Once

1416 Words
—Nunca fui el nuevo, pero entiendo que puede ser difícil y más después de eso. Jamás creí que Alexa haría algo así. Ignórala, intenta ver hasta dónde puede llegar contigo. —Que amigos tan agradables tienes—le contesté con mis codos apoyados en el piano y mis manos sosteniendo mi cabeza. —¿Desde cuándo te pasa? —preguntó indiferentemente hablando de la ansiedad. —Desde los 14—respondí ahora viendo sus ojos que miraban el piano. —¿Tu como sabías que hacer? —También me pasaba, solo aprendí a controlarlo—me sonrió de lado antes de levantarse y tomar su mochila. —Debo irme, pero Ro de seguro tiene ropa en su casillero por si quieres salir y cambiarte—dijo bajando las escaleras del escenario y yéndose del auditorio. Permanecí sentada frente al piano unos minutos más. Pensaba en Thomas, estaba sorprendida porque a él también le pasaba. No tenía caso que saliera de aquí, el receso acabó hace 10 minutos y no pensaba entrar a la clase así, esperaría aquí hasta el próximo timbre para ir al baño e intentar quitarme esta cosa pegajosa, pero faltaba como una hora. Levanté la tapa del piano que cubría las teclas y pase mis dedos suavemente por todas ellas, podría sonar loco, pero eso me inspiraba más antes de tocar algo. Una pequeña parte de ‘’A Little Too Much’’ de Shawn Mendes se quedó merodeando en mi cabeza esta mañana, así que tuve que tocar la melodía para acompañar la voz dentro de mí. Al escuchar el timbre, cerré la tapa del piano y me apresuré a llegar al baño y esconderme. —¿Maggie, eres tú? —escuche la voz de Rosie del otro lado. —Entra—abrí la puerta de la caseta y ella entró y de su mochila sacó ropa para mí. —Gracias Ro. Siento lo de hoy, había muchos chicos de seguro ni notaron que venias conmigo, querías un grandioso año y aquí ya me odian. Descuida, no voy a dejar que nos vean juntas. —Maggie que tonterías dices. Desde que te vi entrar a la tienda supe que íbamos a ser amigas, y eso es lo único que quiero, un gran año contigo. No me importan los demás ni mucho menos que dirán, estamos juntas incondicionalmente—me sonrió compasiva y se la devolví. Ella era tan dulce, había creído que éramos muy diferentes, pero comienzo a notar que compartimos mucho más de lo que admitiríamos. —Gracias, Ro. Ella salió para que yo me cambiase con el short blanco y una blusa rosa que me trajo, a mis zapatillas por suerte no le había caído ni una gota de ese smoothie, pero no podía decir lo mismo de mi cabello. Salí de la caseta y en los lavabos solo estaba Rosie recostada por la pared con su celular. Metí todo mi cabello bajo el grifo mojándolo todo hasta que dejara de pegotearse. —Toma—me pasó un peine que tenía en su mochila, es la persona más precavida que vi en mi vida, debería aprender de ella. Al terminar de arreglar el desastre para parecer normal, salimos del baño al patio y nos sentamos en un banco de afuera. —Debo decirte algo. —¿Qué? —le respondí nerviosa al ver como mordía su labio inferior tímida. —Vi al señor Hudson, el profesor de música entrar al teatro en la hora que te salteaste, entonces lo seguí para hablarle sobre el musical de este año porque creí que entraste al teatro y saliste por la puerta de atrás, y resultó que te oímos cantar en el piano—suspiró aliviada luego de confesar. —¿De qué estás hablando? Yo no estaba cantando, solo tocaba el piano—la miré extrañada. —Maggie, tú estabas cantando y fue muy hermoso—insistió, pero yo estaba segura de que solo había tocado el piano y la canción la cantaba en mi mente. —Si lo que me dices es cierto, ahora mismo estoy muy avergonzada, yo no canto ni para mí, Rosie—me ardía la cara, nada en este mundo me avergonzaba tanto como que alguien me oyera cantar, porque ni yo conocía mi voz. Podía recibir