Sueños sin rumbo

427 Words
─Vamos. Ya es el momento─ me dijiste y extendiste tus garras al vacío. Yo peleé con mis miedos y mis dudas mientras tus alas desplegadas rompían el sigilo de la noche. El tenue resplandor de las luciérnagas opacaba mis exiguos brillos. Estaba cansado de vagar en busca de un futuro cada vez más lejano. Hallar un hogar se había tornado tedioso y repetitivo. Anhelaba el calor de un rincón propio. Así llamase a un guijarro almohada, me bastaba con que fuese solo mío. Mío. ¡Qué bien sonaba esa palabra y, a la par, cuán lejana y absurda! Durante los meses veraniegos, nos habíamos gastado las patas en los confines de varios mundos. Algunos eran repulsivos; pero en otros valía la pena vivir o, al menos, intentarlo. ─Vamos─ repetiste; y yo accedí por inercia, para que tus ojos no refulgiesen iracundos. Hace mucho comprendí que, aunque dentro de mí se levante una protesta, prefiero mantener el silencio. He aprendido a callar no porque sea débil, sino a causa de tu insondable llanto. El fin de todo discurso es que te amo. Prefiero doblar mi rodilla y cazar tus fantasías en lugar de mostrarte la ruta a un sitio común. He aprendido a conocer tus mohines recelosos y a escuchar las palabras que se esconden tras tu mutismo. Sé cuál es la causa que te impulsa a moverte de un terreno a otro. Ninguno de ellos te parece el indicado para construir un nido. Sin embargo, ya llevábamos veintidós días en la percusión de tu sueño. Era demasiado tiempo de vuelo para un par de gorriones. Nos arriesgábamos a ser devorados por depredadores furiosos, a perdernos en un rabo de nube, o a calcinarnos con el ardiente sol de estos cálidos meses. ¿Acaso no entendías que la vida se nos iba? Dentro de poco dejaríamos de existir, nos convertiríamos en polvo y regresaríamos a la tierra. Esa sería la principal razón para aprovechar el presente. «¡Por favor, ya detente!», suplicaron los temores más oscuros dentro de mis ansias. ─Si lo deseas, podemos descansar un poco. Tengo un buen presentimiento. Sé que estamos cerca de encontrar nuestra casa. Antes de que llegue el otoño, empollaremos los huevos─ insististe con el trino de un sinsonte atrapado en la garganta. La negativa se quedó pegada en mi pico. Nunca pensé que uno de los últimos veranos de mi vida lo pasaría entre las nubes y sin rumbo fijo, pero no se me ocurrió algo mejor que estar junto a ti. Mientras tuviese un átomo de fuerza, continuaría volando.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD