— Perdonen la interrupción, Carlota se emborrachó y me ofrecí a traerla.
Dejé a la chica en su cama y salí de esa habitación.
Entré a mi habitación llorando y maldiciendo, no podía creer lo que me había hecho, tanto tiempo negándome el tener relaciones, y de repente, me la encuentro cogiendo a cuatro patas con otro, yo respetando sus tiempos y su virginidad, y ella traicionándome de esa manera.
Un momento después la escuché golpeando en mi habitación, lo hizo varias veces mientras gritaba mi nombre, por supuesto no le abrí.
Al día siguiente, no fui a la excursión programada para no tener que cruzarla y escuchar sus ridículas explicaciones, ¿Qué me iba a decir? ¿Qué no sabe cómo pasó? ¿Qué no fue nada? ¿Qué se equivocó? ¿Qué no lo pudo evitar?
No estaba para escuchar sus razones, claramente entendí que se había quedado para eso.
Ese día la esquivé todo el tiempo, ya no quería tenerla cerca.
En el viaje de vuelta, me senté con unos de los chicos, por supuesto que ni loco, iba a compartir las casi veinticuatro horas de viaje con ella.
En un momento que Javier se levantó para ir a hablar con alguien más, ella vino y se sentó a mi lado.
— Geronimito, espero que me puedas perdonar, no sé qué me pasó, no me pude controlar.
— No sé qué tengo que perdonarte, hiciste tu elección, fuiste consciente de lo que hacías, decidiste quedarte en el hotel y me insististe para que yo fuera a la discoteca, veo que todo ya estaba planeado, ¡no sé qué esperas que te diga!
— Me equivoqué y te quería explicar lo que pasó.
— Creo que no hay mucho que explicar, me dijiste que me amabas y me pediste que respetara tus tiempos y así lo hice, espero que entiendas, que a partir de ese momento dejaste de ser parte de mi vida, ¡para mí ya estás muerta!
— ¡Por favor Gerónimo, es verdad que te amo!
— ¡Vaya retorcida forma que tienes de entender el amor! Si coger con otro, entregarle lo que a mí no me quisiste entregar es amarme, creo que entonces soy yo el que no entiende el amor. ¡Por favor vuelve a tu asiento! Ya no quiero hablar más con vos, ni tenerte cerca, no quiero gente de mierda a mi lado.
— ¡Por favor Gerónimo, escúchame!
— ¡Ya no quiero escucharte más, nunca más! ¡Ándate a tu asiento y evita el lío!
Con lágrimas en los ojos, se levantó y volvió a su asiento.
Por supuesto estaba hecho pelota, con el corazón roto, y sobre todo, profundamente decepcionado, pensando en que eso del amor era una mierda, tanto tiempo sintiendo lo que sentía por ella, para recibir semejante cachetada, me sentí un usado, me sentí el más boludo del mundo.
* * * * * * * * * *
Seguía allí, apoyado en esa pared, encendí otro cigarrillo, eran cerca de las once de la noche y me esposa seguía en aquel pub, me sentía un ridículo desconfiando de la mujer que amo, con la que nos habíamos casado completamente enamorados y con la que planeábamos, en un futuro no muy lejano, tener hijos ¿cómo podía ser tan inseguro? ¿Cómo podía estar tan perseguido por ese sentimiento de ser siempre un cornudo?
Pero bueno, mis razones tenía para sentirme así, a golpes la vida me había llevado a sentirme así, no podía olvidar los dolores vividos.
* * * * * * * * * *
Cuando terminé la escuela secundaria, empecé a estudiar arquitectura en la ciudad de La Plata, distante trescientos kilómetros de mi casa, mis viejos me pagaban el alquiler de un pequeño departamento.
El vivir solo, me hizo aprender muchas cosas, desde lavarme la ropa, hacer compras, cocinar, limpiar el departamento, hasta cosas tan pequeñas como tener que despertarme solo en las mañanas, en casa siempre era mi madre quien me despertaba con el desayuno preparado.
Después de lo que pasó con Karol, no quise encarar ninguna relación con ninguna chica, no quería que me volviera a pasar.
