No doy crédito 3

1988 Words
La primera en correrse fue Emma, después yo. German intentaba introducir la lengua todo lo posible en mi agujero n***o. En esas estaba cuando eyaculó en la vaglna de Emma. Nos incorporamos todos y Javi colocó a Emma de pie en el suelo, le dijo que se apoyara en el brazo del sillón y empezó a embestirla como un animal por el culo, hasta que se corrió. Esa noche, ya en casa, con German dormido a mi lado en la cama, me asaltaron las dudas. El primer día las cosas habían surgido, pero lo de esa tarde había sido premeditado, casi como una orgía. Empezaba a dudar de que nuestro comportamiento estuviera bien visto por Dios. Y lo peor de todo ¿Cómo se lo íbamos a consultar a nuestro consejero espiritual? El caso es que permanecí en vela toda la noche y soy un mar de dudas. Habían pasado dos semanas desde la última vez que había visto a Emma. La semana anterior German tenía que salir de viaje de trabajo con la posibilidad de que me fuera con él a gastos pagados por su empresa. No lo pensé y me fui con él. Era martes, el día que nos habíamos asignado para la limpieza del centro de culto. Cuando llegué no había nadie, así que empecé a preparar las cosas para ir limpiando mientras llegaba Emma. Me dio dos besos al entrar y la noté rara, no era la misma de siempre. Me dijo que me tenía que contar algo y no sabía por dónde empezar. La semana anterior había coincidido con Ricardito, como le llamaba su madre, el chico que se ocupaba de las labores de mantenimiento cuando le necesitábamos. Era hijo de un matrimonio de la congragación y aunque no profesaba nuestra fe y creencias, se ocupaba gratuitamente a requerimiento de sus padres. Era un chico grande y fuerte, con cuerpo de gimnasio, tatuajes y la cabeza afeitada. La verdad es que yo siempre pensé que era gay por sus ademanes un poco femeninos. Me contó que la semana anterior, cuando vio que estaba sola, se le acercó y le dijo que quería que le hiciera una mamada. Su primera reacción fue reprenderle como si estuviera en su derecho al tratarse del hijo de una compañera de rezos. Él se adelantó y la cogió del pelo tirando hacia atrás amenazadoramente. Antes de que pudiera reaccionar la estaba pasando la lengua por el cuello y la había puesto una mano en el pecho. No conseguía reaccionar porque la cosa cada vez iba a más. Se encontró con la cara del chico delante de la suya y la cubrió la boca entera con sus labios, al tiempo que la presionaba con su lengua los labios y dientes para que le dejara entrar. Entonces le dio un empujón y consiguió separase de él. Le insultó y le dijo que eso no se iba a quedar ahí y que diera gracias a que no quería perjudicar a sus padres porque lo que debería hacer era denunciarle por acoso a la policía. El chico la miró con cara de guasa y la dijo que estaba seguro que de que eso no iba a pasar porque tenía un video en el móvil que estaba deseando pasar a todos sus contactos y eso perjudicaría al menos a dos miembros de nuestra comunidad religiosa. La puso el teléfono delante de sus narices y le dio al inicio. En la pantalla aparecimos Emma y yo chupándola el sexo en la misma habitación donde estábamos en ese momento. Le dio al avance rápido y allí estaba ella entretenida acariciando el mío. El muy cerdo nos había grabado sin que nos diéramos cuenta, pensando que estamos solas. El chico volvió a repetir que quería que le hiciera una mamada. Emma se quedó tan paralizada como avergonzada y las mejillas se le pusieron coloradas. Prácticamente no le dio tiempo a reaccionar. El chico ya tenía los pantalones en los tobillos y la polla fuera de los calzoncillos. Se la masajeaba de arriba abajo con una mano y la otra se la puso en el cuello para acercarla la cara. Llegado el momento decisivo abrió la boca y la engulló. Empezó a follarla chocando con la punta en la garganta. La verdad es que tenía una polla muy grande, la mayor que ella había visto. Cuando la tuvo dura de verdad, la dijo que se levantara la falda y se quitara las bragas porque le apetecía follarla antes de volver a metérsela en la boca. Ella ya había perdido toda esperanza de hacerle razonar y el miedo a que se hiciera público el video, era mayor que la vergüenza por la vejación a la que la estaba sometiendo. La exigió separar las piernas y dijo apoyara las manos en la mesa e inclinara el cuerpo. La metió dos dedos en la vaglna para ver si estaba suficientemente lubricada. Un dedo la masajeó el clítoris y empezó a destilar flujo inconscientemente. Se la metió hasta dentro de un solo empujón y la dejó sin respiración, no conseguía tomar aire. Fue como si le metieran un bate de beisbol de golpe sin haber empezado a acoplarse a las dimensiones. La verdad es que consiguió hacer que ella se corriera dos veces y después eyaculó en su boca, haciendo que se la limpiara después con la lengua. La muy guarra disfrutó de lo lindo con Ricardito, aunque de eso no me enteré hasta más tarde. Le dije que qué horror lo que había tenido que pasar. Maldije al Ricardito de los cojones y lancé todo tipo de improperios contra él. Dije que esperaba que con lo que la había hecho el chico se diera por satisfecho y las dejara en paz. Al ver la cara de Emma supe que no era sí. Me dijo que estaba al llegar y quería follarnos a las dos y ver cómo nos tocábamos entre nosotras porque le daba morbo. Se me cambió el color de la cara en el mismo momento que entraba por la puerta saludándonos con guasa. Ambas le miramos como si fuera nuestro verdugo y nos fuera a ajusticiar. Dejó su mochila en la misma mesa donde se había follado a mi amiga. Me preguntó si estaba al corriente de cómo estaban las cosas y asentí con cara de pánico. Dijo que no tuviera tanto miedo, al fin y al cabo, íbamos a disfrutar tanto como él. Y si no que se lo preguntara a Emma. La miré a modo de pregunta de a que se refería y ella bajó la vista al suelo. No había lugar al error, había disfrutado. Nos dijo que nos quería completamente desnudas y empezáramos a acariciarnos los coños, nos quería mojadas desde ese mismo momento y obedecimos las dos. Se acercó a mí y me guio la cabeza hasta los pechos de Emma, aplastándomelos contra la cara y diciéndome que los chupara. Cuando me metí el pezón en la boca ya estaba duro como una piedra. Le dijo a Emma que se tumbara encima de la mesa boca arriba y a mí que la chupara el coño, mientras se colocó detrás de mí y me la metió como había hecho con ella una semana antes. Entonces entendí lo que sintió y la disculpé por haber disfrutado. Era increíble sentirse invadida por semejante polla. Noté tan tensa la piel de la vaglna que pensé que me iba a desgarrar, pero no sentí dolor, sino unas ganas tremendas de correrme con aquello dentro. Cuando Emma empezó a gemir por los efectos de mi lengua en su sexo hizo que paráramos e intercambiáramos las posiciones. Lamenté tremendamente cuando sentí la polla abandonando mis entrañas. Un poquito más y me habría corrido. Emma me puso la boca en el sexo y cuando me iba a empezar a chupar se puso a gritar suplicando que no se la metiera por el culo. Sacó un tubo de lubricante de su mochila y se lo puso en el ojete, aplastándolo para aplicarle un buen chorro. Lo esparció con la punta de la polla y volvió a presionarla en el ojete. Ella volvió a rogarle diciendo que la iba a desgarrar, cuando se calló de repente y al momento gritó. Se la había metido entera y empezado a bombearla. Los gritos pasaron a susurros y su lengua empezó a hacer estragos en mi sexo consiguiendo que me corriera. Estaba tan excitada que a veces me mordía el clítoris y no había dios que lo aguantara. Ella también se corrió a base de embestidas con aquella tremenda polla en el culo y finalmente él eyaculó en sus intestinos. La obligó a ponerme el culo encima de mi cara y me dijo que la lamiera todo el semen que expulsara. Se puso delante de mí y me la volvió a meter sin ningún miramiento. Caliente como estaba, consiguió con sus arremetidas dentro de mí que me corriera de nuevo. Nos dijo que nos tumbáramos en la alfombra en posición del sesenta y nueve y nos chupáramos. Nos iba penetrando alternativamente a una y a otra por delante o por detrás, a su antojo. Cuando nos la sacaba se la metía en la boca de la que chupaba y se cambiaba de sitio para follarse a la otra. Al final me hizo tumbarme encima de Emma y nos obligó a besarnos en la boca. Cuando estuvo listo para correrse otra vez, metió la polla entre nuestras bocas y eyaculo obligándonos a tragarnos el semen. La verdad es que el sabor era más agradable que el de nuestros maridos, más dulce. Disfrutamos hasta dejarle completamente limpio. Negociamos con el borrado del video que nos había grabado porque nos habíamos sometido a todos sus caprichos. Nos miró condescendientemente y dijo que efectivamente habíamos cumplido con nuestra parte sobradamente. Encendió el móvil, accedió al video y mostrándonoslo, lo borró. Nos hizo prometerle que no le diríamos nada a sus padres, no por él, sino por ellos. Ambas lo prometimos por la cuenta que nos traía. Se despidió con un beso en los labios a cada una y nos dejó una tarjeta de visita de su negocio con los teléfonos fijo y móvil. Nos dijo que le llamáramos sin compromiso cuando necesitáramos de sus servicios y se marchó. Nos miramos las dos y nos echamos a reír. Lo que había empezado como una violación casi había acabado en la mejor sesión de sexo que recordaba, incluidas las vividas últimamente. Las dos nos apuntamos sus teléfonos en el móvil y rompimos la tarjeta. Limpiamos lo imprescindible porque se nos habían hecho las tantas y cuando acabamos, aún nos animamos a comernos una a la otra una vez más. Antes de salir por la puerta le mandamos un mensaje a su móvil diciéndole que había sido un placer y le esperábamos el martes siguiente a la misma hora. La respuesta no se hizo esperar. “Allí estaré”, decía. Una vez más, de camino a casa en el coche, me asaltaron los remordimientos. Aquellas sesiones de sexo salvaje no podían estar bien vistas por dios. Y si lo estaban, es que dios lo estaba haciendo mal y nos consentía demasiado. Por otra parte, si el creó el mundo, porque nos puso tanta tención delante. Eso de que para probarnos siempre me pareció poco probable. Al llegar a casa me encontré con German en la cocina acabando de hacer la cena y con una copa de vino en la encimera de la cocina. Me dijo si quería que me sirviera uno y le dije que sí. Dijo que en diez minutos estaba la cena en la mesa y que me daba tiempo a darme una ducha. Sabía lo que aquello significaba. Tenía ganas de follar y yo no tenía conciencia para negárselo después de haberme corrido tres o cuatro veces esa tarde. Cenamos y mi postre su polla, con cremita y todo.
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