Capítulo 8: Cambio de planes

1157 Words
Despierto y miro a los lados, estoy en la habitación en casa de los Celli, intento moverme, me duele la cabeza, recuerdo la caída, me angustio e intento levantarme, todo mi cuerpo me duele. —Ya viene el médico —dice mi padrino con una voz grave y firme que hace que mis sentidos se queden alerta, me giro a verlo. —¿Perdí mis piernas o algo? —No, claro que no. Solo caíste, quizás un esguince, ya viene el médico. Entra una hombre joven apuesto alto y musculoso y una chica vestida con traje quirurgico, el hombre me ve, levanta la sábana que me cubre mientras me sonríe y me saluda. —A ver, ¿Qué tenemos aquí? —pregunta como si yo fuera una bebé. —Ah, me duele —grito cuando presiona con su mano sobre mi tobillo, suelta una carcajada. —Tu novia solo tiene un esguince, nada grave.Habrá que hacer una placa por si acaso y así descartar un fractura, pero tiene toda la pinta de un esguince. —No es mi novia. El hombre abre la boca y sonríe de medio lado, me mira alzando una ceja. —Preciosa, no tienes nada —dice de forma coqueta. —Es mi prima, y mi ahijada —dice mi padrino alzando el tono, paso saliva y desvío la mirada para ocultar mi sonrisa, el hombre se levanta de la cama como un resorte y se lleva las manos a las caderas. —Lo siento, no estoy coqueteando ni nada. La enfermera aplicará crema, un masaje y le dará analgésicos mientras la llevas a la ciudad a hacerse una placa, le indicaré todo eso —dice mientras escribe en una hoja que termina entregando a mi padrino. —Gracias, Arturo. —Descuida, siempre a tu orden, debo irme —dice y se va, no sin antes dedicarme una mirada coqueta a escondidas de mi padrino. Sonrío risueña, mi padrino lo nota y se para frente a mí. —¿Con quién ries? Me pongo seria. —Con nadie, padrino, le agradecía al doctor, su breve atención. Ah —grito cuando la enfermera insiste con sus manos sobre mi tobillo inflamado. —Esperaremos a que hagan efecto los calmantes e iremos a la ciudad. —No, no tienes que acompañarme, sé que venias por trabajo también. Suspira y se queda mirándome por unos segundos sin hablar. —Y sé que querías que te dedicara algo de tiempo, tu caída ha sido la excusa perfecta para retirarnos, no me malinterpretes, no me alegro de que estés sufriendo, pero podemos aprovecharlo para irnos. —Hagámoslo entonces —respondo emocionada. —Iré a recoger mi maleta. Estoy feliz de que compartiré tiempo con él, de que me dedique unas horas o eso parece que hará, sin embargo, no puedo dejar de recordar los gemidos de la noche anterior, ni la sesión de besos que estaba dando con la bruja de Aurora y por la que me distraje hasta caer al suelo como una mango maduro. —¿Aurora no se molestará? —pregunto, me muerdo los labios y aleteo las pestañas esperando verme inocente. Asiente meneando la cabeza de arriba abajo. —Aurora se ha ido con su marido ya —responde a secas, se da media vuelta y se va, sonrío pícara y miro a la enfermera que se ha dado la vuelta solo para mirar el culo de mi padrino. Me mira y sonríe. —Es un hombre muy guapo su padrino, y soltero. La chica es linda, él ni la miro. —Sí es guapo, es muy selectivo con las mujeres —aseguro aunque no sé ni siquiera que le gusta, no le puede gustar esa mujer ordinaria de la Aurora, una infiel, una mujer casada. Me pongo de mal humor recordando como se revolcó con él seguramente, me recuesto en la cama y cierro los ojos imaginando cómo se vería mi padrino sin ropa embistiendo a una mujer, con fuerza, con su cara tan varonil, con su actitud dominante y arrogante, supiro, y relamo mis labios. Debo dejar de pensar en mi padrino en posiciones sexuales, haciendo cosas sexuales. Sacudo la cabeza y comienzo una conversación vacía con la enfermera, descubro que se llama Clara, aunque lamentablemente terminando hablando de lo obvio, de lo bello que es mi padrino y de lo solo que está. —Debería buscarse a una chica como Laura Cisneros ¿La ha visto? Es hermosa y su familia es muy rica, la chica es una it girl. Sacudo la cabeza, la he visto en la fiesta, claro que es hermosa, inteligente y de mucho dinero, pero creo que eso no bastaría para conquistarlo. —No sé, vivo con él y te juro que no sé qué le gusta, lo vi en la fiesta con una mujer que nada que ver, espero que no sea esa la clase de mujer que busca. —A veces hombres como él andan con ciertas mujeres por conveniencia. —¿Tú crees? —Su padrino incluso no se casará con cualquiera, tendría que ser con alguien importante en la sociedad, alguien que estratégicamente lo ayude a posicionarse mejor en la política. —¿Cómo sabes tanto? Se echa a reír y sacude sus cabellos lisos. —Soy enfermera del padre del señor Rigoberto Smith, un senador amigo de su padrino. —Oh, ya veo. Vives entre politicos. —Me pagan bien y no digo nada, no oigo nada. Me agrada la chica, debe tener unos cuatro o seis años más que yo, intercambiamos números y nos quedamos charlando hasta que termina, cuando lo hace, le avisa a mi padrino que entra como un toro por la puerta, me alza en brazos. —Nos vamos entonces, ya te esperan para hacerte esa placa. Mi corazón y mi pulso se aceleran, una vez más estoy en los brazos de mi padrino, en sus fuertes brazos, aspirando su olor a macho, a hombre sofisticado, me aferro a su cuello y a sus brazos y recuesto la cabeza de su hombro mientras me baja, así ignoro el vértigo de mi estómago, y aleteo que siento de repente. No puedo evitar que mi imaginación vuele una vez más, recuerdo los sonidos de esa mujer la noche anterior y vuelvo a imaginarlo embistiendola con furia, relamo mis labios y siento vibrar mi cuerpo en lugares tan privados que me escandalizo, siento incluso la piel de mis pechos muy sensible. Me deposita en la camioneta y se sienta a mi lado, me despido con una mano de la enfermera y miro a mi padrino que ha puesto una manta sobre mi pierna para que el frío no me afecte. —Gracias, padrino. —Tranquila, no puedo dejar que te pase algo, estás bajo mi cuidado, se lo prometí a tu padre. Desearía que me cuidara así porque le importo más allá de esas promesas, pero me conformo, por ahora.
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