Los acusados fueron conducidos nuevamente a sus celdas hasta que el jurado llegara a un veredicto unánime sobre Luna, para posteriormente continuar con el juicio de Blaise y Draco. La espera parecía una tortura.
El sonido de unos tacones lejanos se intensificaba al llegar al pasillo, y la puerta de la celda chirrió.
Hermione entró para verla y le dedicó una sonrisa.
—Hola, Luna. ¿Cómo te sientes? No te preocupes, te sacaremos de aquí. Incluso sin mi intervención, el profesor Dumbledore lo logrará. Como pudiste ver, tiene gran influencia sobre el Wizengamot. Logró que se cuestionaran muchas cosas. Fudge está furioso; su ineptitud está quedando en evidencia.
—No estoy preocupada por mí, sino por ellos. Su reputación no los ayuda en nada. Hermione… yo sé mejor que nadie que tanto Draco como mi esposo fueron unos idiotas en el colegio, pero te juro que, pese a la máscara social que llevaban, no son malas personas. Solo tomaron malas decisiones —dijo Luna, apretando con fuerza la mano de Hermione.
Hermione suspiró, sintiendo de pronto un peso sobre los hombros.
—No puedo prometerte nada. Tal vez Blaise aún pueda salvarse… pero Malfoy… Luna, tú no estuviste allí. El último año, Draco realmente cruzó líneas que no se pueden borrar. Dumbledore fue muy indulgente con él —hizo una pausa y suspiró—. Malfoy debió haber estado en Azkaban desde hace años. Sé que se volvió tu amigo, incluso después de… todo lo que pasó esa noche. Personalmente, yo jamás podría hacerme amiga de un mortífago, mucho menos de alguien cuyo padre me secuestró para cumplir una profecía a favor del Señor Tenebroso. Pero tú siempre has sabido ver la bondad en la gente, incluso cuando se trata de alguien como él —le dedicó una sonrisa triste.
Se detuvo un instante, bajando la mirada.
—En fin —añadió con un suspiro—, solo venía a mostrarte mi apoyo y recordarte que no estás sola. De una forma u otra, la Orden te sacará de aquí —le guiñó un ojo antes de marcharse.
Luna se despidió con un leve movimiento de cabeza. Seguía separada de Blaise y Draco por los barrotes encantados. Un hechizo silenciador impedía cualquier comunicación entre ellos.
---
Cuando el plazo de tiempo llegó, fueron conducidos nuevamente ante el jurado, mientras una bruja del Wizengamot sostenía un pergamino en la mano en espera de darle lectura.
Cuando todos guardaron silencio, la mujer habló:
—Después de una larga deliberación, el jurado de este Wizengamot ha llegado a la conclusión de que Luna Zabini fue una víctima circunstancial del Señor Tenebroso, cuyo parentesco con Blaise Zabini no determina su participación activa en las filas mortífagas, así como fue víctima de coacción y secuestro. Por lo tanto, el veredicto del jurado es… inocente.
Los aplausos por parte de sus amigos no se hicieron esperar y Fudge dio un gran golpe con su mazo para acallar a la multitud, visiblemente ofuscado.
—¡Orden en la sala! Aurores, llévense a la señora Zabini fuera de esta sala hasta que termine la audiencia. Daremos comienzo al juicio contra el señor Blaise Zabini —dijo Fudge, visiblemente rojo de ira porque las cosas no estaban resultando como quería.
Lamentablemente para Luna, no podría estar en la sala, y por lo tanto, no sabría el veredicto final hasta varias horas más tarde. La ansiedad se había instalado nuevamente en la boca del estómago.
Estaba perdida en su ensoñación cuando la puerta de su celda se abrió, dando paso a un par de brujas pelirrojas.
Molly Weasley la miró con ternura y nostalgia, y se acercó a Luna dándole un abrazo reconfortante.
—¿Cómo te sientes, cariño?
—Estoy bien, mamá Molly, no hay de qué preocuparse. Solo estaba… intentando no pensar en que Blaise… irá a Azkaban —dijo con voz quebrada.
—Oh, querida, no llores. Él estará bien. Por lo que Percival me dijo hace unos momentos, todo parece apuntar a su favor. Sin embargo, el chico Malfoy… es otra cosa —respondió Molly con incomodidad tras lo último.
—Hermione dijo lo mismo —respondió Luna.
—Bueno, querida, Ginny quería decirte algo, así que las dejaré solas un momento, ¿vale? Estaré afuera si me necesitas. —La señora Weasley le dio una mirada a Ginny y salió de la sala.
Luna podía sentir la tensión tras la salida de la señora Weasley. Ginny permaneció en silencio varios segundos, rehuyendo la mirada.
—No estás obligada a decirme nada, si no lo sientes —respondió Luna calmadamente, intentando cortar el tenso silencio.
—Yo… lamento todo lo que dije esa noche. Estaba muy dolida contigo… pero quizá no había sopesado con detenimiento todo lo que pasaste la noche de tu desaparición y lo que debiste hacer los años posteriores. Una bruja o mago que no usa su varita ni magia no verbal pierde habilidad mágica. Nunca, desde que me dieron mi propia varita, dejé de utilizarla un solo día, es parte de mí. Simplemente no podría vivir sin ella, así que… debió ser muy duro para ti. Tal vez, si hubiera estado en tu lugar, hubiera hecho lo mismo. Siento mucho todo lo que dije.
—No es tu culpa. Yo… no debí ser tan cobarde.
Ginny negó con la cabeza y acortó la distancia con la rubia para abrazarla.
—No, Luna, hiciste lo necesario para sobrevivir. Yo… reaccioné impulsivamente, sin analizar las cosas fríamente. Me dejé llevar por la ira y te dije cosas hirientes en un momento de vulnerabilidad. —Ginny lloraba, apretando fuertemente a Luna contra su pecho.
Luna también lloraba, pero de algún modo se sintió más ligera.
Las viejas amigas se reconciliaban con ese cálido abrazo, pero esa sensación de paz no duraría mucho. Un gran estallido hizo retumbar todo el Ministerio. Pronto se escucharon gritos de gente corriendo de un lado a otro.
Neville llegó corriendo, con la varita en mano, agitado.
—¡Tenemos que salir de aquí, ahora! Los mortífagos están atacando. Hannah me envió un patronus, también están atacando Hogwarts sin Dumbledore allá.
—Entonces hay que ir a Hogwarts a proteger a los estudiantes —dijo Ginny, sosteniendo firmemente su varita.
Neville miró a Luna y sacó de su túnica la varita confiscada de ella.
—¿Vienes con nosotros?
Ella negó con la cabeza
—Me quedaré, debo hacerlo. No puedo abandonar a Blaise.
Ginny y Neville asintieron y le desearon suerte.
Un nuevo retumbar los hizo trastabillar y la pared de la celda donde estaba Luna se cayó. Luna deslizó los escombros hacia un lado para ayudar a Neville a levantarse y corrió en sentido contrario, hacia donde estaba la sala de juicios donde se encontraban Blaise y Draco.
El salón ya no tenía puerta y había muchos escombros. Ayudó a desenterrar a las personas que habían quedado debajo de todo ese caos, hasta que logró ubicar a su esposo.
—¿Estás bien? —preguntó con preocupación, inspeccionando al moreno en busca de heridas graves.
—Lo estoy —dijo Blaise, mirando a Luna mientras le acariciaba el rostro con ternura—. ¿Por qué no te fuiste? Tú eres quien más corre peligro. Necesitas ponerte a salvo.
—¿Y dejarte? No. Tú harías lo mismo por mí.
Un carraspeo sonó detrás de ellos.
—No quisiera interrumpir su cálido encuentro, pero debemos salir de aquí, ahora —era Draco, que tenía polvo de escombros encima y empuñaba una varita que obviamente no era suya, mientras le lanzaba a Blaise otra varita.
—¿De dónde la sacaste? —preguntó el moreno, arqueando las cejas.
—No preguntes y solo úsala. Tenemos que salir de aquí vivos… los tres. Ellos no atacarían el Ministerio de Magia solo para intimidar, es un mensaje. Vienen por nosotros —dijo el rubio con seriedad.
Los tres comenzaron a correr hacia lo que parecía ser la salida, lanzando hechizos contra los mortífagos que encontraban a su paso. Entonces, una enorme llamarada apareció y tuvieron que agacharse para esquivarla.
—¡Es un maldito dragón chino! —exclamó Blaise con agitación.
Tanto Draco como Luna abrieron los ojos con sorpresa. Era uno de los tipos más temperamentales de dragón y estaba siendo controlado por alguien.
Al fijarse bien, lograron distinguir a Bellatrix Lestrange encima del dragón, como su jinete.
Ella comenzó a reírse con esa risa desquiciada que te hacía erizar la piel.
Notó la presencia de ellos, y con un movimiento en las riendas, hizo que el animal se acercara.
— Vaya vaya, pero si son los traidores y su chica. ¿Quién quiere ser el primer bocadillo del Dragón?— Dirigió la cabeza del dragón en dirección de Draco mirándolo fijamente.— ¿Serás capaz de sacrificarte por ella está vez, Draco? ¿Serías capaz de morir por ella está vez o volverás a paralizante de miedo y dejaras que ella se vuelva a salvar a si misma de nuevo? — Su voz era suave, aterciopeladamente venenosa— Estoy segura que Narcisa me perdonará el haber podado el árbol genealógico contigo, una deshonra de la familia Malfoy y Black.— Dio un tirón en las riendas del animal y ahora dirigió la cabeza del dragón hacia Blaise.
El moreno tragó saliva al sentir el aliento del dragón tan cerca de su cara.
— O quizá, debería empezar contigo, el traidor a la sangre. Dispuesto a estar con ella aunque fuera una asquerosa sangre sucia. Tus padres deben estar revolcándose en sus tumbas.— Decía Bellatrix con ese mismo tono burlón tan característico en ella.
—Cuando yo les diga que corran, corren. ¿Entendido? —dijo Luna con determinación, mientras se quitaba los zapatos y rasgaba su largo vestido, deshaciéndose de la tela pesada. Su comportamiento totalmente inesperado.
—¿Luna, en qué estás pensando? —preguntó Blaise, un poco asustado.
Ella solo lo miró tranquilamente mientras le sonreía de esa manera tan peculiar que la caracterizaba. ¿Cómo podía estar tan calmada con un dragón chino muy furioso y violento intentando matarlos?
—Recuerda que si en algo fui muy buena en la escuela, fue en Cuidado de Criaturas Mágicas. Crearé una distracción para que ustedes salgan de aquí. No se preocupen y no retrocedan por mí, sé cuidarme sola. Ustedes pónganse a salvo —dijo Luna poniéndose justo frente al dragón.
El animal dio un par de pasos en dirección a Luna, pero esta no se movió de lugar. Se mantuvo firme, mirando al dragón a los ojos, y entonces comenzó a hacer movimientos extraños que pronto se convirtieron en una especie de danza. Todo lo hacía sin parpadear, sin bajar la mirada, concentrada totalmente en que el animal la viera.
El dragón dio un bufido y salió un poco de humo de sus fosas nasales, y entonces comenzó a mover las patas, como queriendo seguir la misma danza de Luna.
—¡¿Qué estás haciendo, estúpido animal?! —bramó Bellatrix con irritación, mientras le lanzaba un Cruciatus no verbal al dragón. Este rugió de dolor, retorciéndose y cerrando los ojos.
—¡Ahora! ¡Corran! —gritó Luna hacia Blaise y Draco, utilizando la distracción del animal herido.
Luna esquivó y contraatacó los maleficios que Bellatrix le lanzaba. Logró darle de lleno a Bellatrix en el pecho con un Depulso, mandándola directo a estrellarse con una pared ya ruinosa. Se acercó entonces al dragón como si de un pequeño cachorro se tratara, y con voz suave intentó tranquilizar al animal.
—Tranquilo, no pasa nada. No te voy a lastimar. ¿Quieres que te quite estas riendas? Quédate quieto, ¿sí? —La voz de Luna era tan suave y calmada que parecía irreal que le hablara con ternura a un animal que podría matarla de un soplido.
Pero el dragón no solo se quedó quieto, sino que tocó a Luna suavemente con su hocico, como si le estuviera agradecido.
Bellatrix se estaba incorporando del piso, más furiosa que antes, y estaba a punto de lanzar la maldición asesina contra Luna desde un costado.
—¡Avada Keda…! —El hechizo de Bellatrix quedó inconcluso, porque antes de poder terminar la frase, el dragón se había vuelto rápidamente hacia ella y exhaló fuego, reduciéndola a un sucio pedazo de carbón.
—Buen chico —dijo Luna, acariciando la nariz del animal, el cual se inclinó lo suficiente para darle a entender que tenía su permiso de ser montado por ella. Tener un dragón chino de su lado era una gran ventaja que los seguidores de Voldemort no esperaban—. Creo que voy a llamarte Smooky —dijo la rubia, sonriendo.
Draco y Blaise lograron ser interceptados por Alastor Moody, quien los sacó del Ministerio de Magia para llevarlos a Grimmauld Place, al cuartel de la Orden del Fénix por pedido de Dumbledore.
—Debemos volver por Luna —gritó Blaise con desesperación, negándose a irse. Pero tanto Draco como Ojo Loco lo detuvieron.
—Luna es lo suficientemente capaz de cuidarse sola. Estará bien —respondió Draco, sujetando a Blaise del hombro derecho.
—¡Tú no entiendes! ¡La amo, no puedo dejarla atrás! —gritó Blaise, soltándose del agarre de Draco.
—Ella querría que la obedecieras. Fue clara al decirnos que no volviéramos tras ella, ¿recuerdas? Ahora, andando —dijo Draco, pero Blaise no se movió.
—No seas infantil, muchacho. Estoy de acuerdo con Malfoy esta vez —dijo Ojo Loco.
—¡Muevan su trasero! ¡¿Qué están esperando?! ¿Una invitación? —Tonks les gritó desde lejos.
A regañadientes, los chicos subieron a la escoba que les indicó Ojo Loco Moody.
__
Luna, montada en su nuevo aliado, sobrevoló las ruinas del ministerio quemando mortifagos a su paso, utilizando aguamenti después para evitar un incendio y que murieran inocentes.
No pudo evitar recordar aquellos sueños del pasado, las visiones de la profecía.
“Hay fuego en Hogwarts, en el ministerio y en todo el mundo”
Se preguntó entonces si aparte de Smooky, habría otro dragón atacando Hogwarts en ese momento. Algo le decía que debía ir para controlar la situación, pero su lado racional le decía que era arriesgado, ni siquiera sabía si Voldemort estaría allí.
Varias brujas y magos la miraban desconcertados al verla arriba del dragón defendiendo las ruinas del ministerio logrando hacer retroceder a los mortifagos que minutos antes estaban ganando la batalla gracias a dicha bestia.
Luna logró divisar a Harry e hizo que Smooky descendiera hasta donde estaba él.
— Hola Harry, te presento a Smooky, es un buen dragón. Bellatrix lo estaba manipulando con unas riendas especiales para someterlo a su voluntad y también le lanzó hechizos imperdonables para que obedeciera. Ella ya no será problema para nadie— Decía Luna con esa voz tan serena que la caracterizaba
Harry la miró desconcertado y fascinado a la vez y no pudo evitar sonreir. Lucía más como ella misma ahora hablando sobre un dragón chino con tanta calma y naturalidad.
— ¿Bellatrix está muerta?— Harry necesitaba asegurarse de haber entendido bien el mensaje de Luna, de que ya no representaría un problema.
— Lo está. Iba a lanzarme la maldición asesina, pero Smooky la flameó antes de poder completar el hechizo. — Luna hizo una pausa — acabo de recordar que en mis visiones de la profecía, había fuego en Hogwarts también y me preguntaba si habrá otro dragón atacando . ¿Me acompañarías Harry? Debemos detenerlos, Ginny y Neville fueron para allá.
__
Harry estaba sujetando a Luna por la cintura mientras volaban en “Smooky”, sentir la calidez del cuerpo de la rubia le estaba haciendo pasar un momento incómodo con sus pensamientos y sus recientes problemas con Ginny, de lo cual no hablaba ninguno de los dos con nadie, ante todos seguían siendo la pareja solida que estaba a punto de casarse, pero Harry no estaba seguro de casarse con Ginny, aún si Luna no hubiese vuelto, las cosas entre ellos se había enfriado a un punto casi sin retorno.
— ¿Harry, estás bien? Siento que vas muy callado— Luna lo sacó de sus cavilaciones
— Lo siento, solo estaba pensando.
— ¿Crees que sea tarde?
— ¿A qué te refieres Luna?
— Que lleguemos tarde a la batalla.
— No digas eso. Nuestros compañeros son valientes, seguro están resistiendo.
Luna solo asintió y palmeó la cabeza del dragón pidiéndole si podía incrementar la velocidad y este obedeció, haciendo que Harry inconscientemente apretara más a Luna de la cintura, pero está no dijo nada.
Luego de lo que parecía una hora, llegaron al castillo para encontrar una escena apocalíptica, Hogwarts estaba en llamas, desvencijada. No parecía quedar mucho en pie, pero estaban resistiendo, los magos y brujas buenos estaban luchando contra los seguidores oscuros de quién no debe ser nombrado, podían verse varias cabezas pelirrojas luchando en la delantera. Harry le dijo a Luna que lo bajara allí y ella sobrevolaría buscando al segundo dragón, sabía que debía haber otro.
Al principio se habían asustado al ver al animal, pero se sorprendieron al ver qué la “indomable bestia” obedecía dócilmente a Luna Zabini.
No muy lejos de allí, Luna logró ver al segundo dragón, el cual también era chino, pero a juzgar por su tamaño, esa era la hembra y las hembras eran más temperamentales.
No podía usar el mismo truco que con Smooky, que era macho, así que debía ingeniárselas para lograr que la dragona dejara de atacar y se deshiciera de su jinete, Amycus Carrow.