Camino con el flan en mi mano de regreso a la habitación de la cual ya no recordaba donde estaba, la encuentro y entro para sentarme sobre la cama con las piernas cruzadas. Este flan no está llenando el vacío en mi corazón. La señora del aseo entra a la habitación con ropa interior del señor de la casa, me entrega un bóxer con la marca Tommy Hilfiger y también un suéter de la misma marca. Son grandes. Me los pongo de todas maneras y me pongo nuevamente el pantalón que traía ayer, me arremango las mangas del suéter para que mis manos queden libres pero sigue siendo grande, no importa el frio se me esta pasando.
Me pongo los zapatos, me seco y peino el cabello. Dejo mi flan de un lado por unos segundos y consulto el reloj que está en la pared, apenas son las once y ese hombre ha dicho que regresara al medio día no creo poder esperarlo hasta esa hora. Me miro en el espejo y me miro los dientes, tengo que cepillarme los dientes otra vez o me dará algo, tengo una extraña obsesión con la limpieza de mis dientes.
La puerta de la habitación se abre y levantando la mirada a través del espejo, la silueta de un hombre alto aparece, me doy la vuelta y espero que entre por completo. Llevo un pedazo de flan a mi boca mientras le observo dar un paso y mirarme fijamente, uau, bonita mirada, bonita estatura, bonito cabello y bonita presentación. Es un hombre elegante y atractivo.
—Buen día. —dice con voz profunda y grave.
—Buen dia. —respondo con una sonrisa. —Señor es usted muy atractivo y elegante. —le digo con completa sinceridad, su mirada se ensombrece y parece enfurecerse.
—¿Me conoces? —pregunta. Ladeo. Alto... rubio... ojos azules... elegante... no, no tengo el placer. —¿Quién eres? —me pregunta, comienza a caminar hacia mí con un semblante muy extraño.
—¿Está tratando de intimidarme? —pregunto llevándome otro pedacito de flan a la boca. Lo saboreo y él me mira fijamente.
—¿Qué haces con mi ropa? —ruedo los ojos. ¿Acaso no es obvio? ¡Estoy usándola!
—Señor, estoy usándola porque no tenía ropa que ponerme pero si le causa alguna molestia me la quito se la de vuelvo y ya, ¿es lo que quiere? —pregunto comiendo nuevamente.
—-¿Qué haces? —dice con un tonito que no me agrada mucho. Ruedo los ojos nuevamente, vamos eso es más que obvio.
—Estoy comiendo, señor. —le digo. Su mirada parece encenderse y no entiendo muy bien por qué razón. —¿Usted que está haciendo? —pregunto para tranquilizarlo. Suelta una risa con mal tono.
—¿No piensas agradecerme lo que hice por ti ayer por la noche? —sus ojos me analizan por completo y frunzo el ceño. Es muy guapo.
—Sí señor. Muchas gracias por ayudarme. —le digo con tranquilidad y él parece cabrearse, ay, ¿ahora qué?
—No puedo creer tu descaro. Has pasado la noche en la casa de un extraño que te ha cuidado ¿Y así le pagas? ¿Tomando comida del refrigerador? —le miró fijamente y después miro el flan, vaya carácter el que tiene.
—¿Quieres un poquito — le ofrezco de lo mas amigable.
Su mirada es de esas como si quisiera asesinarme pero venga, ¿Quién querría asesinar a una criatura tan linda del Señor como lo soy yo? No tiene sentido.
—Eh, solo tome un flan del refrigerador no es que haya querido robar, "Dar de comer al hambriento" recuérdelo señor, además no es necesario que un hombre mayor como usted coma dulces como estos. —le digo en plan de consejo, saboreo nuevamente el flan y el parece odiarme por un segundo.
—¿Estás jugando conmigo? —pregunta con hostilidad.
—No tenemos ese nivel de confianza. —respondo sincera.
Da un paso más hacia mí y por alguna razón siento que estoy buscando mi propia muerte. No le entiendo para nada y seguramente es mejor que me retire.
—Señor lo mejor es que calme esa expresión de odio, no he venido a molestarlo y recuerde que ha sido usted quien me ha traído aquí agradezco enormemente su ayuda pues ha ayudado a una joven en la calle.- le digo, mira como me llevo el flan a la boca.
—¿Me has dicho anciano? —pregunta con desconcierto. Ah, eso es lo que en realidad le ha molestado. Le miro obviedad, está en sus treinta y eso ya es viejo parece de la edad de mi padre. —Qué descaro el tuyo, por amor a lo sagrado ¿Cómo es que no tienes vergüenza? —me mira con agobio y siento que no nos estamos llevando bien.
—Tengo vergüenza... —medito lo que diré. Hago un mohín. —Algunas veces, pero creo que usted está haciendo mucho escándalo por un simple flan que ni siquiera es de una buena marca, he usado la ropa pero ¿Qué más da? No es que vaya a quedarse sin ropa que usar, sobre todo ropa interior ¿acaso es el único bóxer que tiene? No, ¿cierto?
—¿Llevas puesta mi ropa interior? —pregunta con total sorpresa. Ruedo los ojos, levanto la camisa y suéter para enseñarle el elástico de la ropa interior. —No tienes ni una pizca de vergüenza, ¿Cómo piensas pagar todo esto? —me pregunta con cierta molestia. Agh, que hombre más intenso.
—Tengo vergüenza de lo contrario hubiese comido el helado que había en congelador. —me mira con mucho odio, enojo, furia y molestia. No me está agradando mucho que digamos, ¿le cuesta ser amable? Se acerca a mí y sus labios llaman mi atención, es un hombre casi perfecto. —Vale, ya no se enoje voy a pagarle pero soy pobre así que no puedo darle dinero, con mis sinceras disculpas tendrás que valerte de esto.
Sin darle ningún aviso de lo que hare me acerco a él y le tomo de la corbata para hacer que baje hasta a mí y le planto un beso con fuerza y profundidad. Mmmm. sus labios son suaves y tienen un buen sabor, son dulces si puedo decirlo de esa manera. Como si se sintiera atraído toma el mando del mando del beso, le dejo estar pues no es desagradable y no es más que un beso. Sus manos se acercan a mi espalda pero no hago ningún intento por separarme, me gusta su manera de besarme su lengua acaricia la mía y mis boca solo se adapta a lo que es. Introduce una mano por mi cabeza y siento su mano fría sobre mi piel, doy un respingo y él se separa de mí.
—¿Besas a cualquiera que te ayude en la calle? —pregunta con un tono de voz que no me agrada para nada. —Has de llevar una manera de vida que es una completa vergüenza. —dice con desdén. Ah, estoy segura que me acaba de llamar casi, trabajadora s****l. Me desagrada por completo. —Pero no puedo negar que eres interesante, tu descaro es algo que me sorprende. —me cabreo.
—Y usted señor para ser un creído habla más de lo que hace. —se acerca nuevamente a mí y me hace retroceder hasta la cama, cambio de posición con el como si yo quisiera estar encima de él. Jamás tendré sexo con un viejito creído como él.
—Nena esa boca es desagradable aunque es maravillosa, tu manera de ser me molesta pero puedo asegurarte que de ahora en adelante seré lo único en lo que puedas pensar.
—Interesante lo que dice señor pero a no ser que usted sea cobrador de impuestos me olvidare de usted tan pronto salga de aquí. —le digo, su gesto se frunce y me mira furioso. —Será usted señor quien no se olvide de mí y me asegurare de ello. —sin decir nada vuelvo a plantar mis labios sobre los suyos, su mano vuelve a mi cintura y suavemente se desliza por mi camisa.
—Voy a follarte. —gruñe. Me rio en mi mente.
Ha usado la palabra con mucha agresividad y lastimosamente no, no quiero "follar" con él.
—Lo siento, no creo que me atraigas lo suficiente para llegar a eso, además pareces un tipo muy arrogante y creído de esos que piensan que ponen débil a una mujer y ella ya van encima como gatitos. —llevo mi mano hasta su cuello.
—No pruebes tu suerte. —gruñe furioso. Mi mano encuentra el punto adecuado, vamos a probar esto solo la he usado una vez y pase un mes castigada.
—Y usted no pruebe la suya, señor. —aprieto con la suficiente fuerza y en cuestión de segundo él se aparta y me mira pestañeando. —Sabes, si hubieses dicho "voy a alimentarte" tal vez me hubiese acostado contigo. —no sé si logra escuchar porque cae sobre la cama con total inconciencia.
¡Si funciona!
Observo al hombre sobre la cama, le analizo a cuerpo completo y mi mirada cae sobre su bulto. Me rio por unos segundos. "voy a follarte" interesante, es la primera vez que alguien me lo dice de esa manera, es un hombre muy arrogante y con mal carácter le agradezco que no me dejara morir en la calle pero me desagrada su manera de decir las cosas es un hombre cabezo ¿Qué inglés no lo es? Como lo dicho es deuda no permitiré que me olvide con facilidad, me acerco a la cama y me subo sobre él, deshago el nudo de su corbata y desabrocho los primeros botones de su camisa.
—¿Has preguntado si tengo vergüenza? —le digo aunque este inconsciente.
Introduzco la mano sobre su camisa y acaricio su piel, el tacto me agrada pero no quiero pensar mucho en ello. Busco un punto adecuado y lo encuentro bajo su barbilla cerca de un pequeño lunar, beso sus labios suavemente y después me acerco a ese punto. Chupo con fuerza su piel para dejar una marca grande y evidente, no es por maldad es solo ganitas de molestar, nadie me trata de esta manera. Me despego de su piel y le veo enrojecida, sonrío con maldad, la piel de su pecho me hace pecar y me acerco también ha ese lado para besarlo y chuparlo con fuerza.
Abrocho su camisa nuevamente y trato de hacer el nudo otra vez, lo logro y me levanto para acercarme al vasito con flan otra vez le veo vacío y el corazón se me parte. Entro al baño a lavarme los dientes con rapidez y después salir con la misma rapidez, observo al señor y me rio, es un hombre muy atractivo y elegante.
Es una completa lástima que no podamos ser amigos, con ese carácter mejor mantenerme alejada de él. Adiós señor Elegante.