Las Vegas en la noche no son más que pecado, ambición, sexo y alcohol. Pero esta noche eso no me llena, no lo entiendo, he llegado hace apenas unas horas y me siento... ¿depresivo? No logro entender por qué, seguramente las palabras de Katrina han tenido algún extraño efecto en mi.
El bar esta abarrotado de personas, una fiesta de unos ejecutivos de no sé qué, me pagan miles solo por tenerlos aquí y entretenerlos. Lamentablemente esta noche no me siento con los mejores ánimos, he bebido un poco, bueno a decir verdad he bebido mucho y la cabeza me duele. Es muy extraño pero el alcohol no está dándome ningún confort.
-Lucifer, ¿nos acompañas?- una chica rubia acompañada de otra chica rubia se acerca a mí.
-No esta noche, amor.- me alejo de ellas.
Esto ha pasado toda la noche, me presente y como siempre las mujeres se acercan a mí como si fuesen zancudos buscando alimento, eventualmente me he aburrido de ello. No entiendo el por qué. Katrina me agobia con su insistencia con la visita a Los Ángeles ¿Por qué insiste en que me ha afectado? No me importa en lo absoluto y no encuentro manera de poder hacerla entrar en razón, esa mujer me terminara sacando de mis casillas.
No necesito de una mujer.
A las dos de la madrugada me harto de la música, las mujeres, de los malditos ejecutivos mal hablados y sus impertinentes maneras de comportarse. Abandono el Luksus de manera silenciosa, no me siento bien y de un momento a otro me siento cansado, el alcohol está haciendo un muy mal trabajo en mi organismo. Tengo nauseas. Bajo la velocidad y me orillo, como es de esperarse a las dos de la madrugado el trafico ni siquiera existe, inhalo y exhalo varias vece. Busco una botella con agua pero lo único que encuentro es una botella de champaña.
-Lucifer no bebas eso.- me ordeno a mí mismo. Es en vano, comienzo a tratar de abrirla lo curioso es que la pongo en mi boca para tratar de quitarlo con mis dientes sabiendo que tengo el sacacorchos en frente. –Así de imbécil andas Lucifer.- me rio. El beep beep de mi celular llama mi atención. Lo saco de mi bolsillo y me lo llevo a la oreja.
-Humphrey.- contesto. Nada. -¿Hola?- nada. Que demonios. Lo vuelvo a ver y para comenzar ni siquiera he contestado. Le doy a la pantalla varias veces hasta que conecta. Me tiembla el cuerpo.
-Lucifer, ¿En dónde estás? Has dejado a los clientes sin razón.- su voz me da dolor de cabeza, alejo el móvil de inmediato. -¿Con quien estas? Sabes que el trabajo es primero, deja tu...-
-Estoy camino a casa.- respondo con desgana. Esta mujer sí que sabe cuándo arruinarme la vida.
-¿Cuánto has bebido?- creo escuchar un poco de preocupación. Sí, claro.
-No mucho, solo lo suficiente para hacerme sentir como un cabrón.-
-Cabron eres y no importa si estas sobrio o no.- me rio a carcajadas. -¿En dónde estás, quieres que vaya a recogerte?- niego como si ella pudiese verme.
-No te preocupes, estoy camino a casa y no hay problema. Necesito descansar y mucho.- termino dejando la botella de Bollinger en el asiento de la par.
-Muy bien, descansa y compórtate.- ese tono de madre enojona que me hace tanta gracia.
-Si quieres acompañarme puedes venir cuando quieras.- cuelga.
Tiro el celular al asiento trasero. Respiro profundo. No tengo nada de ganas de conducir pero quiero llegar a mi hogar y a la cama que este día me esperara sola. Enciendo el auto con mala gana y comienzo a manejar, sigo las instrucciones del GPS que el muy canijo se apaga a unas cuantas calles.
Perfecto.
El auto comienza a detenerse, no hay gasolina. Debí haber pasado antes a la gasolinera antes de llegar al Luksus esta tarde, ¿me pasa justo hoy? Que se supone que hago ahora, ¿llamar a Katrina? Salgo del coche esperando encontrar alguna solución a media calle de algún lugar por el cual no recuerdo haber pasado antes.
Me recuesto en la puerta y vuelvo a ver hacia todos lados. Abro el coche y saco una cajetilla de cigarrillos, saco uno y me lo llevo a la boca. Debería de dejar este vicio, detesto hacerlo pero supongo que no puedo dejarlo aunque quiera. Me rebusco en las bolsas por algo de fuego pero nada.