halagos sobre tocar el piano, ya que tuve al mejor maestro, pero ese es mi limite. —Es cierto y, además, él dijo que ni siquiera necesitas presentarte a las audiciones, ya eres parte del club de música y estarás en el musical—hizo pequeños aplausos, ella estaba muy excitada. —Dile que lo siento, pero no puedo hacerlo. Estoy segura que hay muchos alumnos con voces increíbles—me paré del banco en cuanto el timbre de salida sonó, comencé a caminar hasta mi auto mientras Rosie me seguía con las palabras atragantadas en la garganta. Me subí al jeep y Rosie de copiloto. Vimos a Thomas alejarse con sus amigos, así que solo arranqué. —Tienes que pensarlo. Será divertido, además, el club me ayudó mucho con mis sentimientos y muchos problemas, es mi lugar y sé que si me dejaras compartirlo contigo sería maravilloso para ambas. No dije nada más en todo el camino. Mi día hasta ahora había sido una pesadilla, solo quería llorar un rato más bajo mis sabanas, pero no podía, debía trabajar. Paré el auto frente a mi casa y ambas bajamos. —Nos vemos luego. Piénsalo—me guiñó un ojo y entró a su casa. Yo rodé los ojos y entré a la mía. Me puse un traje de baño azul y arriba una camiseta blanca con un overol corto de jean claro. Cuando estuve lista salí de casa y me subí al jeep nuevamente para conducir. Si mi primer día de trabajo iba a ser como el mi primer día de escuela, no volvería a salir de casa jamás. Estacioné frente a la florería y bajé, cuando entré solo estaba Anne esperándome en el mostrador. —Bienvenida Maggie—me sonrió mientras tomaba mi delantal que estaba colgado detrás de ella para dármelo. —Gracias—me puse el delantal tan bonito que había hecho Louisa, el bordado me seguía gustando mucho. —Te voy a enseñar rápidamente lo que tienes que hacer porque debo salir, pero no te preocupes, Thomas vendrá en un rato—me enseñó a hacer un ramo de flores, me señaló donde estaba cada cosa y los precios, que de igual forma estaba todo anotado por si olvidaba algo. —¿Entendiste o necesitas otro repaso? Puedo hacerlo una vez más si lo necesitas—ella parecía más nerviosa que yo, supuse que jamás dejó la tienda a cargo de nadie. —Entendí perfectamente—intenté tranquilizarla y que supiera que está en buenas manos, o no. —Muy bien, confió en ti. Suerte—me abrazó y luego salió de la tienda. Ahora estaba sola, temía que en cualquier momento entrara el primer cliente y se me olvidara todo. Respiré hondo unas cuantas veces y me paré detrás del mostrador mostrando una sonrisa, en mi mente estaba ensayando que decir en cuanto alguien entre, hasta que sucedió. —Buenas tardes, en que puedo ayudarlo... —Sabes, no deberías sonreír tanto, asusta—solo era Thomas, él ya tenía su delantal así que solo subió unas escaleras que estaban detrás de mí. Por más que me hirió lo de mi sonrisa aterradora, tomé el consejo y relajé mi mandíbula. —Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarlo? —dije cuando vi entrar a Will, el taxista y esposo de Ursula. —Buenas tardes, ¿Anne no está? —preguntó buscándola con la mirada. —Lo siento, ella salió, pero me dejó encargada—sonreí amablemente, recordé lo poco cortés que fui con el cuándo me llevó a casa. —Está bien—dijo lo pensó unos segundos. —Cada día al volver a casa le llevó rosas blancas a mi esposa, pero ya que es la primera vez en casi 20 años que me atiende otra persona, esta vez le llevaré margaritas—es lo más tierno que escuche en mi vida, me hizo sonreír de verdad. —Eso es muy tierno—hice su ramo con paciencia para que quedara bonito, no quería decepcionar a Anne ni que Will llegara con un feo ramo para Ursula. —Espero que le guste. —Muchas gracias, quedaron muy bien—el me pagó y se fue.
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