Xandro Ross
—¿Hace cuánto lo hizo? —Cuestionó Ivonne, tratando de obtener respuestas de mi, no estaba enterada de nada y eso me generaba todavía más expectativas a su posible enojo y en cierto punto logro comprenderla, es mi esposa y la madre de mis niñas pero debo reconocer que ella solo ve a Arantxa y yo no puedo dejar que Emily sienta esa falta de amor.
—Hace un año — llegué a escuchar murmullos en ella y se pudo oír cada uno y cada vez me sorprendía el como le echaba toda la culpa a Emily y no era capaz de verse así misma, como no darse cuenta que ha fallado como madre con ella.
—¿Cómo no fuiste capaz de comentarme ese gran dato? Fue hace tanto y no sé siquiera cómo terminó siendo para ella su primera vez. —Un dato un poco innecesario ¿Quien quiere ese tipo de detalles en la vida s****l de nuestros hijos?
—No te preocupes, todo estuvo muy bien. —respondí con total tranquilidad.
—¿Cómo es posible que no me haya tenido confianza? ¿Por qué tú y no yo? Soy mujer, puedo entenderla a la perfección y aún así se acercó a ti. No comprendo absolutamente nada; ¿Cómo es que no fuiste capaz de contarme? Si ella no me contó nada por lo menos debiste decírmelo, eres mi esposo porque no me lo dijiste. —Me señalaba con su índice pegando mi cuerpo cada vez más a la pared de nuestra habitación.
—Se me olvidó, la verdad fue hace tanto que no recuerdo qué sucedió. —Si recuerdo, y si la espere para contarle, simplemente ella fue quien no llego a casa esa noche.
—Por otro lado, ¿Sabes con quién pasó la noche? No te contó con quién se iría ayer por casualidad.
—No sé, luego hablaré con ella. —Trataba de calmarla de alguna manera, no quería que explotará con esa necedad que tiene en su cabeza en estos momentos.
—¿Seguro que no sabes nada? Porque te gusta encubrirla mucho. —Se notaba el enojo y el dolor en su voz, pero me he sentido ofendido yo no encubro a mi hija siempre le he enseñado sobre la responsabilidad.
—Me dijo algo sobre salir a cenar, ya de quedarse fue como un impulso del momento. Son jóvenes no te molestes mucho, además en nuestra juventud tampoco fuimos santos a los que se les pasará rezando.
—Tampoco me vengas con eso, porque ninguna de las dos tiene el derecho de actuar como zorras hambrientas, y eso siempre se los he dicho a ellas.
—¿Y tú crees que hablando de esa manera te tendrán en cuenta? Por qué me parece muy feo que llames hipotéticamente a tus hijas zorras hambrientas, edúcate un poco para que uses otro vocabulario con ellas.
Salí de la habitación hecha una furia, sentía que Ivonne estaba colmando mi paciencia y no quería saber todo lo que podría decirle en medio del enojo porque tengo tantas cosas guardadas dentro de mi que sinceramente siento que no podré guardarla por más tiempo. Aún veo en mi rostro la mirada y las palabras de Emily cuando su madre le dió esa cachetada que incluso a mí me ha dolido, mi pobre niña debe estar triste y molida por dentro, y simplemente así la confianza de madre e hija se va perdiendo de a poco.
Esa confianza que ella y yo tenemos se ha ido construyendo de pedacitos, porque de cierta manera como padres nos ayuda siempre a tener un vínculo para contarnos incluso en dónde se encuentra y en estos tiempos donde nunca se sabe que puede pasar mientras andan por allí es mejor siempre saber dónde y con quién estarán.
Camine hasta la cocina en busca de un poco de hielo para su mejilla porque aunque la envié a dormir se que debe estar despierta, siempre me ha dicho que cuando siente mucho en un momento no puede dormir hasta que no se calme. Así que este es momento de hablar y ayudarle a calmarse para que pueda descansar un poco.
—¿Puedo pasar? —Pregunté al dar dos toques en la puerta con ese gran letrero de «NO PASAR ADOLESCENTE MALHUMORADA» que yo mismo le ayude hacer como otros diferentes.
—Si —logré escuchar por lo bajo.
—Te traje un poco de hielo —dije mientras cerraba la puerta de nuevo.
—Gracias —susurro y logré ver qué sus lágrimas habían sido ya derramadas.
—Mi niña, estuviste llorando. Se que tú mamá no quiso hacerlo simplemente se le fueron un poco las luces, te aseguro que esa no era su intención.
—Papá yo sé que lo hice estuvo mal, lo comprendo pero porque golpearme por haber tenido una confianza contigo, tu eres mi papá y me ofende que diga que por ser hombre tu no me puedes aconsejar.
