Capítulo 5 - Pacto cumplido

1190 Words
Daniel esperaba mi respuesta. Busqué la información en mi computador y la puse en la pantalla gigante. —Esa es una lista de cincuenta organizaciones, hay muchas más. Pero quiero que Rata haga un sondeo preliminar, y por ahora enfoquémonos en armar los esqueletos de cada organización y mirar cómo operan, desde los grupos pequeños y los individuales que a su vez trabajan para los grandes. » Necesitamos saber hasta qué días cagan esos hijos de puta. Luego debemos averiguar la lista de los clientes y detectar a los pedófilos y con hechos y datos dárselos a Any para que los condene por años. No sin antes mandarles nuestra sentencia. » También debemos acabar a los proxenetas que alimentan esas bandas criminales, si los comenzamos a sacar del juego, las grandes organizaciones no tendrán los contenedores de niños o mujeres. —¿Matarlos? —Solo si nuestras vidas dependen de ellos, Any tiene una obsesión con llenar las cárceles de peores bandidos que nosotros. Por eso les haremos seguimiento, obtenemos pruebas y los encerramos, Any buscará el modo de ponerles grandes penas para que no salgan en muchos años, ese es el trato. » Haremos los dos trabajos al tiempo, debemos ser rápidos, prácticos y proactivos. Nos dividiremos en el trabajo, sus computadores desde sus despachos están conectadas a la base de datos de la central que maneja Simón. —Una vez más a deleitarnos con SSCTC «Sala de saber cómo es tu culo». —El comentario de Arnold nos sacó las carcajadas. —Latinoamérica tiene el mayor índice de pérdida de niños, ya sea para tráfico de órganos y de una vez les digo, si nos topamos con organizaciones de esas las desaparecemos. Por nuestra experiencia en el bajo mundo sabemos cómo operan. » Es solo indagar, viajar al lugar, hacer «negocios». —hice la señal de comillas—. Encontramos a los cabecillas y luego comenzamos a jugar con ellos. ¿Alguna otra pregunta? —Ninguna. —comentó Alfredo. —Bueno, miremos todos las organizaciones y luego escogemos con quien nos vamos primero y una vez tengamos el plan se lo pasamos a Any. …***… Eran las tres de la mañana, entre más investigamos más ganas me estaban dando de ir a matarlos y no dejarlos vivos, la visión de Roland me agradó, nosotros tenemos los medios, el dinero para costearnos lo que se necesita, además que no lo estamos haciendo por dinero, sino por salvar nuestras almas. Gustavo ingresó con un termo de café y varios vasos desechables. Todos nos pasábamos la información de lo que encontrábamos y así ir armando los esqueletos de las organizaciones delictivas, por esta semana trabajaremos en lo mismo. Organizar el esqueleto y saber luego por donde ingresar, en eso Roland era el rey, su visión para entender los carteles, las mafias son de admirar. Arnold, Kevin y Alfredo estaban en el turno de dormir tres horas. —¿Alguien quiere café? No era tanto porque me gustara, si no por mantenerme despierto un poco. Ya tenía el culo aplastado de tanto estar sentado. Estaba entusiasmado, a mi celular llegó un mensaje y era mi Pelinegra. «¿Sigues trabajando, amor?» Sonreí, esta tarde hacer el amor bajo la lluvia fue increíble, cuando llegué al rancho, encontré a Luisa a punto de subirse a su caballo para irme a buscar, al verme corrió. —Me tenías asustada, pensé que se había complicado lo de la quebrada y una avalancha… No la dejé continuar, el verla preocupada por mí, fue suficiente para elevar mi v***a, en ese momento solo primó la necesidad de nuestros cuerpos. Espero que nadie me haya visto las nalgas al aire libre. Lo cierto es que en el establo bajo el torrencial aguacero penetré a mi mujer, con la ropa medio bajada, sus deliciosas tetas bajo mi dominio, ella que siempre ha sido tan recatada, he de suponer que estaba bastante asustada para que me dejara ser un cavernícola. «Si pelinegra, te va a gustar el nuevo proyecto, apenas llegue a la casa, te lo comento». «Gracias, ya me tomé un antigripal, la locura de la tarde me pasó factura». No me gustó saber que mi mujer estaba enferma. «Ya te mando a Alfredo par que te examine». «Es solo una gripa, Simón». «Qué me lo diga él». «No voy a pelear contigo. Te amo, los niños siguen profundo». «Te adoro». Me levanté del puesto, fui a la habitación de Rino. Lo desperté, al verme se extrañó. —¿Pasó algo malo? —Luisa está con fiebre, esta tarde se mojó con agua lluvia y parece que se resfrió. ¿Me podría hacer el favor de revisarla?, así me quedo más tranquilo, le dije que ya ibas a verla. —¡Claro!, en un segundo salgo, meo y me lavo la cara. —¡Y las manos!, con tus manos sucias no vas a ir a tocar a mi mujer. Soltamos la carcajada. Vi que el médico ingresaba al ascensor que lleva a La Apuesta con su maletín, también me di cuenta de que antes ingresó a la farmacia. Si era gripa le dejará el medicamento. —¿A dónde va Rino? Roland me pasó a mi computador unas fotos satelitales de uno de los burdeles que aparenta ser de mujeres, pero ofrecen el otro servicio. —Luisa tiene fiebre, le pedí el favor que la revisara, —Si es lo mejor, en un rato llamo a la Pecosa, también a mi mamá para que le prepare la sopa que le gusta; aunque hoy todos estamos invitados al almuerzo en Las Alondras. Ella se pone muy consentida cuando está enferma. Sonreí, esas sutiles pecas de mi mujer me tienen ahuevado y si es cierto lo que dice, es muy pechichona lo bueno es que le gusta jugar con mi pene mientras se le pasa el malestar. ¡Dios! Como amo a mi mujer. Volvimos a concentrarnos en la búsqueda de información, Arnold y Kevin se unieron, eran las cinco de la mañana, a las seis dejaríamos de trabajar, ya había organizado los días de aportar investigación. Alfredo había confirmado que era un resfriado, tenía fiebre alta y le dejó el medicamento. Quiero terminar aquí para ir a verla. —Chicos ya es momento de descansar, nos vemos en el almuerzo de la casa de mi madre y luego en la noche, no haremos la misma jornada, Rata les mandará el itinerario para trabajar en esta semana. El Doctor que atiende a Aníbal ingresó, pero no alcanzó a hablar cuando las dos enfermeras comenzaron a llamarlo y también gritaban el nombre de Alfredo. Todos nos quedamos inmóviles, ¡Qué el n***o no se haya muerto! Por favor, todos estábamos expectantes, las enfermeras entraban y salían de la farmacia a la habitación, desde la barrera esperábamos lo que fuera, fueron los minutos más largos y desesperantes. Alfredo salió y solo se tapó el rostro, para luego frotarse la sien. —¿Qué pasó? —Fue Roland quien habló, Rino caminó un par de pasos. —Reaccionó. —Todos miramos a Gustavo. —Les dije que era un brujo. —dijo Arnold.
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