Una amenaza

804 Words
Alai Rivas Me despertaron los pasos de mi tía. Fueron rápidos, decididos, más duros de lo normal.No tocó la puerta. La abrió de golpe. La luz del pasillo se derramó sobre mi rostro y me obligó a entrecerrar los ojos. —Alai, levántate. Ahora. —Su tono no admitía réplicas. Me incorporé lentamente, aún desorientada. —¿Qué pasa…? —Vístete. Rápido. Cepíllate el cabello. Y nada de tus vestiditos ridículos. Póntelo todo bien cerrado. —¿Pero por qué? ¿Qué ocurrió? Mi tía se detuvo solo un segundo. Lo justo para mirarme, para soltar la bomba. —Al señor Fontana lo encontraron esta madrugada. Muerto. Me quedé en silencio. —¿Qué… qué quieres decir con “muerto”? —Lo colgaron —respondió sin rodeos—. En la entrada del club Il Gatto Rosso. Lo... torturaron. Fue salvaje, Alai. No lo mataron como a un enemigo común. Lo destruyeron. Sentí el estómago cerrarse de golpe. —¿Quién…? ¿Quién haría algo así? Greta evitó mirarme directamente. Tomó una blusa blanca del armario y me la lanzó con gesto rápido. —No se sabe aún. No hubo nota, ni huellas, ni explicación. Solo el cuerpo. Lo colgaron como si fuera una advertencia... aunque nadie sabe para quién. —¿Y tú… tú crees que…? Me callé. No quise terminar la frase. Pero Greta sí lo hizo por mí. —No lo sé. Pero esto no fue por negocios. Ni por deudas. Fue personal. Eso fue… rabia. Humillación. Una respuesta a algo o a alguien. Me apreté la blusa contra el pecho, sin poder moverme. En mi mente, las imágenes llegaron solas: La rosa negra.La nota anterior. —Tía, yo no hice nada… no lo provoqué. Apenas hablé con él en la cena. Tú estabas allí. —No seas ingenua, Alai —me cortó con un suspiro seco—. A veces no hace falta abrir la boca para despertar el deseo equivocado. A veces basta con existir. Y tú… luces como algo que muchos quisieran romper solo para probar que pueden. No respondí. No podía. Greta se acercó y alisó mi cabello con los dedos. —Hoy no vas a clases. Nadie debe verte. Vamos a salir por la puerta trasera. Voy a llevarte a la casa de la señora Giordano, y te quedarás allí hasta nuevo aviso. —¿Y si no fue por mí? Greta me miró fijo. Con dureza, pero también con algo que parecía… miedo. —Y si sí, Alai. Y si sí… Me quedé temblando mientras me vestía. Con la sensación de que algo, o alguien, me respiraba cerca…aunque no pudiera verlo. —Tía… tú no estarías así de nerviosa solamente por una muerte entre mafiosos —dije, mirándola desde la silla, mientras ella caminaba de un lado a otro como una fiera encerrada—. Tú has visto cosas peores… ¿verdad? Se detuvo en seco. Me miró como si quisiera decir algo… y no pudiera. Después, suspiró con violencia. Abrió un cajón del aparador.Sacó una caja de madera oscura, rectangular. La colocó sobre la mesa entre nosotras. —Me la enviaron esta mañana. —Su voz sonaba apagada, como si tuviera miedo de que algo la escuchara desde dentro. La miré. Dudé. Pero mis dedos fueron más rápidos que mi miedo. Abrí la tapa. El aire se volvió irrespirable. Allí, envuelta en un paño blanco ya manchado de rojo, había una mano. Una mano cercenada.Una mano humana. Sentí cómo me abandonaba el color del rostro. No necesitaba preguntar. Lo supe en cuanto vi el anillo de oro en el dedo índice. —Fontana… —susurré, llevándome una mano a los labios. —Sí. —Mi tía me quitó la caja de un tirón, como si no pudiera soportar que la viera por más tiempo—. Me la enviaron sin remitente, pero con esto. Sacó un sobre pequeño, de color n***o. Dentro había una nota, escrita con letra inclinada, elegante… y cruel. La leyó en voz alta, con la garganta seca. > *“A Alai Rivas no se la toca. No se la mira.La próxima será usted, señora Rivas.”* La nota cayó sobre la mesa con un susurro. Yo no me movía.Ni siquiera parpadeaba. —¿Quién… quién mandó esto? —pregunté, aunque ya empezaba a sospecharlo. Greta negó con la cabeza. Se sirvió un trago de licor y lo bebió de un golpe. —No lo sé, pero este no es un mensaje para el mundo, Alai. Este es personal. Esto… esto es una marca. Una declaración. Me abracé a mí misma.Mi corazón latía tan fuerte que podía oírlo en los oídos. Había una verdad oscura arrastrándose entre nosotras y yo ya no podía ignorarla. Alguien me estaba mirando.Desde las sombras y estaba dispuesto a matar por mí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD