Desde el beso, Eysi evitaba a Nathan. Cambiaba rutas, esquivaba pasillos, fingía ocupaciones absurdas para no coincidir en ninguna habitación. Pero aun así, su cuerpo parecía tener memoria: temblaba si lo sentía cerca, se crispaba si escuchaba su voz. Dormía mal. Recordaba el sabor. El calor, el instante exacto en que todo se quebró. —Eysi —Suky llamó su atención. Lleva días distraída—. ¿Cuándo puedo conocer al niño que cuidas? Ella evitaba que Suky saliera de la casa, y cuando lo hacía la relegaba al jardín pequeño del anexo donde viven desde que llegaron a la propiedad Evans. —Creo que no será posible, ellos son personas muy formales, no quiero que te llamen la atención —le dijo en voz baja. —Puedo portarme bien, jamás haría algo que te arriesgue a perder tu trabajo —dijo Suky con tr

