Capítulo 10: Batalla de fallos.

2884 Words
En medio de la fiesta, muchas cosas pasaron, personas que se tenían que besar se besaron, personas que no se debían besar se besaron, y todos bailábamos al ritmo de buena música. Esa noche, Angelo y yo descubrimos lo tedioso que se volvía Lunay cuando tomaba, pues luego de habernos tomado algunos tragos en la primera discoteca, algunos nos fuimos para una segunda donde vendía unos cocteles muy famosos en la ciudad, y estando allí sentados bebiendo, Lunay se enojó porque otro amigo le quitó el pitillo de su copa, y su resolución fue golpearle el tabique con un puño en seco, un golpe que le dejó los nudillos impresos sobre la piel, y una de sus fosas nasales llenas de sangre. Luego de que aquel chico se hubiese ido a secar la nariz, Angelo y yo tratamos de dialogar con él para hacerlo entrar en razón de lo que había hecho, pero él solo se reía y fingía no saber de lo que le hablábamos. Luego de que aquel pobre chico hubiera regresado con un trozo de papel higiénico en la nariz, le hizo un reclamo en buenos términos a Lunay, y éste le volvió a responder con un golpe en la nariz, el cual le hizo sangrar por la otra fosa, y retirarse de aquel lugar, regresando a la primera discoteca. Aquel tipo es la persona más paciente que he visto, pues mientras todo eso sucedía, yo sólo pensaba en haber estado en su lugar, y que Lunay me hubiese golpeado a mí, para regresarle el golpe con rencor. Sabía que incluso Angelo lo hubiera hecho, pero aquel sujeto hizo lo que ni siquiera nosotros, sus amigos más cercanos hubiéramos hecho, perdonarlo. Mientras regresábamos de la discoteca dos a la uno, caminábamos por las calles de Milán, la zona gastronómica más conocida de Manizales, que también estaba repleta de bares y discotecas, y mientras pisábamos los adoquines de sus andenes con la música de algún bar ambientando la escena, bajábamos caminando hacia la discoteca uno, en donde estaban Alejandro y los demás, muy probablemente preguntándose donde carajos nos habíamos metido nosotros. Durante el trayecto, Lunay caminaba desvariando, mientras Angelo y Camila, una amiga de Alejandro, me agarraban de los brazos para que dado el caso los protegiera de Lunay. La escena me parecía tan cómica, pero a la vez tan riesgosa, que mientras me reía de la situación, tenía un golpe listo para soltar dado el caso que fuera necesario, pero le pedía a Dios que no fuera necesario, pues Lunay era mi amigo, y por muy insoportable que estuviese, lo último que quería era tenerlo que golpear para defender a alguien más. Cuando volvimos al sitio, nos encontrábamos ingresando, y de un momento a otro, vi gente besándose con las parejas de sus amigos, gente dándose besos de tres, y personas que nunca habría imaginado, terminaron enredadas esa noche. Yo me dedicaba a lo mío, hacerme el idiota y quedarme sentado esperando a que alguien me ayudara a comprar una botella más de ron, para beber sentado, mientras los demás bailaban y yo me hacía el traqueto sentado en una mesa rodeado de los demás troncos que no bailaban. Siempre que iba a un sitio de esos en verdad yo quería bailar, pero la cuestión era que era malísimo para hacerlo, defendiéndome con lo básico solamente en bachata, merengue y un poco de salsa. Estando sentado, una chica me sacó a bailar y ni siquiera fui capaz de recordar su rostro al otro día, y veía a Lunay bailando con una desconocida, quien trataba de seguirle el paso a pesar de ser una causa perdida, pues él seguía desvariando incluso en medio de la pista de baile, y lo observaba tratando de coordinar sus pies mientras Angelo sentado me miraba y me señalaba los pies de Lunay mientras se reía. Era evidente que todos ya habíamos perdido la cabeza, pero en medio de ese desastre que tenía de soundtrack música de Eddy Herrera, estábamos pasando una buena noche. La fiesta terminó, pero yo ya me había ido, pues había tomado tanto ron que las ganas de vomitar se apoderaron de mí, y me hicieron tomar un taxi afuera de la discoteca y pedirle que me llevara a toda