─Todos a sus lugares ─grito abriéndome paso entre mis guerreros.
─Líder, ya los mayores y los niños están en el refugio, pero…
─Pero ─digo con un movimiento de mano.
─La señorita Alma se dirigió con uno de los grupos al centro de la batalla.
─Envía a tres de los mejore guerreros como apoyo, aunque no es necesario ─Mario sonríe, afirma y se retira.
─Hijo, yo cubriré el lado sur, junto a Francisco y sus hombres.
─Gracias, padre ─palmeo su hombro ─. Yo iré a mi posición ─le comunico antes de retirarme.
─Ten cuidado, campanita ─sonrío ante las palabras y el apodo de Fran.
─Lo tendré, pero ustedes también deben tenerlo ─Con una línea de preocupación me retiro, así como con un mal presentimiento. Tomo mi Katana y me dirijo con mis hombres al lado norte; desde que soy el líder de los cazadores organicé grupos de ataque y de apoyo para cada uno de los puntos posibles de ataque, pero hasta el momento no habíamos sido atacados en todos los frentes y al mismo tiempo, algo que me tiene intranquilo.
─Apoyo para el lado sur en su lugar.
─Apoyo lado oriente, en posición.
─Apoyo lado occidente, listo para atacar.
─Apoyo central, esperando orden de ataque.
─Aguarden ─digo al recibir la confirmación de todos en sus lugares.
─Alma, ¿estás bien? ─le pregunto por el radio comunicador a mi prometida.
─Perfecta y en posición. ─su voz dibuja una línea de satisfacción en mi rostro. Jamás he duda en dejarla combatir, aunque es difícil no preocuparse, sé que ella es una grandiosa loba guerrera.
─Ti amo ─agrega y corta la comunicación. En todos estos años su español ha mejorado demasiado, pero, aun así, hay palabras que simplemente se niega a pronunciar bien y es lo que más me enamora, porque esas palabras son solo para mí, tal como lo es ella, porque ella es mi mundo, mi todo.
─Líder, lado sur en problemas, repito, lado sur en problemas.
─Ataquen ─doy la orden para que todos se sumerjan en la lucha contra los roguer de Santana. Santana es un Alfa expulsado de su cargo y de su manada, pero que tomo el liderato de los lobos sin hogar más sangrientos que habitan el Amazonas, se hace llamar el padre.
─Señor, las líneas de defensa no son suficientes ─me comunica uno de mis guerreros.
─Señor, señor ─habla Pablo. ─señor, su padre y Francisco, están en problemas, el padre…─Corto la comunicación y me dirijo a su encuentro, en mi camino voy luchando y dejando cuerpos de lobos a mi paso. En este momento mis heridas no son importantes, pero llegar hasta donde ese maldito sí y sé que, aunque mi padre es un gran guerrero, ya su habilidad no es la misma, así como sé que la de Fran tampoco lo es.
─Bienvenido, líder ─me saluda Santana con una gran sonrisa. Tiene por el cuello a Francisco y mi padre está rodeado por más de seis lobos ─disculpa el desorden que provoque en tu aldea, pero en la guerra no siempre se gana ─señala con sus manos todo el lugar. Hago puños mis manos ante los cuerpos sin vida de mis guerreros. ─Aunque, este par de humanos son una completa molestia ─pasa su mirada de mi padre a Francisco ejerciendo presión en su agarre ─, pero solo estaba esperando para deshacerme de ellos y no lo quería hacerlo sin dejar que vieran tu rostro por última vez. Para que veas que no soy la porquería que todos piensan, también tengo mi corazoncito ─agrega sarcástico dándome un guiño.
─Déjalos y tómame a mi ─propongo seguro de que, he sido su objetivo desde el mismo día de mi nacimiento y ganando tiempo para que mi segundo grupo contraataque, si es que llegan a tiempo.
