Capitulo 11:
La sangre goteaba del brazo derecho de Luna mientras se escondía detrás de un tronco derruido con vestigios de un juego de té roto, posiblemente olvidado por algún alumno.
Podía oír el crujido de los guijarros bajo los pies de su enemigo, quien reía por tenerla acorralada.
— No hay necesidad de esconderse Lovegood, no tienes ninguna escapatoria, igual que tú patético dragón. —Amycus Carrow saboreaba las palabras con su lengua, sabiendo dónde estaba escondida por su rastro de sangre fresca.
Luna había dado una buena batalla, a pesar de estar oxidada en defensa contra las artes oscuras. Smooky había dado pelea también. El pobre animal se sacrificó por salvar a Luna, luchando contra la dragona de Carrow. Al final, ambos animales murieron implosionados. Pero no había tiempo para sentir conmiseración.
Los pasos de Carrow se detuvieron justo frente a ella, con una sonrisa maliciosa.
—Podría matarte ahora mismo, pero mi señor te quiere con vida, aunque…puedo divertirme contigo un rato—Carrow se acercó a ella y la tomó bruscamente del brazo sangrante, arrancándole un chillido de dolor que parecía excitarlo.
Luna sujetó firmemente su varita, pero Amycus la desarmó y la tumbó al suelo. Ella se arrastró e intento huir, pero el mago oscuro se reía. Merlín sabía que si no hacía algo pronto, todo su esfuerzo por esconderse esos años habría sido en vano.
Carrow tiraba de ella y la arrastraba de las piernas por el Bosque Prohibido hacia un claro. Ella reconoció el lugar: la estaba llevando hacia las acromántulas.
El cuerpo de Luna estaba lleno de moretones y rasguños por golpear con piedras y raíces mientras el mago la arrastraba, dándose varios golpes en la cabeza que la dejaron mareada y aturdida. Podía sentir la sangre caliente descender por su frente.
Cuando recobró poco a poco la conciencia, se dio cuenta de lo que estaba pasando. Amycus estaba sobre ella, levantándole la falda. Forcejeó con fuerza, pero él le dio dos bofetadas tan fuertes en el rostro como para dejarla inconsciente. Podía sentir el sabor a sangre de su labio roto por el golpe. Aun así, Luna luchaba, clavándose las uñas en las palmas de las manos para que el dolor la mantuviera despierta, Amycus la tenia sujeta con unas cuerdas mágicas. Sin duda, él era más fuerte y grande que ella. La menuda bruja se retorcía debajo de su ultrajador, intentando gritar por ayuda. Pensaba en Blaise y Draco, esperando que estuvieran a salvo, que todo lo que le estaba pasando valiera la pena y ese par de tontos no estuviera en otro sitio arriesgando sus vidas intentando ser héroes.
Luna lloraba amargamente mientras el mortifago embestía su cuerpo con violencia, mordiendo partes de su carne, marcándola.
Después de los minutos más repugnantes de su vida, Amycus se ajustó los pantalones y la levantó sin cuidado para que siguiera andando.
Las piernas de Luna temblaban doloridas. Maldijo internamente el hecho de que las acromántulas nunca aparecieron. Hubiera disfrutado con cada fibra de su ser ver que lo atacaran y devoraran cuando estaba concentrado en la tarea de satisfacerse con su cuerpo.
La rabia y el dolor se estaban apoderando de ella, y sin ningún titubeo, conjuró un accio no verbal para su varita y se giró tan rápido que no le dio tiempo a Carrow de reaccionar.
—¡Avada Kedavra! —gritó Luna, desgarrando su garganta en el intento, para después dejarse caer de rodillas y llorar por su miseria. Se sentía asqueada, rota e impotente. Pensó en Blaise y en cómo se pondría ante la noticia. No era algo con lo que quisiera lidiar todavía. Gritó su rabia contenida tan fuerte que las pocas aves cercanas salieron volando.
Después de algunos minutos, al fin aparecieron los hijos de Aragog. Los desgraciados arácnidos habían tenido la desdicha de aparecer ahora y no antes. La miraron sin decir nada y solo se concentraron en devorar el cuerpo de Amycus Carrow, así que Luna decidió que ya era hora de dejar de sentir lástima por sí misma y se levantó, llevándose consigo la varita de Carrow. Las acromántulas aún podían comérsela a ella también si se quedaba más tiempo.