Durante el primer año, me dediqué de lleno a los estudios, aprobando todas las materias y los exámenes finales con muy buenas calificaciones.
Al finalizar el año, volví a casa de mis viejos a pasar las fiestas y todo el mes de enero.
Al llegar, mi madre me entregó un sobre que una chica había dejado para mí hacía un par de meses.
Luego de hablar buen rato con mi vieja y ponernos un poco al día, me fui a mi habitación e imaginando de quien era esa carta, me tiré en la cama y abrí el sobre. Por supuesto la carta era de Karol, y decía:
“Gerónimo, mi amor, espero que algún día puedas perdonarme, es el día de hoy que no puedo entender como pude hacerte lo que te hice, sé que te lastimé, sé que te traicioné y no te lo merecías, siempre fuiste muy bueno conmigo, siempre me trataste muy bien y me respetaste, me gustaría tener la oportunidad de enmendar mi error y demostrarte que te amo.
Espero me des algún día esa oportunidad, ¡quisiera poder demostrarte que no soy esa chica, que me arrepiento y que te sigo amando!
Karol”
Aquella carta no hizo más que arrojar un poco más de sal sobre mi herida, ¿Qué pretendía de mí? Todo aquello me había hecho tan mal que hasta ese momento, me había metido para adentro y no había podido relacionarme con ninguna otra chica.
En ese instante, decidí cerrar ese capítulo de mi vida, ni siquiera quise contestar esa carta y por supuesto, no quería volver a verla.
Cuando comenzó el segundo año de la carrera, para un trabajo formamos un grupo, con Austin, un chico de La Plata que vivía con su familia y Paula, una chica de Chivilcoy que vivía con su hermana mayor y una amiga.
Como era el único que vivía solo, trabajábamos en mi departamento, ahí podíamos hacerlo a cualquier hora y cualquier día.
Los tres nos llevábamos muy bien, y después de un tiempo trabajábamos juntos en casi todas las materias, compartíamos muchas horas al día, salíamos de la facultad y nos íbamos al departamento a estudiar y a hacer los planos y proyectos de las diferentes materias.
También salíamos los fines de semana a las fiestas de distintas facultades, realmente los sentía mis amigos, aunque por Paula de a poco empecé a sentir algo más y creía, por ciertas actitudes, que a ella le pasaba algo parecido, aunque también estaba Austin, no podía darme cuenta si ella sentía algo por alguno de los dos.
Tiempo después, Austin se puso de novio con una chica que estudiaba veterinaria y con él seguimos compartiendo solo los temas de estudio, los fines de semana él salía con su novia y nosotros empezamos a salir solos.
Compartíamos tanto tiempo que cuando no estábamos juntos, realmente la extrañaba.
Para las vacaciones de invierno los dos nos fuimos a casa de nuestros padres, ¡y sí!, la extrañé mucho, hablábamos casi todos los días por teléfono y al volver a encontrarnos en La Plata para el segundo semestre, ya no podíamos ocultar lo que nos pasaba, los dos nos dijimos lo que sentíamos y comenzamos una relación.
Llevamos el resto del año los dos juntos y aprobamos todas las materias.
La relación iba viento en popa y nuestra sexualidad en su mejor momento, de a poco nos fuimos conociendo y disfrutando cada vez más de nuestros cuerpos, hacer el amor con ella era sublime, ¡su entrega, su placer, sus orgasmos, una locura!
Había noches en que volvíamos de la facultad directamente a la cama, incluso sin cenar, aunque no tenía el cuerpo de una modelo top, a mí me gustaba mucho, sobre todo su hermoso culo, algo más grande que la media, pero de buena forma. Le encantaba que le chupara los pezones, eso la volvía loca y a ella le encantaba chupármela y lo hacía cada vez que podía, incluso hemos estado estudiando y de repente y sin aviso, metía la mano dentro de mis pantalones, la sacaba y me hacía unas mamadas de locura.
Durante las vacaciones de verano, fui unos días a su ciudad, Chivilcoy y conocí a su familia, ella también vino para mi casa en Azul y conoció a la mía, después nos fuimos una semana a la casita que mi tía Cristina tiene en Mar del Plata.
