Doce

1405 Words
Las horas pasaron rápido, unos cuantos clientes más vinieron por flores hasta que era hora de cerrar así que me quité el delantal y lo colgué. Thomas bajó las escaleras, era la primera vez desde que llegó, paso todo el rato arriba, me daba curiosidad saber que había allá. Tomó las llaves de la puerta y ambos salimos para que pudiera trancar. —¿Vas caminando? o puedo llevarte—pregunté cuando guardó las llaves en el bolsillo de su pantalón. —Gracias, pero no voy a casa esta noche—claro, con Sophie. —Ah, claro—no sé por qué, pero se tornó muy incómodo el ambiente. —Hola, ¿de que hablaban? —Ro llegó a nuestro lado, su trabajo estaba a unos metros de la florería. —Nada, dile a mamá que estaré con Soph—avisó antes de comenzar a caminar hacia el lado contrario a nosotras. —Bien, ¿tu si vienes conmigo? —pregunté sacando las llaves de mi overol y subirme al jeep. —Claro que sí—se subió de copiloto—¿Te gusta mi hermano? —¿Qué? —pregunté anonadada por su inesperada pregunta. —Ya sabes, es normal, digo a todas le gusta Thomas, pero si te llegara a gustar y él sintiera lo mismo, ¿me prometes que no me dejaran de lado? —ella hablaba tranquilamente mientras el viento despeinaba su cabello. —Ro, te prometo que no va a pasar porque no me gusta Thomas y a él no le gusto—no me solían gustar chicos así, cuando apenas los conocía, tal vez eran solo atracciones, pero que alguien me gustara era difícil porque nunca llegué a conocer demasiado a un chico, y era lo más importante para mí, saber que no es un tonto o mala persona. Estacioné frente a mi casa cuando llegamos. —Nos vemos en la escuela—dijo antes de entrar a su casa. Yo por mi lado, solo caminé hacía la playa, y me senté en la arena, a un metro de donde llegaba el agua. Mi idea era salir del trabajo y ver el atardecer, pero era tarde, el sol ya se había ocultado completamente, dejando a cargo a la luna, que hoy parecía casi tan redonda como él. Me levanté y me quité las sandalias para que mis pies tocaran el mar, pero cuando lo hicieron sentí algo dentro de mí, algo inexplicable, no podía definirlo como felicidad o tristeza porque tenía algo de ambos. Ojalá lo único que escucharan mis oídos para siempre fuera el sonido del mar, tan tranquilo. Cuando estuve un rato de pie viendo como la luna se reflejaba en el agua y escuchando el silencio, decidí volver a casa porque estaba muy cansada. Y al girar vi a Louisa sentada en la arena a un metro de mí. —No quería molestarte, pero la comida ya está lista—dijo poniéndose de pie y caminando de vuelta a casa mientras yo la seguía. Todos en este lugar me alimentaban, como si fuera un cachorrito perdido, y tal vez lo era. —¿Llevabas mucho tiempo detrás de mí? —pregunté mientras la ayudaba a poner la mesa. —Un poco—respondió sin importancia. —¿Y la escuela? —Bien—dije mirando mi plato, mentir mirando a los ojos siempre me resultó complicado, porque me hacía sentir mal. —¿Segura? Me puedes decir la verdad—levanté la vista y me estaba viendo inquieta. —Tal vez no tan bien. —Ya se lo que pasó, ¿puedes hablarme al respecto? —preguntó comprensiva, y yo suspiré. —Todo está bien, se olvidarán de mí en unos días. He pasado por cosas peores. —¿Ah sí? —preguntó, sabía lo que estaba haciendo, esperaba saber más de mí y de hecho no me molestaba, si yo misma era una duda para mí, no imagino como me ven los demás. Quería o hasta necesitaba contarle todo a alguien o explotaría, mi cabeza no dejaba de funcionar como una máquina, a cada segundo generaba más pensamientos, inseguridades y recuerdos dolorosos. Todo me estaba sobrepasando, yo solo era una bomba de tiempo. —Sí, me han hecho cosas peores, he sufrido mucho y jamás lo