Conforme Luna avanzaba fuera del Bosque Prohibido, su mirada se ensombrecía y sus facciones se volvían perfiladas y frías, dejando atrás la mirada y la sonrisa soñadora que tenía tan solo horas atrás.
Luna caminaba de vuelta hacia la batalla, estaba herida en más de un sentido, pero no había tiempo para pensar en su propia desgracia, necesitaba saber que todos estaban a salvo y que Harry estaba listo para cumplir con su misión. Necesitaba enfocar su mente en otra cosa.
Finalmente encontró a Harry agarrándose el costado izquierdo mientras intentaba ponerse de pie, a las afueras del bosque prohibido . Ella le dio un escaneo rápido y conjuró un hechizo repara huesos que hizo que Harry diera un fuerte alarido de dolor.
— Lo siento Harry, no hay tiempo para los calmantes. Sabes que hoy no hay vuelta atrás, debes vencer a Voldemort.— Luna dijo el nombre sin titubear, aún sabiendo que era tabú.
Harry la miró con los ojos grandes por la sorpresa y notó que los ojos de Luna carecían del brillo que la caracterizaba.
— No puedo Luna. Casi me mata un mortifago de rango bajo, ¿Cómo se supone que me enfrente a él? Dumbledore me sobre estimó demasiado. No soy tan valiente como parezco, yo…no se si seré capaz. — La duda y el miedo era palpable
Luna se acercó y lo sujetó del rostro mirándolo a los ojos con severidad
— Escúchame bien Potter, te diré algo que nadie se atrevió a decirte por lastima, pero ya no hay tiempo para adornar las cosas. Todo se fue al carajo y seguirá poniéndose peor si no lo detienes, lo haría yo si pudiera, pero lamentablemente hay una jodida profecía que te responsabiliza a ti. Tu no pediste esto, lo sé, sin embargo naciste para llevar a cabo esta tarea.
Este es tu destino, y la única forma de poder vivir la vida que quieres es venciéndolo. Así que lleva tu trasero al campo de batalla ahora.
— No Luna, creí que podría pero …
— ¡Escuchate Harry! ¡Eres un maldito auror! ¿Cómo puedes decir eso? ¿Un mortifago más débil que tú te ha intimidado?!¿Que demonios?!— Luna estaba fuera de si, jaló a Harry de las solapas de su túnica para zarandearlo.
Harry estaba sorprendido de la actitud de la bruja de cuerpo pequeño, pero con una determinación fuerte.
— Luna, ¿Qué te sucede? Tu no eres así— Harry la miraba estupefacto
— ¡No eres el único con problemas Harry! ¡No eres el único que carga con el peso de una maldita profecía! ¡yo también soy un cerdo en el matadero Igual que tú! ¡¿No lo entiendes?!. Así que no me vengas con esos lloriqueos de que no puedes enfrentarte a él, puedes y lo harás.
— ¡Tengo miedo, Luna! — Espetó al fin — ¡No quiero morir y tampoco quiero ver morir a nadie más!
— ¡Mientras estamos aquí, más gente muere Harry!
El silencio se volvió incómodo por varios segundos donde solo se escuchaban sus respiraciones entre cortadas y el bullicio lejano de la batalla.
— Tengo un plan, Harry. Pero necesito que hagas todo exactamente como te diga y esto habrá terminado antes del anochecer.— Dijo Luna moviéndose al fin, caminando en dirección de las ruinas del castillo.
— ¿Estás segura que esto funcionará?— preguntó Harry por octava vez mientras se acercaban hasta la pequeña multitud sometida.
— Confía en mí, Harry y no temas morir.
— Nuevamente te digo que eso no es para nada alentador.
— Déjamelo todo a mi y se rápido cuando te de la orden, ¿De acuerdo?
— Luna, se que algo te pasó en el bosque prohibido y entiendo si no quieres decirme, sólo quiero que sepas que tampoco estás sola en esto y tienes a Blaise.
Luna se tensó un poco al escuchar a Harry
— Prefiero no hablar sobre lo que pasó en el bosque, solo espero poder superarlo con el tiempo. Pero ahora eso no es relevante, Voldemort lo es.
Siguieron avanzando en silencio. Podían ver de lejos como algunos mortifagos apuntaban con sus varitas a varios estudiantes y profesores que se encontraban amarrados con cuerdas mágicas, hincados en el suelo de piedra que solía ser el patio.
— Entreguen a Harry Potter y prometo perdonarles la vida— Siseó la voz del mago tenebroso abriéndose paso entre su séquito.
Luna se acercaba desde atrás, con un Harry Potter atado a una cuerda mágica. La mirada estupefacta y contrariada de las personas hizo voltear al mago oscuro en su dirección.
— Libera a todos ahora y te entregaré a Potter a cambio — Decía Luna caminando con paso firme, había un aire de misterio y oscuridad en ella.
A pesar de los moretones y rasguños visibles en su cuerpo, Luna mostraba un porte arrogante bastante extraño de ver en ella, parecía casi como si hubiera perdido su humanidad, quizá si lo había hecho un poco después de haber matado a Carrow. Como si un fragmento de su propia alma hubiera muerto tras pronunciar el maleficio imperdonable.
Voldemort se acercó a la rubia y camino alrededor de ella y de Potter.
— Que interesante. Hay un punto en la vida de las personas en donde se dan cuenta que la amistad no vale nada por encima de tus propios intereses. Y parece ser este el caso.— Decía Voldemort con su voz viperina
— ¿Es eso lo que querías, cierto? Puedes tenerlo, pero antes, deberás liberar a todos. — La voz de Luna sonaba a una orden.
Todos miraban la escena con surrealismo, temiendo que el mago tenebroso le lanzará un avada Kedavra en ese momento por su insultada insolencia.
Parecía como si todo el mundo hubiera contenido la respiración y el aire fuera tan pesado que pudiera cortarse con un cuchillo.
Voldemort se rió por unos segundos
— Matar a Potter es de mi interés, es verdad. Pero liberar a mis posibles nuevos mortifagos, no creo que sea una estrategia inteligente.
— ¿Y si te ofrezco el poder de mi profecía, los dejaras ir? — Dijo Luna
— Necesitamos a Malfoy y es claro que Dumbledore lo tiene escondido en un agujero. — Siseó
— ¿Y si le dijera que todo este tiempo ha malentendido la profecía? — Dijo Luna con confianza
Las personas alrededor exclamaron un jadeo de sorpresa.
— ¿Cómo es eso posible? Explícate— Había logrado captar la atención de Voldemort
— La profecía habla de la hija de la luz y el hijo de la oscuridad, pero nunca se dicen explícitamente nombres, fechas o edades, ¿cierto? — Hace una pausa — yo creo que no hay mejor hijo de la oscuridad que usted, Tom Ryddle . — Luna le sostuvo la mirada y la expresión de Voldemort por un momento fue de sorpresa, igual que lo fue para el resto de espectadores.
— ¿Me estás diciendo acaso que soy yo quien personalmente debo unirme a ti para obtener tu poder?
— La profecía es clara en eso, lo ambiguo era determinar quienes eran los involucrados. Malfoy queda fuera de la ecuación. — Respondió Luna
Voldemort sonrió, sintiendo que había ganado, tendría un doble triunfo en un solo día, la muerte de Potter y su poder intensificado gracias a Luna.
Voldemort volteó hacia Harry para verlo sometido por la cuerda mágica tan solo un segundo antes de lanzar la maldición asesina sobre él.
El tiempo se detuvo y todos vieron con horror como “el niño que vivió” había muerto frente a sus ojos, mientras el señor tenebroso se regodeaba de su triunfo y Luna sonreia de una forma que asemejaba a la extinta Bellatrix Lestrange, todos murmuraban que la pobre chica finalmente había perdido la cabeza.
Mientras Voldemort celebraba su triunfo sobre Harry, Luna contemplaba el cuerpo inerte de su amigo en busca de una señal, si su teoría antes explicada a su amigo era verdadera, él volvería de la muerte, pero cada minuto acrecentaba la ansiedad de Luna. ¿Si se había equivocado? Había condenado a todo el mundo mágico y no sabría si podría seguir respirando con la culpa en su conciencia.
Ahora estaba a punto de llevar a cabo el ritual de unión entre Voldemort y ella para obtener ese ansiado poder del que hablaba la profecía, todos eran testigos de las luces danzantes de las varitas al empezar a sellar el juramento inquebrantable.
La sola idea asqueaba a Luna, pero debía mantenerse firme, concentrada en mantener sus emociones bajo la oclumancia.
Un expelliarmus hizo volar las varitas de los mortifagos rompiendo la conexión y el corazón de Luna se encogió al verlos allí.
Blaise y Draco junto a otros aurores estaban allí y no parecían entender lo que sucedía.
Luna sacó la varita de Carrow y conjuró una barrera de fuego azul. Aunque pareciera que era para proteger a Voldemort y los mortifagos, en realidad era para proteger a Blaise y los demás.
— Luna, no se que está pasando, pero debes detener está locura. — Blaise estaba asustado, contrariado y a Luna le dolía verlo así.
— Luna, ¿Qué haces? Se supone que me necesitan también para acabar con la profecía de luz y oscuridad — Decía Draco
— La profecía estaba mal, no trataba de ti, trataba de él — Dijo Luna señalando con la cabeza
Ambos hombres se llevaron las manos a la cabeza y frotaron su cabello con desesperación, como si de esa forma fuesen a despertar de un mal sueño.
— ¡Oh por Merlín, Potter está muerto!— Exclamó Blaise, quien no se había percatado de eso antes, a el solo le importaba Luna.
A través de la barrera, Luna miró a Blaise con tristeza mientras se quitaba su anillo y se lo entregaba a través de la barrera.
— Eres libre Blaise.
— Luna, no se que demonios está pasando, pero no puedes terminar esto así — Blaise estaba devastado
Luna no podía seguir mirándolo y fingir que todo estaría bien, se guardó sus lágrimas y se giró para volver donde Voldemort.
Luego de volver a realizar el ritual casi en su totalidad, Luna se acercó al señor tenebroso para sellar el juramento.
Podía escuchar los gritos desgarradores de Blaise y Draco, pero debía mantenerse en su papel. Entonces miró nuevamente el cuerpo de Harry y finalmente vio lo que tanto estaba esperando, un movimiento.
Luna abrazó a Voldemort para sellar el juramento inquebrantable y entonces gritó
— ¡Ahora Harry!
El tiempo parecía detenerse, Voldemort abrió los ojos con sorpresa mientras se giraba para ver a Potter sosteniendo su varita en contra de él.
— ¡Te vi morir! ¡Esto es imposible!— Voldemort no podía dar crédito a lo que veía
— Harry era tu último horrocrux— Comenzó a decir Luna — tardé años en atar cabos, era una teoría vaga pero valía la pena hacer la comprobación. Aunque reticente al principio, estuvo dispuesto a correr el riesgo. Harry Potter no murió minutos atrás, lo que murió fue el último fragmento de tu alma corrompida, Thomas Ryddle — Dijo Luna con voz calmada
— ¡Imposible!— Exclamó el mago tenebroso
— Esta vez acabaré contigo Thomas. Por mis padres, por Sirius, por Cédric.— Decía Harry con determinación
Voldemort apunto su varita contra el.
Luna se apartó para evitar un hechizo de rebote.
Harry inspiró aire lentamente, jamás había utilizado una maldición imperdonable, ni aún siendo un auror, el sabía que utilizarlo no le costaría ningún precio físico o legal por su posición, pero sin duda lo marcaría emocionalmente. Aparte que debía tener un deseo genuino de matar para que funcionará ¿Y si fallaba?
Tantos pensamientos se arremolinaban en cuestión de milisegundos.
Voldemort tenía su varita apuntando a Harry con odio y una luz verde salía de la punta, Harry estaba aturdido. Nunca escuchó pronunciar la maldición, pero por el color, el sabía bien que era un avada Kedavra.
Rápidamente apuntó su varita con un expelliarmus que chocó contra el hechizo de Voldemort. Ambos hechizos luchaban como dos puentes de luz que iban y veían como un estira y afloja.
La tensión era palpable, respirar era imposible. Harry resistía y empujaba con todas sus fuerzas.
Luna aferraba su propia varita entre sus manos con tanta fuerza que parecía que iba a romperse.
Finalmente después de algunos minutos, las varitas no resistieron y hubo una explosión. Todo había terminado.
Voldemort dio un último grito mientras se desintegraba con el viento y la varita de saúco caía al suelo, rota por la mitad.
Todos exhalaron en ese momento con alivio. Cuentos de gritos de júbilo llenaron el lugar.
Luna deshizo entonces la barrera y se permitió al fin caer de rodillas temblando, dejando de contener sus emociones. Soltando la máscara que se había impuesto para manipular a Voldemort.
Todo había terminado por fin. No más guerra, no más huir. ¿Pero quedaba algo para ella realmente ahora?