Los asientos de cuero y el aroma a coche cuidado por manos expertas, dejaba ver la clase de la que provenía Timothy, el desconocido que ella estuvo a punto de atropellar y que ahora fingía ser su novio, era un hombre muy rico.
Vera no se atrevía a abrir la boca, se sentía tan avergonzada como arrepentida de lo que estaba haciendo, no solo había engañado a Irene, su amiga de la infancia, sino que había disfrutado de un maravilloso beso con un hombre que probablemente ya estaba casado o comprometido con una bellísima mujer.
Vera miraba por la ventana el paisaje gris de la nieve cayendo sobre los árboles preguntándose: ¿Cómo llegué a esto? Desde que me divorcié mi madre siempre ha hecho mi vida miserable con su obsesión de que debo volverme a casar, no había razón alguna para inventarme un novio…
No importa si ese tal Pablo está en casa de mis padres esperando conquistarme, hablándome de las lechugas y los tomates frescos que vende en su supermercado...
No es la primera vez que me deshago de uno de los pretendientes que me busca mamá... Además, no tengo la más mínima idea de quién es Timothy Rainolds o qué es lo que hace…
¿Qué le diré a mis padres? Y, si él se pone nervioso o incómodo y contradice mis palabras, mis mentiras…
¡Oooh no; qué hice! Cuando mis hermanos se enteren de esto no van a dejar que lo olvide ¡en toda mi vida y en el más allá!
Vera estaba angustiada, no podía creer que su idea de ir a comprar un vestido para complacer a su mamá se convirtiera en lo que estaba viviendo.
Volviendo su rostro a la ventana, Vera observaba con tristeza el panorama, afuera hacia frío, la nieve había empezado a caer de manera copiosa, pero dentro del lujoso auto se sentía un ambiente cálido y fresco.
Vera apretaba fuerte sus manos para evitar que Timothy notara que estaba nerviosa y asustada. Ella empezó a sentir como sus manos sudaban, también como pequeñas gotas de sudor empezaban a aparecer en su frente, en su mente dijo: ¡Debo detener esta locura! Le pediré disculpas y le diré que se vaya a su casa, probablemente tiene una cena importante con sus amigos ricos o con una linda chica y yo estoy arruinando su víspera de Navidad…
Respirando profundo pero discretamente, Vera se preparó para disculparse con Timothy y dejarlo libre de su absurda mentira.
Volvió su rostro para mirar a Timothy y éste le sonrió y le dijo: Ya que ahora soy tu novio Vera, debes conocer un poco de quién soy y lo que hago, para cuando me presentes con tus padres…
Mi nombre ya lo sabes, Timothy Reynolds, soy un empresario hotelero, que también trabaja en la bolsa de valores, vengo de una familia adinerada, socio de empresas de entretenimiento en el campo del cine y la pantalla chica, también trabajo como asesor financiero y…
¡Detente, para por favor! ¿Cómo pretendes que recuerde todo eso Timothy? Además, con todo lo que haces, ¿de dónde sacas tiempo para una vida privada?
La mirada inquisitiva de Vera le causó tanta gracia a Timothy que lo hizo reír, bajando la velocidad de su auto lo detuvo cerca de una acera cubierta de un gran montículo de nieve.
Volviéndose a Vera dijo: De hecho Vera, no he tomado vacaciones en años, tampoco he disfrutado de una cena familiar en víspera de Navidad, mis actividades no me lo permiten…
¿Eres un adicto al trabajo o algo así? Preguntó Vera arrugando su nariz
Timothy no podía dejar de sonreír, la mayoría de personas con las que él solía tratar no eran sinceras ni transparentes en sus pensamientos y actitudes como lo era Vera, y eso le fascinaba, Timothy estaba cansado de la hipocresía y el interés que lo rodeaba.
Así que antes de responder a la pregunta de Vera acercó su rostro y le dió un beso en la mejilla a Vera, sorprendiéndola.
Luego contestó: No soy un adicto al trabajo, soy un empresario en ascenso…
¿Ascenso, hasta dónde quieres llegar Timothy? Con todos los negocios que tienes y tu trabajo, al único lugar a donde llegaras es a quedarte solo en una gran mansión rodeada de sirvientes a los que no les interesa lo que haga el señor de la casa…
Vera se había extralimitado al hacer un comentario tan directo y personal contra Timothy, apenada por lo que había dicho se disculpó: Perdón por lo que dije, no estuvo bien, lo siento…
No tienes porqué disculparte Vera, dijiste la verdad. Por eso no vivo en una gran mansión ni me rodeo de sirvientes, vivo solo en un departamento…
¡Qué conveniente! Nuevamente Vera hacía un comentario inapropiado y personal sobre la vida de Timothy.
Agachando la cabeza se volvió a disculpar con él diciendo: Lo siento, creo que cada vez que abro la boca es para ofenderte, lo siento, no suelo ser así, creo que es porque me siento incómoda, culpable y avergonzada con lo que estoy haciéndote…
Timothy tomó la mano de Vera entre sus suaves manos para decirle: No te sientas mal Vera, no me molesta hacerlo, de hecho, me refresca, yo iba a pasar la víspera de Navidad con mi abuelo y su familia, él había invitado a unos amigos suyos y a una chica para mí, sinceramente no estaba interesado en pasar la velada con ella…
Tú llegaste como caída del cielo para librarme de un compromiso incómodo y te lo agradezco, estoy disfrutando mucho de tu compañía y de toda esta charada…
La sonrisa de Timothy la cautivaba, la hacía recordar el beso bajo el muérdago y desear que se repitiera otra vez, y por la forma en que la estaba mirando Timothy él también estaba deseando que aquel beso bajo el muérdago se repitiera.
Vera lo pensó y lo volvió a pensar, tenía solo unos instantes para tomar una decisión, y al mirarse en los ojos azules de Timothy, Vera se dijo a sí misma: ¡Qué más da Vera! Ya lo besaste y te gustó, será más creíble para todos si nos vemos y tratamos como una pareja real…
Ofreciéndole sus labios Vera sintió el beso de Timothy en su boca, creandole una corriente de emociones que la trasladaron en su imaginación a un bosque de cerezos en flor.
Un suspiro se escapó de su garganta pidiendo sin palabras otro beso de su novio falso.
Timothy estaba encantado con la boca de Vera y no dudó en besarla otra vez, esta vez el beso se profundizó y con sus brazos Timothy rodeó la espalda de Vera.
Cuando mejor lo estaban pasando escucharon un golpe y de inmediato los dos abrieron los ojos, un reno había pegado su cara a la ventana del parabrisas, aquella imagen del reno curioso en lugar de asustar a Vera la hizo reír contagiando su risa a Timothy también.
El reno era la mascota navideña de alguno de los vecinos de la cuadra, después de asomarse curioso en el lujoso auto, corrió calle arriba huyendo del hombre que lo perseguía con una correa en su mano y un gorro rojo en su cabeza.
La risa de Vera le fascinó a Timothy, quien no quiso perder la oportunidad de decírselo: Tienes una hermosa risa, tierna, contagiosa e infantil, eso acrecienta tu atractivo…
Vera sonrió agradeciendo el cumplido y le devolvió el cumplido con otro: Tu hoyuelo hace brillar tu sonrisa y te hace ver muy atractivo…
¿Eso quiere decir que te gustó Vera? Por qué sí es así, tú también me gustas…
El instante se volvió tan personal e íntimo que era obligatorio un beso, pero justo cuando sus labios estaban a punto de t*****e el reno volvió a pegar su nariz en el parabrisas y con su aliento cansado de huir dejó una enorme huella en el parabrisas que estaba lleno de nieve.
Timothy y Vera miraban al reno curioso cuando su dueño llegó por él poniéndole la correa dijo enojado: ¡Estás en la lista negra de Santa este año Rudolph! ¡No pienses que te daré una recompensa por esto, tus zanahorias estarán en mi plato esta noche…!
Arrastrandolo con fuerza se llevó al reno, ante la mirada divertida de Vera y Timothy. Luego de verlos por unos segundos Timothy volvió su rostro para contemplar a Vera sonreír.
Le parecía tan dulce, tan hermosa, que cuando ella volvió su rostro para mirarlo, Timothy no dudó en aprisionar los labios de Vera entre los suyos, robandole un beso que la hizo suspirar.
Vera estaba disfrutando de momentos muy románticos con un desconocido, pero ella sabía en su interior que eso era solo parte de la fantasía navideña y que no duraría más de una noche.
Así que después de devolverle el beso con otro beso más largo, ella alejó su rostro y dijo: Bien, ya me dijiste algunas cosas sobre ti, que por supuesto me preguntará mi mamá…
Timothy le dio un beso corto en los labios a Vera para luego decirle: Si tu mamá quiere saber más de mí solo tiene que ir a Google…
¿Google? ¿Estás en Google? Vera miraba a Timothy sorprendida de lo que él acababa de decir, causándole ternura y diversión a Timothy.
Éste le respondió: Sí, tu mamá puede revisar la información que hay allí de mí y estar tranquila…Y ahora te toca a ti, cuéntame Vera, ¿quién eres y qué haces?
Vera bajó su mirada y respondió: Soy una mujer divorciada, que trabaja en una empresa inmobiliaria…
Timothy vio en la mirada de Vera la tristeza y la desilusión que causa no solo un divorcio sino la traición qué lo motivó.
Levantando el rostro de Vera con su mano derecha le dijo: Yo sé lo que significa una traición, yo estuve comprometido una vez, amaba mucho a mi prometida, yo empezaba a sugir y tenía poco tiempo para ella…
Una noche pensando en lo mucho que la amaba, pensé que lo mejor para los dos y para nuestra relación era adelantar nuestra boda, la fui a buscar a su departamento…
Yo tenía una copia de la llave, así que entré con un ramo de rosas en mi mano para sorprenderla, cuando abrí la puerta de su habitación, ella estaba dormida… Con mi hermano…
Hoy, la que fue mi prometida es la esposa de mi hermano menor y tienen dos hijos, mi corazón quedó hecho pedazos y nunca más quise volver a enamorarme…
Entiendo lo que sientes Vera, lo entiendo perfectamente…
Vera se abrazo a él y agradecida por sus palabras le dio un beso, un beso que llevó a otro beso, y a otro más. Cuando mejor lo estaban pasando la madre de Vera volvió a llamar por teléfono, y no una vez, sino tres.
Vera le contó un par de cosas más a su novio falso y también le contó sobre Pablo, el pretendiente que le había buscado su mamá.
Timothy y Vera estaban huyendo de citas qué no deseaban y no habían buscado, y en su huida se toparon en el camino, disfrutando de una relación de novios falsa pero que involucraba besos que tenían encantado a Timothy.