Problemas Que Nunca Faltan

1149 Words
— ¿Qué carajos estás diciendo, Ariana? ¿De verdad estás echándome la culpa de tus malditos problemas? — ella se ofendió. — ¡Sí! ¡Te culpo por qué eres una pésima consejera, ¿Cómo es que se te ocurre haberme pedido que tomara de la forma que lo hicimos anoche? ¿Cómo se te ocurre aconsejarme de haberme tomado esas fotos para mandarlas a un extraño que, al final, podía haberlas difundido por todas las r************* sin yo haberme dado cuenta hasta que los insultos y los rumores hubieran llegado a mí? — le grité. Yo estaba tan enojada que quería desquitarme con quién fuera, y Janeth estaba allí, y es que no era solamente desquitarme, pues es que en algunas cosas yo tenía razón, si Janeth hubiera sido una buena mejor amiga, no me hubiera influenciado de la manera en que lo hizo la noche anterior y que fue el detonante para que yo ahora esté pasando por esta mierda. Janeth se quedó callada, parece que se ha tomado un momento para recapacitar todo lo que yo estaba echándole en cara. Porque ella sabe muy bien que, por más que doliera, yo estaba diciéndole toda la verdad. — ¿Sabes qué? No tienes por qué decir nada. Al final, este no es tu problema, pero el mío sí es. Entonces, dejemos así las cosas, y por ahora, no me llames, no me busques, ni te aparezcas por mi casa, el tema está caliente, y no quiero que te metas en un problema más grande de lo que ya estás con Enzo, y todo por mi culpa — le dije, me puse de pie de la cama, recogí mis pertenencias, y como pude, me dispuse a irme de su casa, por más que me doliera, era cierto, yo no quería estar cerca de ella en este momento porque su libertinaje no era una buena influencia para mí. Ella no supo que más decir, sé que mis palabras han sido duras y han herido sus sentimientos, sin embargo, la situación se estaba poniendo tan complicada que yo no quería tener que seguir allí, siendo consolada por alguien que ha sido promotor de mis principales problemas emocionales. Salgo de su casa, y espero afuera a que un taxi pase por ahí y quiera detenerse para llevarme a casa, no le iba a hacer caso a Enzo, de alguna manera, yo aún lo amaba, y quería recuperar lo que alguna vez fue nuestro, no quería dejar que unas malas decisiones y unos pésimos errores fueran lo que nos separaran. Entonces, un taxi pasó por ahí, me subí a este, y el hombre me llevó hasta mi casa, o eso fue lo que yo creí que este haría, porque en cuanto estuvimos a tan pocas cuadras de llegar, el hombre se estacionó sin que yo le pidiera que así lo hiciera, le pregunté acerca de lo que hacía, más este no me prestó atención, solamente se bajó del auto, y se hizo en la parte de atrás del vehículo junto a mí, sin permiso, su mano comenzó a acariciar mi pierna, y sus ojos me miraban fijamente con un apetito s****l que me provocó miedo, me puse a gritar, forcejeé cuando vi que este tenía más fuerza que yo como para pensar en detenerse. Y entonces, sucedió lo inesperado, parece que alguien había oído mis gritos, y vino a ayudarme, y cuando lo miré, me fijé en que se trataba de Enzo. Enzo agarró al hombre de la camiseta con tal fuerza que logró tirarlo al suelo, le dio un par de puñetazos en la cara tan fuertes que le provocaron sangrados, y el taxista, asustado por lo que ha pasado, decidió que me bajara del vehículo, y sin querer cobrarme lo que valía su servicio, en cuanto me bajé del auto, pisó el acelerador y se fue a toda prisa del lugar, dejándome a mí ahí sola con Enzo. En ese momento, parecía ser que nuestros problemas se nos habían olvidado, porque Enzo al verme con angustia y miedo, me abrazó de inmediato, ese abrazo me supo a gloria, fue un abrazo tan hermoso que no recordaba lo que se sentía que mi esposo, el amor de mi vida, me abrazara con amor. Nos entramos al edificio, su brazo rodeaba mis hombros, y yo pude ocultar mi rostro en su pecho porque pude darme cuenta de que las personas que había en la sala de la recepción, junto con el guardia de turno, no dejaban de mirarme como si ya supieran lo que pasaba con mi vida personal, y supieran quién era yo, pues los susurros no tardaron en opacar el silencio que se hizo en el lugar en cuanto mi esposo y yo entramos. Subimos por el ascensor, entramos en nuestro apartamento, y una vez allí, Enzo me soltó de su abrazo, y la calidez de su amor y su compasión, desapareció repentinamente así como había aparecido. No más fueron unos pocos segundos lo que duró. — ¿En qué estabas pensando cuando hiciste eso, Ariana? ¿A quién ibas a mandarle esas fotos? Por qué tengo claro que esas fotos no eran para mí. ¿No es así? Y quiero que me hables con toda la verdad, necesito saber por qué te quisiste tomar esas fotos, porque necesito encontrar la manera de como ayudarte — dijo Enzo, tratando de mantenerse tranquilo ante la situación para no discutir conmigo en ese momento. — Enzo, yo… No sé qué decirte — intenté contestar, pero me sentía tan avergonzada por lo que pasó que me era imposible encontrar las palabras adecuadas para hablar con él. Me era sumamente complicado mirarle a Enzo a los ojos, yo sabía que aunque él fuera indiferente conmigo, él estaba sintiéndose mal por lo que estábamos viviendo, porque al final, lo que me pasara a mí, le afectaba a él por ser mi esposo. — Mm, muy bien. Cuando quieras hablar conmigo, búscame, estaré en mi oficina intentando trabajar que, por tu culpa, no he podido conseguir concentrarme hoy en unos importantes negocios que tengo que cerrar para hacer ganar más dinero a la empresa. ¿Puedes prepararme un té de esos relajantes que sabes cocinar para yo poder relajarme, por favor? — dijo él. Yo no dije nada, simplemente, asentí la cabeza, y Enzo se marchó a su oficina que tenía en casa, en una habitación aparte de la nuestra, y la adicional que tenía en nuestro apartamento para cuando recibíamos visitas. Dejé que Enzo se fuera a trabajar, yo sabía que ambos teníamos que hablar de nuestros problemas, sin embargo, ahora con lo alterados que estábamos, preferí dejar que él se fuera a trabajar un rato para que se pudiera distraer y pensar todo aquello que íbamos a decirnos con más claridad y que así no nos fuera a afectar ninguno de nosotros.
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