Capítulo 4.

1557 Words
Francesco. Daniel me había dado coordenadas exactas para que vaya a Turin, supuestamente ahí se encontraban todas las respuestas que necesitaba, sobre todo que hay detrás de ese nombre que todos repiten, Brina. ¿Qué hay detrás de ese nombre? Lo importante es que pronto saldré de todas mis dudas, porque mi cabeza no dejaba de maquinar ideas descabelladas, solo no entendía el porque mis hermanos aseguraban que lo hacían para protegerme, ellos saben muy bien que no necesito que nadie me proteja, lo puedo hacer solo, siempre lo hice, pero seguí sintiendo que había algo que no estaba al tanto y si, debía estar preparado para todo. Se los descabellados que pueden ser esos tres, más si debemos proteger a uno de nosotros. Seguí cada uno de las recomendaciones que mi hermano mayor me había dado, sobre todo eso de mirar que nadie nos siguiera hasta este lugar. Se que les gusta observar que hago, sobre todo a dos personas, una es a la perra de mi madre y otra es la ponzoña araña de Josefina Cairo, ambas tenían una obsesión por mí, por eso me gusta jugar siempre con sus ideas, despistarlas fue fácil, sobre todo si estas dos estúpidas no tienen una neurona que ayude a su inteligencia. — Señor — me habla Matias, el hombre que se encarga de mi seguridad. — ¿No nos ha seguido nadie? — consulto mirando bien a todos lados. — No señor, hemos sacado a todos esos curiosos de nuestros movimientos — asegura mi guardaespaldas con convicción. — Perfecto — acoto saliendo del auto. Detrás mio tenia cuatro autos que hacían de mi custodia, vamos a ser sinceros, ser el consiglierie de la mafia napolitana y el hermano del líder de Camorra, tenía sus contras, sobre todo de nuestros enemigos, siempre teníamos uno que otro loco que buscaba hacernos daño, solo que ellos no tenían la puta idea que si se meten conmigo o alguno de mis hermanos los acababa en ese preciso momento, nadie se mete con los Salvatore y vive para contarlo. — ¿Entraremos por detrás, señor? — pregunta Fermin, otro de mis guardaespaldas. — Según Daniel no hay peligro y Vanni me esta esperando ahí, no deberíamos tener ningún peligro al cual enfrentar — acoto mirando que la entrada de atrás de esa gran mansión en Turin estaba abierta. Si no fuera porque confío en mis hermanos, esta claro que esto sería una trampa de aquellas, pero Daniel me aseguró que no había peligro detrás de esas puertas. — Dejaremos que entre solo, pero estaremos a metros de usted por cualquier problema — afirma Matias. Asiento a sus palabras mientras me voy acercando a la puerta que ya estaba abierta para mí paso. Era momento de terminar con todas esas incertidumbres y al fin conocer ese secreto que todos me estaban ocultando, supuestamente por mi bien. Al solo ingresar me encontré con un jardín lleno de rosas blancas y rojas, verlas me hizo recordar a mi padre, se que no ha sido el mejor de todos, pero la unidad que tenemos con mis hermanos es todo producto de su insistencia a que llevemos bien, porque nuestras madres no son buenas, son perros ambiciosas que solo querían un propósito y ese era llevar el título de dama de Camorra, solo que mi padre no le dió a ninguna ese privilegio, a la única que la conocían con ese nombre era a nuestra bisabuela, hasta que llegó Rachel, la esposa de mi hermano Daniel y es la que lo lleva de ahora en adelante, las demás quedaron en el intento. Volviendo a lo que estaba por hacer sigo ese sendero que había hasta la gran casa, estaba bastante impaciente para conocer los secretos de los cuales no era parte. — Detente — dice una voz femenina y a su vez siento que apoyan la punta de alguna arma de fuego en el medio de mi espalda. — ¡Bajé su arma! — escucho a Matias, mi guardaespaldas. — ¡Bajen sus armas! — habla otra voz. ¿Qué demonios? Levanto mis manos para darme vuelta y entender que mierda estaba sucediendo. Mis ojos ven a alguien que en mi puta vida hubiera imaginado volver a ver. ¿Esto es un sueño? — Francesco — murmura sorprendida. — Tú — es lo único que sale de mis labios. Siento que me falta el aire, no sabía si esto era toda una alusión producto de mi cabeza o estaba sucediendo de verdad. La cuestión que tenía a la chica que creí muerta y por tres jodidos meses me eché la culpa de lo sucedido, ahora mis ojos y mucho menos mi cabeza podía entender que mierda estaba sucediendo. Levantó mi mirada para ver a mis hombres apuntando hacia ella mientras detrás de mí gente tenía otros hombres que lo apuntaban a ellos. — ¡Bajen sus armas! — escucho a mi hermano que llega corriendo agitado a donde estábamos. — Francesco — mi vista vuelve a Pía. Ese nombre que tanto me cuesta decir, esa mujer que no puedo sacar de mi cabeza estaba viva. Ella baja su arma y me abraza, dejándome incapaz de reaccionar en su totalidad a todo lo que estaba sucediendo en este momento, pero por inercia mis brazos rodean su cuerpo dándome la certeza que todo era real. Pía. Ella está viva. — Maldita sea, debias avisarme que estabas llegando, Fran — dice Vanni acercarse con cautela a nosotros. La separo de mí, ahora sintiendo todo lo contrario, el enojo en su máxima expresión y tenia muchas ganas de matar a Daniel, mejor dicho a mis tres hermanos porque no debían haberme ocultado esto, no ellos no tenían porque hacerlo. — Espera — habla Pía tomando mi brazo para impedir que me marche. — Déjame — mascullo mirándola de la peor forma. Fueron tres malditos meses, lloré por ella, me emborrache miles de veces tratando que quitar ese dolor que tenia por su ausencia, por la confianza que nos tenemos hace muchos años merecía saber que estaba viva. — Escúchame — presiona su agarre. — Debemos hablar, necesito que me escuches a mi, fue un plan mío y solo quería cuidarte — agrega. ¡Cínica! Uno llorando por ella y la muy perra viviendo su vida como su nada. — Escuchanos — interviene Giovanni. Siento impotencia en todo mi cuerpo y la rabia es la que se apodera de mis pensamientos, mi mirada hacia mi hermano se vuelve roja que no mido lo que hago porque me termino abalanzando sobre él sin importar nada. Vanni se defiende de mis golpes devolviendo de la misma manera hasta que nuestros hombres nos separan, uno en cada extremo mientras buscamos calmarnos. — Hijo de puta — mascullo limpiando mi labio que sangraba. — Como si eso me ofendiera — contesta mi hermano apoyando un pañuelo en su ceja que sangraba. — ¿Terminaron con su drama? — pregunta Pía cruzada de brazos. — Vete al carajo, Cairo. Eres igual de porquería que tu ponzoñosa hermana — digo cabreado. Ella se acerca más a mí y me da dos cachetadas bien fuertes en ambas mejillas que me hacen mirarla sorprendido. — Eres un total idiota, Francesco — afirma molesta. — Me vieron la cara todo estos meses, sentí culpa y lloré por tí ... — Mi dios, eres un dramático de mierda, Francesco. Ni Brandon reaccionó de esa forma tan estúpida — comenta Vanni bufando. — Seamos sinceros, Bran, reaccionó como una niña — se burla Pía. — No quiero hablar con ninguno — mascullo. — No lo hagas por mí o nuestros hermanos, hazlo por la memoria de nuestro padre — dice mi hermano. Estaba usando el peor de los artilugios que existía en este asqueroso mundo y ese es usar la memoria de nuestro padre, sabiendo que es un jodido punto débil en mí. Papá nos hizo prometer en su lecho de muerte que pase lo que pase, sin importar los errores que cometamos nunca debíamos olvidar que somos hermanos, que tenemos una unión que nunca debe romperse porque después de todo así de disfuncionales somos una familia. — Solo por papá — le hablo a Vanni. Los iba a escuchar, pero eso no significa que perdonaría esta falta de consideración, porque merecía saber que todo era parte de un plan, que estoy seguro que fue ideado por Pía. Entramos a la gran mansión, mis hombres se quedan afuera esperando, no nos íbamos a quedar mucho. Tenía pensado escucharlos y largarme bien lejos por una temporada. De donde esté podría manejar los asuntos de la mafia, solo necesitaba recapacitar mis ideas en soledad. — Los escucho — hablo luego de que Vanni me entrega una vaso de whisky. — Creo que deben hablar solos — interviene mi hermano. — Es la mejor opción — acota Pía. Giovanni se retira de la gran sala para dejandos a solas, al parecer esta charla solo sería con ella y aunque dentro mío la estaba odiando algo me decía que debía escuchar en su totalidad toda la historia, ese porque no me dijeron la verdad. — ¿Y entonces? — inquiero. Necesitaba respuestas, antes de irme a la mierda sin importarme nada en el proceso, después de todo era un idiota al que le vieron la cara.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD