capitulo 8

2407 Words
En la nueva casa Zabini en el mundo muggle, Luna estaba desempacando sus cosas. Mientras platicaba con su ahora esposo. — ¿La esposa de Draco acaba de tener un bebé? Se casaron hace un año, así que no perdieron el tiempo,¿He?— Decía Luna — Así es, para ser un matrimonio arreglado solamente, yo diría que se entendieron bastante bien. — Decía Blaise — Supongo que el contacto físico es algo importante para llevarse bien. O quizá en su contrato se hablaba de tener un heredero y ambos estuvieron de acuerdo.— Dijo Luna — Y hablando de llevarse bien…¿Qué tal si nosotros ponemos en práctica eso?— Decía Blaise acercándose pícaramente a Luna — Ya sabes que una de mis condiciones fue que solo seríamos amigos viviendo juntos y solo unos cuantos besos en público por aquello de la prensa. — Aún tengo esperanza de que me quieras un poco, y tengo un año para lograrlo, señora Zabini.— Decía Blaise besando la mano de Luna. — ¿Crees que Draco ya vio el profeta y tú sutil tarjeta?— se ríe — “sin resentimientos” — El me corrió de su boda siendo el padrino de anillos, así que yo no lo invite a la mía. — Y fue una boda muy pequeña y para las fotografías solo estaban los chicos del local de tatuajes, aunque no negarás que hicieron el esfuerzo por ir lo mejor vestidos posible. — Eso no lo discuto. Incluso yo estaba sorprendido de que pudieran vestir y comportarse con elegancia. — A eso me refiero cuando digo que no hay que juzgar un libro por su portada. — Y tú eres el libro más complejo de todos, desde la escuela. — ¿Sabes? Pensé que Theodore estaría en la boda. ¿O tampoco lo invitaste? — Si lo hice, pero el dijo que casarme con la chica que se parece a Luna, mi amor platónico de adolescente que está fallecida se le hacía demasiado perturbador y no podía ser parte de esto. — Genial, entonces no tienes amigos. — Eso parece, solo te tengo a ti. — Le dice el moreno dándole un beso en la mejilla. — ¿No le enviaras a Draco algún mensaje para felicitarlo por el nacimiento de su hijo? ¿Enviar un presente? No digo que visitarlo, porque eso sería incómodo después de como terminaron las cosas entre ustedes. Pero que al menos parezca que de verdad ya no hay “resentimientos “ — Ser hipócrita nunca se me dio bien. — ¿Qué fue eso tan malo que acabo con su amistad? No has querido hablar abiertamente sobre eso . — Luna se cruza de brazos. — Nos dijimos verdades incómodas. — ¿Y alguna de esas verdades tiene que ver conmigo? Hubo un largo silencio por parte de Blaise. — Bien, tomaré tu largo silencio como un si. — Ese día ambos dijimos cosas hirientes y el me hecho de la boda. Y después me fui al bar muggle y bueno…desperté a tu lado. — Y henos aquí. ¿Puedo enviarle un presente en nombre de la familia Zabini? El bebé no tiene la culpa. — Si eso te hace sentir tranquila, no tengo problema con que le envíes algo. Luna salió a recorrer tiendas muggle para bebés y escogió mantas suaves y un hurón de peluche con baterías que simulaba respiración profunda y una luz cálida para ayudar a los bebés a conciliar el sueño, según le había dicho la empleada de la tienda. Decidió que era el regalo perfecto, así que solo quedaba lo más difícil, escribir una tarjeta. “Muchas felicidades por esta nueva etapa de sus vidas. Espero que podamos hacer a un lado nuestras diferencias pasadas y nos permitas ser parte de la vida del pequeño Malfoy. En nosotros siempre tendrá unos tíos que estarán dispuestos a cuidarlo y mimarlo.” Atte: Evana Zabini Draco recibió el paquete y tardó bastante tiempo leyendo la tarjeta. Algo dentro de él se inquietó al ver quién lo había enviado. La nueva señora Zabini, la chica tatuadora, la doble de Luna. Astoria estaba tan cansada y desmejorada, que estaba dormida, los medi magos decían que era mejor tenerla así. Debido a su enfermedad mágica que iba progresando. Draco y Astoria eran amigos, el siempre supo que la salud de ella era frágil. Así que al principio de su matrimonio, cuando ella le pidió tener un bebé, el no había estado de acuerdo. Sin embargo, ella expuso su deseo de ser madre antes de que su maldición la consumiera y fuera demasiado tarde. Así que él terminó aceptando. Pero le dolía verla así y tener la incertidumbre de cuando sería “el día” que ella partiera. Draco sostuvo el curioso juguete muggle y le pareció un invento ingenioso y tierno. Lo puso en la cuna del pequeño Scorpius y esté parecía estar cómodo con su nuevo amigo abrazable. Draco sabía que su esposa podría no volver a casa con ellos y eso lo devastaba. Si bien no la amaba, si la quería muchísimo y aunque sabía que no había cura para su maldición, una parte de él rogaba por qué Astoria aguantará un poco más. Después de releer varias veces la tarjeta y ver una y otra vez él nombre de Evana, pensó que si limaba asperezas con Blaise, al menos su hijo tendría en ella una figura materna. Decidió escribir de vuelta para que los Zabini fueran al hospital a verlo y hablar con ellos. La respuesta de vuelta, fue rápida. Y en menos de media hora a través de la red flu del hospital, la pareja Zabini había llegado. Le sorprendió que Evana no pareciera maravillada o confundida con el mundo mágico. Cómo si ya hubiera estado antes allí . Lucia elegante con un vestido verde esmeralda de gamuza largo hasta las pantorrillas, donde aún asomaban sus tatuajes. Las mangas eran largas y cuello alto, y aún así se podían ver algunos tatuajes de sus manos y cuello. Su maquillaje era oscuro y su peinado de los años cincuenta le quedaba bien, aunque se sorprendió sobre manera al verla rubia y con ojos grises en lugar de ser pelinegra y ojos marrones como cuando la conoció. Así, se parecía más a Luna. Todas las miradas se posaron en ella ni bien apareció en San Mungo. Blaise rápidamente entrelazó su brazo con el de ella y caminó con el orgullo de un slytherin, a pesar de que sabía que muchos murmuraban sobre su esposa muggle. — Evana, Blaise, que gusto volver a verlos. Nunca hubiera imaginado que ustedes dos terminarían juntos. — Supongo que algunas cosas están destinadas a suceder.— respondió ella — Luces un poco diferente, ¿Qué paso con tu cabello y tus ojos? — preguntó Draco — Me cansé de teñirlo y usar lentes de contacto — respondió Evana Draco se sorprendió un poco con la declaración de que ella era rubia y oji gris como Luna. Incluso dudó por un momento si Xenophylus Lovegood había separado dos hijas gemelas al nacer. Sacudió esos pensamientos y los hizo acompañarlo a su habitación privada, donde Astoria dormía y el pequeño Scorpius estaba en su cuna. En cuanto entraron por la puerta, Luna sabía que Astoria estaba muriendo. Luna tenía la capacidad de ver la muerte de las personas antes de que pasara. Lo supo desde niña, aunque no lo entendió al principio. Ella lo llamaba “ver el aura de la muerte “ La primera vez que lo vio, fue con su madre, Pandora Lovegood. La mañana que falleció, Luna había visto el aura azul alrededor de su madre pero no sabía porque solo ella podía verlo, a pesar de que le insistía a su madre sobre la luz azul que la cubría. Luna siempre se culpó por la muerte de su madre, si ella no hubiera estado insistiendo con eso, su madre no hubiera perdido la concentración en el hechizo experimental que le costó la vida. La segunda vez que lo vió, fue en el torneo de los tres magos, vió el aura de la muerte sobre Cédric Diggory. No pudo decirle a Dumbledore, pero le había dicho a quien creía que era Alastor Moody. Se sintió terrible cuando se descubrió que era Barty Crouch Jr. Otra muerte por la cual Luna se culpó. Si hubiera hablado a tiempo con la persona correcta, Cédric viviría. La tercera vez que lo vió, fue en la abuela de Evana, la mañana antes de que falleciera. Con su muerte, confirmó por tercera vez, que esa bruma azulada que ella podía ver cubriendo a una persona, era un indicador de que la persona moriría. Y ahora por cuarta ocasión, veía el aura de la muerte sobre la esposa de Draco. Evana caminó hasta la cama, donde estaba Astoria y sujeto su mano. Se presentó como la esposa de Blaise Zabini y le dijo que no se preocupara por su bebé. Qué sabía que Draco sería buen padre. Ella sintió como Astoria, apretó su mano débilmente. Draco la observó y no pudo evitar derramar una lágrima traicionera. Cuando Evana se separó un poco y sin Blaise en la habitación, ya que había salido a atender una llamada. Draco habló con ella en voz baja. — Dime, ¿Es tan evidente que ella no resistirá?— Draco estaba afligido. Evana lo abrazo para darle consuelo. — Puedo verlo. Ella no pasará de esta noche. Lo siento mucho.— Evana empezó a llorar mientras apretaba a Draco contra su cuerpo. Draco se sentía triste por Astoria, pero al mismo tiempo tenía una sensación extraña al abrazar a Evana. Sentía que no quería soltarla, sentía que abrazaba a Luna. Una electricidad recorrió su cuerpo y de pronto vinieron a su mente imágenes que no recordaba de hacia poco más de un año. La noche que Luna le lanzó el obliviate. Draco se separó de Luna y la miró con sorpresa. Tenía un cúmulo de emociones que no podía discernir en ese momento. — Luna — atinó a decir en un susurro Luna decidió darle la espalda, ignorando que el efecto del obliviate había desaparecido y sostuvo al pequeño Scorpius entre sus brazos. El bebé se acurrucó en su pecho, desde que nació no había sentido el calor de su mamá y sintió que ella lo era. Luna mecía al pequeño entre sus brazos y sintió que ya lo amaba como si fuera suyo. Miró a Draco, pero no pudo identificar lo que el rubio pensaba, parecía estar abrumado. — Prometo ser una buena tía para Scorpius. ¿Puedo ser su madrina? Draco solo asintió y miro hacia otro lado, intentaba tener control de sus sentimientos. En ese momento Blaise había entrado a la habitación, disculpándose porque había surgido una situación complicada en la fábrica automotriz de la que era dueño en el mundo muggle. Su cara denotaba que el asunto era serio. Pero al ver la aflicción en la cara de Draco, le dijo a su esposa que podía quedarse para acompañarlo. Draco decidió ignorar el hecho de haber recordado todo. Sabía que no era el momento o el lugar para hablar sobre la verdad. Así que se limitó a seguir fingiendo amnesia y se sentó junto a Astoria y sujetando su mano. Después de casi una hora, Evana había salido de la habitación para ir a la cafetería por algo de comer y regresó con algo para Draco. — Draco, deberías comer algo. Necesitas estar fuerte físicamente y…emocionalmente también. Creo que…deberías despertar a Astoria. Ella es consiente de que no le queda mucho tiempo, pero estoy segura que tiene algo que decirte y preferiría irse después de hablar contigo. — ¿Cómo lo sabes? No eres una bruja para saberlo.— Draco apretó los dientes al decir lo último, lanzando sus palabras cargadas de veneno. — No, pero soy una persona que ha tenido muchas pérdidas y entiendo un poco de la dinámica que existe entre la agonía y la muerte.— Evana intentaba mantener la calma. Entendía que era normal que Draco pudiera llegar a ser hiriente en esos momentos y lo único que necesitaba era un poco de comprensión y contención. — Para ser una muggle, no pareces perturbada por el mundo mágico. A no ser que todo sea una mentira para salvarte de tu destino — Tras decir estás palabras, Draco apunta su varita hacia Luna. Luna mantiene la calma y le da una sonrisa imperturbable, la típica sonrisa Lovegood. — Draco, no es el momento de pelear o reclamar nada. Entiendo tu dolor y lo comparto. Se lo que es perder a alguien que amas. Si nos necesitas, sabes a dónde mandar tu lechuza. Me retiro, ya que mi presencia te está afectando. — Acabo de recordar todo Luna. Todo esto se pudo evitar. — No. Se pudo evitar que te casarás con Astoria y yo con Blaise, pero no podías evitar que ella de todos modos muriera. — Pero no me dolería de la misma manera. Tu y yo estaríamos juntos y la profecía de la luz y la oscuridad estaría completa. Luna podía ver la oscuridad creciente dentro de Draco. Sus ojos grises como el acero, la miraba con odio y frialdad y otro sentimiento difícil de discernir. Una parte de ella sentía que era el dolor de su duelo anticipado lo que lo hacía actuar así. Abrazó a Draco y esté no la apartó pero tampoco le correspondió. Se despidió de Astoria y del bebé que dormía y salió de la habitación del hospital hasta la red flu para ir a casa. Horas más tarde, ya de noche en casa con Blaise. Recibieron una lechuza en el alfeizar de la cocina. Blaise desenrollo rápidamente el pedazo de pergamino. “Finalmente sucedió. Astoria acaba de irse. ¿Podrían venir a ayudarme por favor? Me siento solo y perdido en este momento. Atte: Draco Malfoy “ Luna y Blaise se dieron una mirada comprensiva y se tomaron de la mano para aparecer en el hospital nuevamente y apoyar a Draco con todo el papeleo correspondiente. No importaba en ese momento el problema que los llevó a distanciarse. Solo estaban apoyando a un viejo amigo en un momento de dificultad. Luna miró las estrellas y vio sus constelaciones entrelazadas y su expresión se ensombreció un poco. Las estrellas auguraban un futuro turbulento.
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