Las horas pasaban y ni Steph ni Joseph recibían alguna respuesta de Alexandra, nadie le decía nada sobre su estado, si seguía con vida o si había sucedido lo peor, cada minuto que pasaba era crucial y los mantenía en constante estrés de saber que sucedía al otro lado de esas puertas del hospital de la manada. El doctor salió. —Vayan a descansar, la cirugía ha salido bien, aunque las próximas horas determinará como evoluciona todo—comentó el doctor. — ¿Puedo verla? —preguntó Joseph. El doctor negó. Prefirió no preguntar nada más y marcharse junto a Steph. Llegaron a la casa. — ¿Dónde está Elena? —preguntó su padre. —Arriba, está dormida, tuvieron que ponerle un tranquilizante, estaba demasiado alterada, no podía decir nada porque se soltaba en llanto, Jeff está cuidando de ella—come

