pierna derecha, largo y tenía un escote "V". También me proporcionaron unas zapatillas del mismo color con tacón alto, le calculo unos 15 cm por lo menos.
Ya vestida, llegaron a arreglarme, me maquillaron e hicieron un hermoso recogido con mi cabello, todo estaba listo para la pasarela.
— Ya casi es tu turno.
Me informó una muchacha alta, de tez morena y cabello rizado. La cual se encargaba de coordinar a las modelos.
— Gracias.
Dije aliviada mientras bebía de una botella de agua que estaba en mi camerino.
Las zapatillas me estaban lastimando y sentía las piernas adoloridas y pesadas. Mi vista se estaba nublando. Necesitaba urgentemente descansar, pero el deber es primero. Así es el trabajo.
— Es su turno.
Me indicó la chica en cuanto miró aproximarse a la otra modelo.
— Está bien.
Contesté ocultando mi dolor.
Estaba entrando y sin darme tiempo para procesar, caí de golpe al suelo frío, me sentía sin fuerzas. Además, escuchaba a duras penas el tumulto de las personas. La vista se me nublaba y un escalofrío me invadió era como si él estuviera aquí, aquella persona por la que había huido y hubiera decidido quedarme en México.
Me encontraba tirada en el suelo, sin ganas de levantarme, muy apenada sin saber si continuar o no seguir con la pasarela cuando, de pronto sentí que me levantaban unos cálidos y fuertes brazos. Un joven alto, fornido morenazo, de cabello n***o ondulado y ojos cafés oscuros me sostenía.
Lo miré y me guiñó el ojo.
— Vamos, no te des por vencida, debes continuar.
Me animó con una seductora voz.
— Gracias. ¿Quién eres?
Pregunté desconcertada.
— Eso no importa, solo llámame... salvador azúcar.
Respondió con una amplia sonrisa antes de que emprendiera su huida.
— ¿Qué?- pregunté confundida, pero, aún así — Oh, muchas gracias, Salvador azúcar.
Y él desapareció. Mientras tanto, yo caminé rumbo al escenario con una gran sonrisa, como él me había dicho, tenía razón. Yo debía continuar con esto, que con gran esfuerzo luche para alcanzar este sueño. Sea quien sea, ha llegado en el momento correcto.
Cuando me vieron, me comenzaron a aplaudir y tomar muchas fotos.
...
Al salir de la pasarela, busqué a mi salvador, por así decirlo. Lo busqué por todas partes, pero no lo encontré. Fue como si se lo hubiera comido la tierra.
«Vaya y yo que le quería agradecer con una cena o lo que pidiera» pensé algo desconcertada.
Me fui desilusionada a mi camerino y me cambié. Hoy habría una fiesta pero me sentía muy agotada así que hablé con mi manager, él accedió a que no fuera. Por lo que, ahora me dirigía felizmente a mi casa a descansar.
Durante el camino, fui pensando lo que había ocurrido en esta noche. Por una parte, era raro que colapsara así, por muy cansada jamás me había pasado tal suceso. ¿Será que ya estoy envejeciendo?
Y por otro lado, ¿Quién será él? ¿Cómo es que estaba ahí? ¿Por qué me ayudó? Dijo que lo llamará Salvador azúcar, Amm... Siento que... Azúcar... Azúcar... ¿Dónde he escuchado ese apellido?
— ¡Azúcar!
Grité frustrada.
— Oh, perdón, Ángela. ¿Quieres más azúcar en tu café?
Preguntó Ximena confundida mientras el chófer seguía el transcurso de la solitaria carretera.
— Oh no, no te preocupes, no es eso. Está bien así. Es sólo es que trato de recordar a alguien que tiene por apellido Azúcar.
Respondí algo avergonzada. Después de todo, sin darme cuenta había gritado su apellido.
— ¿Azúcar? ¿Azúcar como dice Celia Cruz en sus canciones?
Preguntó sorprendida.
— Eh, así es, aunque es una peculiar comparación. - dije soltando una pequeña carcajada- Oh, espera, creo que ya... ya recordé, en la universidad tenía un compañero que su apellido era Azúcar, sólo que ahora no recuerdo su nombre.
Respondí apenada con una pequeña sonrisa.
» Recuerdo que ese chico era reservado, era uno de los mejores del salón. Él y yo representabamos el grupo. Éramos los responsables y disciplinados, por así decirlo.
Me sorprende que él ahora me ayude.
— Oh, ¿Y no tienes un anuario? Tal vez ahí encuentres su nombre.
Preguntó intrigada.
— Por desgracia no.
— Y, ¿qué tal un grupo de w******p de la generación?
— Cambié mi celular y no conserve mis números. Ash... Si tan sólo supiera su nombre, al menos así lo localizaria para recompensarlo.
Comenté desanimada.
No lograba recordarlo, como siempre me dirigía a él por su apellido. Mejor dicho, todo el salón lo hacía así. Ya sea por molestarlo o por respeto.
— Disculpa por preguntarte. Pero, ¿por qué quieres saber sobre él?
Cuestionó curiosa.
— Oh, bueno, es que hoy me caí durante la pasarela y no tenía fuerzas para levantarme, y de la nada llegó, me levantó y me dió ánimo.
Le expliqué mientras me bebía el resto de café que me quedaba.
«¡Qué rico café! Ya necesitaba mi dosis diaria. Soy feliz cuando lo bebo. Al menos me relaja. Otras personas dirían que los despierta o los alerta, pero en mí, es todo lo contrario»
— Oh, ¿por qué no me lo habías dicho? ¿Estás bien?
Preguntó preocupada.
Se me había olvidado decirle, con tanto alboroto y por querer encontrar a mi Salvador.
— Sí, lo sé. Perdón. Estoy bien. Sabes, lo más chistoso es que el nombre que me dijo es muy peculiar y gracioso.
Comenté mientras me contenía la risa.
— ¿Ah, sí? ¿Cuál es?
Cuestionó mirándome curiosa.
— Salvador Azúcar.
Solté mientras comenzaba a reír y ella también.
— Oh vaya, pero, ¡qué encantador!
Exclamó mientras reía.
Sé que su apoyo dá de mucho de que... Reír. Sin embargo, me siento tan agradecida y en deuda con él. La próxima vez que lo vea, me aseguraré de recompensarle.
— Sí, aún así estoy muy agradecida con él. Espero volverlo a ver para agradecerle apropiadamente.
Dije sonriendo, ya más tranquila y recompuesta después de tanta risa.
— Bueno, señorita, hemos llegado a su casa.
Informó el chófer parando el carro.
— Gracias Héctor, bueno vayanse con cuidado, nos vemos mañana.
Agradecí y me despedí mientras bajaba y me dirigía a mi casa.
Había comprado esta casa con mis primeros proyectos de modelaje. Me gustó mucho desde la primera vez que la vi. El hermoso jardín, la gran alberca y los dos pisos terminaron por cautivarme.
La casa tiene dos recámaras en la parte de arriba, cada una con un baño. En la parte de abajo cuenta con una recámara, una cocina, un comedor, una sala y un baño bajo las escaleras.
Me había enamorado desde el momento que me la mostraron.
El trabajo ha valido la pena. No me arrepiento ni me quejo de mi labor.
Las paredes fueron pintadas de un azul rey, el piso es de mármol blanco.
Mi habitación es bastante grande. Mi cama es una kingside, está arreglada con sábanas suaves de color turquesa. Tengo un armario repleto de ropas que he modelado. Junto a la cama se encuentra una mesita en la que sacó mi camisón. Me lo colocó, luego me dirijo a mi cómoda donde se encuentran mis perfumes, maquillaje y cosas para el cabello, entre otras cosas.
Me desmaquillo y me cepillo el cabello. Finalmente me dejo caer a mi suave cama y poco a poco caigo a los brazos de morfeo. Y así concluye otro día ocupado y agotador de mi vida como modelo.
°^°^°
Bonus
~ Salvador Azúcar, héroe enmascarado de Ángela.
Con media sonrisa, el chico alto, morenazo, fornido y de ojos encantadores empredio su huida rumbo a su asiento. Él al saber que su estimada ex compañera de clase ahora era una modelo muy prestigiosa y popular, le pareció muy buena idea ir a apoyarla. Sin embargo, no espero encontrarla de esa manera en cuanto se dirigía a su lugar. Agredecia haberse perdido para verla de cerca y ayudarla a levantarse.
Con cuidado vio a la doncella que parecía una encantadora gacela, destellando elegancia y seguridad en la animada pasarela. Con una gran sonrisa, Salvador Azúcar se fue. Su misión había terminado, era momento de seguir su camino. Después de todo, a ella le parecía ir todo bien.
— Espero que lo sigas haciendo bien como lo haz estado haciendo, M. Ángela. Y que ese extraño hombre haya entendido que debe alejarse de ti.