El chico suelta un silbido de camionero. Bajo la estricta mirada de ese chico me alimento con tranquilidad, tenía mucho apetito y no puedo siquiera tener la vergüenza de negarlo, tengo veintiún años y a esta edad necesita tener energías ya estoy envejeciendo. Quizás debería de buscar un asilo de ancianos.
—¿Te gusta la comida? —asiento. El sonrie complacido. —¿Te gustaría probar todos nuestros postres. —pregunta. Como si una voz celestial se escuchara bajar del cielo su silueta se ilumina... este hombre es la esperanza de mi nueva vida.
—Tú eres el que ha de venir a iluminar mi camino. —me toco el pecho. Este suelta una carcajada a lo que yo sonrío. —No hay nada que me guste más que los postres, he probado muchos pero cada país tiene algo nuevo que mostrarme.
—Me parece perfecto entonces ¿te gustaría trabajar aquí? Sé que nos acabamos de conocer pero me agradas eres una chica chispeante, aquí durante la mañana solo somos una cafetería pero la noche se convierte en un bar que atiende a millonarios estirados. —una oferta un tanto interesante.
—Trabajar. —analizo la palabra en mi boca.
No necesito dinero solo necesito comida y un lugar donde dormir. Trabajar en un bar, nunca he trabajo fuera de los territorios de la marca Capella así que supongo será algo entretenido.
—He trabajado en muchas cosas pero nunca en un bar pero puedo decir que aprendo con facilidad y tengo conocimiento extenso acerca de licores, postres y otras cosas relacionadas con el manejo de un bar, restaurante, cafeterías, etc. —me limpio la boca con delicadeza. Él apoya los codos sobre la barra y me mira con intriga que no intenta disimular. —Gracias por la comida. —digo. El vuelve a ver los platos y abre la boca.
—¡Te has terminado todo! —grita con sorpresa. Me levanto y me estiro. —Tu... ¡Que especie tan rara! ¿Quieres salir conmigo? Eres delgada, hermosa, bonita mirada y comes mucho ¿alguna cirugía de la que no estés orgullosa? —me carcajeo por unos segundos y niego.
—No, por supuesto que no. ¿Me contrataras? Ah, por cierto hablo cinco idiomas así que no hay problema con clientes del extranjero. —pregunto cambiando el tema. Él me mira con indecisión pero asiente. —Pero no quiero dinero por favor como pago solo necesito comida y un lugar donde pasar la noche. —extiendo la mano y él la mira pero no la toma, desisto de ello y me termino mi licuado. Estaba delicioso pero no lleno el vacío.
—¿Tienes nombre? —pregunta, sonrío y asiento con seguridad.
—Capella, mi nombre es Zavaid Capella.
—¿Capella? Me parece que he escuchado ese nombre en repetidas ocupaciones... —me encojo de hombros.
Mi padre es muy bien conocido, joven, guapo y con dos hijos sobresalientes pero en Inglaterra es posible que haya otra empresa más importante que nosotros.
—Pura coincidencia ¿Cómo te llamas tú?
El chico se inclina dejando los codos sobre la barra y apoyando la barbilla sobre sus puños. Me mira con una sonrisa despampanante y me pregunto si le hace gracia haberme conocido.
—Mickleo Sorey pero me puedes decir Mick. —extiende la mano y esta vez le correspondo. Me mira con dulzura y le respondo de la misma manera. —Ven conmigo te daré un uniforme y te diré donde puedes dormir, no usamos mucho ese lugar pero puede servirte creo que es mejor eso a que duermas en la calle. —asiento agradecida.
Me invita a ir con él y le sigo de manera obediente, me indica que comenzare a trabajar a las seis de la tarde y terminare hasta que el local cierre aproximadamente una o dos de la madrugada. Interesante. Entramos a una bodega donde me dice que ahí tendré que ir si se acaba el licor de la barra, me dice que pasaremos de la cocina porque es posible que me dé más hambre a lo cual me ofendo por completo.
Al parecer tengo mucha suerte, me han alimentado, me han ofrecido un empleo, lo he aceptado y ahora tengo donde dormir ¿hay algo más bonito que esto? ¡Imposible!
