Arrepentida

1611 Words
La puerta estaba abierta, la lámpara de noche encendida y cubierta por una chalina dejando la habitación en penumbra, y sobre la cama, desnudos, abrazados y dormidos, estaban Austin y Paula. Otra vez el mundo se me vino abajo, ¿Qué había hecho mal con ella? ¿Por qué la vida se ensañaba otra vez conmigo? ¿Por qué las mujeres de las que me enamoraba no podían ser fieles? Me caían las lágrimas, el ver a mi novia y a mi amigo, en lo que seguramente era la siesta después de varios polvos. ¿Acaso podía decir que no le prestaba atención? ¿Qué no le daba el sexo que necesitaba? Mientras los miraba pensaba qué hacer, ¿despertarlos con un cálido aplauso? ¿Ahorcarlos a los dos? ¿Armar flor de quilombo? Qué sentido tenía, lo hecho, hecho estaba, otra vez la persona que amaba me había vuelto a traicionar. Llorando decidí irme de allí, volvería a la hora que tendría que haber vuelto. Convencido ya de que nuestra relación se había terminado, quería ver el comportamiento de Paula, ¿estúpida actitud la mía? Seguramente, pero en ese momento fue cuanto pude hacer. Caminé sin rumbo y para ver que me decía, decidí enviarle un mensaje, diciéndole que estaba tomando una cerveza con los amigos del pueblo y ver su respuesta, momento después, me contestó que se había quedado dormida en el sillón, después de estar varias horas dibujando, ¡que mentirosa por Dios! Caminé sin rumbo hasta encontrar una estación de servicio, me quedé horas ahí tomando un café y maldiciendo mi suerte. Pasadas las dos de la tarde, entré al departamento, la encontré dibujando en la mesa del comedor. — Hola mi amor, ¿cómo te fue? ¿Estuvo lindo el cumpleaños? — preguntó Paula — ¡Bárbaro! Mi vieja estaba re contenta! ¿Y a vos cómo te fue? — Bien amor, aproveché el fin de semana para terminar la entrega. — ¿Trabajaste sola o vino Austin? — ¡Sola mi amor! ¡Estuve sola todos estos días! Su frialdad al mentirme me hizo hervir la sangre, y me hizo suponer que aquella no había sido la única vez, que ya me había mentido antes. — Pensé que vendría Austin, aprovechando que yo no estaba. Con esa frase, la cara le cambió de golpe, se inquietó y noté sus nervios en el desvío de su mirada. — Este fin de semana no podía estudiar conmigo. — Ahh entiendo… — Estás raro amor, ¿pasó algo? — ¡Si, lamentablemente pasó lo que menos me esperaba! — ¿Tu amor? — ¿Qué pasa? — Pasa que aprovechando que mi primo, venía para La Plata, me vine con él. — ¡Qué bueno! — Si, me ahorré las horas de colectivo, el tema es que llegué anoche a eso de la una de la mañana. Su cara se transformó, y pude ver una mezcla de desesperación y angustia. Cómo sabiendo la respuesta, me preguntó: — ¿Y dónde estuviste hasta esta hora? — Anduve dando vueltas por ahí, es que al entrar los vi dormir tan plácidamente, ¡qué no los quise despertar, supuse que estarían agotados, digo…, a juzgar por los tres forros que había tirados en el piso! Sus lágrimas caían, sus manos taparon su cara, hizo un silencio, seguramente buscando que decirme. — No es necesario que me digas nada ni que me expliques, ahora me voy a ir, y voy a volver a las diez de la noche, para esa hora, espero no encontrarme con vos ni con nada tuyo, si te hace falta una mano para llevarte todo, le podés pedir ayuda a Marce. — Gerónimo, por favor escúchame! — ¡Ahórrate las explicaciones Paula, somos grandes! ¿Qué me vas a decir, qué fue un error? ¿Qué te equivocaste? ¿Qué te dejaste llevar?, ahórrate las mentiras Paula, no te va a cuadrar ninguna. — ¡Por favor déjame que te explique! — ¡Te agradezco, no quiero tus explicaciones! Es más, estoy seguro que no fue la primera vez! ¡Y con gente de mierda no quiero saber más nada! ¡A las hijas de puta como vos y a los hijos de puta como ese, es mejor tenerlos lejos! Y yéndome hacia la puerta, me giré y le dije: — ¡Cuando te vayas deja tus llaves sobre la mesa! La dejé llorando y me fui. Entré en un bar y me tomé algunas cervezas, esperando que se hicieran las diez de la noche. Me había vuelto a pasar, ¿por qué? ¿Por qué otra vez? ¿Tan decepcionante soy como pareja? Me he preocupado por ella, por su bienestar, por su placer, por sus cosas, ¿por qué? Volví al departamento y ella ya no estaba y tampoco todas sus cosas. A eso de las diez y media sonó mi teléfono, era Austin, en un primer momento pensé en no atender, pero finalmente decidí tomar la llamada. — Hola Gerónimo, ¿podemos hablar? — Hablá ahora, esta es la última vez que voy a hablar con vos. — ¡Déjame que te explique! — No hay explicación posible, sí llamaste para eso, ya podés cortar, ¡no hablo con hijos de puta! — Déjame pasar por tu casa y hablamos — ¡Ni se te ocurra! ¡Vos para mí ya estás muerto! ¡Lo mismo le dije a ella, la traición no tiene explicación! Y tendrías que aprender que las novias de los amigos no se tocan, aunque se te regalen en bandeja de plata, no se tocan. ¡Hijo de puta! ¡No se tocan! Corté la llamada sin darle tiempo a responder más nada. Al menos esa era mi forma de ver las cosas, las novias de los amigos son y serán intocables. Esa misma noche, decidí dejar la carrera por ese año, no quería volver a cruzarme con ninguno de los dos. Paula me llamó cientos de veces, me envió mensajes y audios que nunca leí ni escuché, no podía volver a verla como antes, quizás sea una forma resentida de actuar, quizás no esté preparado para perdonar, pero era más fuerte que yo, ¿Cómo haría para mirarla a los ojos sin que la imagen de los dos desnudos en mi cama después de echarse tres polvos, me viniera a la mente? ¿Cómo haría para volver a creer en ella? De momento no podía, y creo que jamás podría, no lograría perdonarla, aunque la seguía amando. Confiaba en que, pasado el tiempo, dejaría de sentir lo que sentía por ella, que la podría sacar de mi cabeza y seguir con mi vida. El año siguiente, retomé la carrera, sabía que inevitablemente en algún momento me cruzaría con alguno de los dos. Pero mayúscula fue mi sorpresa, cuando en el mes de junio de ese año, estando en el bufet de la facultad tomando un café, los vi entrar de la mano, sonrientes los dos, y al entrar ella en una de las aulas, los vi despedirse con un cariñoso beso en la boca. Esa imagen me pegó muy duro en el pecho, para que negarlo, pero también me sirvió para entender lo que estaba pasando y pasar página, para intentar por todos mis medios sacarla definitivamente de mi vida. El resto del año solo me ocupé del trabajo en el estudio de Arquitectura y en terminar la carrera. Al año siguiente, terminé la facultad con el mejor promedio de la promoción. Para la ceremonia de graduación, quería que estuvieran mis padres, vinieron dos días a La Plata y les pagué el hospedaje en un lindo hotel frente a la plaza San Martín. Para la ceremonia, los flamantes arquitectos, elegían a algún docente de la carrera para que les entregara el diploma, yo decidí elegir a mis padres, quería que ellos me lo entregaran, a manera de homenaje y de reconocimiento, gracias a su esfuerzo había podido estudiar y recibirme. La ceremonia fue muy emotiva, en el momento que me llamaron para recibir el diploma, no pude contener las lágrimas, tampoco mi mamá. Los abracé a los dos y les di infinitas gracias. Cuando bajábamos los tres del escenario, casi al fondo del auditorio la pude ver a Paula, sola, parada contra una de las paredes, llorando y mirándome a la distancia. No quise cruzar miradas con ella, ya formaba parte de mi pasado. Cuando terminó la ceremonia, toda la gente empezó a salir del auditorio, mis padres caminaban delante de mí y al salir, me la encontré a un costado, se acercó a mí y con signos de haber estado llorando, me dijo: — ¡Te felicito Gerónimo! ¡Vas a ser un buen arquitecto! — ¡Gracias! Y sin esperarlo, me abrazó llorando y casi en mi oído me dijo: — Perdón. ¡No te merecías lo que te hice! Sos un buen tipo! ¡Es el día de hoy que no me lo perdono! Siempre vas a estar en mi corazón. — ¡En eso estamos iguales! Es el día de hoy que yo tampoco te lo perdono, pero pude ver que están muy bien los dos, ¡son tal para cual con Marcelito! Me separé de ella, la miré a los ojos sin decir más nada, la saludé y me fui en busca de mis padres. Saludé a un par de compañeros, abracé a mis padres y nos fuimos a cenar los tres a un lindo restaurante. Ya con el título de arquitecto, en el estudio empecé a realizar otras tareas, a asistir a uno de los arquitectos dueños del estudio en la dirección de obras.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD