¿Por qué a mí?

3533 Words
Luego de seis meses, hice yo solo, mi primera dirección de obra, la ampliación de una casa. Los dos arquitectos socios del estudio, estaban conformes con mi trabajo y empecé a dirigir obras cada vez más importantes. Martín y Cristian eran los socios dueños del estudio, tío y sobrino, Martín de sesenta y cuatro años y Cristian de treinta y cuatro, también trabajaban una arquitecta y un ingeniero civil, Nazareth y Elton. Ese año, entró a trabajar al estudio, Ari, una chica en el último año de la carrera, dos años más chica que yo, éramos los más jóvenes del estudio. Enseguida congeniamos, de casi mi altura, pelo castaño ojos color café, y un bonito cuerpo, aunque nada exuberante, alegre, inquieta y muy charlatana. Todas las mañanas éramos los primeros en llegar, yo preparaba las cosas para luego irme a las obras y ella dibujando planos. Mientras estábamos solos todas las mañanas, nos acostumbramos a tomar unos mates y de a poco nos fuimos conociendo, era de Olavarría, una ciudad cercana a mis pagos, allí vivían sus padres y sus dos hermanos más chicos, también me contó que estaba de novio con un chico de la facultad que era oriundo de la ciudad de Bolívar. Unos meses después, a principios del mes de julio, el día de su cumpleaños, llegué al estudio con un chocolate como regalo. La saludé por su cumpleaños y me dijo sí quería ir esa noche a su casa, por supuesto acepté. Llegué a eso de las nueve de la noche y ya había algunos amigos, su familia no podía venir entre semana y ella iría a su ciudad el fin de semana siguiente. Tenía curiosidad por conocer a su novio, pero no me presentó a ningún chico como tal. La noche estuvo fantástica, ya de madrugada se fueron yendo de a poco sus amigos y yo me quedé para ayudarle a juntar y ordenar todo. Le pregunté porque no había venido su novio y me dijo que, desde hacía casi un mes, ya no estaban juntos, las cosas no venían bien entre ellos desde hacía tiempo y habían decidido terminar. A partir de ese momento, nuestra relación se fue estrechando, hablábamos mucho, le conté de mis relaciones amorosas, de cómo habían terminado y ella me contó de las suyas. Ambos nos sentíamos cómodos y compartíamos muchas cosas más allá del trabajo. Varias veces cenamos juntos, en su casa, en la mía o en algún restaurante. Fuimos varias veces a bailar y hasta nos emborrachamos juntos una noche. Yo cada vez me sentía más atraído por ella, pero no estaba seguro de comenzar una relación, mis miedos me perseguían. Fue para las fiestas de fin de año, qué yendo cada uno a casa de sus padres, sentí un enorme vacío, me había acostumbrado tanto a ella qué la extrañé mucho esos días, no dejaba de pensar en ella. Comenzado el año siguiente, nos volvimos a encontrar. Como todos los años, el estudio cerraba la segunda quincena de enero y todos teníamos vacaciones. Una semana antes de las vacaciones, Ari me preguntó que iba a hacer esos quince días, le dije que no había planeado nada, y me dijo si no me gustaría que nos vayamos en carpa los dos al sur. Me pareció una locura, pero por supuesto acepté. Para qué negarlo, sí me hubiera dicho de ir a misa los quince días con ella, también hubiera aceptado, ya no me lo podía negar, me estaba enaLuzndo de ella. Esa pequeña carpa, a orilla de un hermoso lago y con montañas de fondo, fue testigo de nuestras declaraciones de amor, de nuestros primeros besos, nuestras primeras caricias y nuestros encuentros sexuales. Me sentía muy bien con ella, y a pesar de mi pasado, decidí volver a apostar por el amor. Volvimos de aquel viaje siendo novios, y casi cuatro meses después, nos fuimos a vivir juntos. Alquilamos un departamento algo más grande y nos mudamos. Estaba realmente enaLuzdo, nos llevábamos muy bien, a pesar de nuestras personalidades por momentos tan dispares, Ari era más inquieta, más resolutiva, por momentos demasiado directa, y en algunas cuestiones, más desprejuiciada. A pesar de todo eso, estaba enaLuzdo de ella y nos llevábamos cada vez mejor, nos complementábamos muy bien. Decidimos desde el principio, no decir nada de nuestra relación en el estudio, para no generar ninguna rispidez, ni malos entendidos, allí solo éramos compañeros de trabajo, aunque no faltó algún polvo rapidito en la mañana antes de que llegaran los demás, por morbo nada más. En varias oportunidades, lo vi a Cristian, el más joven de los socios, con ciertas actitudes más allá de lo laboral con Ari, el trato con ella no era el que tenía con el resto de los compañeros. Al principio no dije nada, pero después de un tiempo, lo hablé con Ari y me explicó que algunas actitudes de Cristian no le gustaban mucho, pero que era su jefe y no quería echárselo en contra. No quería parecer un novio celoso, pero algunos hechos me hicieron sentir para la mierda, varias veces había ido a almorzar con él, la llevaba con él a visitar alguna obra, a ver a algún cliente, incluso la invitó a su cumpleaños, yo pensé que se negaría, pero me sorprendí cuando decidió aceptar. Ese viernes se arregló y me dijo que iría un rato para cumplir con el jefe y que volvería temprano. La verdad que su decisión me cayó como el culo, pero peor me cayó la hora en que volvió. Esa noche se arregló muy bien con un vestido corto, zapatos de taco y una chaqueta hasta la cintura. Yo estuve despierto hasta las cuatro y media de la mañana, a eso de las dos, ya estando un poco cabreado, me llegó un mensaje, diciéndome que se había extendido y que en un rato volvía. No se lo contesté, no quería mostrar mi enojo y tampoco ser condescendiente con ella, le diría que ya estaba durmiendo. Me fui a la cama y no sé en qué momento me quedé dormido, pero en un momento la escuché entrar ya con las primeras luces del día. Fingí estar dormido, cuando entró al baño, miré la hora en mi teléfono, las siete menos cuarto de la mañana. Cuando se acostó y se durmió, pude sentir su aliento mezcla de alcohol y pasta de dientes, yo ya no me pude volver a dormir, no podía decir o creer que hubiera hecho nada malo, solo me sentía enojado por la hora en que había llegado, cuando me había dicho que solo iría un rato. Ya no pude estar en la cama y antes de las ocho me levanté, ella se levantó a eso de las tres de la tarde, yo estaba limpiando un poco el departamento. — Hola amor. Perdón que me demoré anoche, se hizo más largo de lo que esperaba — ¡No escuché tu mensaje anoche, lo vi esta mañana cuando me levanté! No te escuché llegar — Llegué a eso de las tres y media, me trajo Cristian, de su casa nos fuimos todos a tomar algo a un bar. — ¿Había alguien más del estudio? — No, solo amigos y amigas de Cristian. Charlamos un rato más, pero yo ya estaba con la mosca detrás de la oreja, si no había hecho nada malo, ¿por qué me había mentido con su hora de llegada? ¿O acaso había algo que no me podía contar? Traté de no mostrarme contrariado por su mentira, quizás solo buscaba que yo no me enojara por su hora de llegada y tan solo se había divertido y la había pasado bien esa noche. Pero irremediablemente, me hizo estar atento a sus contactos con Cristian. Unos días después mientras charlábamos, me salió decirle si no sería tiempo ya de blanquear nuestra situación en el estudio, pero me sorprendió su respuesta, cuando me dijo, ¿para qué?, si así estábamos bien. Quizás me sentía perseguido, quizás estaba viendo o imaginando cosas, pero veía que el trato entre ellos era cada vez más cercano, de más confianza, hasta diría que era con Ari, con la única que