-¿Necesitas fuego, hermano?- un tipo de mediana estatura y aspecto avejentado se acerca.
-Gracias.- le sonrío. Saca un encender y me lo ofrece. Lo tomo agradecido, enciendo el cigarrillo y de inmediato le doy una calada. -¿Quieres uno?- le ofrezco uno pero niega.
-Como podrías tu compartir algo con alguien como yo.- le miro extrañado. Estoy ebrio pero el caballerismo ante todo.
-¿A qué te refieres?- pregunto sin entender. Me quita el cigarro de la boca y lo sujeta. -¿¡Que rayos estás haciendo? Te iba a dar uno nuevo.- saco la caja y se la entrego.
-Estas muy tomado esta noche. Lucifer Humphrey.- sabe quién soy. –Se quién eres...- ruedo los ojos.
-Toda Las Vegas sabe quién soy.- se carcajea. Le da una calada al cigarro.
-Has bebido demasiado, ¿es esto lo que haces cuando tus trabajadores desaparecen cuidándote el trasero?- de pronto la claridad abandona mi mente.
¿Qué habla? ¿Trabajadores?
-No entiendo lo que hablas.- me giro para entrar al coche. Me detiene en el acto. –Mira amigo no se quien rayos eres agradezco tu ayuda pero es hora de despedirme.-
-Si... mientras tú descansas tus trabajadores desaparecen de esta ciudad...- este esta mas ebrio que yo...
-¿¡De qué demonios hablas? ¿Qué trabajadores?- la cabeza comienza a dar vueltas. –No entiendo lo que dices, amigo creo que te has equivocado de Lucifer.- me sujeta. Me da un mareo y pierdo el equilibrio cuando me sujeta de la camisa haciendo que caiga al suelo. Me golpeó la cabeza.
-¡No finjas que no sabes de que hablo!- me pone un pie en el estómago. –No sabes cuánto he esperado para encontrarte a solas, no sabes cuánto te aborrezco.- ni siquiera conozco a este tipo. Le empujo con el pie y rápidamente trato de levantarme.
-¡Hijo de puta!- se abalanza sobre mí. Logro esquivarlo. Estoy muy ebrio y es difícil mantenerme en linea recta pero puedo intentar abalanzarme a el y golpearlo fuerte... pero no voy a tentar a mi suerte.
-¿Por qué me odias?- trato de llevarlo con calma.
-¿Por qué no debería?- es una pregunta justa. –Mi hijo... mi hijo menor lleva dos semanas desaparecido, justo las dos semanas que entro a trabajar en tu maldito bar asqueroso.-
-No ofendas mi bar.- gruño. Mi cuerpo comienza a sentirse pesado. Se acerca y su puño llega a mi cara. Maldición. Duele. -¡Que carajos! ¿Acaso eres estúpido? Mi rostro es invaluable y la fuente de mi fortuna.- gruño. –Oh, cielos, duele. No sabes absolutamente nada, no tengo idea de quién demonios es tu hijo y si alguien hubiese entrado a trabajar al Luksus hace dos semanas lo sabría.- me tiro sobre él y lo golpeo.
-¡No digas estupideces!- el hombre se acerca nuevamente a mí pero esta vez me defiendo dejándole ir un puñetazo en el estómago. -¡Maldito! Solo tiene diecisiete años.- frunzo el ceño. Ni siquiera contratamos a menores de edad.
-Amigo te has equivocado de Lucifer y de bar, no sé qué es lo que te dijo pero puedo asegurar que es mentira.- el tipo furioso se acerca a mí y me toma del cuello. La estatura no le quita la fuerza. Si solo estuviese un poco más sobrio no tendría problemas con este tipo.
-¡Ey, suéltalo!- escucho a mis espaldas, vuelvo la mirada hacia un coche de lujo que estaciona y aun tipo enorme que sale de él. El hombre "mi hijo no-sé-qué" aprovecha y me da un golpe en el estómago que me hace caer. Cierro los ojos ante el duro impacto. Maldito alcohol.
-¡Quien rayos eres! No te metas en mis asuntos, no conoces a este tipo y su...- me levanto y corro hasta el para derribarlo. -¡Suéltame!- lo golpeo. Nadie se mete conmigo y trata de ofenderme de la nada.
-No sé qué mierda piensas que eres y no tengo idea de quien piensas que soy.- el tipo me trata de golpear. –Pero no tengo idea de quién eres y por qué rayos tratas de culparme de la desaparición de tu hijito. Primero no contratamos a menores de edad y de eso estoy completamente seguro, tu hijo seguramente huyo de casa porque aborrecía vivir con alguien como tu.- me he cabreado y el dolor de cabeza no ayuda en nada.
