En la aldea, el silencio de la noche solo era interrumpido por el crujir de las ramas de los árboles debido a la gran tormenta que azotaba el valle. Todos los habitantes del lugar se refugiaban en el calor de sus hogares, salvo por los hombres que debían encargarse de la vigilancia de Wanda, ellos estaban al descubierto, esparcidos alrededor de la pequeña casa de madera, bajo la intensa lluvia.
El líder del grupo se encontraba frente a la puerta refregando sus manos sobre la llamarada de una pequeña fogata cuando uno de sus súbditos se acercó y le dijo.
—¡Esta es una pérdida de tiempo! —se quejó sacudiendo su tapado mientras que de su sombrero empapado caía agua—. ¡Nadie se atreverá a tocar a esa mujer y mucho menos en una noche así!
—Debemos obedecer las órdenes del amo, así que vuelve a tu puesto y deja de quejarte —gritó y le arrojó el sombrero al suelo—. ¡Ya me tienes harto con tantos reproches!
—De acuerdo, cerraré mi boca —dijo mientras se inclinaba a agarrar su sombrero.
—¡Espera! —le ordenó al ver que se marchaba —. Ya que estás aquí y no sucede nada, cuida la puerta por mí, iré a descansar al cobertizo. Estás al mando hasta que regrese.
—Está bien —contestó el hombre mayor sin muchas ganas de seguir vigilando —. Ve a dormir mientras el resto hace tu trabajo.
El líder lo miró con reproche, ya estaba cansado de ese infeliz. Durante tres noches había aguantado sus quejas y está noche en particular estaba insoportable; entonces intentando calmarse camino con dirección al cobertizo en busca de un lugar seco para descansar, sin sospechar que alguien estaba escondido en el lugar. Su instinto se puso en alerta pero fue demasiado tarde, una sombra oscura con un gran tronco le golpeó la cabeza, dejándolo inconsciente en el suelo.
Cuando la tormenta comenzó a mermar y el cielo parecía calmarse, los guardias se distrajeron fácilmente con unas bellas mujeres que muy amablemente les ofrecieron algo de tomar y de comer en su canasta llevaban varias cosas como vino, uvas, pan, quesos y hasta su compañía si así lo deseaban.
—El amo nos envió a servirles algunos aperitivos, la tormenta que se avecina es muy fuerte y ustedes deben comer algo —dijo una de las mujeres dejando al descubierto un gran escote.
—Sí el amo las envío no veo el problema de aceptar la comida —respondió uno de los guardias sin quitarle los ojos de encima y con una sonrisa lasciva —. Ve a traer a los demás, no podemos desobedecer las órdenes del líder —ordenó a un joven que miraba con dudas a la mujer que muy sugestivamente abría su capa para dejar a la vista su cuerpo mientras las demás jovencitas se reían en su espalda.
—Señor, creo que no es conveniente quitar a los guardias de sus puestos —habló con temor el joven.
—Yo soy tu jefe en este momento y sé lo que hago, así que obedece si no quieres conocer mi ira.
El joven agachó la cabeza en señal de obediencia y salió en busca de sus compañeros que al igual que el jefe creían en esas mujeres.
Todos estaban alrededor de una fogata bebiendo y comiendo los aperitivos de la canasta, mientras que cada una de las doncellas intentaban seducirlos, cuando de repente varios lobos los atacaron por las espaldas sin darle oportunidad a que se transformaran.
Las mujeres corrieron al bosque como parte del plan fingiendo terror; mientras que los soldados de Ragnar acababan con los cinco hombres de Viggo. El plan de secuestrar a la mate del gran alfa resultó mucho más sencillo de lo que esperaban, los guardias resultaron ser unos incompetentes que se dejaron engañar fácilmente.
Ryan con dos hombres entraron a la casa del verdulero, sometiendo a los padres de Wanda que dormían en sus aposentos, ambos fueron atados de pies y manos sin tener posibilidad de ayudar a su única hija que tranquilamente descansaba en su habitación.
Los truenos y relámpagos de la tormenta camuflaban cualquier sonido extraño que pudiera escuchar la doncella. Ella se encontraba encerrada en su cuarto con la puerta trabada con una silla, lo cual no fue un impedimento para que Ryan entrara de golpe, derribando la simple madera de una patada.
Wanda al ver a los tres intrusos se levantó de la cama y agarró una tabla que escondía como arma detrás de una mesa, pero su lucha fue en vano, los golpes del rogue no se hicieron esperar y ella cayó al suelo golpeando su cabeza contra un baúl de madera maciza, provocando que perdiera el conocimiento de forma inmediata.
—¡Bestia la mataste! —gritó uno de los hombres al ver la sangre que comenzaba a fluir de su nuca.
—¡Esto no era parte del plan, le diré al jefe lo que hiciste!
—¡Cállate, aún respira!—habló Ryan al mismo instante que se inclinaba y la tomaba entre sus brazos —. Busquen algo para taparla, debemos llevarla lejos de aquí antes que los hombres de Viggo recobran el conocimiento.
—¡Esto está mal, esa mujer parece muerta! —intervino el otro soldado —. Él tiene razón a partir de ahora estas solo, arréglate como puedas.
—¡Maldito infeliz, solo tenias que hacer una cosa y lo has hecho mal! —golpeó a Ryan en su rostro provocando que un hilo de sangre cayera de su labio partido.
—¡Ella respira, no está muerta! —volvió a insistir Ryan, mirando con odio a los hombres que lo amenazaba con abandonarlo a su suerte.
—Olvídate de regresar al campamento o Ragnar te matara con sus propias manos.
—Vamos, dejemos solo a este tonto antes que los guardias despierten..
Ambos hombres salieron del cuarto dejando a Ryan en serios problemas, el plan era llevar a la mujer sana y salva; sin embargo en ese estado el líder de la manada Luna Sangrienta los asesinaría a todos por culpa de Ryan, lo mejor era abandonarlo y volver al campamento sin rastro de la joven o una guerra infernal se desataría.
El rogue al sentir que lo habían traicionado, no le quedó más remedio de continuar sólo con el plan, así que salió de la casa con la mujer en brazos y fue en busca de su caballo, con cuidado dejó a Wanda sobre el lomo del animal para luego montarse detrás de ella y huir de la escena del crimen.
—¡Maldita sea, será mejor que despiertes! —murmuraba a medida que se acercaba al río y con cuidado se adentraba a las profundidades de este para así borrar su rastro.
La joven estaba herida, había luchado con todas sus fuerzas con los tres lobos que entraron a su hogar, sin embargo de a ratos abría sus ojos intentando ver donde se encontraba, pero era en vano, el dolor en la cabeza se agudizaba con cada trote que el animal daba y nuevamente se quedaba dormida.
Pasaron un par de horas, ya era casi medianoche cuando al fin llegaron a lo que parecía una cueva, Ryan estaba de muy mal humor, otra vez estaba solo en el mundo y ahora tenía que cuidar a esa maldita bruja que seguía inconsciente.
Sin cuidado tomó a la joven en sus brazos, la recostó sobre el frío suelo y le revisó la herida que se encontraba por debajo del cabello, la sangre seca comenzaba a desprender un olor desagradable; entonces sacó de adentro de su bota una navaja y le rapó su larga cabellera negra dejando mechones desparejo por toda su cabeza.
—Eso evitará que tengas temperatura, al menos por ahora —dijo incorporándose y mirando el desastre a su alrededor, los cabellos de la joven estaban esparcidos por todos lados y su caballo estaba agitado —. Solo espero que no mueras o será mi fin.
Ryan salió de la cueva, la lluvia aún persistía en el lugar, así que con un recipiente de cuero junto un poco de agua, para limpiar la herida de la joven, con desgano lavo su nuca pero ella aún seguía sin reaccionar.
En el campamento los hombres de Ragnar sufren las consecuencias de la torpeza de rogue al darle las malas noticias a su líder.
—¡Señor lo siento, ese hombre estaba fuera de control! —dijo uno de sus hombres suplicando clemencia al ver como su amo con sus propias garras atravesaba el cuello de uno de los jóvenes soldados que caía sin vida al piso..
—Nunca debí confiar en ese bastardo, pero juro que cuando lo tenga en frente, lo despedazare —gruño el alfa.
—Señor, esto no es tan malo como parece —intervino Enok, su beta y mano derecha.
—¿De qué hablas? —lo miró sin comprender.
—Puede acercarse a la aldea, pedir volver al consejo para ayudar a su sobrino a buscar a su mate y así despejar cualquier sospecha que él tenga de usted.—El beta al ver que tenía la atención del líder continuó hablando —. Después de todo en el campamento no hay rastro de la joven, ni nada que lo involucren con ella.
—Creo que esa no es tan mala idea —dijo limpiándose las manos y sonriendo —. Saquen a estas escorias de mi vista, debemos planear el siguiente paso para recuperar la aldea.
—Sí señor —respondieron los soldados.
Enok miró con pena al joven que había sido degollado por su líder, era solo un niño que no merecía una muerte tan desagradable, pero Ragnar no tenía compasión por nada ni nadie, desde que su hermano se desposó con su luna y lo desterró de la aldea obteniendo todo lo que él deseaba, su mujer, un hijo, el poder y la devoción de su pueblo, era un animal sin control.
Ragna sirvió dos copas de licor y le ofreció un vaso a su beta, brindando porque el final de su sobrino estaba cerca.
—¡Al fin voy a acabar con ese mocoso! —dijo esbozando una sonrisa siniestra.
—¡Así es! —. Enok chocó el vaso aunque tenía sus dudas, era mejor no contradecir a su amigo.
Durante gran parte de la noche ambos hombres detallaron su plan, ellos se desligarían de cualquier responsabilidad, hablarían con los ancestros y se irían del campamento por unos días hasta conseguir la confianza de Viggo.