─No, no y no, acá tu no propones o pides nada, acá se hace lo que yo diga y quiera ─sonríe con satisfacción ubicándose a la espalda de Fran, pero sin dejar de verme ─. Te concederé un último deseo y ese deseo es que te despidas de tu intento fallido de líder ─le indica en tono alto cerca al oído.
─Espera ─hablo dirigiéndome a su encuentro, pero una línea de más de 10 lobos bloquea mi camino. Observo a mi amigo y él niega con bastante esfuerzo, la impotencia y un dolor se instala en mi pecho.
─Cuanto lo siento, pero no tengo tiempo para escuchar lo que quieras decir ─me observa y se dirige a Francisco dibujando una línea de maldad en su rostro ─. Así que hablas o te callas para siempre.
─Se feliz campanita, se feliz ─es lo último que dice con dificultad y una leve sonrisa antes de que Santana atraviese su pecho con sus garras, arrancándole el corazón en el proceso.
─Noooo ─grito cayendo de rodillas al ver como se desploma el cuerpo de Francisco sin vida.
─Ahora tu turno ─dice caminando con dirección hacia mi padre. Me levanto y corro enfundando mi catana. Un lobo se cruza en mi camino y solo logra ser dividido por el filo de mi arma, una que está cargada de dolor, el dolor de perder al que fuese mi gran amigo.
─¿Qué esperan? ¡deténgalo! ─grita y soy rodeado por una cantidad inesperada de lobos que se ocultaban en los arbustos. Observo como dos hombres se adelantan sujetando a mi padre y acercándolo a Santana.
─Te juro que si lo toca…
─¿Qué? No digas que aun crees que me puedes intimidar ─me interrumpe elevando su ceja y de la nada un lobo azabache ataca por la espalda a uno de los hombres que sujetaba a mi padre. El lugar se convierte en un campo de guerra, campo en el que me sumerjo sin detenerme a preguntar de donde salió ese lobo, así como los demás que ahora luchan hombro a hombro con nosotros.
─Padre ─con mi llamado trato de detenerlo, pero es imposible. Se pierde en el espeso bosque en busca de Santana, uno que prefirió huir como el cobarde que es y sin importarle la vida de todos aquellos que dejo atrás.
─El maldito escapo ─dice mi padre con enojo y controlando su respiración.
─¿Estas bien? ─le pregunto, él solo afirma posando sus ojos en el cuerpo de Fran.
─Siempre fue tu más leal alcahuete ─dice agachándose ante el cuerpo ─, aunque trató de ocultar todas tus travesuras de pequeño para que no me enterará, nunca lo logro. Él te amaba como a un hijo y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa que te hiciera feliz, ni siquiera le importaban mis amenazas, siempre fuiste su…
─Perdóname ─digo interrumpiéndolo con un nudo en la garganta ─, perdóname por no haber hecho nada por impedir su muerte.
─Sabes que no es tu culpa ─toma su mano ─, la muerte es algo que nos toca a todos, tarde o temprano, como decía Fran…Siempre serás mi mejor y único amigo, descansa en paz ─su voz se quiebra cerrado sus ojos. Poso mi mano en su hombro y dejo que mis lágrimas resbalen por mis mejillas ante la perdida de mi más grande amigo. El recuerdo de todo lo vivido quedará por siempre en mi memoria, así como el dolor por su ausencia, ausencia que quema al tener que llevarlo en mis brazos tal como él lo hacía cuando yo era apenas un crio, pero con la diferencia de que no es un niño y menos alguien que se divierta al ser transportado en brazos hasta su hogar
─Creo que nos quedamos sin padrino para la boda ─le hablo a mi prometida con una sonrisa melancólica en mi rostro y cargando el cuerpo sin vida del que fuera más que mi cuidador y entrenador.
─Lo siento ─dice acercándose completamente destrozada. Se que Fran dudo de nuestra relación, pero luego cambio y se convirtió en el mejor aliado y amigo de mi bella Alma ─¿Pero cómo paso? ─pregunta incrédula y sin retirar su vista del cuerpo. Ella como todos están sorprendidos, pero no todo se puede evitar.
─El maldito de Santana nos tendió una trampa y no solo quería a Fran, también venia por mi padre ─digo seguro de que todo lo había planeado con antelación.
─¿Entonces fue por eso que nos atacaron desde todos los ángulos? ─habla con sus ojos cristalinos y acomodando unos mechones de cabello del rostro de Fran.
─Creo que sí. ─no le comento del lobo misterioso que nos ayudó, no podría porque, no sé quién es o de donde salió, pero su mirada me dejo inquieto, es una mirada que me recuerda a Tom, pero es algo imposible.
─Vamos, llevémoslo adentro ─sigo las ordenes de mi padre ─Llévalo a su cuarto, yo mismo lo he de arreglar, no voy a permitir que salga en fachas como era su costumbre, hoy debe brillar ─su expresión de risa refleja el dolor que siente, uno que logra el escape de un par de lágrimas que se retira de inmediato.
─¿Amor? ─siento como mi prometida acomodan mi cabello. Tomo una de sus manos y me aferro a ella llorando como un niño chiquito ─Tranquilo ─agrega para que, deje que todo el dolor que tengo en este momento salga sin tener que fingir ser ese hombre rudo que soy ante todos, menos ante mi familia.
─Te amo ─digo ante su consuelo después de haberle contado con detalle cómo fue la muerte de Fran ─. No sé qué haré sin él. ─confieso ante la terrible soledad que me embarga.
─Ser feliz como te lo pidió y haré lo que sea para que lo cumplas. ─dice aferrándome a su regazo.
─Líder, todo está listo ─me informan luego de un par de horas. Salgo sosteniendo un retrato familiar, ese que un día nos tomamos bajo sus indicaciones.
─No dejen que nadie vea mi rostro el día que este en un cajón, solo quiero que lo sellen y coloquen una buena foto familiar, ¡me entienden! ─habla mi padre imitando a Francisco y retirando la foto de mis manos. La ubica, toca el ataúd y su risa se desparece de inmediato. Toda la aldea se transforma en soledad, tristeza y dolor ante el funeral colectivo que se llevó acabo y en el que se despidieron a muchos amigos, hijos, compañeros, padres y guerreros.
─Adiós alcahuete ─digo elevando mi mirada al cielo y suspirando con pesadez. Luego de las exequias nos dirigimos a la casa, una que es silenciosa y vacía por la falta de las palabrotas y carcajadas de Francisco ante los constantes regaños de mi padre.
─Te espero en el cuarto ─me indica Alma y yo afirmo besando su mano. Desde hace más de un año que compartimos más que nuestros sentimientos.
─Hijo, ¿supiste algo del lobo? ─me habla mi padre desde el marco del despacho.
─No padre, pregunte y hasta el momento nadie sabe nada de él, ni de sus acompañantes. Es increíble como el tiempo pasa y hoy estamos nuevamente reunidos conmemorando un mes de la partida de todos nuestros seres queridos.
─¿Quién es él? ─pregunto al ver un hombre de espalda y con la mirada fija en mi hogar.
─Santi, he vuelto ─sonrió aferrando el brazo a mi prometida.
─Tom ─al pronunciar su nombre y ver el cambio de color en los ojos de mi amigo, hace que la sonrisa de mi rostro desaparezca.
─Mia ─pronuncia haciendo temblar mi mundo. Alma se oculta tras mi espalda, su respiración se vuelve irregular y siento como su cuerpo tiembla al saber que su pareja de vida ha llegado.
─No, por favor ─le digo para que se detenga.
─No me digas que elle es.
─Si, ella es de la mujer que por años te he hablado, ella es mi prometida. ─le confirmo con seriedad.
─Lo siento ─dice Alma saliendo de su escondite ─, debo retírame. ─me observa temerosa y la duda de lo que pueda pasar, se hace presente. Deposita un beso en mis labios y se retira, acción que refleja el disgusto que le ocasiono a Tom, pero que disimula haciendo puños sus manos.
─No lo hagas ─le advierto calmado cuando Tom trata de tomarla del brazo, pero ella lo esquiva observándolo inexpresiva.
─Creo que debemos hablar ─me dice ante la cara de incertidumbre de los presentes.
─Vamos ─le indico para que me siga al despacho. Mi padre me observa con una expresión incomoda que no deja esconder lo que todos sabían, pero que yo me negué a creer que sucedería.
─Se que no te avisé que vendría, pero solo quería darte la sorpresa, pero creo que el sorprendido soy yo.
─El lobo que nos ayudó ese día, fuiste tú, ¿verdad? ─pregunto ignorando su comentario.
─Sí, ese día fue cuando regrese.
─¿Quiénes eran los que te acompañaban? ─digo pasándole un trago.
─No te entiendo, estas más interesado en saber de eso que, de lo que realmente acaba de pasar ─niega, sonríe incrédulo y bebe de su copa.
─Tom, sabes que eres mi hermano, pero.
─Pero ella está contigo y por lo que vi, sé que te ama ─habla con pesadez.
─Un amor que no es más fuerte del que puede sentir por su pareja de vida. Soy humano, pero no estúpido ─digo con molestia.
─Nadie acá dice que lo seas.
─Puedes contestar lo que te pregunte, ¿quiénes eran esos lobos y por qué venían contigo?
─Está bien contestaré eso, pero no puedes evadir lo que realmente es importante y eso es que Sasithorn Amatayakul es mi Luna y la testigo que estamos buscando ─mi ceño se frunce y mi corazón se acelera ante la confesión de Tom ─. Mi padre es ahora el Alfa de la manada a la que partencia ella y también quien descubrió las atrocidades de Bunnak, por eso estoy acá, su padre me envío, es hora de que ella vuelva.
─No ─digo de inmediato.
─¡No! Dices no, aun sabiendo todo lo que está en juego. Es de la muerte de muchos de los integrantes de no solo una manada sino de muchas de las que te estoy hablando y solo dices que no. ─su tono de voz no es de altanería, es de molestia ─¿Sabes? Este no era el tipo de encuentro que me imaginé, menos que de la mujer que por años he escuchado y de la cual sé que estas realmente enamorado, resultará ser mi pareja de vida. Jamás Santi, jamás pensé eso y créeme que no usaré la ventaja que tengo a mi favor para hacer que ella se separe de ti, eso nunca lo haré ─bufo ante sus palabras y golpeo fuerte la mesa.
─Se que no planeaste nada de esto, pero como hago para no sentir lo que siento. Eres mi amigo, que digo mi amigo, ¡eres mi hermano! Y ella es mi vida, ¿Cómo se supone que deba manejar esto?, ¿Cómo? ─digo haciendo puños mis manos ante tantos acontecimientos juntos.
─Es algo que ni yo sé, porque estamos en la misma posición ─posa su mano sobre mi hombro y me observa igual o más sorprendido que yo. ─. Por ahora, solo deseo saludar como se debe a mi hermano ─no me da tiempo y me abraza con fuerza. Correspondo aferrándome a la tela que cubre su espalda expresando todo el dolor que esto me causa. ─. Te extrañé mucho, no sabes cuánto y es una lástima que sea yo precisamente el imbécil que llego a…
─A nada, a nada ─digo tomándolo por los hombros. ─No te voy a negar que desee que la pareja de Alma nunca apareciera, pero ahora que, sé que eres precisamente tú, no creo que cumpla lo que un día le dije a Francisco.
─¿Puedo saber qué? ─dice elevando su ceja.
─Yo mejor, no preguntaría ─sonríe ante mis palabras. Luego de hablar de todo lo que hemos vivido en estos años que estuvimos separados y de acordar que, ninguno presionará o manipulará los sentimientos de Sasi o Alma como yo la llamo, me dirijo con la que era mi prometida.