-¡No hables de él como si lo conocieras! Maldito pervertido.-
-Gracias por lo último.- digo con fanfarronería. El hombre se cabrea y me golpea a lo cual respondo con otro golpe.
-¡Basta!- me giro hacia el tipo que bajo del coche hace unos segundos. No le veo bien por la poca luz. -¿Quiénes creen que son para estar molestando a los vecinos a estas horas?- recibo un golpe en la cabeza por su parte. Qué demonios.
Lo observo fijamente. Ese sujeto ¿Quién es? Por sus ropajes diría que es de buena familia y el coche no se diga más, tiene el cabello suelto y para poder explicarlo mejor es de un color extraño, no puedo ver si es blanco o gris. No puedo ver muy bien su rostro. Mi vista lo recorre hasta llegar a su mano izquierda, oh vaya, un reloj Piaget y en su dedo corazón realza un anillo con un león de oro, llevo la mirada hasta la mano derecha que extiende hasta el tipo, un anillo en su dedo índice. Analizo su postura, una altura impresionante.
¿Es modelo? ¿Actor? ¿Casado? ¿Jefe criminal?
-Tú.- se acerca al tipo y le ayuda a levantarse. No lo golpea. -¿Por qué ofendes de esa manera a este pobre hombre?- me vuelve a ver. Me levanto quitando todo rastro de impresión ante su presencia.
¿Pobre hombre? ¿Tan mal aspecto traigo?
-Por qué este tipo ha secuestrado a mi hijo.- ahora no lo he matado sino que secuestrado. Trato de decir pero el tipo con abrigo largo me calla con la mano.
-¿Cómo sabes que ha sido él quien le ha secuestrado?- si, como sabes que he sido yo. –En todo caso debiste acudir a la policía y no atacarle por tu cuenta. Mira, ahora estas golpeado.- levanta la mano y... ¿Lo acaricia?
-Espera un momento la victima aquí soy yo, no sé quién demonios es este tipo que está culpándome por algo que en un millón de años haría, si fuera una mujer... bueno tal vez pero no, no me van los niñitos de septimo grado.- me acerco. No se si es el alcohol o que porque comienzo a reírme, el tipo del abrigo me mira molesto.
-¡Tienes a mi hijo! Nunca voy a perdonarte que le hayas hecho algún daño.- me encojo de hombros restándole importancia. El jefe de la mafia me mira con desconcierto. ¿Qué?
-El odio en tu corazón hacia ese hombre no te dará felicidad, no te dará paz y mucho menos ayudara a encontrar a tu hijo.- le acaricia la mejilla como si nada. El tipo le mira a los ojos y de pronto parece que estuviera en otro mundo.
-Pero él comenzó a trabajar hace dos semanas y es justo el tiempo que lleva desaparecido.- me vuelve a ver con aborrecimiento. Ruedo los ojos.
-Ya le dije que no contratamos a menores de edad, seguramente escapo porque quería ser libre o simplemente ya no te aguantaba.- la situación es obvia. Por qué un chico de diecisiete años mentiría sobre trabajar en un bar como el mío.
-Nunca perdonare lo que hayas hecho con mi hijo.- este hombre no capta lo que le estoy diciendo.
-¡Te he dicho que no tengo a tu jodido hijo!- exploto colérico. El dolor de cabeza me mata, la punzada que siento en mi estómago me hace marearme.
-¡Pues como veras con tu maldita vida y tu estúpido bar no puedo fiarme en que no lo tengas tú! ¡Eres el culpable! Miserable.- ese cabron. Me acerco a él con enojo. El tipo criminal me mira y niega.
-Tú, no hables.- su mirada es perturbadora. ¿Está callándome? ¿Quién rayos cree que es?
-"No juzguen, y no se les juzgará. No condenen, y no se les condenará. Perdonen, y se les perdonará."- le dice. Que rayos significa eso. –Tu hijo aparecerá, si este hombre niega el delito con tanta pasión es porque dice la verdad. Busca y encontraras.-
¿De dónde cojones ha salido este "Inspirador"?
-Es mi hijo menor.- gruñe. El Inspirador se acerca a él y le da un beso en la frente. ¡Que demonios!
-¿Hay algo por lo que tu hijo quisiera huir de casa?- niega. El Inspirador le mira fijamente y el viejo niega.
-Hace unos días decidió abandonar la escuela diciendo que unos chicos que lo molestaban por ser pobre... me enfurecí con él a tal grado que lo golpee, me grito que no quería que fuese más su padre y le dije que nunca lo quería volver a ver un día después me dijo que había conseguido trabajo en el lugar de ese tipo y que se iría con él, nunca le volví a ver.-
Ruedo los ojos. El viejo tiene la culpa, los hijos deberías de apreciarse no tratarles mal. Créeme si ese chico escapo de ti nunca volverás a verle, los errores de los padres siempre lo pagan los hijos y así será por siempre.
-Tu hijo seguramente está molesto por lo que paso entre ustedes. Lo que debes hacer es buscar a la policía.- saca su billetera y le entrega algo. –Ve por la mañana y habla con esta persona acerca del asunto, te ayudara y con fe podrás localizar a tu hijo de inmediato.- el tipo sujeta la tarjeta y la lee. Vuelve a verlo y asiente. Seguido comienza a caminar en otra dirección no sin antes darme una mirada de odio.
Ha.
Me quedo parado como idiota, meto la mano a mi bolsillo y saco un cigarro. El Inspirador y jefe de la mafia me mira con desdén. ¿Qué? A quedado claro que no ha sido mi culpa ahora lo único que quiero es volver a casa a como dé lugar. Camino hasta mi coche ignorándolo.
-¿Qué haces?- pregunta. Sin girarme le digo que me voy a casa. –Ven conmigo.- no sé como pero sujeta mi brazo, me quita el cigarro y lo tira.
-¡Que te sucede!- gruño. Me suelto de golpe. Se detiene y me mira. Oh, vaya.
-Voy a cuidar de ti.- responde con voz suave. Sus rostro...
Me quedo mudo por lo cual toma mi silencio como un "Sí". Camino tras de él, su cabello es angelical y me pregunto si es por eso que el viejo se le quedaba viendo como medio perdido, sus facciones son delicadas pero a la vez son muy masculinas y duras. Es un tipo mafioso se le nota a simple viste, mujeriego, criminal y hombre de pocas reglas.
El silencio es palpable cuando me hace sentarme en la parte trasera de su coche, un lujo de coche, no dudaría tenerlo en mi garaje. Le digo que es un gran auto y el solo responde con un "Es solo algo material" parece irritado por el comentario pero no dice nada más. Aprovecho supervisar su rostro, cejas finas y de un color claro, sus labios rosados en una línea recta muy bien formada, nariz respingada y llegando a perfecta, sus ojos, por la oscuridad de la madrugada sus ojos parecen tan claros como las aguas de la islas Ko Phi Phi en Tailandia.
-Va a doler.- dice. Me he perdido viéndolo así que ni idea de lo que habla.
-¿Eh?- pregunto para después quejarme por el ardor. Maldición. -¡Dime antes de hacerlo!- gruño enojado.
-Lo hice pero parecías estar soñando con algo agradable.- le vuelvo a ver para saber si se está burlando pero no, lo dice en serio. –Cómo es que te ha dejado tan herido pareces haber bebido todo el licor de Las Vegas y ciertamente hueles a tabaco ¿Te descontrolas de esta manera todo el tiempo? Pareces un hombre fuerte pero te han tumbado con facilidad, eres fácil de dejar abajo.- lo ultimo lo dice con voz extraña, me mira fijamente y sus ojos parecen arder.
-¿Por qué estas ayudándome?- ignoro sus palabras.
-La ayuda se le da a cualquiera que la necesite, tú pareces necesitar ayuda y mucha.- vuelve a poner algodón humedecido en alcohol en las heridas de la frente. –Si no hubiese solucionado el problema seguramente te hubiesen encontrado tirado al lado de la iglesia.- ¡Esta burlándose!
¿Iglesia?
Vuelvo a ver a todos lados y localizo una iglesia pequeña a una cuadra de donde estamos. Ni siquiera me había dado cuenta que estaba ahí, de hecho ni siquiera tengo idea donde estoy ¿He pasado por aquí antes?
-Si estuviera un poco más sobrio no hubiera tenido problemas con él y su amor paternal por el chico que desterró, ese chico ha escapado por algo.- se acerca a mí con una bolsa. –Le dije que no tengo a su hijo pero fue muy insistente, buen chico al decir que estaba trabajando para mi.- me mira directamente. Se acerca casi topando su pecho a mi cara, mucha cercanía. Un delicioso olor invade mis fosas nasales.
-Dolce.- susurro.
-Días como hoy tengo que usar todas estas cosas materialistas.- dice. Le miro sin entender. –No vayas a...- me quejo al sentir un algodón con alcohol en mi ceja. –Quejarte.- me regala una pequeña sonrisa. Que extraño, no le gustan los autos, ni las cosas materiales, que sujeto más extraño. -Apestas a tabaco y alcohol.- que sinceridad. –Deberías de dejarlo, es un muy mal habito y tendrá consecuencias graves.- niego. La sobriedad vuelve a mi mente.
-No haré eso por nada del mundo.- me muerdo el labio. Esta mierda duele y me duele mucho. Me pone unas benditas de carros, me dice que es para los niños y no le entiendo, ¿hijos? Podría ser, parece ser un tipo de familia con todo el rollito de amor por delante.
-No te muevas.- pide. Asiento. Saca algo del baúl y me lo entrega. –Por favor toma esto, te sentirás mejor y podrás volver a tu hogar por cuenta propia, te llevaría pero tengo un compromiso.- me miro la mano y es una aspirina. Me entrega una botella con agua.
¿Un compromiso? ¿Una mujer quizás? ¿Infidelidad? Insisto tiene el aspecto de un mujeriego.
-Espero que me reviva para caminar hasta el infierno.- gruño. Vuelvo a ver mi coche. -Me he quedado sin gasolina.- me mira por unos segundos y después asiente.
Saca otra cosa del baúl y parece ser una botella grande, un galón de gasolina. Se acerca a mi coche, saca las llaves y después se acerca a la entrada para gas. Me dedico a analizarlo otra vez, parezco un acosador pero es un hombre así que no hay problema. Un tipo alto, quizá mi estatura o un poco más, cabello blanco que me sorprende y ojos turquesa impresionantes. Cuerpo musculoso cubierto con un traje italiano y un abrigo largo, este tipo tiene dinero y lo aparente con todas sus letras. Sus zapatos también, impresionante, buen cuerpo y elegancia. Ese hombre es la elegancia pura. ¿Sera extranjero? Lo parece pero por su acento no puedo decirlo con certeza.
-¿Te sientes mejor?- me vuelve a ver. No le entiendo. -¿El dolor de cabeza?- oh, se refiere a eso.
-La botella de Bollinger me permite pensar que estas celebrando algo, ¿Qué es?- sonríe. Una leve sonrisa fina con algo chispeante en sus ojos.
-No es nada, solo regresaba a casa.- me levanto y camino hasta mi auto, de manera extraña pero me siento bien esa pastilla es todo un elipsis de la vida. -Gracias por haberme ayudado.- le digo. Me entrega las llaves, sus dedos tocan mi mano y por extraño que parezca siento un cosquilleo.
Estoy muy ebrio...
-Dios te bendiga.- me toma de la cara y besa mi frente. Me alejo de inmediato. Pero que rayos, este tipo es un extraño. Me pongo nervioso y las ganas de irme me llaman.
-Si, como sea. Gracias por tu ayuda.- entro rápidamente al coche.
-"Porque nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos. Así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso."- me dice. No lo entiendo. Cuantas citas de libros se ha aprendido, ¿es profesor?
-¿Eres profesor?- sonríe con amplitud. Lo es, un profesor con aspecto de mafioso apuesto a que se ha tirado a sus alumnas.
-Que tengas un viaje seguro.- se despide.
Se encamina a su coche y yo pongo en marcha el mío. Ese tipo es extraño, me ha dado escalofríos ese movimiento que hizo. Qué clase de hombre le da besos en la frente a otro hombro, y que clase de hombre fino y elegante ayuda a un pobre miserable como ese viejo. Me miro en el retrovisor, que aspecto tan horrendo tengo, que habrá pensado de mí. Pfff. Niego ante el pensamiento.
-No le des muchas vueltas Lucifer esto no es propio de ti.- suspiro.
¿Suspiro?
Yo no suspiro. Mi celular comienza a timbrar. Lo cojo y antes veo la hora, las cuatro de la madrugada y yo aquí, no puedo creerlo.
- Katrina amor, estoy en camino y estoy sobrio así que no te preocupes por nada.- suspiro otra vez.
-¿Ha sucedido algo?- carraspea.
-Nada importante, ¿Por qué?- frunzo el ceño. Si ella supiera lo que acaba de suceder.
-Acabas de suspirar y te escuchas extraño.- chasqueo la lengua.
-Tonterías, te llamare por la tarde.- cuelgo.
Acelero perdiéndome en las calles solas de Las Vegas. Necesito pensar que esto termino y no volver a pensar en ese tipo... aunque debería de agradecerle de otra manera.
No, aquí dejémoslo.
Lucifer vuelve a tu camino y que no te importe nada.