Cuidando De Ti

1720 Words
Emily Ross Las emociones han avanzado de una manera que estar sin él es como si me hiciera falta el oxígeno, por alguna razón estar juntos me ha hecho amarlo cada día más lo que significa que el miedo se incrementa al tamaño de una montaña. —¿Cómo te ha ido con Ethan? —la pregunta de mi amiga me desconcierta, ella sabe lo que pasa en nuestro alrededor ¿Habrá visto algo que yo no? —Todo está bien, listos para el baile de graduación. —¿Que color usarás? — Típico de ella, no quiere que tengamos el mismo color, ya me he acostumbrado. —Aun no lo sé, prefiero vestir según modelo del vestido, ya sea del color que sea. —No puedo estar escuchando esto ¡Por dios! —rueda sus ojos y se nota que quiere ahorcarme — Emily debes tener un color de idea, y ni hablar de que quieres mostrar cuando te vean con ese vestido. —No exageres, además que iremos juntas a comprar mi vestido. — Pensé que llevarías a tu madre, recuerdas la conversación que me contaste. —Lo hice solo para sacarla del paso, prefiero llevar a mi padre antes que a ella. — No digo nada más, mantengo mi boquita cerrada —hace seña de cerrar su boca con una cremallera en sus labios. Veo como Ethan se acerca a nosotros con una rosa roja en sus manos, se ha dedicado a darme una cada día y ahora que lo pienso no me imagino regresar a casa sin una en mis manos. —Un día más amando a mi querida rosa apasionada, llena de lujuria y amor completamente para mí —escucho atentamente sus palabras como cada día. —Y yo recibiré amor y deseo del portador de estas rosas cada día que despierte en este mundo, porque él me hará feliz sin importar nada en nuestro alrededor. —Con cada rosa que entrego en tus manos te adueñas de mi vida, por qué tú Emily eres la única que me hace arder en el infierno de tu cuerpo. Él se acerca y me da un beso suave que se intensifica con el pasar de los segundos, una rosa cada día que me llena de felicidad, una rosa que me tiene envuelta entre el camino correcto del amor, un hombre en mi vida, soy la chica de las rosas rojas de un hermoso jardín construido por Ethan. Emily: la chica de las rosas rojas. Cada día se escucha el cuchicheo de las chicas de la escuela, muchas dicen querer tener un novio como Ethan, según el príncipe que muchas desean tener y que en estos meses y justo ahora es solo mío. —Emily ¿Quieres ir a cine? Escuché que hay una nueva película. —Si, no hay problema. —Bien paso por tí a las 7 —comentó y yo solo asentí. —Que les tocó mis señores, un poco de las canciones del Titanic o mejor una balada para que bailen frente a mi — Jimena interrumpe mis labios que iban a decirle algo. —No exageres —comenta Ethan — búscate un novio para dejes de estar amargada. —¿Novio? Estás loco, eso es como ponerme una soga en el cuello, y suicidio no cometo, después no puedo entrar al reino de Dios —ambos nos reímos ante sus palabras. —Querida amiga, yo ya creo que tú no entras allí —digo con total sinceridad. —¿Quien dice que no puedo? —Yo lo digo, si quieres te digo las razones del porqué no puedes. —Mejor no, no creo que sea tan malo arder en el infierno. —Bueno las dejo para que sigan hablando sobre los pecados de Jimena. —Tu también eres un pecador —noto como ambos se miran y no dicen nada más. Ethan se aleja para regresar a sus clases, aunque creo que ya es la última. —Hable con mi padre para comprar un auto. —¿Y que te dijo? —veo la pequeña sonrisa de mi amiga, y sí ambas queremos que yo tenga un auto para la universidad. —Que cuando esté en la universidad, lo que significa un sí en su lenguaje. —Bueno habrá que esperar. Noto que mi amiga está extraña, sin embargo sé que cuando ella se sienta bien para contarme lo que tiene, lo hará, hemos tenido el código de esperar que la otra hablé cuando crea correcto para si misma. Los minutos pasaron y la clase de literatura estaba acabando y agradecía por ello, sentía cólicos horribles, y ni hablar de las náuseas que sentía gracias a mi periodo que estaba cerca de llegar. ¿Para que inventaron eso? Sangrar cada mes ¡Que mierda! Es lo peor que pudieron hacerle a nosotras las mujeres. Creo que cancelaré la salida con Ethan si sigo así, los cólicos son tan fuertes que no logro aliviarme un poco aún cuando ya tomé una pastilla para el dolor, tenía ganas de ir al cine y justo tenían que comenzar los síntomas premenstruales hoy. —¿Cómo sigues? — preguntó Jimena acercándose a mi cuando la clase acabó. —Sigue doliendo, no se quita el cólico de mierda que tengo. —¿Estás segura que no te bajó? Vayamos al baño —sugiere ella ofreciendo un brazo donde apoyarme. —Está bien. Me levanté de la silla y nos dirigimos a los baños más cerca, para ir al baño y no no me había llegado mi menstruación pero el cólico era tan fuerte que pensábamos que había sido así. Salí del baño y le pedí a Jimena que le dijera a Ethan que me llevará a casa en su auto, no tenía ánimos para esperar el autobús. Mi paciencia justo ahora era mínima, mi humor comenzaba a sentirse diferente, y eso no me gustaba así que prefería irme a casa antes de explotar. —¿Puedes llevar a Emily a su casa? —escuche que hablaba con él mientras me sentaba en una de las sillas de cafetería —Esta bien, estamos en cafetería —termina de decir y la llamada termina. —¿Ya viene? —Pregunte mientras comenzaba a sentir dolor en mi espalda baja. —Si, justo acababa su clase. —Bueno acompáñame mientras él llega, por favor. —Solo tú piensas que te dejaré aquí sola —suelto una mínima sonrisa. —Sabia que no lo harías pero quería asegurarme. Vimos luego de unos minutos llegar a Ethan con su bolso vinotinto y su cabello rizado perfectamente acomodado. —¿Cómo sigues? —pregunta acercándose a mi, dejando a la vez un beso en mi frente. —Sobreviviendo como todos los meses —conteste con un poco de ironía aunque no era mi intención hacerlo. Él me levanto de la silla y nos dirigimos a su auto, y sentía que mis piernas dolían un montón, sin duda necesitaba irme a casa y acostarme en cama y despertar sin dolor alguno. —Creo que deberías tomarte otra pastilla, tal vez una más fuerte. —No tengo mas — era cierto no tenia. —Yo tampoco, no estoy ni cerca de esos días. —Ok, vayamos a la farmacia por otra pastilla. —No traigo dinero —dije preocupándome por eso. —No dije que la pagarías tu cariño, yo te compraré varias. No dije nada más sentí que comenzaba a tener un poco de sueño, y me quedé dormida, abrí mis ojos cuando la voz de Ethan comenzó a decir que habíamos llegado a la casa. El abrió la puerta de la casa y me acompaño hasta la habitación y sentía a mis padres detrás de nosotros cuando llegamos a mi habitación me acomode en cama luego de que me había quitado los tenis que traía puestos. —¿Que paso? — pregunto mi padre, creo que me veo demasiado enferma para hacer que él pregunte. —Me dijo que tenía cólicos fuertes y se veía mal, la traje a casa para que descanse un poco. —Gracias por cuidarla —le dice mi padre. —No tiene porque agradecerme, usted sabe cuánto aprecio y quiero a su hija. El se acercó para despedirse y darme un beso en los labios, uno corto pero que me hizo sentir bien, me hizo sentir querida por él. Luego de irse quise dormir y tratar de olvidar el dolor que sentía, me sentía tranquila de estar en casa no hice más y cerré mis ojos para hundirme en un sueño casi profundo. — Estuve soñando —dije en voz alta cuando mis ojos se abrieron de golpe. Ese sueño, fue extraño yo vestida completamente de n***o sentía mi dedo arder por el pinchazo de una espina de la tantas rosas que había recibido, la sangre corría por mi dedo sin embargo las lágrimas ya no salían sentía que era señalada por muchas mujeres pero Jimena permanecía a mi lado, ambas sonreímos después de aquel dolor que aún no sabía cómo me había sucedido. Alejé ese sueño y quite los malos pensamientos, nada malo puede ser esto quizás tenía el sueño pesado e imaginé muchas cosas mientras lo hacía. Me dirigí al baño y vi mi ropa interior manchada de carmesí, el sueño quería decirme eso así que reí como loca en el baño mientras abría la regadera y comencé a darme un baño. Cuando salgo de mi habitación veo que ya es de noche, y se encontraban sirviendo la cena. Olia a pastas por todo el comedor y mi padre era quien servía la cena. —¿Te sirvo? —pregunto cuando me vio bajando por las escaleras. —Por favor —dije. Sentía mi estómago rugir como nunca, no había podido comer algo durante el almuerzo y hasta ahora fue que desperté y tenía demasiada hambre como para rechazar un poco de cenar. Cenamos todos excepto mi madre que aún no sabía porque no estaba con nosotros. Tendría que ser otra de sus salidas misteriosas de cada mes. Algún día todo saldrá a la luz y no habrá vuelta atrás para mis padres, la hipocresía que tiene junto a mi papá me tiene cansada, no me gusta verlo dormir solo, sentir frío cuando la tiene a ella.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD