Capítulo 7 - Agradecimiento

1688 Words
—Unas seis horas. —Hay que cuadrar turnos, además debemos estar todos en el almuerzo, que no falte nadie, es indispensable seguir como si nada. —miró a Rata—. Investiga cuantos doctores necesitamos o especialistas requiere Aníbal para llevar el mejor control de su evolución, sea la más rápida y en que podemos ayudar. » Quiero a los mejores en su área. —Le ordenó a Rino—. Una vez tengamos eso solo es ejecutar. —Nos miró a todos—. Al menos todas nuestras mujeres saben que estamos en un proyecto. » Díganles que estaremos con la organización jaque mate, al menos eso nos ayudará a ausentarnos. —miró a Miguel—. Ahora, más que nunca debemos alejar cualquier hombre de la vida de Shirly hasta el regreso de Aníbal, démosle tiempo para volver al ruedo. —observó a nuestro amigo. —Deja de sentirte culpable. —Le dije. —Me cuesta Gustavo, se encuentra así por mi culpa. —Cualquiera que hubiera estado cerca de usted lo había hecho. —habló Kevin. —Carlina pronto va a tener bebé, deberás de trabajar desde tu casa. —miró a Lobo. —Entonces pónganme en turnos nocturnos algunas veces a la semana mientras estemos en Blanco, mi esposa no piensa suspender sus estudios. —Yo solo me quedé con la segunda carrera, la especialización y la terminé. —comentó Arnold—. Pero mi Renacuaja también estudia. Solo podré los fines de semana cuidar al n***o, cuando regrese a la universidad, mientras tengamos vacaciones aprovéchenme para cuidarlo. —Todo eso lo tendré presente. Intervino Simón. Nos fuimos retirando, cada uno en dirección a su rancho, Alfredo se quedó al frente del tema médico, tengo una conversación pendiente con ese carajito, he notado a mi hermana algo triste, hablaré con él después. Ahora esperar a que Rata en cualquier momento nos mandará el itinerario. Mientras iba de regreso lo hice caminando, necesitaba llorar en soledad, por el regreso de un hermano, por la entrega, sin duda, de la fe de Roland. Verlo arrodillado pidiendo por nuestras almas, creo en Dios, sé que tengo el infierno ganado, pero ser testigo de esa fe, sin duda, era a otro nivel. Me gusta el nuevo proyecto, así Jacobo se sentirá orgulloso de su padre. Al ingresar al sótano y subir las escaleras e ingresé por la cocina, Gladis se tomaba un café y la asusté. —¡Gus! —Puso el pocillo a un lado, tomó un trapo para secarse la bata—. ¿Qué te pasa? Negué, me acerqué, la pegué contra el mesón de la cocina y me adueñé de su boca. Sus manos acariciaron mi cabello. » ¿Qué tienes amor? ¿Es algo malo lo que les dijo Roland? —negué, la necesitaba. —Te necesito Reina. Nuestras miradas se perdieron una entre otra. Su mano me acarició el rostro, se inclinó, sus labios rozaron los míos y ese fue el permiso, la alcé, sus piernas rodearon mi cintura, besé su mentón. Bajé a su cuello lamiendo y besando, llegué a uno de sus senos aún llenos de alimento para mi hijo, ese carajito sigue pegado a la teta y yo que ya quiero que me las devuelva. » Quiero tomarte aquí. —Las empleadas no demoran… —La agarré por las nalgas y caminé con ella hasta nuestra habitación—. Pato tiene el bebé, no hace mucho se lo llevó a darle tetero, ya no sale casi nada de mis senos. » Enrique sigue dormido, tu mami en su casa. Llegamos al cuarto, cerré la puerta con el pie, Gladis se quitó la bata y dejó al descubierto sus deliciosas tetas, mi lengua rodeó su pezón, suavemente con mis dientes lo mordía. La acosté en la cama, solo tenía una diminuta tanga que era un delicioso descaro. Comencé a desvestirme, liberé mi v***a, ahora estaba desnudo ante ella, al pie de la cama tomé una de sus piernas y comencé a acariciarla, una de las muchas cosas que me gustan de mi mujer es la suavidad de su piel, comencé a dejar besos desde la pantorrilla, luego la parte interna de su muslo, mi otra mano le arranqué su panti. » Ya me debes tres. —sonreí, hace dos días tan bien le partí otro. —No tengo culpa que los compres tan delgados. —Sabes que no es eso. Mi dedo se deslizó entre sus pliegues, ya estaba húmeda, siempre deseosa suavemente introduje un dedo mientras mi boca se acercaba al lugar que deseaba, quería beberme todo lo que ella me diera. Verla contorsionarse antes las arremetidas de mi lengua mientras me devoro su entrepierna sin dejar de introducir dos de mis dedos en su interior, se aferró a las sábanas, su piel se erizaba y eso era señal en que pronto tendría en mi boca su anhelada esencia » ¡Gustavo! Abrí un poco más sus piernas