Cristian sonreía. En un par de ocasiones en las que nos vio hablando, la llamó con cualquier excusa y ella siempre lo justificaba, o me decía que eran cosas sin importancia. Pero como cuando el pronóstico del tiempo, anuncia chaparrones, la tormenta tarde o temprano llega, así los nubarrones llegaron y se instalaron sobre nosotros. Yo trataba a Ari como siempre, incluso me propuse ser más cariñoso, más atento, más dedicado a nuestra vida en común y sobre todo a nuestras relaciones sexuales. De a poco la pasión entre nosotros se empezó a resentir y a espaciarse nuestros encuentros, a decir verdad, por su parte, en varias oportunidades la busqué para hacer el amor, sin encontrar respuesta en ella. En un intento por entender lo que estaba pasando, decidí hablarlo con Ari. Ella le restó importancia, y se lo atribuyó al agotamiento por el trabajo. Un viernes por la tarde, estando aún en el estudio, me dijo que una amiga festejaba su cumpleaños esa noche y la había invitado, en ese momento supuse que iríamos juntos, pero cuando ya estábamos en casa, y estaba preparándose para un baño, me dijo que me quedara tranquilo, que para no volver tarde y que yo me preocupara, se quedaría a dormir en casa de su amiga y volvería al otro día. Claro está que no me gustó nada todo aquello, se iría sola y mis inseguridades salieron a flote, se pusieron al mando, y no pude contener la necesidad de saber si era verdad lo que me estaba diciendo. Mientras se bañaba, se me ocurrió decirle que aprovechando que ella se iba a un cumpleaños, me iría a tomar unas cervezas con Martín, mi amigo también arquitecto. En un intento por saber a dónde iba, le pregunté si quería que la lleve a casa de su amiga antes de encontrarme con Martín y me respondió que no me hiciera problema, que fuera tranquilo que ella se tomaba un taxi. ¡Peor aún! Inmediatamente pensé en que no quería que yo sepa dónde iba. Pasadas las ocho y media, cuando me despedí de ella, me dijo que se iría a eso de las nueve. Salí con el auto, di una vuelta manzana y me estacioné en la transversal para que no me viera al salir. Minutos pasados las nueve, desde allí la pude ver salir con un vestido y tacos altos, esperó en la puerta de casa unos minutos, hasta que un taxi, paró y ella subió. La seguí por unas veinte cuadras o más hasta que se detuvo frente a una casa de dos plantas. La puerta se abrió y la vi entrar. Me quedé un rato esperando, si era un cumpleaños, llegarían más invitados. Pero después de casi dos horas y seis cigarrillos, pude comprobar que nadie más entró en esa casa. ¿Fue ella la última en llegar? ¿O era la única invitada? Algo me decía que mis pálpitos eran cada vez más certeros, y que todo aquello tenía olor a cuernos, pero no sabía quién vivía en esa casa. Y en el último cigarrillo que me quedaba, se me dio por pensar, ¿será la casa de Cristian? Nunca supe donde vivía. Calle 30, número 373. ¿Cómo averiguarlo? En ese momento, decidí volver a casa, para ver si podía buscar en algún lugar la dirección de nuestro jefe. ¿Cómo hacerlo? Busqué en mi laptop algún documento, donde pudiera figurar su dirección, pero en los que encontré, figuraba la dirección del estudio, y en ese momento, me acordé que hacía bastante tiempo, me había enviado por mail una infracción de tránsito de su auto, para que le hiciera el favor de pagar esa multa. Busqué en mi cuenta de mail un buen rato, no recordaba en qué fecha había sido, pero seguramente más de un año atrás, ni siquiera recordaba desde que cuenta lo había enviado y si aún tenía ese mail. Lo encontré en la hoja veintiséis de mi bandeja de entrada, abrí el adjunto, y mi peor presentimiento se hizo realidad, esa dirección era de la casa de Cristian, nuestro jefe. Y el chaparrón cayó sobre mí con toda su fuerza y terminé empapado, mi mundo se volvió a venir abajo. ¡Otra vez! ¡Otra vez y la puta madre que lo re parió! ¿Por qué a mí? ¿Qué tengo yo, un imán para las mujeres infieles? ¿O son todas infieles? ¿Tan mierda soy como pareja, tan malo soy como amante, que todas se van a coger con otro? ¡Estaba totalmente fuera de mí, quería romper todo! ¡No quería saber más nada con nadie! Otra vez, mi vida había vuelto a ser una mierda. Después de tomarme casi una botella de vino que había en casa, me senté en el sillón a pensar que hacer, ¡cómo seguir con mi vida, claro estaba que me había mentido para ir a pasar la noche con el jefe, una joyita mi novia! Y en ese momento, estuve seguro de que no era la primera vez. Cerca de la una de la mañana, decidí enviarle un mensaje, diciéndole que ya volvía para casa, preguntándole a qué hora llegaría en la mañana y si quería que la fuera a buscar. Su amorosa respuesta fue que la estaban pasando muy bien y que, a eso de las once de la mañana, se venía en un taxi, que no hacía falta que la fuera a buscar. ¡Me imagino lo bien que la estaría pasando la muy puta! Decidí dormir un rato, puse la alarma a las nueve de la mañana y me fui para la casa de mi ahora ex jefe, ya había redactado mi carta de renuncia al estudio y era indeclinable. Pasadas las diez de la mañana, desde la vereda de enfrente, mirando desde atrás de un árbol, la vi salir, a mi ex novia, los vi abrazarse y besarse mientras suponía, esperaba el taxi. Hasta pude ver una mano de Cristian tocar descaradamente el culo de Ari, ¿cómo tendría cara para llegar a casa y mirarme a los ojos después de haber pasado la noche cogiendo con otro? Volví para casa y cuando entré ella ya estaba, sentada en la mesa mirando su laptop. — Hola amor — me saludó Ari — ¿Cómo estuvo el cumpleaños? ¿Mucha gente? — ¡Si! ¡Un montón! ¡No paraba de llegar gente! A muchos no los conocía, pero la pasamos bárbaro — ¡Me imagino! ¿Hubo globos? Levantó la vista y me miró con cara de no entender lo que le había preguntado. — ¿Cómo amor? — Digo… ¿Hubo globos o fue a pelo nomás? — ¿Qué querés decir? — Te preguntaba si se puso un forro o fue a pelo — ¿Qué decís? — ¡Somos grandes Ari! Creo que no fuiste lo suficientemente discreta — ¿De qué hablás? — Dale Ari, dejá de hacerte la boluda y por lo menos tené la delicadeza de decir las cosas como son! — ¿No sé de qué estás hablando? — ¡Ok, te lo digo yo entonces! — ¿Qué cosa? — ¿Me amas Ari? — ¡Claro que te amo! — Y entonces, ¿por qué? — ¿Por qué, que? — ¿Por qué pasaste la noche cogiendo con Cristian? Su cara se desfiguró y se largó a llorar, intentó acercarse a mí y abrazarme, di un paso hacia atrás y no se lo permití. — Si ya no querías estar conmigo, solo me lo tenías que decir a la cara, ¿por qué la traición? ¿Por qué el puñal por la espalda? — Gerónimo, yo… La interrumpí y no la dejé hablar. — Sabés lo que sufrí, te he contado las veces que me han sido infiel, y sin embargo vos hiciste lo mismo, si querías estar con él, me hubieras dejado, hubieras sido sincera, pero vos también te cagaste en mí. Y estoy seguro que no fue la primera vez! ¿Fue la primera vez Ari? Me miraba sin contestarme. — ¡Contesta! ¡Ahora no seas cagona! ¡Contesta! Y con una voz apenas audible me contestó: — No. — Ya lo sabía, pero buscaba por todos los medios creer que no, seguir creyendo en vos, pensando que yo era el perseguido, el inseguro, vos me decías que me amabas, ¿cómo me ibas a hacer algo así? — Gerónimo, yo te pue…. — No me expliques nada, me importan una mierda tus explicaciones, solo una cosa más te voy a preguntar antes de irme, ¿él sabía de lo nuestro? Su cara estaba desfigurada, ella no me respondía, aunque su silencio sí. — ¡Contesta! ¿Lo sabía? — Si. — ¡Veo que no sos vos la única hija de puta, son un par de terribles hijos de puta! Son dos los que se cagan en los demás. ¡Mañana o pasado voy a venir buscar mis cosas, espero no encontrarte! — ¡Gerónimo! ¡Por favor hablemos! Gerónimo! ¡Por favor te lo pido! ¡Hablemos! ¡No te vayas! Ya no escuché más sus palabras y me fui. El lunes por la mañana, esperé a Martín en la puerta del estudio para hablar con él, antes de que entrara. Cuando lo vi llegar, me acerqué. — ¡Hola Gerónimo! ¡Qué raro vos a esta hora! ¡Siempre llegás temprano! — Hola Martín, necesitaba hablar con vos. — Si, decime — Esta es mi carta de renuncia al estudio, ya no voy a trabajar aquí Su cara se transformó entre preocupación y sorpresa. — ¿Por qué? ¿Qué pasó? — Temas personales Martín. Y tomándome del brazo, me dijo: — Vení, vamos a tomar un café y me contás Entramos al bar de la esquina, pedimos dos cafés y me dijo: — Entiendo que ya no quieras trabajar y lo respeto, estoy seguro que con tu capacidad podés conseguir un trabajo mejor, o independizarte, pero si tu decisión tiene que ver con algo que ocurriera en el estudio, con alguno de los trabajos o con alguno de nosotros, me gustaría que me lo cuentes. Valoro mucho tu trabajo, tenés un gran futuro como arquitecto y en verdad, no quisiera perderte. — En realidad, tiene que ver con alguien del estudio, no con el trabajo, siempre me sentí muy bien trabajando ahí, pero pasó algo que me impide seguir en el estudio. — Entiendo ¿Tiene que ver con Cristian? Por un momento, pensé si decirle toda la verdad, pero estaba tan dolido y enojado que decidí contarle todo. — Desde hace tiempo, Ari y yo éramos novios. — ¿Novios? ¿Cómo no me enteré? ¿Cómo nunca me di cuenta? — Habíamos decidido que, en el estudio, solo seríamos compañeros de trabajo, y nuestra vida personal estaría por fuera. — ¡Y lo hicieron muy bien, nunca me di cuenta! ¿Pero entonces…? ¿Cristian? Bajé la mirada y asentí con la cabeza. — ¡Es un pelotudo! ¡Siempre dije que es un pelotudo! ¿Y él sabía lo de ustedes? — Si, pero entenderás que la cosa no es con él, es con Ari. — Entiendo, pero si él lo sabía, no se tendría que haber metido en medio. Lamento mucho que dejes de trabajar con nosotros, pero te entiendo, yo en tu lugar, tampoco seguiría ahí. Por supuesto que si necesitás una carta de recomendación, la tenés a tu disposición. Me despedí de Martín agradeciéndole por todo lo que había aprendido con él y por su interés en mí. Era el momento de encarar una nueva vida, nuevos horizontes. Busqué un pequeño departamento amueblado y al otro día, fui a buscar mis cosas, llegué con una camioneta y esperé a que ella se fuera para el trabajo. Cuando la vi salir y alejarse, entré. Junté todas mis cosas, y las cargué en esa camioneta, dejé varias cosas que eran mías, pero que ya no me interesaba tener. Ya instalado en mi nuevo departamento, al entrar en mi correo electrónico, me encontré con un mail de Martín donde me adjuntaba una carta de recomendación, me saludaba muy cordialmente y me dijo que me mandaría trabajos para que pueda ganarme la vida mientras tanto. También me dijo que me apreciaba y me pidió que siguiéramos en contacto. * * * * * * * * * * Eran casi las doce de la noche, y yo seguía enfrente de ese pub, dónde aún estaba mi esposa con sus amigas. No sé porque seguía aún ahí, pero encendí otro cigarrillo, y mirando hacia la puerta de aquel bar, también volví a mirar hacia atrás, hacia ese pasado mío que me seguía atormentando, a pesar de los años de terapia, no lograba borrar esos dolorosos momentos de mi memoria, y eran esos sentimientos los que me tenían todavía parado allí, con varias cervezas encima y casi un atado completo de Marlboro.
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