Capítulo 8 - Comienzos

1691 Words
Llegar a mi casa, ver que cuatro sonrientes pitufos corren hacia ti, no tiene precio. Los llené de besos. —¿Papi ya vamos a montar en Zeus? Ese era el caballo de Dante; el hijo Amón y Hathor, un purasangre azabache. El de Enrique era Poseidón, la primera cría entre Pomposo y Chocolate, era bello ejemplar blanco. El de Liam era blanco con manchas negras, la segunda cría de Amón y se llama Ares. Ese era el de mi princesa preciosa, era un purasangre café claro, hija la segunda cría de Chocolate. Todos mis hijos aprendieron a montar caballo y hoy les había prometido pasear. Estaba que me muero de sueño, pero no puedo desinflarlos, si ya estaban arreglados para montar. —Ellos insistieron en vestirse como tú. —dijo mi mujer, le di un beso—. Te ves cansado. —Pasamos toda la noche en vela, organizando los esqueletos de las organizaciones y así saber cómo llegar a rescatar a los niños. Esos ojos miel brillaron, mi hija era la copia exacta de mi esposa, creo que por eso me tiene tan pendejo; son amores tan diferentes, haría lo que fuera por Verónica, pero por Victoria, me descuartizo todo con tal de mantenerla viva. —¿Usted también se une al paseo en caballo señora Sandoval? —Y perderme el verlos por fin dominando a sus caballos. —había mandado hacer unas sillas especiales para ellos que pudiera sostenerlos—. Muero por ver a Liam. Mi hijo fue el que demoró en aprender, fueron semanas en los que me montaba en el anca de Ares y así lo hice hasta que aprendió. Se desesperaba por momentos al ver a sus hermanos que lo hacían y él no. Fue de trabajo y más horas de entrenamiento hasta que por fin lo logró. —Es cierto, hoy es el debut de nuestro pequeñín. —Me gusta más que le digas así que colado. —Le di un beso. —Tomo un café con lo que sea, me doy un baño rápido y nos vemos en las caballerizas, ¿ya los caballos están ensillados? —Yo le digo a Duber que lo haga. ¡Niños! Papá se va a bañar y llega a las caballerizas. Mis tres hijos se pusieron sus sombreros de vaqueros, tenían puesto sus texanas. Liam seguía a sus hermanos, Dante en cabeza, he notado que siempre se pone delante de las escaleras y atrás iba Liam. Como previniendo si su hermano resbalaba, él está ahí para no dejarlo caer; desde bebé y después de que su hermano se cayera un par de veces en las escaleras lo tomó por costumbre. ¿Cómo puede haber alguien tan similar a ti? Me bañé al estilo militar, en diez minutos ya estaba en la cocina comiendo los deditos de queso que Inés había hecho, en el baño del primer piso me lavé la boca y salí en dirección a ver a mi familia. —Eso fue rápido, ¿te lavaste bien? —Iba a contestar y alzó el dedo al ver mi expresión—. Hay niños en la costa. —Me acerqué al oído. —No tengo problema en que inspecciones mi v***a para ver si huele o sabe rico. —Se puso roja, miró a todos lados para ver si alguien escuchó. Solté una carcajada. —¡Papi! Por favor, ¿me subes? —cargué a Dante, lo dejé sobre Zeus, él tomó las riendas. —Dante hasta tu sobradez la sacó. —dijo Verónica. Cargué a Enrique, le di un beso en la mejilla. —Te portas bien Poseidón. —Papi, yo lo sé controlar. —miré a mi esposa y ella alzaba una ceja. —De tal palo… —Aja. Respondí, cargué a mi princesa, tenía una trenza idéntica a la de la mamá. Victoria adora a los animales, en más de una acción se ha cascado a sus hermanos por estar matando los cucarrones. Los tres niños esperaban a Liam quien tomaba de la mano a su madre. » ¿Listo Campeón? —Shi papi. A pesar de todo se expresa muy bien, es el único que tiene consulta con una especialista en fonología. Se acomodó sus gafas, le di un par de besos y él sonrió, ese es Liam solo ternura. Cuando lo subí a su caballo, el adiestramiento de su caballo fue el más estricto, lo dejamos muy mansito, mi pequeñín se apoderó de las riendas todo orgulloso, tomó las riendas. Ya Verónica estaba sobre Playa y a mí me ensillaron a Océano, los otros dos, uno se encontraba en apareamiento y el otro anda descansando, cuando Chocolate de nuevo estaba preñada, luego apareo a Playa. —¿A dónde? Preguntó mi esposa, Liam estaba en medio del caballo de Verónica y el mío, el resto de mis hijos iban a delante. —Al rancho de los abuelos. —Que nos vean llegar en caballos, además ya tuvo que haber llegado Santiago—. ¡Duber! —Mande patrón. —Lleva a Inés al rancho las Alondras, estamos invitados a almorzar. —Si señor. Hoy era día de pasar en familia. Con la tranquilidad de haber culminado un ciclo, hoy cerré un pacto y negocié otro. …***… Había escuchado que ser padres era la chimba, pero es más que eso. Es la acumulación de muchos sentimientos. Dos semanas después del despertar de Aníbal nació mi hijo Cristofer. —Y ya van tres meses de haber aceptado pertenecer al grupo Jaque Mate. No me canso de verlo, este año no voy a estudiar en nada. Con el equipo tengo mucho que trabajar, las investigaciones, además lo principal era cuidar a mi hijo mientras mi mujer va a la universidad. Lo cierto era que me gusta mucho ver a mi retoño, ese diminuto ser que era una parte de mí; ahora entiendo a los jefes y al patrón. Uno se ahueva con un hijo. —Tómale una foto. —Carlina me abrazó por la cintura y besó mi espalda. —Tengo infinitas. Sonrió, se puso a mi lado y pasé mi brazo por sus hombros, nos quedamos embelesados viendo a nuestro hijo. Vivíamos en un apartamento gigante compartido, Patricia tenía su habitación, Alfredo otra, nosotros una y ahora la de mi hijo, pero nuestro hijo duerme al lado de nuestra cama hasta que su madre se sienta segura que no se ahogará. ¿Así serán todas las madres? —Amor, recuerda que mi carro lo dejé esta mañana en el taller. —Te quedarás con el mío, hoy viajo con Arnold, Alfredo se quedará cuidándolas, de hecho, Guadalupe pasará la semana aquí. Los Delgados vivían en otro apartamento. Ellos estudian en horas de la mañana al igual que Carlina » El vuelo es en la madrugada, mañana estaremos en España, te extrañaré esta semana preciosa. —Sabes que Patricia tomó el trabajo esta semana en la clínica psiquiátrica, ya le salió el cambio de horario, por eso no llevó su carro hoy, ¿puedes pasar por ella antes de irte? Es de noche y no me gusta que esté sola, mira lo que le pasó a Lupe. —Claro, aunque se puede venir con Alfredo, él también se pasó a estudiar al horario nocturno… Aunque no sé qué es lo que estudia. —Nos miramos y comprendimos, Carlina sonrió. —Esos están que explotan, de mi parte hace rato habría mandado a Rino a la mierda. —¡Qué boca!, Pato está enamorada. —Tú me enseñaste esa y otras palabras. —afirmé—. Tu maleta está lista. Saqué a mi hijo de la cuna, mi nariz acarició su suave mejilla. Tengo tanto susto de no ser un buen papá, yo no tuve uno —se movió un poquito. —Me mandas videos de él. —Claro que sí. Cristofer llegó a sanar muchas cicatrices, no solo las de su madre sino también las mías. —¿Hablaste con tu hermana? —negó, desde lo que pasó ellas no se hablan. Sonó el timbre, salimos de la habitación, le hice señas a Lili; la persona que nos ayuda en la casa, le dije que yo iba, la mujer se regresó a terminar la cena. Al abrir era Mojón con su familia, ese par son idénticos, los diferencia el cabello corto de Demetrio y el largo de Dayana, cada padre cargaba a un hijo, ya están por cumplir los dos años. La niñera arrastraba dos maletas. —Mi maleta la dejé en el carro. Habló Arnold, saludé a todos, mi esposa igual. La misión que teníamos era para tomar fotos e ingresar a los clubes. Como en el pasado trabajamos a la perfección en estos lugares el Patrón nos encomendó mirar tres clubes. Nos vamos a enfocar primero en ese país. —¡Lili! —La mujer de unos cuarenta años salió sonriendo—. ¿Alcanzas a agrandar la cena o pedimos algo? —Tranquila señora, todos comeremos. —Gracias, mujer. —Carlina se fue con Lupe y los niños a la habitación de huéspedes. —¿Tú sabías de esto? —escuché que Guadalupe le preguntaba a mi esposa, quién negó. —Ya sabes cómo son, yo me acabo de enterar de que nos quedaremos juntas. —¿Y Alfredo? —miré a Arnold. —Está estudiando en el turno de la noche. —arrugó la frente—. Patricia ingresó a trabajar desde la semana. —afirmó—. Y ya hoy pudo hacer el cambio de horario, por eso de la clínica psiquiátrica pasa a la universidad, y por arte de magia nuestro ilustre médico también. —Ese será peor que yo, está toreando a Gustavo, hasta que el brujo se cabree. Debemos estar a las doce en el aeropuerto y necesito dejarle mil recomendaciones, vamos a buscarlos. —¿No vas a cenar? —miré el reloj—. En una hora quedé de recoger a Patricia. —Comamos y nos vamos. Salimos después de la cena, nos despedimos de nuestras esposas, hijos. Bajé mi maleta y la guardé en el carro de Arnold. —¿Metiste el traje?
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