velocidad a mi casa para no vomitarle las sillas de cuero. Los demás salieron un rato después, pero yo ya me encontraba llegando a mi casa, peleando con las llaves de la entrada para que me dejaran entrar, pero perdiendo la batalla debido a que me era imposible enfocarlas y meterlas en el cerrojo. Cuando logré entrar, recuerdo solamente haber entrado a mi habitación, quitarme la correa, y tirarme rendido en mi cama para quedarme dormido de manera instantánea. Al otro día desperté con un poco de tos, y de congestión nasal, el sereno me había pateado y no estaba en las mejores condiciones, era obvio. Cuando me levanté a bañarme la cara, me di cuenta que tenía los labios y las mejillas llenas de maquillaje, confirmando así que después de las rumbas, en ocasiones yo acostumbraba despertar con la cara llena de cosas random que los demás me ponían. Luego de haberme desmaquillado a punta de agua, encontré mi celular y traté de llamar a Alejandro, para que me contara cómo les había ido en el resto de la noche, pero no me contestó. Muy probablemente yo hasta éste punto esté tratando de insinuar que el hecho que Alejandro no apareciera era consecuencia de algo gravísimo, pero en realidad era algo menos grave de lo que cualquiera se imagina en éste momento, y pido disculpas por la confusión. Salí a la calle y tiré piedras pequeñas a la ventana de Alejandro hasta que apareció, y me abrió la puerta, entonces subí las escaleras esperando que me recibiera con grandes noticias acerca de lo que había pasado luego de haberme ido la noche anterior. Él me miró con esa cara que siempre ponía cuando lo que tenía para decir no eran buenas noticias, y empezó a contármelo todo: -       Pana, es que anoche pasaron muchas cosas, después de que usted se fue, nos fuimos para mi casa en unos taxis al rato, pero había mucha gente, amigos de amigos, gente que no conocía yo. Y llegamos aquí, Angelo y dos amigas de él se fueron para su casa, y usted había dejado su puerta sin llave, entonces aprovecharon y lo empezaron a maquillar, y al rato llegaron a mi casa riéndose, con fotos suyas maquillado y dormido. Luego de eso, compramos más ron y aguardiente, y seguíamos tomando todos en mi casa. Allí fue cuando un tipo vio su vaporizador aquí conectado en la pared, y lo encendió y empezó a vapear y a ofrecerle a todos los demás, y todos fumaron anoche de allí, me pareció asqueroso, eso pasó por boca de todo el mundo, en fin. Luego de eso, una de las chicas me pidió el favor de llamarle un taxi, así que lo solicité por una aplicación que tengo en el celular, y bajé a acompañarla a tomar el taxi, pero de ahí en adelante perdí completamente la memoria, lo siguiente que recuerdo es haberme despertado hace un rato. El caso es dejaron mi casa hecha un desastre, y estuve buscando mi celular, pero no lo encuentro, también estuve buscando su vaporizador, pero creo que se robaron ambas cosas. En fin, no quiero perder la esperanza de haber buscado mal y que todo esté en alguna parte que yo no haya revisado bien. ¿Será mucha molestia pedirle a Angelo, Lunay y José que nos ayuden? En ese momento los llamamos a ellos, José era el chico de la nariz ensangrentada, y llegaba con su tabique roto de la noche anterior, y aun así parecía no guardar ninguna aspereza contra Lunay, lo cual me seguía pareciendo sorprendente. Cuando estuvimos todos reunidos, empezamos a buscar por todos lados, debajo de la cama, en la cocina, bajo el armario, en el baño, pero fue una búsqueda infructífera. Luego de haber instalado un rastreador de celulares, encontramos que el celular de Alejandro había emitido una señal de GPS hace unas cuantas horas a unos dos kilómetros de la casa, sobre la vía que conectaba nuestro barrio con el resto de la ciudad. A cualquier persona podríamos haber señalado, pero eso fue lo que no nos llevó a señalar a nadie, y decidimos tratar de comentar la situación del celular, a ver si entre todos hacíamos alguna recolecta para ayudar a Alejandro a comprar uno nuevo, pues su padre estaba furioso creyendo que alguno de sus amigos que estaba esa noche, se había robado el celular, siendo yo el único descartado por encontrarme durmiendo en otra casa al momento del hurto. Para sorpresa de nadie, ninguno de los que estuvo presente esa noche quiso ayudar con la causa, y el padre de Alejandro terminó sacándole un celular nuevo, pero mucho más barato que el anterior, que era una auténtica máquina. Mi vaporizador tampoco apareció, pero al fin y al cabo no quería recuperarlo luego de que 20 personas se lo metieron a la boca, y opté por renunciar a la idea de vapear, luego de haber recibido la segunda señal de mi vida de que lo mío no era fumar esa mierda. Ojalá le hubiera hecho caso a la vida la primera vez, y con el dinero del segundo vaporizador me hubiese comprado un par de zapatos. Pasado el tiempo, seguía en mis cosas, escuchando rap con Angelo y Lunay en casa, en la habitación de Angelo, que era la más amplia para reunirnos los tres a hablar sandeces. Durante esos días, dos cosas pasaron, la primera fue haber salido con Sofía, una chica que conocí en la universidad, que aceptó ir a cine conmigo para conocernos; y la segunda fue haber descubierto el mundo del freestyle. Cuando salí con Sofía estaba algo nervioso, pues había escuchado rumores acerca de su estatus, era de una familia muy adinerada y de buen apellido, mientras que yo pese a haber evolucionado, seguía siendo una criatura de la calle. Llegó el día de vernos, y me fui con el único polo que tenía, pero no por falta de dinero ya, sino porque amaba ir de camiseta y odiaba los polos y las camisas. Al llegar, allí estaba ella, radiante y con su piel tersa, como si el sol no le pegara, sino que la acariciara, mientras yo olía a una loción barata que le había pedido a Angelo para aquella ocasión. Entramos a ver una película que estaba en auge, y todo marchaba relativamente bien, pero esa noche algo dentro de mí nunca terminó de cuadrar, mis chistes fueron más flojos de lo normal, durante la película no hubo química alguna entre los dos, y en ocasiones parecíamos personas que no se conocían y por mero azar se habían sentado uno al lado del otro a ver una película. Ella me observaba de reojo y yo a ella, pero no nos dirigíamos la palabra, porque no teníamos realmente nada que decirnos. Mientras yo le pregunté por su familia y me contaba todo lo que hacían y tenían, yo por mi parte tenía que hablar de mi familia disfuncional y mi madre pasando dificultades por culpa de mi padre. Así era como con cada pregunta que nos hacíamos, lo que lográbamos era hacer la situación más incómoda para ambos, y pese a que algunas preguntas lograban resultar en una ligera risa de ambos, entendía perfectamente que ambos ya habíamos captado que no iba a haber una segunda cita, y así fue. Paralelamente, Angelo, Lunay y yo descubrimos el mundo de las batallas de rap, y nos adentramos en él de una manera exagerada, consumiendo rápidamente contenido relacionado con ese mundillo, para empaparnos y poder sentirnos parte de él, pues a los tres nos llamaba la atención el estilo y la creatividad de los mc’s. En varias ocasiones nos pasábamos tardes enteras poniendo bases de fondo y tratando de replicar lo que veíamos en los videos, pero era imposible, pues carecíamos de la seguridad y la experiencia requerida para hacerlo bien, aunque de los tres, yo era el que medianamente hacía el intento de al menos rimar, pues la musicalidad que me habían dado mis años de músico me ayudaban a hacerlo. Para ese entonces, descubrimos que en el parque principal del barrio se organizaban batallas, y que en las noches se reunían a practicar varios raperos, entrenando para ir el viernes al Cable, donde eran las competencias más serias y con mayor cantidad de público en la ciudad. Yo me enganché tanto con el tema, que empecé a ir a practicar, y me inscribí un par de veces en competencias del Cable luego de haber entrenado durante semanas con la gente del barrio. La primera vez que lo hice, solté rimas con una falta de coherencia tal, que lo único que pude transmitir al público aquella vez fue incomodidad, acompañada de un silencio casi fúnebre que acompañaba el final de cada una de mis rimas. Pero me propuse mejorar, y fue entonces cuando me inscribí en una competencia en dúos, en la cual participé con alguien de mi barrio, pero tuvimos la mala suerte de haber sido emparejados contra dos de los mejores de la ciudad, que sin mayor problema nos sacaron en octavos de final. Yo ya consideraba muy seriamente la opción de rendirme y dejarlo así, pero algo dentro de mí me pedía algún tipo de consuelo, porque no me gustaba abandonar algo sin al menos haber saboreado algún triunfo o meta personal, como con el tenis de mesa, que sólo pude dejarlo luego de haberme coronado campeón de un torneo que se organizó en la universidad, y quería despedirme del freestyle al menos con la tranquilidad de haberlo hecho bien, al menos sólo una vez en la vida quería sentir el grito del  público luego de una de mis rimas. Entrené durante un par de semanas en mi habitación con la ayuda de Escobar, un amigo de la universidad que no tenía ni puta idea de batallas de frestyle, pero que me acompañaba a rapear y me escuchaba, para darme su franca opinión de mis rimas; lo cual no le costaba, pues poseía una habilidad para ser sincero que resultaba en ocasiones hasta hiriente. El día de mi última batalla llegó y me tuve que enfrentar a la prueba de valentía, que era una ronda previa que se hacía antes de las llaves directas, donde solamente los mejores eran seleccionados para lograr avanzar, a las rondas finales. Esa noche tuve que batallar contra un tipo con sombrero de pescador, otro tipo raro que se hacía llamar el niche, y un niño de 12 años que estaba participando. De todos el más difícil de superar era el niño, porque yo era muy consciente de la facilidad con la que uno podía terminar siendo víctima del efecto David y Goliat, pues cuando ese pequeño soltara cualquier rima medianamente decente, se la iban a gritar como si fuese la rima del año, solo por su edad. Me armé de valor, apreté el culo y empecé a rapear frente a la plaza llena de gente, luego de haber usado mis rimas para algo básico pero efectivo, lo cual era burlarme de la vestimenta y la apariencia de mis adversarios, logré con cada una de las tres rimas, parar la batalla tres veces seguidas, algo que era difícil de ver, pues ese nivel de constancia le costaba desarrollarlo incluso a los más experimentados de la ciudad. Gracias a ello, logré avanzar siendo uno de los mejores puntuados por los jueces esa noche, y llegué a las rondas directas, donde me tuve que enfrentar a uno de los más experimentados de la plaza, conocido por todos, y amigo de jueces y participantes. Cuando empezó la batalla, respondí cada uno de sus argumentos de manera lógica y coherente, sin embargo el utilizaba recursos básicos para también ganarse el grito de la multitud, mientras yo me quedaba sin recursos en mi afán de mantener la coherencia en cada rima, hasta que al final la batalla pasó de ser un griterío constante, a ser una batalla plana y poco vistosa. El veredicto fue a favor de él, y aunque yo sentía merecer al menos la victoria o un empate, entendí esa noche, que todos los novatos que nos enfrentábamos a algún experimentado, teníamos la obligación de vapulearlo de una manera impresionante para ganar, pues dado el caso que la batalla estuviese reñida, los jueces siempre optaban por votar por el mc más reconocido de los dos. Y fui víctima de eso, regresando para mi casa eliminado, pero con la felicidad de haber parado varias veces la batalla con el grito de la gente, pero así mismo, esa noche descubrí que el beatmaker que ponía las bases en la plaza, no sólo era beatmaker, sino productor musical, y me acerqué a él para pedirle su número, y dentro de mí esa noche mientras regresaba para mi casa en el bus, se empezó a cultivar la ilusión de lanzar mi primer tema como artista, tal y como siempre lo había soñado de niño, pero sabía que no iba a ser tan sencillo como tan sólo soñarlo.
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