La habitación que me da no es más grande que un elevador, no hay lugar con el que pueda compararlo ¡Es muy pequeño! Me pregunto si Sergei podría acostumbrarse a un cuarto tan pequeño, me entrega una camisa blanca manga larga, un gafete con el nombre del bar que lleva el nombre Luksus con una caligrafía muy bonita. Mickleo es un buen chico, cuando le pido que guarde en secreto mi nombre no pregunta mucho y solo asiente y me asegura que nunca lo hará que dirá que soy su prima de algún lugar lejano. No es que tenga que ocultarme pero cierto hombre podría estar acechándome y sé que no dudara en venir a traerme en cualquier momento, no es que no quiera verle pero sé que necesitamos tener un poco de distancia.
Mickelo me dice que debo de prepararme y dice que puedo utilizar la ducha si así lo prefiero, me impresiona el saber que hay una ducha en ese lugar pero decido pasar de ella ya que preferiría dormir un poco, lamento con el alma decir que siempre despierto a la medianoche por motivos que no quiero recordar.
Me acuesto en la pequeña cama y me pongo a pensar en cómo es posible que las personas duerman en camas tan pequeñas, me doy la vuelta sobre ella y estoy a punto de caer. Soy de ese tipo de persona que duerme de un lado y amanece del otro pero supongo que eso es descansar con tranquilidad.
Cierro los ojos tratando de descansar un poco, me inmerso en un profundo sueño esperando que esta vez las pesadillas que me acompañan no aparezcan por esta vez, pesadillas de ese pasado que no quiero recordar, del que día a día trato de olvidar.
Una voz a lo lejos... quizás necesito despertar otra vez... ¿sera lo mismo cuando despierte? No, ya no hay mas de aquello. Es diferente ahora.
—Zava... eh, chica es hora de comer. —escucho una voz a lo lejos.
Abro los ojos lentamente tratando de acostumbrarme a la luz. Frente a mí a un poco distancia encuentro la mirada de Mickleo que me observa con sorpresa. Me restriego los ojos.
–Uau. Tienes una mirada muy bonita, pero despierta dormilona.
—Tengo hambre. —gruño. Este ríe.
—Vaya poca vergüenza la tuya, primer día de trabajo y te duermes. Lo peor, te duermes de manera tan profunda en un lugar que desconoces, ¿piensas que no puedo secuestrarte? —niego.
—No, confío en ti porque me diste de comer. —cierro los ojos nuevamente. Me está comenzando un dolorcito de cabeza que conozco perfectamente.
—No confíes en cualquiera que te alimente es preocupante —gruñe. Abro los ojos y le miro, parece molesto por esto pero no le he pongo mucha atención.
—¿Por cuánto tiempo he dormido. —pregunto incorporándome. Mickleo se sienta a mi lado y pasa un brazo por mis hombros. No sé por qué pero siento que este hombre es muy agradable y que podemos ser amigos.
—No lo suficiente, ya es media noche. —suelta, le vuelvo a ver. De verdad que me he dormido quizás el cambio de horario... aunque en realidad solo es una hora de diferencia. —Eh, no te preocupes yo soy el encargado de este local así que no tengo problema en que descanses, vine a buscarte pero parecías muy cansada y como si estuvieses soñando algo feo. —me tapo la cara con vergüenza.
—Lo lamento es que han pasado muchas cosas en mi vida. —me abraza y yo le dejo estar. Me duele el pecho como si algo me lo estuviese presionando. —Lo entenderé si quieres despedirme pero me pondré tan triste que podría pensar en quitarme la vida. —me encojo de hombros y suspiro con tristeza.
—Que va, exagerada apenas es el primer día, mira por qué no vas a tomar aire afuera y regresar a ayudarme con los últimos clientes ¿te parece? —le miro por largos segundos y asiento. —Tranquila aquí nadie va hacerte daño. —suspiro, detesto no recordar mis pesadillas.
—¿Dije algo raro en sueños? —pregunto. Él solo sonríe y niega. —Si lo hice ¿cierto? Agh, no importa solo no creas nada de lo dije posiblemente tenga problemas mentales y este al borde de la locura pero tú solo pasa eso de largo, por favor. —Mickleo se carcajea y yo hago una mueca. Estoy hablando en serio.
—Ve a tomar el aire pero no confíes en nadie no sé qué vida llevabas en tu casa pero aquí pueden haber personas peligrosas, no confíes en nadie que te ofrezca comida ¿entendido Zava? —venga, pero nos acabamos de conocer y parece contagiado por mi padre.
—-Vale. Yo me cuido y ya, no creo encontrar a nadie a la media noche que quiera hacerme algo es decir, ¿Quién querría hacerme algo? —me tapo la boca, me duele el estómago.
—-Solo has lo que te digo. —me advierte.
Me vuelve a dejar sola no sin antes decirme donde salir y como volver a entrar, me tiro nuevamente en la cama y respiro fuertemente. Me duele la cabeza y tengo nauseas, ¿estaré embarazada? Es posible.
Me levanto y salgo del pequeño elevador hecho habitación, camino por el pasillo que se me ha indicado y llego a la misma puerta que Mickleo me ha descrito. Me sujeto la cabeza con fuerza sintiendo un dolor terrible, genial, perfecto ¿tenía que ser hoy? ¿El cambio de clima? No, esto sucede cada vez que tengo una tonta pesadilla que al final no recuerdo.
Salgo del local y camino hasta la esquina con rapidez, necesito aire... agua... no lo sé, necesito... respirar profundo y tranquilizarme un poco. Me pongo de cuclillas y espero a que el calor interno se me pase, me toco la frente y estoy sudando ¿Cómo es que me he puesto así de un segundo a otro? Detesto tener pesadillas porque sé que todas se remontan a esos días, todo tiene que ver con ello y detesto ponerme mal pues se supone es un asunto superado. Ahora nadie me hará daño.
—¡No maldita sea te he dicho que no viajare mañana a Italia por algo tan absurdo! —escucho a un hombre gritar desde el otro lado de la calle. Levanto la mirada pero el hecho me lastima ya que lo primero que veo es la luz de una lámpara. —Lo único que tienes que hacer es tu maldito trabajo porque para eso estoy pagándote, me reuniré con esos estúpidos asiáticos mañana por la mañana y conseguiré lo quiero no me importa que esa maldita empresa ya esté trabajando con ellos. —me pongo de pie cuando veo al hombre acercarse pero un mareo me gana y termino tambaleándome.
Se acerca a donde estoy yo y creo que me está mirando fijamente, dice algo más al teléfono y se lo guarda en el bolsillo. Siento mi pecho caliente y la respiración fría me está doliendo mucho, esto no pasa desde hace mucho. Lo único que puedo ver es su elegante forma de vestir, me atrae de inmediato pero sinceramente no me siento en mis cinco sentidos.
—¿Te encuentras bien? —me pregunta con voz pesada y firme. Levanto la mirada para verle pero lo único que noto es su barbilla y que es muy alto, demasiado alto. —¿Estas tratando de asaltarme? Te aseguro que no te conviene meterte en mi camino. —me recompongo por unos segundos. ¿Qué acaba de decir este hombre?
—No creo que tenga algo que yo necesite, señor. —gruño molesta por esa actitud pesada que tiene, creo que me mira fijamente pero tengo que cerrar los ojos por el dolor de cabeza. Necesito regresar a la habitación antes de caer en esta calle con este desconocido.
El hombre se da la vuelta para irse pero sujeto su brazo, él se detiene y me vuelve a ver. Abro los ojos mirándolo, la claridad vuelve por unos segundos y me sorprende en que en realidad no sea un hombre feo sino que uno de un aspecto muy atractivo y muy delicioso. Rubio y ojos azules penetrantes, alto y atractivo. Me agrada.
—¿Qué quieres? —pregunta con desdén. Lástima esa actitud. —Suéltame ya te dije que si quieres asaltarme. —ruedo los ojos, de un momento a otro y de una manera no muy conveniente se apagan las luces de las lámparas en los postes. Estoy por soltar un grito pero lo evito por el dolor en el pecho.
—Espera un momento creo que necesito ayuda. —vuelvo a cerrar los ojos. Suelto su brazo pero sujeto su mano entrelazando nuestros dedos, no dejare que me deje sola.
—No me toques. —gruñe con voz de lobo tratando de soltarse. La oscuridad es pesada y lo único que alumbra son las luces del restaurante del otro lado, me acerco a él y acaricio su mano.
—No me dejes por favor. —me apoyo en su brazo. Estoy sudando. —Creo que quiero desmayarme. Cierro los ojos y no doy para más. Lo único que siento es que me sujeta con fuerza y me acuna a su pecho.
Fallecí.