Evana estaba en shock, se paró rápidamente de la cama cubriéndose con la sábana mientras corría hacia el baño, sintiéndose adolorida.
Por otra parte, Blaise notó la mancha de sangre en la sabana de cajón y su expresión fue de sorpresa.
Por la apariencia de Evana, nunca hubiera imaginado que ella era virgen hasta esa noche. Zabini había estado con muchas chicas en el pasado, pero su “codigo moral” no le permitía tomar la primera vez de una mujer y ahora estaba en una situación delicada con la doppelgänger de Luna. Le costaba recordar que pasó después de su discusión con Draco.
No recordaba siquiera el momento embarazoso cuando sacó su varita para intimidar a los guardias de seguridad del bar muggle.
Si no hubiera sido por Evana, quien sabe que hubiera pasado. Todo era surreal para Blaise, necesitaba su pensadero para ver qué sucedió.
Pero se debatía entre esperar a que ella saliera del baño y hablar sobre lo ocurrido o simplemente irse como un cobarde. Intentó lo segundo, pero se recordó a si mismo que su cobardía lo alejó de la posibilidad de haber tenido algo con Lovegood. Quizá está era su segunda oportunidad en la vida.
Blaise finalmente se paró de la cama y con magia la acomodó mientras se vestía.
Por otro lado, Evana estaba bajo el agua fría de la regadera con la cabeza y los brazos apoyados en la pared, dándose ligeros golpecitos en la cabeza repitiéndose una y otra vez “¿Qué hice?”
Recordó cuando le dijo a Blaise por última vez en Howarts que sus constelaciones se entrelazaban, quizá en ese momento no lo sabían, pero en el futuro se volverían cercanos….y el futuro acababa de ser esa noche. Su primera vez entregada a Blaise y sin siquiera poder recordarlo.
Unos golpes en la puerta del baño la sacaron de su ensoñación.
— ¿Evana estás bien? Llevas bastante tiempo allí dentro.
— Estoy bien Zabini, puedes irte y olvidar lo que pasó. — gritó desde dentro
— Si así lo prefieres, me iré. Cuando estés lista, hablamos.
Después hubo silencio. Por lo que Evana intuyó que Blaise se había ido.
Evana tardó un rato más en el baño sintiendo que había hecho algo muy malo. Así que fue a la cocina buscando un té relajante.
De todas las malas decisiones que pudo haber tomado, está era la peor hasta el momento.
Y a pesar de todo, ahí estaba Zabini, en la mesa de la cocina con la mirada perdida mientras jugueteaba con un encendedor.
— Creí que te habías ido — Dijo Evana
— Realmente lo considere, pero hubiera sido poco caballeroso de mi parte.
— En el pasado no te hubiera importado.
— Hablas como si realmente me conocieras.
— No es difícil intuirlo. Un chico rico como tú por lo regular cree que todo lo puede solucionar con dinero. Y a juzgar por el documento bajo tus codos, creo que estabas considerando algún tipo de indemnización, ¿Me equivoco?
Blaise se sorprendió, era verdad. Estaba redactando un documento de pago por daños y perjuicios porque se sentía culpable por ni siquiera recordar cómo sucedió.
Evana tomó el documento de debajo de los codos de Blaise dándole un pequeño tirón para leerlo. Se sorprendió de ver qué estaba dispuesto a pagarle un millón de libras esterlinas. No sabía si sentirse halagada u ofendida por la acción. Luego de unos segundos, rompió el documento frente a Blaise.
— No soy una cualquiera para que quieras pagarme como si te hubiera vendido mi virginidad, simplemente sucedió y acepto parte de la culpa. No debí beber hasta perder el conocimiento. Si no tienes nada más que decir, creo que será mejor que te vayas. Y espero jamás verte de nuevo.
Blaise dio un suspiro pesado pero asintió derrotado. Esa no era la respuesta que esperaba. Creyó que ella estaría satisfecha con su propuesta o que incluso pediría más dinero, definitivamente se equivocó con ella. No era ambiciosa como pensó.
Y como si Evana hubiera adivinado su pensamiento, le dijo antes de que saliera por la puerta
— No deberías juzgar un libro por su portada. Que tenga todos estos tatuajes no significa que no puedo ser una persona honesta o hasta ingenua.
— Lo lamento. Mi intención no era ofenderte, si no reparar el daño. No soy tan mezquino como crees.
— ¿y me lo dice el hijo de la siete veces viuda?
Evana había dicho deliberadamente una verdad sobre Zabini. En este punto estaba cansada de fingir y después de haber compartido un vínculo profundo e íntimo aunque no lo recordaba ninguno de los dos. Pensó que podía decirle la verdad y al mismo tiempo el guardaría el secreto.
Blaise se sorprendió por eso. Nadie fuera del mundo mágico sabe esa parte de la historia familiar Zabini.
— ¿Cómo lo sabes? ¿No lo dije borracho o si?
— Borracho apuntaste con tu varita a los guardias del bar anoche, por eso te traje aquí, antes de que apareciera alguien del ministerio. — respondió Evana de forma sería, quitándose sus gafas.
— Pareces muy tranquila diciendo esto. Cómo si no fuera una sorpresa para ti el mundo mágico.— sacó su varita y apuntó a Evana de la forma que Draco lo había hecho.
