El lugar al que me llevó era como un sueño. Un claro escondido en medio del bosque, rodeado de árboles altos y cielo despejado. La brisa era suave, el sonido de los pájaros envolvía el aire, y por primera vez en semanas, respiré sin miedo. D’Angelo extendió una manta sobre la hierba y se sentó conmigo. No había escoltas cerca, ni ruidos de autos ni armas ocultas. Solo él y yo, como si fuésemos una pareja normal. Después de un rato en silencio, observando las hojas moverse y dejando que el sol nos acariciara la piel, él apoyó la cabeza sobre mis piernas. Sus ojos cerrados, su expresión tranquila… era tan distinto a ese hombre que suele llevar el peso del mundo sobre los hombros. Tan distinto… al Diablo. Pasé mis dedos por su cabello, acariciándolo en silencio, hasta que me atreví a pr

