Capítulo 2

2324 Words
Pía. Tres meses después ... Había cosas que debía preocuparme, sobre todo por la verdadera identidad de Brina, logré robarle una muestra de cabello de Francesco para determinar si en verdad ella es su hija. Está duda que Gerónimo Ferrara implementó en mi cabeza no me gusta mucho y más cuando hace unos días llegó ese temible resultado que en verdad ni quería ver. No era capaz de abrir ese sobre, si todo indicaba lo que ya imaginaba debía darle a mi hija a su padre y tener que desprenderme de mi bebé no me gustaba para nada. Tenía un vínculo único con Brina, podían decir lo que quieran que poco me importaba, soy su madre y nadie dirá lo contrario porque podría cortarle la lengua si solo se atreven ... — Pía — la voz de Arthur me hace mirarlo. — ¿Qué sucede? — pregunto guardando el sobre blanco en uno de los cajones de mi escritorio. — Debemos hablar, sobre todo por lo de anoche — declara haciendo que ponga los ojos en blanco. Arthur Rinaldi es mi conseglierie, además es el infiltrado en la Sacra Corona Unita, él es el encargado de contarme cada uno de los tropiezos de Josefina dentro de la organización que pronto será mía, como siempre tuvo que ser. — Arthur, solo fue sexo, no compliques las cosas — le pido suspirando. Anoche había tenido la mala decisión de acostarme con él, no debería mezclar el sexo con el trabajo y tampoco quería joder nuestra amistad de años, pero Arthur complicaba las cosas queriendo hablar sobre lo que sucedió. A mí me daba igual, estaba caliente y quería un buen hombre, con una buena polla que me dé lo que necesito, un orgasmo y después cada quien sigue con su normalidad. — ¿Así de fácil? — pregunta frunciendo su ceño. — Si, tú eres el que complica todo — afirmo bufando. — Tienes razón — me contesta molesto. A mí me daba igual la situación, se que fue un error, no pensé que mi amigo al otro día iba a actuar de está forma, complicando la situación y volviendo todo incómodo. Además tendría que dejarlo atrás, después de todo tiene una esposa e hijos que lo esperan en su casa, yo solo fui una simple aventura de una noche, no debería darle importancia. — No entiendo porque estás enojado — acoto chasqueando la lengua. — Me olvidé que Pía Cairo solo tiene ojos y amor para Francesco Salvatore — ironiza haciendo que sienta ganas de golpearlo. — ¿Y eso que tiene que ver? — lo miro de la peor forma. — Encima dices idioteces, porque solo tengo amor por mi misma y ahora por mi pequeña hija — agrego con firmeza. — Y por el poder — acota. — Arthur estás generando las inmensas ganas de que saque mi revolver y te meta un tiro en el medio de tu frente — comento irónicamente. ¡Hombres, complican todo! — Está bien Pía — suspira y toma lugar enfrente mío. — Tengo noticias que darte — agrega. — Te escucho — digo mirándolo con atención. — ¿Abriste el sobre para confirmar lo que ya sabemos? — me pregunta. — No no lo hice, quiero hablar primero con Daniel — justifico. — Como digas — rueda sus ojos. — Josefina quería a la bebé solo para un fin, ella es la heredera de Camorra ... — Camorra sigue siendo machista, Arthur, dudo que quieran que una mujer tome el poder y en ese caso sería posible si Daniel fuera primero padre — le recuerdo. — Pensé lo mismo, pero sabes cómo es tu hermana — comenta. — Una idiota que no piensa bien las cosas — afirmo. La idea de Josefina era está, ella sabía que la prostituta exclusiva de Francesco estaba embarazada, ella quería lograr llevarlo a la cama con la finalidad de hacerle creer que ese embarazo era suyo. ¿Qué buscaba ella con todo esto? Fácil, poder sobre Camorra, porque Brina sería la futura líder de la mafia napolitana, lo que ella no tenía idea que esas cosas solo había modificado mi padre, para dejarme a mí siendo la líder, Daniel seguía con el mismo pensamiento de que el primer hijo varón sería el sucesor de su mafia, por ende su jugada se veía en peligro. Lo bueno de todo esto es que Francesco nunca dejó que ella lo toque, se que la odia por un tema del pasado, del cuál no se muy bien y tampoco me importa averiguar, pero esto del rechazo del conseglierie de Camorra hacia mí supuesta hermana, permitió que su plan no diera frutos, por eso cito a la mamá gestante de Brina en esa parte de la ciudad, Josefina sabía muy bien que nosotros no íbamos a dejarnos matar con facilidad y si, todo estaba calculado porque solo quería deshacerse de esa mujer porque ya no le servía ni ella ni su hija. — A Francesco Salvatore le gustan las putas — lo miro frunciendo mi ceño. — No me mires de esa forma, tengo razón — se encoge de hombros. — Cuánto más puta sea más le llama la atención y eso lo habrá heredado de su padre — agrega. — Tal vez — me limito a decir. Su padre era un aficionado de la anatomía de la mujer, él decía que no podía atarse a una sola porque el encantamiento solo dura meses, es por eso que tenía cuatro hijos, pero con tres madres diferentes. — No vale la pena — acota. — Sigue diciendo cosas de esa forma de Fran y voy a cortarte la lengua — mascullo. — La verdad no entiendo porque te empeñas en defenderlo, es una lacra y de las peores — sentencia con convicción. — Vete Arthur — digo conteniendo mi enojo. — Pía — murmura. — ¡Qué te vayas maldita sea! — grito dando un golpe en la mesa. Arthur me observa, suspira y termina levantándose del asiento para dejarme al fin sola, podía tener cierto rencor con Francesco, pero nunca dejaría que hable mal de él, puede ser un promiscuo, meterse con todas las mujeres del mundo e infinitas de cosas más, solo que yo se lo fierro que puede llegar a ser cuando la persona le importa. Fue mi gran contención cuando sufrí por lo que mi padre le hizo a mi madre, sus brazos fueron mi resguardo cuando me ayudó a buscar a mi mamá y tuve la lamentable noticia que ella había muerto por una sobredosis, podía decir infinidades de cosas, solo él y yo sabíamos lo dura que podía ser la vida. Buscando tranquilizarme, porque en verdad estaba demasiado cabreada, tomé ese sobre que había guardado en uno de los cajones de mi escritorio y decidí hacer algo bien, debía hablar con Daniel en este momento. *** Luego de organizar el viaje, tomé a Brina entre mis brazos y me traje a Alva conmigo para ir a Nápoles. Ese sobre que tenía entre mis manos solo lo iba a abrir una sola persona, por eso había decidido sentarme a hablar con el líder de Camorra. Daniel sería en que el que terminaría de confírmar lo que ya intuía. Brina es una Salvatore, se que Francesco se enojará con nosotros, pero creo que esconderla como hicimos fue la mejor solución de todas, porque no solo la estamos protegiendo a la pequeña sino a él, de alguna estúpida idea que tenga Josefina en su cabeza. — Espérame en el auto, vendré por Brina en unos minutos — le digo a Alva. Acomodo mi peluca pelirroja, mis lentes de sol y paso mis manos alisando las arrugas de mi entallado vestido n***o. Todos pensaban que estaba muerta, así que donde vaya tenía que usar algo que impida que alguien me reconozca. — ¿Y tú eres? — dicen apenas abren la puerta. Mis ojos detrás de los lentes se encuentran con los de Rachel que me observa con cierto malestar. Con lo celosa y posesiva que es con Daniel, no me sorprende para nada que me miré de la forma en que lo estaba haciendo. — Tengo una reunión con Daniel y Giovanni Salvatore — miento. — Mi esposo no dijo nada, espera que hablo con él — declara de forma posesiva. Contenía mis ganas de reírme, sobre todo de quitarme la peluca para que ella vea quién soy, en el poco tiempo que nos conocimos, nos hicimos cercanas y se que seremos grandes amigas, espero que me perdone por no contarle mi plan, pero cuanto menos personas sepan más seguridad tendríamos que mi plan sería llevado de la mejor forma. Unos segundos sola en la sala y veo como Rachel vuelve con Daniel, que frunce su ceño, pero al darse cuenta quién estaba detrás de todo esto, abre sus ojos mirando para todos lados. Lo tenía todo calculado, Francesco estaba en Irlanda, así que no teníamos problemas de que seamos descubierto. — Señorita Genova — extiende su mano y puedo ver la mirada de reproche en sus ojos. — Señor Salvatore, un gusto verlo de nuevo — digo estrechando su mano. — Vamos a mi oficina — acota marcando que lo siga. Rachel no dejaba de mirarme de la peor forma, mujeres celosas y posesivas son la peor combinación de este mundo. Daniel me hace entrar a su despacho, me sorprende ver a Brandon acompañado de Vanni. Ambos me observan, ninguno de los dos me reconoce y por eso les sonrió dejándolos más confundidos de lo que ya estaban. — Sácate todo — se limita a decir Daniel. — ¿Qué demonios Daniel? — inquiere Brandon anonadado por las palabras de su hermano. — Respeta a Rachel — masculla Vanni mirando de la peor forma a su hermano mayor. Sin poder quitar mi sonrisa, quito primero mis lentes de sol y sin dejar de mirarlos ahora voy por la peluca, suelto mi largo cabello n***o para por último mirarlos. — Hola primos — saludo provocando un gran silencio entre esas paredes. — ¿Estás loca Pía? — declara Giovanni con una fulminante mirada. Brandon es el que peor reacciona, grita como una niña, se esconde detrás de su hermano y empieza a rezar. Todo ese ruido que hizo alertó a Rachel que entró al despacho asustada y se llevó la sorpresa de verme. — ¡Oh, mi dios! — murmura llevando su mans a su boca anonadada. — ¡Silencio! — dice Daniel cabreado. — Estás viva — agrega Rachel acercándose para no dudar y abrazarme. — Yerba mala nunca muere — acota Vanni. — ¿Voy a morir? — lo escucho decir a Brandon. — Deja de ser tan estúpido, está viva — le habla su hermano mayor. — Cierra la puerta Marena — ordena a una chica que estaba mirando todo con cautela. — ¿Y ella? — cuestiono desconfiada. — Es la prometida de Brandon, larga historia luego te contarán — dice Vanni suspirando. — ¿Qué haces aquí? Teníamos un pacto, Pía — me recuerda Daniel molesto. — Tengo algo que contarles, si no fuera de suma importancia saben que no estaría arriesgando todo — digo entregándole el sobre. — ¿Qué es esto? — pregunta desconcertado. — Espera y verás — le mando un mensaje a Alva para que venga con Brina, todos me esperan impacientes hasta que la puerta del despacho se abre dejando ver a la nana con mi hija. — ¿Y esto? — consulta Brandon. Tomo a mi pequeña, Bri estaba despierta y al verme sonríe. — Ella es Brina, la bebé de la mujer embarazada que murió en la balacera que generamos ese día del accidente ... — ¿Qué con ella? — inquiere Daniel frunciendo el entrecejo. — Es mi hija, la adopté con la ayuda de Natasha y Gerónimo Ferrara — comento. — ¿Esperas una felicitación de mi parte? — dice Daniel. — No seas descortés — lo regaña su esposa. — ¿Qué sucede con la niña? — inquiere Vanni. — Ella es hija de Francesco y los papeles que tienes en tus manos afirman lo que digo — sentencio provocando que todos queden nuevamente en silencio por mis palabras. — No digas estupideces — masculla el jefe de Camorra. — Mira los papeles — le pido. Daniel abre el sobre, lo leé y luego se lo pasa a Vanni que también lo hace generando que los tres hermanos Salvatore se queden sin palabras. — Habla con Gerónimo, sino me crees, ellos plantaron la duda en mi cabeza e hice caso a su orden de hacerles una prueba de ADN — acoto suspirando. Como siempre desconfiado Daniel es el que llama al Capo de tutti Capi. Hacemos una videoconferencia, ellos le cuenta lo que sabían y yo agrego lo que había estado investigando. Cada parte unió la pieza de rompecabezas. Brina es una Salvatore, la hija de Francesco. — ¡Hija de puta! — masculla Brandon. — ¿Qué haremos ahora? — pregunta Giovanni pasándose sus manos por su cabello. — Seguiremos igual con el plan. Cuida a nuestra sobrina, Pia — sentencia Daniel. — Te recuerdo que es mi hija,la estoy cuidando — contraatacó. — No, no lo es. Es la hija de mi hermano — dice. — Es mi hija, los papeles lo dicen todo — sentencio. — No es momento de pelear, solo debemos unir fuerzas y cuidarla porque si Josefina sabe de ella no va dudar en querer hacerle algo malo, es por eso que debemos mantenerla en secreto — interviene Rachel de forma sensata. No servía de nada que nos estemos peleando entre nosotros, porque ahora debíamos unir fuerzas todos juntos con un solo fin, cuidar a Brina hasta que todo esté calmado para poder hablar con Francesco, él tiene el derecho de saber de ella, aunque duela, debe saber que tiene una hija.
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