— Anda, lanzarme un hechizo. No tengo varita para defenderme.
— ¿Quién eres realmente?
— Evana Wallace, tatuadora profesional. 23 años, sin familia.
— ¿En serio? Y si te lanzo un hechizo ¿Te defenderas?
— Inténtalo Zabini
Blaise volvió a entrar y cerró la puerta del departamento. Ella se había cruzado de brazos. El no dejaba de apuntarle, analizando que hechizo lanzarle.
— ¡Revelio! — gritó Blaise y una luz blanca azulada impactó a Evana de lleno, ella cerró los ojos.
En ese momento, el cabello y los ojos de Evana cambiaron de color y algunos tatuajes desaparecieron. Cuando ella abrió los ojos, el pudo ver el gris de sus ojos.
Blaise abrió la boca con sorpresa incapaz por unos segundos de pronunciar palabras e incluso sus piernas le fallaron y cayó al suelo.
— ¿Luna? — Dijo finalmente después de casi un minuto.
Luna le dio una sonrisa ladina.
— Hace cinco años te dije que nuestras constelaciones estaban entrelazadas y seguro seríamos unidos. Y al parecer las estrellas no se equivocaron. Lo que pasó anoche estaba destinado a suceder, supongo.
— Luna, ¿Cómo es posible? Yo vi tu cuerpo, incluso te cargué hasta Howarts…
— No…en realidad la verdadera Evana murió ese día a causa de un auto. Cuando me aparecí en el Londres muggle ya la encontré muerta. Al ver el increíble parecido entre las dos, decidí que tomaría su lugar y viceversa. Sentí que era mi manera de escapar de Voldemort y de la profecía que me une a Draco.
Ahora él ya está casado con alguien más. Solo queda que Harry Potter pueda acabar de una vez por todas con él y entonces podré ser totalmente libre.
— Has vivido como muggle todo este tiempo
Blaise ríe con amargura.
— Draco y yo sufrimos mucho por ti, por nuestros sentimientos no expresados y después…todo lo que dije en tu antiguo departamento en Londres ese día…¿Y aún así no me recelaste la verdad? Me viste sufrir evocando mis sentimientos por ti…y después supe que Draco estuvo contigo también…pero algo debió pasar porque no recuerda nada dura de entrar y salir de tu departamento.
— El me descubrió esa noche y lo desarme y le lancé un obliviate con su propia varita.
— ¿ Y pretendes hacer lo mismo conmigo? Lanzarme un obliviate para olvidar todo esto.
— No creo que me dejes acercarme lo suficiente para quitarte la varita.
— Entiendo. Tu rompiste tu varita esa noche que “moriste”. Y ciertamente, no dejaré que me hechises más de lo que ya has hecho. No importa si eres Luna o Evana. Tienes un efecto sobre mi, que incluso yo no quisiera.
— Lo lamento. Realmente no estoy haciendo nada mágico.
— Lo sé. — dijo Blaise guardando su varita en un bolsillo de su saco.
— Adiós Blaise. Y por favor…guarda el secreto.
Blaise se acercó a Luna y la besó. Ella no puso resistencia. Fue un beso dulce y suave.
— Siempre te amé Luna Lovegood.
Blaise dio media vuelta y salió del departamento de Luna.
Y ahora no sabía que hacer. Una vez que el moreno salió, ella comenzó a llorar, sintiendo que muchos sentimientos la abrumaban, como la frustración, el miedo y sentirse dividida entre Draco y Blaise.
Los días transcurrieron con normalidad y no había vuelto a saber de Blaise o de alguien del mundo mágico que estuviera por sus alrededores.
Un día caluroso, pasado un mes desde la última vez que vio a Blaise, estaba sentada en un restaurante tomando el almuerzo mirando a la nada, cuando un hombre mayor, bien vestido se sentó frente a ella. Con esas ropas, sin su sombrero y la barba y cabello perfectamente peinados, no lo había reconocido hasta que el anciano habló.
— Cuánto tiempo sin verte jovencita. Tu repentina y trágica muerte me afectó tanto como a tus amigos. Y aquí estás…frente a mi, cinco años y medio después y con varias modificaciones corporales, debo decir.
— ¡Profesor Dumbledore! — Dijo Luna con sorpresa — ¿Cómo lo supo?
— Blaise Zabini vino a verme y me lo contó . Entiendo cual fue tu motivación para mantenerte oculta a plena vista y no te culpo. De hecho estoy estupefacto por tu astucia. Digna Ravenclaw resultaste. Ahora ya no hay razón para estar aquí. Podemos protegerte en la orden del fénix. Vuelve a casa,a tu mundo, donde perteneces.
Luna le da una sonrisa al profesor Dumbledore
— Estoy en casa. En mi mundo. Aquí es donde pertenezco.
El profesor Dumbledore asintió y le entregó una caja larga y pequeña.
— Cuando estés lista para volver. Úsala.
El profesor Dumbledore le dio unas palmaditas en la mano a Luna y se retiró. Cuando Luna abrió la caja, no pudo evitar llorar. Era una varita igual a la que había roto cinco años y medio atrás.