había admitido porque creí que había gente que la había pasado peor, pero ya no puedo minimizar mis problemas o sentimientos. Me intentaron matar a golpes y me intenté matar yo misma, un smoothie en mi ropa no me puede hacer daño—manos temblorosas y lágrimas a medio camino de salir. —Lo siento mucho Louisa—me paré y prácticamente corrí hasta la entrada sin ver la cara de la mujer. Cuando abrí la puerta vi a Rosie, Thomas y Sophie, esto no podría ser peor. —¿Maggie estas bien? —preguntó Ro con el ceño fruncido. —Todo está bien. Disculpen—los esquivé y caminé rápidamente hasta mi puerta intentando sacar la llave y destrancar, cuando lo logré cerré la puerta detrás de mí y caí al suelo abrazando mis piernas. Intenté controlar mi respiración, pero era difícil escucharla. —Ya basta, ya basta—susurraba para mí. —Maggie—escuché la voz de Louisa dentro de la casa, me paré de golpe y asustada. —Tranquila. ¿Te conté alguna vez sobre esta casa? La conozco muy bien, sé que la construyeron en 1922, sé sobre sus entradas secretas, yo conocí a la gente que vivía en ella y sé que, si las paredes hablaran sobre ellos, no tendrían muchas cosas buenas que decir. ¿Ves el techo allá? Tiene gritas y aquí la escalera está rota, tienen una historia. Sé que esta casa sobrevivió a inundaciones, terremotos y tornados, mírala Maggie, está de pie, dañada sin duda, pero aun así pudo proteger a aquella familia de todo eso, y estoy segura que también te protegerá a ti—me lo contó sentada a mi lado apoyada en la puerta. Su historia con doble sentido sobre la casa me distrajo completamente y su pacifica voz me tranquilizó. —¿Qué le pasó a esa familia? —pregunté interesada y a la vez no quería hablar de lo que dije antes. —Nunca lo supe con exactitud—ella se paró y extendió una mano para ayudarme, la tomé. —Pero sus hijos crecieron y se marcharon, así que supongo que ellos solo se cansaron que este lugar—Louisa me llevaba despacio hacia mi habitación, yo estaba tan cansada. Al llegar me recosté en mi cama y ella me tapó con las sabanas. —Que descanses Maggie—besó mi frente y fue lo único que recuerdo antes de quedar profundamente dormida. Mis ojos se abrieron de golpe junto a un chillido, tuve que sentarme en la cama deprisa, estaba sudada, tenía los ojos húmedos y mucho miedo. Tuve la pesadilla más horrible del mundo, implicaba a Ellie y a mi abuela, soñé que las habían secuestrado. Como podría saber si solo fue una pesadilla o realmente necesitaban ayuda. Me dio aún más miedo encontrarme sola en el medio de esta habitación oscura y que Gretha no estaba allí para consolarme. Cogí mi teléfono que estaba sobre la mesa de noche, eran las 5 de la mañana. Me levanté y encendí casi todas las luces desde la habitación hasta la de la cocina, me serví un vaso de leche y me senté en el comedor, esto es lo que hubiera hecho mi abuela por mí. Sabía que sería imposible volver a dormir así que debía esperar unas dos horas más para ir a la escuela, debía consumir el tiempo en algo así que decidí ordenar la habitación, había ropa en todas partes, me dio vergüenza que Louisa haya visto todo esto ayer. Guardé la ropa limpia en su lugar y la sucia la dejé a un lado, hice mi cama y me agaché para ver si debajo de esta no había más calcetines tirados, pero toqué la mochila, lo único que traje desde Nevada y dejé aquí abajo. La volví a abrir, había olvidado el cuaderno que había dentro, lo había olvidado por completo. Me senté en la cama y lo abrí, por unos segundos sentí como mi corazón se detuvo al ver que era un diario, y no solo eso, era el diario de alguien que llevaba mi mismo nombre, Magnolia.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD