La perdición en el camino

1124 Words
Andre me vio con pena y no con esa que te da un sentimiento de enojo, me vio como si se hubiese visto a ella reflejada en mí y en todo lo que había ocurrido en su vida. La chica que se mostraba fuerte frente a mi había pasado lo mismo que yo y aunque no había sido con una pareja gracias a su religión, ese trago había pasado con su padre. Un hombre formidable, fuerte de carácter, trabajador y honrado, agradable con los extraños, estricto en todo sentido, dueño de una imprenta y divorciado. Desde muy niña tomo el puesto de su madre, huyo de él dejándolas sola y a su suerte sin saber que su ex esposo haría con ellas lo que les diera la gana. La mayor debe hacer los deberes de la casa. La menor será la consentida sin dejar de lado su posición de mujer. Su madre ya sabía el panorama de vivir con él y en una oferta fallida por parte de sus hijas, las dejo vivir sus vidas al lado de su ex marido. Tiempo después comenzaron a solicitar a su madre ir de vacaciones a su casa. Ella, una mujer ya recuperada, trabajadora, exitosa, prospera y con un brillante futuro, acepto la propuesta presentada por ambas y fue así como comenzó a estallar las cotufas de la olla. Tomo un viaje largo para ver a su antiguo esposo quien estaba felizmente teniendo relaciones con una mujer desconocida. Sus ojos saltaron al verla entrar por la puerta aquella habitación, rápidamente paro su acción y se vistió lo más rápido que podía mientras sacaba a sacadas a la mujer que muy tranquila se encontraba esperándolo desnuda. Una vez fuera de la casa aquella intrusa entraron las jóvenes asustadas hasta los huesos de la mirada de su padre y de lo que pasaría una vez se fuera de aquel lugar su madre. La pelea se hizo fuerte entre ambos, aunque él le gritaba ensordecedoramente a ella, ella no se doblegaba y respondía del mismo modo. Ojo por ojo. Diente por diente. Al final de toda la discusión volvió a realizar la misma pregunta. Su mejilla marcada de un intenso color rojo, uno de sus labios roto y los cabellos desordenados. Al final resulto como ya la experta se lo esperaba, cada día era igual y nunca cambiaria, pero sería una decisión de sus hijas pasar por ese proceso o podían aprenderlo sin pasar por el sufrimiento. Para desgracia de la madre herida y adolorida, la respuesta de ambas fue un no y fue cuando con el dolor de su alma las dejo vivir el proceso que debían de pasar. Tiempo después la misma mujer les pregunto qué había sucedido con su padre y en aquel momento con respecto a lo que decidieron. La respuesta de Andre fue la vista de tristeza de su padre. La respuesta de la hija menor fue el apego hacia él. Y entendió que las había abandonado muy jóvenes como para que le dieran una respuesta correcta. El apego de la menor… el conocimiento de un solo mundo. La observación de la mayor sobre la tristeza de su padre… la verdad de su huida y la debilidad que le creo para toda la vida. Andre nunca fue golpeada por su padre y su hermana menor tampoco, pero si vio un desfile de mujeres desconocidas pasear por su casa, vivió la vida de cenicienta y no salió de sirvienta, nunca se pudo enamorar, se tuvo que comportar como madre de su hermana, se hizo cargo de las responsabilidades de su padre, tomo la responsabilidad de aportar en la casa con dinero aun cuando le correspondía a su padre hacerlo y aquí se encuentra, estudiando en la misma universidad que yo. —¿En qué piensas? —pregunta inquieta. —En nada —sonreí —mentí— apreté las tiras de mi morral y seguí caminando hasta el aula de clases. —Dime… no te lo guardes —insistió. —Pensaba en tu vida. Escuche sus pasos disminuir hasta ya no oírlos. Voltee a ver hacia ella con la mirada triste. —¿Por qué piensas en eso? No es correcto hacerlo y lo tienes muy claro, Karen —recrimino. —Solo… solo pensé que tú habías sufrido más que yo —me sincere. Sus labios se sellaron como si les hubieran untado pegamento. —Lo siento mucho —agache la mirada triste —nunca fue mi intensión herirte… por el mismo motivo te respondí: «en nada» y es porque ya sé cómo te pones con el tema. —¿Cómo me pongo? —pregunto enojada. —Si —afirme. La vi aún más molesta, pero ya entendería a lo que me refería —parece que te duele… ver el cómo me duele a mí, siento que te hace sufrir verme así y no me gusta verte triste. Trago saliva y limpio las lágrimas que ya faltaban poco por resbalar como una cascada. —Comprendo —respondió al fin —si me pone triste y no solo verte, todo en general me pone triste —soltó un suspiro —si hubiese sabido que me sucedería todo lo que eh tenido que pasar hasta ahora, créeme que hubiera aceptado irme con mi madre y junto a mí me llevaba a mi hermana. —Eso sí que lo sé —solté una sonrisa de oreja a oreja —sé que si lo hubieras sabido seguro que te largas de aquel infierno. —¡Ni que lo dudes amiga mía! —Exclamo a carcajadas —no tengo idea de que hará mi hermana cuando me vaya después de mi graduación. —¿¡Te vas a ir!? —pregunte alterada con los ojos bien abiertos y los oídos más que limpios —¿Cuándo? ¿Y porque diablos no me dijiste? ¡Santo dios! Eso sí es una noticia. Su piel blanca se tiño de un rojo leve y una hermosa sonrisa apareció en su rostro. —¡Fiu-fiu! Te lo tenías bien guardado —levante las cejas repetidas veces. —Quería darte la noticia el día de la graduación, pero ¡aja! Sorpresa de adelantado —se encogió de hombros con la sonrisa aun en su rostro. —¡Nada que ver! De antes a ahora prefiero el ahora, me da tiempo de alegrarme por más tiempo. —Que maluca eres —torció la boca hacia abajo —pero me alegra que te hayas alegrado, de hecho… solo tú te alegraste. —¿Se lo dijiste a los demás? —¡No! ¿Acaso no oíste que quería decirlo en la graduación? —Entonces no seré la única —me encogí de hombro y ladee una sonrisa de alegría.
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