Saltar el acantilado

320 Words
Primavera, 1967. Era hora de olvidarlo todo, abandoné el espectáculo, pero no la música, ya que era lo único que me mantenía con vida. Pero era hora de sentar cabeza y olvidarlo todo lo que había pasado, y por todo me refiero a ella. Me mudé a Irlanda, una pequeña casa cerca de los Acantilados de Moher, decidí que aquí terminará mi vida, luego de encontrar el amor, tener hijos o solo mascotas, me conformaba con las mascotas. Solicité un puesto para enseñar música en una pequeña escuela primaria, me gustaba la música y algunos niños, así que estaba hecho. Por las tardes iba al acantilado y me sentaba allí por horas, solo observando la perfección de lo que veían mis ojos. Cuando comenzaba a sentir hambre iba a una cafetería que estaba a unos cuantos metros y pedía las donas de chocolate, eran las más deliciosas que había probado en mi vida. —Hola, ¿Te sirvo lo de siempre? —preguntó Muriel, la camarera del lugar. Era como dos años menor que yo, siempre me cobra de menos y le pone chocolate extra a mis donas. ¿Sera una indirecta de que le gusto? —Sí, gracias Muriel—me senté en el asiento de siempre. En casa no tengo televisión, jamás tuve una, realmente hasta mis pensamientos me parecen más divertidos, pero ese día en particular, le presté atención a la tv de la cafetería. > El corazón se me acababa de parar por completo. En la tv estaban su cara, era ella. La daban por desaparecida junto con un niño, con su hijo. Salí corriendo de ese lugar hasta mi casa, tomé las llaves de mi auto y conduje hasta el aeropuerto. Hace un año, ellos estaban desaparecidos hace un maldito año y yo no lo sabía, tal vez me necesitaba y yo no estuve. Si alguien podría encontrarla era yo, sabía perfectamente dónde podrían estar.
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