A pesar de que me toca escuchar aburridas charlas de negocio, me divierto en la fiesta, como rico y disfruto de la noche, la música y los chismes de la alta sociedad a la que sin querer me he integrado.
Me gusta este mundo y no puedo negarlo, mi padrino me deja por fin con un grupo de gente joven de más o menos de mi edad, somos puras chicas hablando de moda y me la paso tan bien y que no me doy cuenta que él y Aurora no están en la fiesta ya. Me siento mal, pues me ha dejado sola cuando dijo que no lo haría.
—Tu padrino está demasiado bueno, está bello, qué hombre —me dice Lisa, una chica hija de un gran empresario de la ciudad.
—Sí es atractivo —confieso, las otras chicas se rien.
—No podría, es tan guapo, la ropa le queda tan bien, tiene un rostro tan varonil, yo le diria, olvida que soy tu ahijada y tomame —dice Olga.
Me echo a reir con ellas.
—¿Tienes novio? —pregunta Belén.
—No. Hay un chico en la universidad con el que ya me besé y con él que quizás pasen más cosas —dije para no quedarme atrás, ella rieron y pidieron detalles, agredecí haber ido a esa fiesta porque les conté todo con detalle y quedaron fascinadas, me pidieron mi número y acordardamos que saldriamos.
Tengo un grupo de amigas, pienso, aunque omito que Alejandro es becado, solo dije que es de Colombia y con eso quedaron encantadas imaginandose una novela de amor caribeña.
Me rio y me divierto, pero no dejo de pensar en mi padrino. Decido que seré mala e iré a espiar. Me siento malvada y atrevida, aunque en el fondo solo sé que soy una tonta que quiere meterse en la vida de un adúlto.
Me disculpo con mis nuevas amigas y me voy a mi habitación, pego mi oido de las paredes esperando oir nada, pero todo es silencio, el ruido de la fiesta no llega hasta arriba, así que no es por eso.
Me siento en la cama y suspiro, decido ir al baño y lavarme la cara, entonces oigo risas que viene de la habitación de al lado. Paso saliva y me acerco a la pared pegando mi oído.
—Oh, oh, Cosimo, oh, te extrañaba mucho —grita la mujer.
—Shhh, silencio.
—Estamos solos en la habitación, aburrido —dice ella con la voz entrecortada.
—Mi ahijada puede estar al lado y se escucha todo.
—Por eso nos hemos metido al baño. Ah, oh, sigue, sigue hablando sobre mi así, oh...
Escucho gritos y jadeos, oigo como algo golpea contra una pared, ella es muy escandalosa. Me aparto de la pared, me siento contrariada, nunca habia escuchado a personas tener relaciones, y que sea mi padrino me pone un poco tensa. Él gruñe y ella vuelve a gritar sin detenerse, los sonidos no cesan.
Salgo corriendo del baño y me meto a la cama, me cubro hasta la cabeza después de apagar la luz, ni siquiera alcanzo a quitarme el vestido, me cuesta dormir pues me quedo pensando en lo que está pasando: mi padrino teniendo sexo con una mujer en la habitación de al lado.
Me quedo dormida y solo en la madrugada me cambio la ropa por una pijama, por curiosidad apoyo de nuevo mi oído sobre la pared del baño y aún se oyen risas, se oye la regadera, se están duchando juntos, resignada cierro la puerta del baño y me vuelvo a meter a la cama a dormir.
Despierto muy temprano y tras un baño, me visto y bajo esperando que esa mujer se haya ido ya así mi padrino me dedica tiempo. Llego al comedor y lo primero que veo a ellos dos riendo, ella luce un vestido de flores muy holgado y mi padrino ropa deportiva, veo a los Celli que me invitan a sentarme a la mesa.
—Querida, hay clase de equitación hoy con los mejores entrenadores de la ciudad ¿gustas? —pregunta la mujer.
Me emociono.
—Sí, me encantan los caballos.
Mi padrino me lanza una mirada aprobatoria.
—A mi también me encanta montar, pero otros animales —dice Aurora. Todos rien, mi padrino le pone mala cara, es una vulgar.
—Lástima que debas irte —dice mi padrino.
—Sí, mi marido está por llegar de Francia y no quiero que no me consiga en casa, sabes como es.
Es casada, la muy infiel. Me siento decepcionada de mi padrino y de esta gente que promueve que esa mujer le sea infiel con él. Me cruzo de brazos incapaz de ocultar mi disgusto.
Después de desayunar voy al entrenamiento, los caballos son hermosos, elijo una yegua blanca que se da conmigo rapidamente.
—No juzgues a Aurora, su esposo tiene setenta y nueve años, casi ni la mira —dice la señora Celli.
—¿Qué tendría que juzgar? —pregunto haciendome la tonta.
—Ah, no, bueno como ayer dije que ella estaba preguntando por tu padrino. Verás, Aurora es hija de un importante senador, las conexiones son importantes en este país.
Sonrío y me encojo de hombros.
—Nada de eso me interesa, solo quiero montar esta belleza.
Todos presencian el espectáculo, incluido mi padrino y la odiosa de Aurora, además de mi, Belén también está montando, todo marcha bien, siento la brisa sobre mi pelo y amo el paisaje, de pronto veo hacia donde mi padrino, Aurora lo besa, me quedo mirando la escena.
Él no sonríe, pero tampoco se ve disgustado, delante de toda esa gente que sabe que ella es casada, ellos coquetean, ella con mucho descaro y el se deja. Me niego a aceptar que estoy celosa, que me molesta verlo risueño con ella, que me molesta que se puso de buen humor con ella y sobre todo que detesté lo que me tocó escuchar que hacian en la habitación de él.
Me distraigo y no veo un obstáculo, llevo a la yegua por otro camino, la yegua se desboca y avanza rapido conmigo en ella, no logro controlarla y me lanza al piso, lejos, muy lejos, solo escucho mi nombre, y al cabo de unos segundos, nada, todo se va a n***o.