Pía.
Nunca imaginé que este día, el mismo en que Giovanni se presentaba en mi casa para confirmar que empezaremos al fin nuestra venganza, sería el día que Francesco llegaría de manera sorprendente a Turin. Daniel no me había avisado nada de esto, cuando escuché que teníamos un intruso merodeando en el patio de mi mansión algo me llevó a correr a ese lugar, tal vez la falta de adrenalina fue la que me hizo llegar antes que mis hombres para encontrarme con la persona que menos esperaba. No estaba preparada para verlo y la sorpresa se nos notaba a ambos, sobre todo a él, que estaba viendo que al fin de cuentas no había muerto como imaginaba.
Al verme pasó por todos los estados, yo no pude controlarme que terminé abrazándolo, podía ser el idiota más grande de este mundo, pero seguía siendo el primer hombre que nunca dudo de mí, ese que me apoyo desde el momento uno, luego de la muerte de mi padre.
Francesco era uno de los mejores hombres que conocía, solo que enojado no era la misma persona.
— ¿Y entonces? — lo escucho. Convencerlo había sido un trabajo duro, sobre todo porque cuando un Salvatore se enoja no hay nadie que pueda frenarlo.
— No seas así conmigo, Fran — le pido mirando su rostro.
El enojo que cargaba se notaba demasiado.
— ¿Cómo quieres que sea contigo? Me mentiste, me mintieron y para completar me engañaron, porque supuestamente debían protegerme — acota haciendo sus dedos unas especie de comillas en su última palabra.
En verdad lo estábamos protegiendo, él no tenía idea de todo lo que habían hecho a sus espaldas, no solo Josefina sino también su madre.
— Por favor, Fran — murmuró frustrada.
Él no tenía idea de nada, si así reaccionó al enterarse de que estaba viva, no me quiero imaginar como podrá reaccionar cuando sepa de Brina.
— Habla o me voy, estoy cansado de que estos minutos que estamos aquí no hayas dicho nada — declara bufando.
Cansada de su forma de hablarma me siento enfrente de él, era momento de contarle toda la verdad.
— Todo empezó hace tres meses atrás, un día Josefina vino a decirme que tú y ella se iban a casar por conveniencia ...
— Nunca en mi puta vida me casaría con ella, me conoces muy bien Pía, sabes lo que pienso de ella y si hubieras pensado bien con un solo llamado podrías haberte sacado del error — me interrumpe con reproche.
Si, tenía razón, pero en ese momento mis sentimientos nublaron mi poco juicio y me llevaron a ahogar mis penas amorosas en alcohol, tratando así olvidar las palabras de mi hermana.
— Pero ella me mostró un video de ustedes teniendo sexo, que por ese error tal vez ella estaba embarazada y por eso Daniel los estaba por obligar a casar — digo suspirando.
Ese momento en verdad perdí la cordura, por eso casi termino muerta, sobre todo por mi estupidez.
Francesco frunce su ceño. — Nunca me acosté con ella, antes prefiero que me amputen el pene — dice con asco.
— Era una estúpida, lo sé ....
— Muy estúpida — asegura haciendo que levante mi vista para mirarlo de la peor forma.
— Lo sé — definitivamente debo reconocer eso, mi imprudencia me llevó no sólo ponerme en peligro a mí sino a Brandon y Rachel.
— ¿Y entonces? — inquiere enarcando una de sus cejas.
— Josefina está aliada con tu madre, ellas querían matarme. Es por esto que planearon todo, las mentiras sabiendo que lo tomaría mal, mi huida y por eso le ordenaron a los sicarios de la mafia irlandesa que acabaran conmigo ese día — le cuento siendo completamente sincera con él.
— Malditas — masculla con su mandíbula tensa.
— Eso no es todo Fran, faltan demasiadas cosas más en la historia — agregó mordiendo mi labio inferior algo nerviosa.
— ¿Hay más? — consulta son su ceño fruncido.
— Esto es el principio de todo, Francesco. ¿Quieres que continúe? — hablo mirando que su enojo en su rostro cada vez era más grande.
Recién empezaba mi relato, él no tenía idea de todas las cosas que había tras fondo a fingir mi muerte y sobre todo que su mamá no era una indefensa prostituta, sino todo lo contrario porque la perra por dinero se vendió al mejor postor, fue difícil unir los cabos para entender algunas cosas, pero Leoneta Morandi estaba implicada en muchas cosas que dañaban a su único hijo.
***
Francesco.
¿Por qué no estaba sorprendido?
Que mi madre este detrás de las mentiras y el atentado contra Pía no me sorprendía para nada, además tampoco el tema que por dinero sea la lacayo de Josefina. Todo estaba tan bien ideado para tener un solo fin, matar a la única mujer que tiene mi confianza, bueno la tenía porque después de todo lo sucedido, no me tendría que fiar en nadie más que en mis hermanos, y digamos que hasta ahí nomas, seguía un poco molesto por su falta de confianza en mí detrás del plan que estrategicamente organizaron para fingir muy bien la muerte de la consigliere de la Sacra Corona Unita.
Así como quería acabar con la perra de Josefina, mi madre también tendría lo suyo, agradezco a la vida que mi padre me haya sacado de las manos de esta mujer, sino mi vida se basaría en odio a mis hermanos.
— Tú me sacaste del auto — la voz de Pía me hace mirarla de nuevo.
— Cuando Brandon mando la alerta de que estaba en peligro nosotros ya íbamos detrás de ustedes por los enfermizos celos de Daniel — le cuento.
Todavía tengo el recuerdo de ese día como si fuera ayer, nosotros yendo a Apulia por Rachel, mi hermano Daniel volviéndose loco porque había salido sin seguridad y por eso emprendimos nuestro camino detrás ellos, cuando llegamos a intercesión el miedo nos invadió a todo viendo como esos autos no dejaban de arremeter contra nuestra familia. Después que acabamos con ellos fue nuestro momento de ver que estén bien, todavía la mirada de dolor y miedo en los ojos de Pía no los puedo olvidar.
— Las balas impactaron en mi útero — murmura y puedo notar algo de tristeza en lo que decía.
— ¿Qué pasó después? — pregunto.
Esa noche me había quedado con mis hermanos esperando por ella, como estaba en cuidados intensivos no podíamos verla.
— Me administraron una droga para disminuir los latidos de mi corazón y en verdad estuve muerta muchos minutos, Francesco, reviví de la muerte esa noche — me cuenta suspirando.
— Josefina mando a terminar de matarte — afirmo con seguridad.
— Lo hizo y tu madre fue la que disfrazada de enfermera inyectó la droga en mi cuerpo ....
— Hija de puta — siseo levantándome del sillón completamente cabreado. — Voy a matar a ambas, malditas perras de mierda — sentencio sintiendo sed de venganza.
— Cada una pagará lo que hizo, pero Fran debes saber algo más ...
— Habla Pía — digo mirándola.
— ¿Recuerdas a Carmela Di Santis? — pregunta haciendo que frunza mi ceño.
Pienso en ese nombre, hasta que a mi cabeza llega quien es. Mi puta personal, aunque cuando descubrí que pinchaba los condones con el fin de quedarse embarazada para que la saque de esa vida, deje de ir a ese lugar.
No quiero hijos, no los tendría nunca.
— ¿Qué con ella? — consulto.
— El día de la abalacera estaba en la misma zona, una bala fue directo a su cabeza causándole la muerte ...
— ¿Y en que me afecta a mi eso? — la interrumpo.
— Ella estaba embarazada, Francesco...
— No me sorprende, es lo que quería — acoto encogiendo mis hombros.
— Deja de interrumpir mis palabras — contesta dándome una fulminante mirada.
— Josefina se enteró de esto, logró hacer una prueba de ADN para confirmar ...
Pía no logra terminar su frase cuando un llanto de un bebé empieza a escucharse en la casa. Su cara cambia por completo provocando que no entienda nada.
¿Por qué ella tiene un bebé?
— ¿Y eso? — cuestiono confundido.
El llanto no cesaba sino que todo lo contrario se volvía más intenso y una mujer de mediana edad apareció en la sala cargando un bebé en sus brazos. Se acerca a Pía para ponerla en sus brazos. Claramente confundido la observo mecer al bebé...
— Ya mi amor, ahí nos traerán tu biberón, Brina — le dice.
¿Brina?
— ¿Qué tiene que ver ella conmigo? — pregunto sintiendo que me falta el aire.
Su nombre lo había escuchado varias veces en boca de mis hermanos, sobre todo de Brandon.
— Es tu hija, Francesco — contesta Pía acercándose a donde me encontraba.
— Imposible — murmuró teniendo que sentarme.
No podía tener un hijo, mucho menos una hija.
— Es tu hija, Francesco — afirma Vanni entrando en la sala con un papel en sus manos.
Con cierto temor lo tomo entre mis manos para leer lo que especificaba ese documento, era un análisis de ADN, donde confirmaba mi mayor temor, esa niña es mi hija.
— ¿Cómo? — es lo único que sale de mis labios.
— No hace falta decir como, creo que sabes muy bien como se hacen los bebés — acota Pía chasqueando la lengua.
— No sólo te estamos protegiendo a tí, sino a ella. Josefina sabía de esto, quería quedarse con la niña a penas nazca ...
— Hija de puta — mascullo apretando mis puños.
Pía se acerca, dejando que por primera vez conozca a mi hija, a esa niña que no tenía idea que existía, pero llegaba a mi vida a cambiarlo todo.
De ahora en adelante cuidaré de ti, mi principessa.