Capítulo 8.
— Adrian—
— ¿Quieres hablar un poco del libro? — Le digo para cambiar el tema.
— Sí, subiré por él. — Se levanta para ir por él con una gran sonrisa en su rostro.
— Te espero en mi despacho.
— Si joven. — Sale del comedor dejándome apreciar su cabello moverse de un lado a otro. Me voy a mi despacho y ella llega en segundo.
— Pasa Adalia, siéntate. — Le digo y yo lo hago.— ¿Qué sabes de él? Explícame lo que entiendas.
— Bien joven, esto aquí son contabilidad y aquí estrategias financieras. — Sabe todo de él, ¿Qué puedo explicar? La veo mover hoja tras hoja explicándome, me deja en estado de shock, está chica me sorprende cada día más.
— Entonces no tengo más que explicar, sabes de qué trata y como se desarrolla, por ello es tuyo, cuídalo.
— Gracias, joven no sabe lo que significa para mí, el mío de casa mi tía…— Sus ojos se humedecen al recordar, se detiene y sonríe evitando terminar lo que iba a decir — Lo cuidaré con mi vida. — Dice cambiando su expresión.
— Bien, entonces ya sabes si no entiendes algo solo pregúntame, te veré aquí a las 8 después de cenar y hablaremos de él, ¿Te parece? — Asiente y se levanta y vuelve a sentarse con temor.
— Lo siento, ¿Puedo irme? — Me levanto y le extiendo mi mano lo cual piensa en tomar pero lo hace.
— Ve descansa. — Tomó sus caderas para ayudarla a levantar y ella se asusta tanto con mi tacto que se gira de golpe chocando contra mi pecho. La recibo entre mis brazos, sosteniéndola con fuerza, está tan cerca de mí que puedo sentir su respiración agitada, su olor a perfume y sus ojos fijos en los míos. — No tienes por qué tenerme miedo, no te haré daño. — Puedo ver su mirada fija en mí, es tan curiosa, que sé que algo le atrae, pasa su suave pulgar por mis labios como yo lo hice en su habitación, su curiosidad me hace sentir que necesito protegerla, cuidar de ella, nunca me había pasado algo así ni con Margaret.
Tomó su mano y ella la mira entrelazando nuestros dedos, se aleja y puedo ver por qué lo hace, mira sus brazos notando lo erizada que está su piel, me mira y recoge el libro del suelo saliendo del lugar, ¿Qué fue todo eso? Una sonrisa sale de mis labios y camino a mi habitación y puedo ver que ella entra a la suya, no puedo evitar sonreír al recordar su piel erizada por mi contacto.
*
Han pasado dos semanas desde esa noche, Margaret regresa mañana y no tengo buenas noticias sobre nuestro matrimonio, mi abuelo se encargó de que esto no se rompa hasta cumplirse 5 años de casados, además de hacerlo si tenemos a nuestro hijo ella perdería los derechos de él si se aleja de mí, todo esto es una locura interminable, debo explicarle a Margaret todo esto y sé que no lo tomara de la mejor manera, tuve una fuerte discusión con mi madre debido a los golpes de Adalia y le dejé claro la situación, a pesar de todo, disfrutó la compañía de Adalia, estás noches la hemos pasado estudiando el libro de mi abuelo, cosa que a ella sele da muy bien, aprende rápido, sé que una gran mujer se esconde de bajo de todo ese temor y falta de experiencia, poco a poco ella está descubriendo su verdadero ser, ya no es tan tímida puedo ver que no me teme como al principio y eso me tranquiliza.
— Disculpe joven Adrián.— Toca a mi puerta.
— Adelanté Adalia.
— Me informo la señora Carmen, ¿Qué no estudiaremos hoy?— Dice parada frente a la entrada.
— Así es, hoy tengo mucho trabajo y debo terminar unos detalles de un proyecto.— Le digo organizando los documentos en el escritorio.
— ¿Puedo ayudarlo?— Dice algo curiosa.
— No, no entenderías nada, yo aún intento resolverlo, ve a tu habitación.
— Entiendo, buenas noches, joven.— Se va con tristeza en su mirada.
— Buenas noches, Adalia.— Le digo algo dudoso, pero tengo mucho trabajo y no puedo atenderla ahora.
Se marcha y yo trabajo en el proyecto, los detalles aún no logro encontrar un buen enlace en las gráficas, las finanzas se irían a pique si no encuentro resolverlo, me toma mucho tiempo estoy bastante cansado, me voy a la sala donde me siento más cómodo trabajando en el sofá frente a la mesa de estar, me gustan los lugares amplios para poder concentrarme, siento que sueño me va dominando y mi dolor de cabeza aumenta al pensar que no he terminado, apenas voy por la mitad.
*
Despierto, sintiendo un peso sobre mi pecho, me intento mover abriendo los ojos la veo sobre mí, dormida, la miro por unos segundos, acarició sus mejillas, sin poder detener me tiene hipnotizado su belleza, ¿Qué hace aquí? Se abraza más a mí, noto que está en su bata dejándome apreciar sus hermosas piernas, mi corazón late, mi hombría reacciona a ella sin poder evitarlo, de forma que la acarició un poco recorriendo a su hombro, tomó su bata y la cubro. Me muevo un poco para controlarme, Puedo notar mi laptop y unos documentos, además del libro de mi abuelo, miro mi trabajo y está terminado, ¡Esto es increíble! ¿Ella lo terminó? Me deja en shock, todo está bien formulado, e incluso remarcó y corrió un gran error que tenía.
— Lo siento, yo no quise. — Se levanta mientras no puedo dejar de revisar los documentos, todo está en orden. La miro y puedo ver su temor en su mirada, como si hubiera hecho algo malo.
— ¿Lo hiciste tú? — Asiente con temor. — ¿Alguien te ayudó? — Niega, tan sincera y transparente afrontando sus actos.
— Solo quería ayudarte, lo siento mucho joven no volverá a pasar se lo juro, no me…— Tapa su boca con su mano y cierra los ojos mientras sus lágrimas recorren sus mejillas.
— Gracias.— Le digo y ella abre sus ojos esperando que no la golpeé, sin poder entenderlo se levanta corriendo y se va a su habitación.
No la volví a ver, tenía que irme a la oficina de afán, todo es realmente bueno al llegar la reunión da comienzo y todos me felicitan al presentarles el proyecto, todos se quedan muy encantados con el trabajo, Richard se queda conmigo en la oficina y le explicó cómo fueron las cosas.
— ¡Espera! ¿A ver si entiendo? ¿Lo hizo ella?
— Así es, no tienes idea de lo que sentí al verla temblando de miedo, sin saber que lo que hizo salvo un gran proyecto.— Expreso con orgullo.
— Amigo tú tienes a tu lado una joya, es bella he inteligente, ¿Acaso note das cuenta? — Me mira y una pequeña sonrisa sale de mí. — Si, si lo sabes, solo mírate, te gusta tu esposa. — Me mantengo en silencio tratando de pensar en esa posibilidad. — No, es que no tienes que decirlo, no lo pienses mucho, sabes que si, no había visto ese brillo en tus ojos desde Lorena, solo mírate, hasta tu mal genio ha cambiado, ¿Existe la posibilidad de que consumas tu matrimonio?
— Deja decir tonterías, ve termina con la junta yo organizaré todo y saldremos de inmediato a vernos con los inversionistas.
— Adrián, ¿Qué harás con Margaret al volver?
— Aún lo estoy pensando, no sé cómo vaya a reaccionar, pero esto es irremediable son muchas cosas que me atan a ella, pero Adalia es mi esposa y por tal sabes que no rompo mis promesas.
— Lo sé, siento que estabas en problemas, yo estaré hay para apoyarte, en lo que necesites.
— Gracias.
— No, no agradezcas, nada podrá salvarte de la histérica de tu novia.