Francesco.
¿Cómo controlar la ira?
Tenía dos métodos para manejarlo, uno es con mucho sexo y segundo con sed de venganza. Desde el momento en que me enteré de que Pía había muerto en manos de un asqueroso plan ideado por Josefina y la mafia irlandesa contaba los días para cumplir la promesa que había hecho hace tres meses atrás en su lecho de muerte. Gran parte de esto no se podía negar que es mi culpa, si hubiera prestado más atención a las indirectas, tal vez las cosas podían ser diferentes y no así donde perdió la vida una chica que tenía todo para vivir, nada será igual, había perdido mi alma en el preciso momento en que vi su cuerpo muerto en esa cama de hospital.
Pía Cairo significaba mucho para mí, amigos como ella nunca se encontraría de nuevo en la vida. A ambos siempre nos unió nuestras historias, desgracias y sobre todo esa maldita sensación de vacío que nos había dado cuando ella perdió a su mamá y yo perdí a mi padre.
Nada fue igual desde ese momento.
Lo único bueno de todo esto es que mi hermano, Daniel, haya confiado en mi para armar la perfecta redada y así enjaular a toda la mafia irlandesa en un solo lugar.
Tan fácil que no veía la hora que ellos lleguen de Italia a Irlanda para acabar una buena vez con toda esta mierda, Camorra después de esto tendría un territorio más bajo su dominio.
— ¡Al fin! — exclamó al ver a mis hermanos entrar en el bunker donde tenía a toda la mafia irlandesa.
— Veo que te divertiste — dice Daniel al saludarme, observando algunos hombres muertos y otros golpeados.
— Un poco — reconozco divertido.
Ser amigo de los Sokolov, los líderes de la mafia rusa, tenía sus beneficios porque teníamos acceso a todos sus innumerables experimentos para tortura que eran la gloria, nos podíamos divertir solo cuadruplicado el dolor de nuestros enemigos con la inyección de un compuesto que era un neurotransmisor que aumentaba los niveles de dolor del cuerpo ante un solo golpe. Los rusos son unos genios, ya quería conocer más de sus juguetes para poder abrir mis ideas para próximas torturas.
— ¿Dónde está el líder? — consulta Giovanni.
— Te está esperando, no lo toque, esto tuyo — le hablo directamente a Daniel.
— Perfecto — responde mi hermano mayor con una sonrisa maliciosa. — Vamos Brandon — agrega llamando a nuestro hermano más pequeño para que lo siga.
Daniel debía ser el único que termine con el líder de la mafia irlandesa, aunque a mi no me faltaban las ganas para hacerlo, mi hermano tenía una deuda de sangre por el tema de que Rachel, su mujer, había sido una de las principales que estuvo al borde de la muerte en esa abalacera que terminó esa noche con la vida de Pía.
Pía.
Pensar en ella, recordar su sonrisa y esas interminables misiones juntos, por así decirlo, me hacían extrañar a ese pequeña mujer.
— ¿Qué tienes en mente? — pregunta Vanni a mi lado.
— Todos tienen la joya de la mafia rusa, solo quiero ver sangre así que ...
— Entonces toma esto — me interrumpe pasándome una ametralladora.
La tomo entre mis manos sintiendo sed de sangre, nadie podia entender el odio que cargaba en mi cabeza no sólo por estas mierdas irlandesas sino de mi mismo.
Nunca pobre borrar la culpa y sobre todo haberla perdido a ella.
— Por Pía — murmura levantando el armamento entre mis manos. Apunto sin importar nada y empiezo a disparar terminando con la vida de todas estas malditas lacras.
Después de esto, de organizar el mando y sobre todo dejar claro que en Irlanda sólo dominaba una sola mafia y esa es Camorra, fue momento de volver a casa, Nápoles nos esperaba.
Mis hermanos iban contentos, a su manera, en cambio yo me sentía vacío, tantos meses queriendo esto y al final después de lograrlo me había quedado vacío, aunque todavía tenía un deuda pendiente con la perra de Josefina Cairo, esa será mi nueva meta, porque la quiero muerta, pero de la peor forma, la más despiadada, olvidaría que es una dama y la haré sufrir.
— ¿Cuándo es la boda? — la voz de Vanni me hace salir de mis pensamientos.
— En dos meses — responde Brandon chasqueando la lengua.
— Le preguntaron a Daniel, no a tí. No eres el único que se va a casar — intervengo.
¿Quién podría creer esto?
Mi hermano más chico seria el segundo en contraer nupcias, esta bien que es un matrimonio arreglado para proteger a la niña, pero no quita que en verdad se vaya a casar en pocas semanas.
— Daniel ya está casado, solo cumple los caprichos de Rachel que quiere una boda de princesa — contesta Brandon rodando sus ojos.
— Tú también deberías cumplir con los caprichos de Marena, se van a casar ... — trata de hacerlo entender Daniel.
— A mi me da lo mismo. Solo estaré lo suficiente borracho para no tener idea de lo que hago — afirma.
— Tengo una idea — acoto. — Me ofrezco a casarme con gusto con la niña, a mi lado la cuidaré de todo — agregó solo para molestarlo.
— ¡Sobre mi cadáver! — masculla cabreado.
¿Al final quién lo entiende?
Si en verdad no le importará la niña como tanto dice, ni se molestaría que otro se llevará a su futura esposa. Se que mi hermano sentía algo por ella y eso podía ser muy perjudicar para ambos, en el futuro.
Cuando aterrizamos en nuestra tierra, Daniel fue el primero en meterse en su auto porque estaba ansioso de ver a su mujer, se despide de nosotros pero a mi me dice que deberíamos hablar en unas horas.
— ¿Qué quieres hablar conmigo, Daniel? — les consulto a mis hermanos.
— No tengo idea — contesta Brandon a la defensiva.
— ¿Vanni? — inquiero.
Él quita su vista de su celular para observarme. — ¿De qué hablan? — pregunta con su ceño fruncido.
— ¿Qué quiere hablar Daniel conmigo? — repito mi pregunta suspirando.
— No tengo idea — suspira. — Debo ir a Turin — agrega mirando la hora en su reloj.
— ¿Verás a Brina? — consulta Brandon.
La mirada que le dedica Vanni a Bran ese preciso momento es fulminante.
— ¿Quién es Brina? — inquiero al ver las miradas alarmantes de mis hermanos.
— Asuntos míos, no quiero que se metan — masculla Vanni metiéndose en el auto que lo esperaba.
— ¿Y a este que le pasa? — mascullo.
— No tengo idea, debo ir por la niña que debemos ver el pastel de nuestra boda — comenta Brandon entrando en otro auto que lo esperaba.
Definitivamente mis hermanos me estaban ocultando algo, sus acciones lo decían todo, pero que no se preocupen tarde o temprano sabría que es eso que no quieren decirme.
***
Tres días después...
Teníamos una falsa calma que intuía el caos muy pronto, se que hasta que no metamos a Josefina diez metros bajo tierra, no podremos decir que hemos acabado con nuestros enemigos, pero ella sin aliados era muy poca las horas de cordura y vida que tenía. Tenía un trato con mis hermanos, todos sabían que quería ser el único que acabará con esa araña ponzoña que bastante nos había jodido la vida estos últimos meses.
Daniel nos mandó a llamar, solo podíamos Brandon y yo, por eso los esperábamos en el despacho que normalmente usa nuestro hermano mayor. Cuando ingresó llevaba consigo algo en las manos acompañado de una gran sonrisa en su rostro, hasta un ciego se daría cuenta de su felicidad.
— ¿A qué debemos esta reunión? — pregunto. Soy el segundo al mando en Camorra, el consiglierie de la mafia napolitana, no teníamos nada pendiente como hacer un reunión con urgencia.
Nuestro hermano apoya una especie de foto sobre su escritorio, con Brandon nos acercamos para mirar sin entender que mierda estábamos mirando.
— Les presento a su sobrino, Rachel está embarazada de doce semanas — declara tomándome por sorpresa.
— ¡Un bambino! — exclama Brandon saltando sobre Daniel que no puede ocultar su felicidad.
Después de muchos años de tristeza, había encontrado una mujer que lo ama con todos sus defectos y Rachel lo hacía extremadamente feliz, eso nadie podía negarlo. Ahora Camorra ya tenía a su futuro heredero, mi padre debe estar feliz en donde esté.
— Una bambina — digo divertido mientras me acerco a felicitarlo.
— Ya tenemos a Brina, este tiene que ser un bambino — sentencia Brandon con convicción.
— ¿Quién es Brina? — repito esa pregunta que nadie es capaz de contestar.
— Déjame a solas con Francesco — pide Daniel.
— ¿Qué me están ocultando? — digo sin rodeos al sentarme enfrente de mi hermano.
— Si te oculto algo es todo por tu seguridad — acota.
— Puedo cuidarme solo — le recuerdo.
— Lo sé, pero últimamente estás diferente — acota tomando lugar enfrente mío.
— Todo ha sido diferente, primero desde la muerte de nuestro padre y luego ...
— Por la muerte de Pía — agrega.
— ¿Cuándo mataremos a Josefina? — pregunto.
— Todo a su debido tiempo — responde meticuloso.
— ¿Qué es lo que quieres decirme? — consulto bufando.
— Te daré una dirección, debes ir ahí, Vanni te espera y te mostrará lo que te estamos ocultando — declara mi hermano serio.
— Si no quieres decírmelo, solo significa que es algo de extrema seguridad — acoto.
— Solo ve a ese lugar, luego te daremos las respuestas correspondientes. Solo recuerda que todo lo hicimos por tu bien y el de Brina — sentencia.
— Todo conduce a ese nombre — comento pensativo.
¿Quién es Brina?
¿Por qué tanta incertidumbre generaba ese nombre en mi cabeza?
Para terminar con las dudas que tenía debia ir hasta ese lugar donde Daniel me enviaba, supuestamente ahí tendría las respuestas que necesitaba a todas esa incertidumbre que había detrás de mis hermanos y sobre todo a ese nombre femenino que no salía de mi cabeza.