D'Angelo Alai dormía profundamente a mi lado. Su respiración era suave, su cuerpo enredado entre las sábanas y una de mis camisas. Dios, cómo podía verse tan perfecta incluso después de tantos días de tensión, dolor y miedo. La abracé suavemente, como si al rodearla con mis brazos pudiera protegerla de todo… incluso de mí. Me levanté en silencio y fui al baño. Cerré la puerta. Encendí la luz. Me miré al espejo. Esperé. Lo provoqué con la mirada. —Vamos… sal —murmuré—. Vamos, maldito. Nada. Mis pupilas seguían siendo mías. Mi rostro seguía siendo el mismo. No había esa sombra oscura en los ojos, no había esa sonrisa torcida y salvaje. No había señales de él. Por primera vez… necesitaba que viniera. Y no lo hacía. Golpeé el lavabo con el puño, dejando que la rabia se acumulara en