para abarcar más esa miel que me brindaba, Gladis es dulce; cuando sus convulsiones estaban mermando me puse en medio en posición y me deslicé en su interior húmedo, suave y caliente. Con una de mis manos tomé las de ella y llevé arriba de su cabeza, con la otra presionaba su cadera para tener apoyo de llegar a introducirme hasta el fondo con mis embestidas, hoy la necesitaba desesperadamente y no medí fuerza, no debo estarle haciendo daño, sus jadeos me enloquecen aún más. Levantó más su cadera permitiéndome fundirme en su cueva. Mi v***a se hinchó, sus paredes vaginales apretaron mi falo y ahora era yo quien convulsionaba, era quién me entregaba al placer de caer en los brazos de mi esposa. Mi frente llena de sudor se apoyó en su pecho, sus manos comenzaron a acariciarme, mientras nuestras respiraciones bajaban el ritmo. Sin duda este es mi refugio. —Te amo, Gladis. —Yo también cavernícola, voy a tener que comprar la lencería más cara a ver si así no te duele romperla. —Sabes que esa joda me pone más duro cuando lo hago. —¡Pero me estás dejando sin tangas!, los brasieres los tengo huérfanos. —solté una carcajada, lamí su pezón derecho—. ¿Vas a contarme que tienes? —¿Crees que tenga alguna posibilidad de salvar mi alma del infierno? —Sus manos alzaron mi rostro. —Explícate. —Roland quiere… No, yo acepté ser parte de la nueva organización encabezada por el Patrón para ser los centinelas de los niños que secuestran con destino explotarlos. —Sus ojos brillaron. —¿Piensan unirse como grupo para devolverles a sus madres los niños que son secuestrados? —Sus ojos se humedecieron—. Amor, sabes que te apoyaré en tal proyecto, yo viví la agonía y la incertidumbre de perder a mi hijo. Gracias a ustedes me lo devolvieron. ¿Piensan dedicarse a salvarlos? —afirmé. Comenzó a besarme y me reí. —Mujer vas a despertar mi v***a de nuevo. —No tengo problemas con no salir hoy del cuarto. —Conste que tu misma lo dijiste, ¿quieres quedar escaldada? —¿Cómo logras cortar el romanticismo? Pero sí, veamos quién pela a quien. —Debemos almorzar en las Alondras, ese será el único receso que tendremos. Sin duda este es uno de los mejores días de mi vida… …***… Sin duda una vez soy testimonio de un milagro, creo que si pido con fe, y eso que el de arriba sabe que yo no ando con la biblia debajo el brazo, no me sé ni un puto versículo, pero si he leído testimonios y me quedo con los mandamientos. Ya le dije que puedo faltar aún o si estoy en peligro de muerte o sí, mi familia está en peligro, del resto juré nunca más volver a matar, hasta ahora en el enfrentamiento del secuestro de mis hijos los he herido, no matado. Lo único que creo es que debo estar caminado en el camino correcto, ya que el señor Dios me devolvió a mi hermano, ya todos se fueron, me había quedado en la habitación de Aníbal. —Patrón. —Y dale con la maricada. —Es la costumbre Roland. —Ya tienes con nosotros suficiente tiempo para que te hayas familiarizado. ¿Dime? —¿Este año nos vamos a inscribir en el entrenamiento extremo? —Eso lo decidirá Rata si ve que no estamos en forma. ¿Por? —Ya terminé los cursos en que estaba haciendo y quería saber si podría tomar uno los fines de semana. —Lo miré, eso iba por otro lado. —¿Por qué no le pides a Patricia que sea tu novia? Y así dejas de estarla vigilando, espantándoles a los pretendientes, arriésgate de una vez. —Yo no… ¿Quién dijo…? —sonreí. —¿A qué le temes? —A nada, ella es una niña. —Una niña que te hace estudiar de nuevo algo de lo que ya tienes certificados. —Se puso rojo al verse descubierto. —Somos muy distintos. —¿Y crees que yo tengo similitud con Verónica? Yo soy n***o y ella es blanco, yo vivo en el infierno y ella en el cielo, aun así, hemos convivido; que en ocasiones me dan ganas de darle nalgadas y sé que ella a veces quiere lanzarme jarrones, pero llega la noche y la culiada lo arregla. —Ella quiere matrimonio, no estoy para casarme. —¿Y se lo dijiste? —afirmó. —Entonces déjala ir, deja que ella conozca al padre de sus hijos. —Una vez dije eso vi cómo apretó las manos en un puño—. No seas tan egoísta Alfredo. —¿Qué le cuesta que seamos novios? Ya no estamos en la era de mi virtud, es para mi esposo eso es una mierda. Y a punta de besito no aguanta. —sonreí. Este era otro que caerá de rodillas a que le caiga toda la saliva encima. —Piénsalo, ahora si me voy, regreso en la noche, me voy a ver a mi familia.
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