Esos días la pasamos realmente muy bien, casi sin quererlo me había vuelto a enamorar perdidamente. Compartir todo con ella había hecho que vuelva a creer en el amor.
Fuimos ambos unos días a casa de nuestros padres y nos volvimos a reencontrar en La Plata dos semanas después, en el comienzo del tercer año. A partir de ahí, vivía prácticamente en mi casa, cursábamos todas las materias los dos juntos, estudiábamos juntos y dormíamos juntos, la verdad es que sí, ya no había dudas, me había vuelto a enamorar. Ya éramos una pareja viviendo juntos, y sin pretenderlo, me volví a sentir feliz a su lado.
Además de los estudios, también nos gustaba salir los fines de semana, ir a las fiestas universitarias, bailar, reírnos, emborracharnos y divertirnos, nos divertíamos mucho y hacíamos nuestras locuras.
¡Estábamos en nuestro mejor momento, bastaba una mirada, un roce, una situación propicia y la pasión se desataba, y cómo!
Yo estaba todo el tiempo pendiente de ella, a mitad de ese año, yo había conseguido un trabajo de algunas horas en un estudio de arquitectura, no ganaba mucho, pero me servía como experiencia.
Para la primavera de ese año, Paula empezó a salir algunas noches con su hermana y su amiga, con las que vivía antes de venir a vivir conmigo, no me parecía mal, se conocían de toda la vida.
Seguíamos cursando algunas materias con Austin, aunque ya no pasaba como antes todos los días en casa.
Terminamos el tercer año, yo con todas las cursadas aprobadas y varios finales rendidos, solo me quedaban dos exámenes para marzo del año siguiente. Paula aprobó todas las cursadas, menos una que no llegó a promocionar a pesar de haberla ayudado.
Esa navidad la pasamos en casa de mis padres y el año nuevo en la casa de los suyos en Chivilcoy.
La última semana de enero y la primera de febrero, nos volvimos a ir a la casita de mi tía en Mar del Plata. Fueron dos semanas maravillosas, la pasamos muy bien, cada día nos llevábamos mejor y hacíamos el amor en cualquier lado, a todas horas. Me sentía pleno.
Después de las vacaciones volvimos a La Plata para empezar el cuarto año de la carrera, nos encontramos con Austin y nos contó que se había peleado con su novia.
Ese año volvimos a trabajar los tres juntos en algunas materias y también a salir juntos.
En una de las materias, a Paula y a mí nos tocó en distintas comisiones, y en la comisión de ella estaba Austin.
Nos llevábamos muy bien los tres, y salvo en esa materia, volvimos a trabajar juntos.
En el mes de mayo, era el cumpleaños de mi madre, me iría el viernes a la tarde y volvería el domingo a la nochecita, Paula tenía una entrega el martes siguiente y si me acompañaba no le quedaría tiempo para terminarla.
El cumpleaños sería un almuerzo el día sábado, y luego me quedaría en casa de mis padres hasta el domingo a la tarde, que tomaba el micro para volver.
La reunión con la familia y los amigos estuvo muy linda, mi madre estaba muy contenta, me quedé en casa de mis padres luego de que todos los invitados se fueran, ayudándolos a ordenar todo y a contarles cómo iban los estudios y la relación con Paula. A eso de las seis de la tarde, paso mi primo Julián, hijo de mi tía Mabel a saludar a mi madre.
Estuvo un rato y mientras tomábamos unos mates, nos contó que de allí se iba para La Plata, mi madre me dijo que por qué no aprovechaba el viaje y me volvía con Julián. Me dio algo de pena por ella, pero ante su insistencia, a eso de las ocho y media de la noche, preparé todas mis cosas y me fui con mi primo para La Plata.
Decidí no avisarle a Paula y sorprenderla llegando de madrugada.
Sebastián me dejó en la puerta de casa minutos después de la una de la mañana.
Imaginé que mi novia estaría durmiendo, dibujando o no estaría en casa, quizás habría salido con sus amigas o su hermana.
Entré a casa, todas las luces estaban apagadas, definitivamente dormía o no estaba, dejé mi bolso en el comedor y caminé en dirección al dormitorio…