—Lo sé, pero ella se sintió mal por haberse perdido ese momento de madre e hija.
—Pero no da para que te señale de esa manera, yo muchas veces la busque y no estaba siempre eras tu quien encontraba y por eso te tengo esa confianza papá —tomó mi mano.
—Aun así, haberle hablado a tu mamá de esa manera estuvo mal.
—Lo siento, no quise reaccionar de esa manera en mi cabeza sonaba más educado —sonrió un poco —y tu sabes que yo no soy de exaltarme de esa manera pero, mi mamá está en mundo totalmente diferente al nuestro; como es que no logra notar lo ausente que ella puede llegar a ser conmigo, esa conversación de vida s****l debía haberla contado mucho antes de que yo te buscará, y tú sabes que es así.
—Yo se que tienes la razón, pero aún así no fue el momento para sacar todo eso que tú corazoncito tenía guardado o bueno esa parte que hablaste.
—Te juro que trataba de calmarme pero cuando sentí que me pegó allí si se me fue capaz de controlar lo que estaba sintiendo, y mientras más me gritaba mi ira crecía más.
—Pero gracias a eso la lastimaste, ella ausente o no es tu madre y haberle sacado todo eso como bomba no fue lo correcto.
—Lo sé, de verdad que lo lamento mucho pero ya no puedo devolver el tiempo como para reaccionar diferente.
—Bueno. Ahora cuéntame ¿Por qué pasaste la noche fuera de casa? Me habías dicho de salir a cenar, y que regresarías después de eso.
—Es que… lo que pasa es que me estaba sintiendo bastante cómoda con él. Me llevó a un lugar alto para poder ver un poco la ciudad y nos dejamos llevar hasta que nos quedamos allí toda la noche.
—¿Te gusta? —Pregunte aunque sé de primera mano que no es de admitir algo de buenas a primera pero nada perdía con intentarlo.
—¿Quién? —Su cara lo decía todo.
—El chico con quién saliste anoche ¿Te gusta él? Porque nunca te habías revelado de esa manera por cualquier amigo.
—Siendo sincera conmigo misma, creo que sí. Aunque es nuevo en la escuela por lo que no lo conozco mucho, así que quiero tomarme el tiempo de conocerlo.
—Me parece muy bien; porque si es necesario conocerlo para que así te puedas sentir segura cuando estás con él.
—Si, supongo que así se debe hacer las cosas.
—¿Será que este chico misterioso logrará cambiar de pensamiento a mi dulce niña?
—Ay por favor, yo siempre he sido la misma. —Logró reírse un poco y aprovecho para limpiar un poco sus mejillas para no dejar rastro de haber llorado.
—Entonces, ¿Solo estuvieron hablando? No ocurrió nada más. —Quise saber.
—Nada más, solo estuvimos conversando un poco. —Sentía un inmenso orgullo y tranquilidad dentro de mi que calentaba todo mi ser.
—Ya hablamos pero aunque no quiera debo castigarte porque si no tu madre nos terminará castigando a los dos.
—Está bien, lo que digas lo cumpliré.
—Eso espero. Porque ya sabes lo que prometemos, lo cumplimos.
—Bueno y cuál es.
—Me darás todos los implementos que usas para diseñar por una semana estarás sin ellos.
—Pero es que eso, no papá eso sí no puedo. Tu sabes que estoy haciendo mi muestrario para enviar mi solicitud en la universidad, sabes que es muy importante para mí, papá no me hagas esto.
—Debiste pensar antes mi niña, ya es muy tarde.
—Vamos, castigarme con otra cosa pero con eso no papá te juro que no lo volveré hacer.
—Te pedí eso y me lo entregarás. Porque los Ross siempre cumplimos con nuestra palabra y está vez no habrá excepciones.
—Pero me atrasaré muchísimo. —Vi cómo golpeaba su colchón mientras hacía su pequeño berrinche y aunque sí sé que es muy importante pero eso mismo le ayudará aprender de sus errores.
—Cariño, pero si tú eres muy pilosa. Se que podrás ponerte al día con lo que te hace falta. —vi que se levantó y respiro hondo lo que da buena señal, se ha calmado.
—Bien, una semana. Pero cuida bien de todos mis implementos que he comprado todo eso con mis ahorros incluso hasta ese lápiz así que hazlo como si ese libro fuera otro hijo para ti papá, por favor.
—No te preocupes, cuídate muy bien de todo. Por cierto, no olvides invitarlo un día de estos a cenar para conocerlo.
—En serio papá, no comiences desde ya con tus bromas.
—No, estoy hablando muy en serio. Quiero verlo.
—Está bien.
—Que sea pronto. Quiero hablar frente a frente con él por haberte sacado para toda la noche cuando solo serían dos horas.
—Está bien, lo traeré a casa pronto.