Capitulo 10 parte 1

2935 Words
Habían pasado diez días desde el atentado en el funeral de Astoria Malfoy, y las cosas no habían hecho más que empeorar. Luna también fue encarcelada junto con Blaise y Draco. Harry no sabía que, al llevarla a ver a su esposo, en realidad la estaba conduciendo directamente a su prisión. El resto de los aurores estaba al tanto; el plan consistía en ganarse su confianza para capturarla sin resistencia. Harry se sintió traicionado, especialmente por su mejor amigo y casi cuñado, Ron. Intentó confrontarlos, alegando que Luna era inocente, pero lo amenazaron con expulsarlo del cuerpo de aurores y decomisar su varita. Sin más opción, tuvo que obedecer. Con el corazón encogido, se acercó a Luna y le pidió perdón. Si hubiera sabido la verdad, la habría llevado directamente a la Orden del Fénix. No tardó en comunicárselo a Dumbledore, quien aún conservaba una influencia considerable dentro del Wizengamot. Como era de esperarse, Dumbledore se presentó en el Ministerio tan pronto como supo del encarcelamiento de Luna. La explicación oficial que recibió de Kingsley Shacklebolt, jefe del Departamento de Aurores, fue que ella era considerada una traidora por su vínculo con un mortífago activo, además del delito de usurpación de identidad por haber usado el nombre de una muggle fallecida. El Profeta, con Rita Skeeter a la cabeza, alimentó aún más el odio público hacia Luna, los Malfoy, los Zabini y cualquiera relacionado con ellos. Sus artículos, plagados de insinuaciones y medias verdades, provocaron ataques vandálicos contra las ruinas de la antigua casa circular de los Lovegood, donde Luna había vivido sus años más felices junto a sus padres. Allí también se hallaban los restos del viejo Quisquilloso. Al ver humo en la distancia, Molly Weasley se apareció inmediatamente. Detuvo a los atacantes con un rápido Petrificus Totalus y envió un patronus a Ron y Harry. Pero ya era tarde, la casa estaba consumida por las llamas. Entre los escombros, Molly encontró unas espectrogafas chamuscadas y una fotografía rota de la familia Lovegood. Los recogió con delicadeza, con la firme intención de entregárselos a Luna cuando pudiera verla. Arthur Weasley apareció minutos después, seguido por Ron y Harry, y ayudaron a su esposa a apagar lo que quedaba del fuego, mientras los responsables eran llevados al Ministerio. Dumbledore logró presionar al Wizengamot para adelantar el juicio. Sabía que, si esperaban hasta el mes siguiente, Voldemort podría aprovechar el tiempo para llegar hasta los prisioneros y obligarlos a cumplir con la profecía, algo que el Ministerio seguía ignorando deliberadamente. Alastor Moody y Nymphadora Tonks llegaron a las celdas del Ministerio junto con otros tres aurores. Debían escoltar a los prisioneros directamente a la sala del Wizengamot. Aunque eran miembros de la Orden del Fénix, Moody y Tonks seguían cumpliendo sus funciones oficiales para no levantar sospechas ante el Ministro Fudge. Dumbledore aún no les había comunicado un plan claro, pero estaban preparados para intervenir si era necesario evitar que Luna terminara en Azkaban. Tonks le susurró a Luna que todo estaría bien, que Dumbledore tenía un plan. Pero a Luna no le bastaban las palabras. Había pasado días separada de Blaise, sin poder hablar con él, ni saber si lo habían maltratado. Estaban en celdas distintas, siempre vigilados. Quería decirle que resistiera, que lo amaba(a su manera), que no todo estaba perdido. Pero temía que su destino y el de Draco ya estuvieran sellados. Fueron conducidos a un ascensor que descendió hacia lo que parecía el nivel más profundo del Ministerio. Luna cerró los ojos, concentrada en controlar su respiración. Tenía que mantenerse serena. No podía permitirse un ataque de pánico. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, una oleada de murmullos la recibió. Sentía las miradas clavadas en ella, cuchicheos en voz baja, como un enjambre de abejas. Inhaló hondo. En su mente resonó una vieja canción: Tu cuello, del semi-vampiro Lorcan d’Eath. No sabía por qué su mente la traía ahora, pero le arrancó una sonrisa nerviosa. Ahora que lo pensaba, “Lorcan” era un bonito nombre. Quizá si alguna vez tuviera un hijo le pondría así. Tarareó suavemente mientras caminaba detrás de Tonks. Para muchos en la sala, seguía siendo “la lunática Lovegood”. Incluso Tonks la miró de reojo, sorprendida por el cambio repentino en su actitud. Un golpe seco en la espalda la sacó de su ensoñación. Un joven auror, con expresión arrogante, le había dado un empujón con la escoba. Luna soltó un quejido de dolor. —¡No estaba haciendo nada! —intervino Tonks, furiosa—. Te meteré un reporte por esto. —Solo la empujé un poco, iba demasiado lenta —respondió el auror, con desdén. —Eso es mentira. Hablaré con tu superior —replicó ella. —Suerte con eso, Tonks —murmuró él con sarcasmo, alejándose. Tonks apretó los dientes. Detestaba el nepotismo. Ese idiota no estaría en el cuerpo de aurores si no fuera sobrino del mismísimo Cornelius Fudge. Tras él, venía Blaise Zabini, con el labio roto. Luna sintió que el corazón se le encogía. ¿Qué le habían hecho? Detrás, Moody y los otros escoltaban a Draco Malfoy, que avanzaba en silencio, cabizbajo. El pasillo se hacía eterno, hasta que las enormes puertas de caoba se abrieron, revelando una sala circular abarrotada. Más de 150 personas observaban con curiosidad, muchas con el ceño fruncido. Luna giró la cabeza, buscando rostros conocidos: antiguos compañeros de Hogwarts, funcionarios del Ministerio, figuras prominentes del mundo mágico. Era difícil adivinar quienes estaban ahí solo para observar y quienes testificarían ya fuese a favor o en contra. Volvió a tararear otra canción de Lorcan, una forma de calmar su corazón acelerado. Los tres fueron conducidos al estrado, pero pronto apartaron a Luna, colocándola en el centro como primera en ser juzgada. Un anciano golpeó su mazo contra la mesa, haciendo que el murmullo cesara. —¡Orden en la sala! Se abre el juicio contra Luna Zabini, Blaise Zabini y Draco Malfoy, acusados de traición por su vínculo con el mago tenebroso cuyo nombre no debe ser pronunciado. —¡Objeción, su señoría! —resonó una voz firme desde la entrada. Hermione Granger apareció, escoltada por Harry Potter, Neville Longbottom y Albus Dumbledore. —¿Quién se atreve a objetar? —rugió el juez. —Hermione Jane Granger, defensora de los derechos de magos y brujas del Reino Unido —respondió ella con determinación. —¿Con qué autoridad se presenta a defender a los acusados? —Con la mía —dijo Albus Dumbledore, avanzando con serenidad. El anciano quedó mudo, entre el enfado y el desconcierto. Finalmente, el Ministro Cornelius Fudge tomó la palabra: —Dado que contamos con la presencia del ex Líder Supremo del Wizengamot, demos inicio formal a la audiencia, siendo hoy 28 de septiembre del año 2004, a las 8:30 horas, damos inicio al juicio por traición a la sangre al seguir al líder oscuro, cuyo nombre es tabú y no debe ser nombrado.—Hace una pausa— La primer persona a ser juzgada es la bruja Luna Zabini, de soltera Lovegood, quien desapareció de su dormitorio en el colegio Hogwarts de magia y hechicería la noche del 26 de Octubre de 1998. Misma noche en que se le declaró muerta a causa de un accidente muggle. Se le acusa de usurpación de identidad, darse por muerta durante seis años y por simpatizar con la causa oscura de supremacía de sangre pura siendo leal sierva de quien no debe nombrarse.—Hace una pausa — ¿Cómo se declara la acusada? — Inocente— Respondió Luna con tranquilidad, haciendo que todo el salón se llenará de murmullos. — ¿Está negando los hechos?— Preguntó Cornelius Fudge — Me parece que está olvidando el hecho de que era una chica de 16 años que fue secuestrada de su cama, dentro del colegio, alrededor de las dos de la mañana, cosa que no debió ocurrir, en primer lugar. –Pausa—Quién me secuestró, fue un seguidor de quien no debe ser nombrado, para cumplir la profecía acerca de la hija de la luz y el hijo de la oscuridad. Tenía miedo y huí, cualquiera en mi lugar hubiera hecho lo mismo para sobrevivir.— Respondió lo más calmada posible— La sala se llenó de murmullos nuevamente, y fueron acallados de nuevo por el sonido del mazo del juez. — Me parece que está siendo un poco ambigua con su explicación. — Tomó la palabra otro anciano m*****o del wizengamot.— ¿Podría darnos la mayor cantidad de detalles de ese día? ¿Y porque cree usted que está relacionado con dicha profecía? — Yo había estado teniendo sueños extraños, como visiones de un futuro desalentador. Podía escuchar una voz que susurraba mi nombre y el de Draco Malfoy y mencionaba que estábamos destinados a cumplir con la profecía. Así que quise saber si a él le estaba pasando lo mismo, pero nunca habíamos tenido una relación cordial, así que fue evitativo. Posteriormente ese mismo día, el profesor Dumbledore me llamó a su oficina y allí estaba Draco Malfoy y su madre, mi padre también había sido llamado, pero en ese momento aún no había llegado. Durante las semanas previas había estado corriendo el rumor de que entre nosotros había una relación y el rumor llegó hasta nuestros padres, por eso habían sido convocados ese día, pero se resolvió rápido, pues como dije, eran solo rumores. Sin embargo esa noche, tanto Draco Malfoy como Blaise Zabini por primera vez charlaron conmigo amistosamente mientras contemplamos las estrellas. Me acompañaron a mi última clase en la torre de astronomía, que era a la media noche. Después de que la clase terminó a la una de la mañana, fui a mi habitación a descansar, alrededor de las dos de la mañana, sentí una mano sobre mi boca que me impidió gritar. Era una persona alta, pero vestía totalmente de n***o y utilizaba una máscara. Me arrastró a través de la ventana para subirme a una escoba y brinque del tejado intentando escapar, así que corrí en pijama y descalza fuera del castillo, logró alcanzarme, forcejeamos y comenzó a golpearme en la cara y en el abdomen para que dejara de resistirme, finalmente quedé inconciente. No recuerdo si fue por la golpiza o si me lanzó un desmaius. Cuando desperté, estaba atada con unas cadenas pesadas tanto en manos como pies, en una mazmorra. Horas después apareció quien no debe ser nombrado junto a Lucius y Draco Malfoy.— Hace una pausa— Draco estaba igual de asustado que yo, lo obligaron a estar allí. — ¿Qué pasó cuando el señor tenebroso estuvo frente a usted?— Volvió a preguntar el anciano — En tono de burla dijo que mi prometido había llegado, Draco al verme lastimada confrontó a su padre, pero rápidamente quien no debe ser nombrado dijo que considerará mi estado actual un regalo. Una forma de intimidación para él, para demostrar que si no obedecía por las buenas, doblegaría su voluntad como lo hizo conmigo y de todos modos obedecería por las malas. Quería que nos uniéramos esa noche en el ritual de matrimonio por juramento inquebrantable. Colocó un hechizo de voluntad de fuego en las cadenas que tenía. Estaba jugando con el temple de Draco.— Hace una pausa— Dijo que nos dejaría libres si el demostraba que sus sentimientos eran reales, pero si no, entonces yo moriría quemada. Draco no pudo hacer el juramento porque tenía miedo. Yo sabía que aunque lo hubiera hecho, no habría servido de nada, pues la profecía dice que si la unión es por la fuerza, el poder de la unificación serviría para el caos, y si es una unión por amor, el poder de la unificación serviría para equilibrar y restaurar la paz. Era obvio que eso no le convenía a quien no debe ser nombrado, pero jugó con la mente de Draco y yo tampoco podía hacer mucho.— Hubo un breve silencio — El anciano se dirigió a Draco — ¿Es eso cierto, señor Malfoy? Draco asintió con los ojos vidriosos — Si, su señoría. Es verdad. — ¿Cómo logró escapar de las cadenas entonces?— Preguntó una anciana del wizengamot dirigiéndose nuevamente a Luna. — Utilicé animagia para liberarme de las cadenas. Los miembros del wizengamot revisaban los documentos que tenían frente a ellos frunciendo el ceño. — En nuestros registros no aparecen datos sobre su animagia — Dijo el ministro Fudge — Es que no soy animaga registrada. Iba a registrarme ese año, de hecho deberían tener la fecha de mi cita en el ministerio para el registro, iba a ser el 31 de Octubre, tan solo cuatro días después de lo sucedido. Los miembros del jurado revisaban de nuevo sus documentos mientras asentían. — A pesar de entender su complicada situación, usted sabe que ser animago no registrado es un delito que se paga con cárcel en Azkaban.— Dijo el ministro Fudge Entonces el director Dumbledore tomó la palabra — La chica huyó asustada de la presencia del señor tenebroso e hizo lo posible por mantenerse con vida ¿Y a usted le preocupa que sea animaga no registrada? ¿Sabe que hay otra animaga no registrada aquí? ¿En esta misma sala? Rita Skeeter, periodista del profeta. ¿Nunca se han preguntado cómo tiene acceso a información sensible que nadie podría saber? Se convierte en un pequeño escarabajo para espiar conversaciones ajenas y después despotricar en su periódico.— Dijo Albus Dumbledore mirando en dirección de Rita Skeeter, que había dejado de escribir con su vuela pluma teniendo intenciones de huir del recinto. La sala nuevamente se llenó de murmullos y todos los ojos se posaron desaprobatoriamente sobre la periodista. Nuevamente el ministro Fudge tuvo que golpear su mazo para llamar la atención de todos y que guardarán silencio. —Señorita Skeeter, si tenía intenciones de abandonar el recinto, le sugiero que permanezca sentada donde está. Cuando esté juicio termine, comenzará el suyo.— Expresó con severidad el ministro. Entonces Dumbledore volvió a posicionarse en el centro de la sala y comenzó a hablar — Salvar su vida, incluso si eso implicaba quebrantar una ley menor. Existen precedentes en el Wizengamot que establecen que, ante una amenaza inminente a la vida, la autodefensa puede justificar la transgresión de ciertas normativas. Luna Lovegood, en ese momento, no era una criminal, sino una víctima de secuestro y coacción mágica. —Además —continuó Dumbledore, mirando con severidad al ministro—, si revisan sus propios registros, verán que ella había solicitado formalmente su cita para el registro como animaga. Eso demuestra su intención de cumplir con la ley. Cornelius Fudge frunció el ceño, pero no replicó. Sabía que Dumbledore no hablaba sin pruebas. Una voz se elevó desde el fondo de la sala. Era Kingsley Shacklebolt. —Si me permiten agregar algo, durante años, el Ministerio clasificó la desaparición de la señorita Lovegood como un accidente muggle sin pruebas concluyentes. Nunca se investigó a fondo. Ahora vemos que eso fue un error lamentable. Los murmullos regresaron a la sala. Algunos miembros del Wizengamot bajaron la vista, avergonzados. La anciana bruja que había hablado antes carraspeó. —Señorita Lovegood... o más bien, señora Zabini, ¿podría explicarnos por qué permaneció oculta todo este tiempo? ¿Por qué no intentó contactar a alguien cuando recuperó su libertad? — ¿Por qué más sería si no? Miedo, tenía miedo. Me sentí seguida y observada aunque sólo era mi paranoia. Creí que sería lo mejor, es decir. Vi el cuerpo sin vida de Evana Wallace, una muggle solo un año mayor que yo, huérfana de padres y yo…me había quedado huérfana también. Evana tenía una vida bastante simple y yo…sabía que era cuestión de tiempo para que quien no debe ser nombrado me volviera a capturar si seguía con vida. Pero si yo moría…podía vivir tranquila, o al menos eso es lo que pensé. Luna respiró hondo. Su voz tembló un poco, pero se mantuvo firme. —¿Y por qué se casó con Blaise Zabini? —preguntó otra voz, esta vez con tono más acusador—. ¿Sabía que él había colaborado con antiguos mortífagos? Luna apretó los labios antes de contestar. — El creía firmemente en que era Evana Wallace, la chica muggle, “nos conocimos” en el restaurante donde trabajaba y después volvimos a toparnos en un estudio de tatuajes, donde también trabajaba. No hubo nada ligado a mi identidad pasada, fue tiempo después que decidí revelarle la verdad. Es decir, a él no le importó ser un traidor a la sangre por estar conmigo, una muggle. Y cuando supo que realmente era Luna Lovegood, aún así me perdonó y me aceptó. El era consiente del peligro que representaba para su propia vida el estar conmigo. Fudge golpeó el mazo. —¡Suficiente! Esta audiencia no es para debatir la moral de antiguos aliados del señor tenebroso o historias de amor. Dumbledore se puso de pie. —Pero sí lo es para establecer la verdad, ministro. Y la verdad es que Luna Lovegood fue víctima, no cómplice. El Wizengamot debe decidir si quiere seguir persiguiendo fantasmas del pasado... o empezar a reparar sus errores. El silencio se apoderó de la sala. Entonces, el juez principal asintió lentamente. —El Wizengamot deliberará. Esta sesión se suspende temporalmente. Se reanudará en dos horas. Los custodios se acercaron a los acusados, pero esta vez, con menos hostilidad. Luna miró a Draco, luego a Blaise. Ambos asintieron levemente. Aún había un atisbo de esperanza.
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