Me muevo con desgana sobre el suave colchón, acaricio mi rostro con las sabanas y aspiro el suave olor a lavanda. Mmmm. Que comodidad, podría tener un orgasmo solo sintiendo lo suave de esta cama. Excitante. Me abrazo con ella y muevo mi mejilla sobre la almohada acariciándola está muy suave y no estoy bromeando para nada podría morir feliz aquí.
Un pequeño segundo...
¿Cómo es que la pequeña cama de Mickleo se ha convertido en una grande con sabanas suave?
Abro los ojos de golpe para ubicarme en el lugar donde estoy, sorprendente, lo primero que encuentro es una techo enorme, una habitación enorme y una cama enorme. No es mi casa y lo sé con certeza, no es ninguna propiedad de mi padre y eso también lo sé con certeza ¿Cómo termine en este lugar? Me tapo la cara y tengo las mejillas heladas, ah si el aire acondicionado de la habitación se hace presente cuando me quito las sabanas de encima.
—¿Cómo es que tengo puesta otra camisa? —me pregunto en voz alta. Me toco la camisa azul y me la llevo a la nariz para olfatearla. Mmmm. Jazmín y melocotón si no me equivoco, una fragancia un poco extraña para una mujer... pero no para un hombre. —Mierda ¿me acosté con un desconocido? —me levanto de la cama y hago un recuento de la noche anterior.
Comí... dormí... desperté... Mickleo... Salí a tomar aire y me desmaye. Ah, nada importante pero ¿Quién me trajo aquí? ¿El hombre del teléfono? No recuerdo su rostro pero creo que le pedí ayuda, vuelvo a ver por todos lados buscando un rastro de él pero nada, mi vista cae sobre la mesita de noche y ahí un bandeja con jugo y unas pastillas. No estoy enferma. Me acerco y tomo el jugo, me lo llevo a la boca mientras tomo la nota y la leo.
"No robes nada durante mi ausencia, volveré al medio día para hablar contigo. L.E."
¿L.E.? ¿Loco Enfermizo?
Hombre para ser interesante ni siquiera me conoce, no le conozco y me ha pedido que no robe nada durante su ausencia ¿parezco criminal o algo? Me termino el jugo y reviso el medicamente, en realidad no me siento enferma ni nada pero él se ha tomado la molestia de dejarla ahí así que supongo debería de guardarlas. Me pregunto si se molestara si utilizo su ducha.
Camino hasta lo que supongo es su baño y entro, si quizás debería de tomar una ducha rápida y después desayunar imagino que don Loco Enfermizo no se molestara si desayuno algo mientras lo espero, aunque no sé exactamente para que tengo que esperarlo. Como no deseo pensar mucho en que estoy en la casa de un extraño y que seguramente volverá para pedirme explicaciones, no ¿para qué voy a pensar en eso?
En la habitación busco la ducha y la encuentro así que no resisto en quitarme la ropa y entrar a ella, la enciendo y suelto un grito cuando el agua fría cae sobre mi... no, esto es imposible ¿Por qué tiene que ser importante bañarse? ¡Me bañe ayer por qué tengo que hacerlo hoy! La ducha siempre ha supuesto un problema para mi alma, no es no me guste pero es que ¡Que pereza! Me ducho a regañadientes y utilizo de un shampoo que me parece es de mujer pero no me intereso mucho de ello espero que no sea de la esposa de este hombrecito que me ha traído aquí aunque si lo es no es que me interese mucho.
Salgo de la ducha casi congelada me envuelvo con mil toallas y trato de secar cada parte de mi cuerpo, hay algo que no pensé antes de meterme a la ducha y es que no tengo ropa ¿Qué se supone que haga? usaría hojas de huerta pero no creo que haya ninguna cerca, busco en los cajones de la habitación buscando ropa pero curiosamente están vacíos... a excepción de unos preservativos que me encuentro... interesante.
—¿Qué se supone que tenga que hacer ahora? —me pregunto en voz alta. Veo hacia todos lados y mi mirada cae sobre la nota. —Él dice que no robe nada durante su ausencia... —paso mis dedos sobre mi barbilla pensativa. Me encojo de hombros. —Jamás específico tomar prestado algo durante su ausencia. —me pongo mi brasier y la camisa con la que he dormido, no me llega hasta las rodillas pero si me tapa lo suficiente.
Salgo de la habitación y observo por todos lados, es un lugar especioso y no puede negarse, grandes ventanales que dan una muy bonita vista de Londres. Este lugar parece el hogar de un hombre soltero y millonario de alguna manera, mi padre tiene departamentos lujosos pero... ¿tenemos uno con ventanales así de grandes? Ah, creo que no pero quizás debería de pensar en pedirle uno.
Camino en busca de la habitación de este señor pero no la encuentra, camino un poco más y encuentro algo muy importante ¡La cocina! Si, supongo que ahí puedo encontrar el amor. Entro y camino directo al refrigerador, lo abro y mis ojos se apagan de inmediato... hago un repaso desde la primera división hasta la última.
¿Zanahorias? ¿Bebidas con proteínas? ¿Avena? ¿Verduras? ¿Aguacatitos? Eh, no hay nada más triste que encontrarme con un refrigerador vacío y que solo tenga unos cuantos alimentos buenos para la salud, rebusco entre las pocas cosas y lo único que encuentro es un flan ¡Mi favorito! Pero solo es uno, reviso la fecha de vencimiento y está a unos días de caducar. Cierro el refrigerador y abro el freezer con poco ánimo de encontrar algo, me sorprendo encontrando un bote con helado de guineo... hago una mueca asqueada, no me gusta la simplicidad de dicha fruta.
—-Buen día. —dicen a mi espalda. Me giro de inmediato para ver a la persona que saluda. —Disculpe señorita si le he asustado —se disculpa una señora de mediana estatura y de una edad madura.
—Buen día —sonrío con amplitud. Ella me mira sorprendida. —No se preocupe no me ha asustado pero es que no la he escuchado caminar. —suelto una risita y ella me sonríe, le muestro el flan. —¿Me prestas un tenedor? —pregunto.
—Como usted pida señorita. —me dice, le sonrio. Se acerca a unos cajones y saca un tenedor, me vuelve a ver con desconcierto. —¿No prefiere una cuchara? —hago un mohín y niego, por alguna razón prefiero comer con tenedor.
—Dígame loca pero prefiero utilizar un tenedor. —ella sonríe y me entrega el tenedor. —¿Es usted la madre del hombre que vive aquí? —pregunto, ella abre los ojos con sorpresa y niega de inmediato.
—No señorita, soy solo la persona que hace el aseo. El señor no me informo de su estancia aquí y el usualmente no trae mujeres entre semana por eso he venido hoy. —me dice, asiento sin interés alguno. Lo mejor será volver a la habitación. Ah, cierto.
—¿Podría prestarme ropa interior del señor? Me he duchado y he olvidado que no he traído mas ropa, soy una mujer muy inconsciente. —me tapo la cara avergonzada. —No sé cómo es que sigo viva hasta este momento. —la vuelvo a ver con una mirada triste. Ella me mira sin comprender mi actitud.
—Lo hare con gusto señorita pero creo que la ropa del señor no le queda para nada. —me dice mirando la camisa. Si, supongo que tiene razón. —Es la primera vez que veo a una mujer usando la ropa del señor usted debe de ser especial. —me dice.
—Volveré a la habitación porque tengo mucho frio y el señor ha dicho que volverá pronto, me ha dicho que no robe nada y es lo primero que he hecho, tenía mucha hambre. —le muestro el flan mientras llevo un pedazo a un mi boca.
—¿Desea que le prepare algo de comer? Aunque no he hecho las compras así que no hay mucho. —me ofrece la señora con una mirada de vergüenza.
—Oh no, he visto que no hay nada interesante en el refrigerador así que pasare de ellos. —saboreo el flan pero no llena mis expectativas. —Le aconsejo comprar productos Capella son más sabrosos y con eso aportas para la manutención de sus trabajadores. —ella frunce el ceño tomando apunto de ello.
—Le llevare la ropa en unos segundos señorita. —asiento con un guiño en el ojo. Se me está helando el trasero.