La visión

1916 Words
Ángela Desde que tengo memoria imaginaba que mis padres ponían cámaras para vigilarme, y esto lo pensaba cuando me ponía a bailar con mis pasos prohibidos mientras me duchaba o cuando hacía alguna maldad. Ahora siento que estoy siendo partícipe de una de las tantas bromas que hacen ahora los famosos, y si es así y me están grabando les voy a partir la madre por casi matarme de un infarto. —¿Licántropo? —repito con toda la seriedad del mundo, a lo que solo él asiente sin despegar su mirada de la mía y con una expresión que no puedo descifrar —Si me está preguntando si vi Crepúsculo déjeme decirle que sí, y efectivamente prefiero al sexy lobo que al pálido vampiro. Silencio, unos dos minutos de silencio incómodo y luego risas, Ian se estaba partiendo de la risa y eso me estaba descolocando aunque fuera la risa más hermosa y sensual que haya visto y escuchado. —¿Podrías decirme dónde están las cámaras? Esto me está hartando. —No hay cámaras, era una pregunta seria pero cada vez me sorprendes más —se seca una lágrima de la risa. —¿Una pregunta seria es si creo en hombres lobo? —Creo que la pregunta correcta es si crees en algo fuera de lo normal, en seres mitológicos y habilidades sobrehumanas. —Pues mi madre cree en Dios, ¿por qué no le hace esa pregunta a ella? Ian alza sus cejas sorprendido y su boca está que toca el piso. —¿Tu … no crees en Dios? —No. Ian baja su mirada al suelo y lo veo susurrar pero no alcanzo a escucharlo, él se levanta de golpe y camina rodeando la sala y sentándose a mi lado. —Necesito que confíes en mí. Aunque me gusta que me mire como un acertijo mi estómago está empezando a retumbar del hambre. —No, no lo conozco y quiero irme a mi casa, esta situación me está cansando. —Si quisiera hacerte daño ya lo hubiese hecho, estas en mi territorio Ángela —trago grueso, mi nombre saliendo de esos labios carnosos y esa voz varonil me desarma, y si antes sentía las famosas mariposas ahora siento pterosaurios —, solo quiero mostrarte algo y para eso necesito que me des un 1% de tu confianza. Suspiro sin nada más que hacer. —Bien, pero te advierto que si veo algo raro te daré una paliza, me se defender aunque no parezca —él solo sonríe lado, una sonrisa juguetona que me pone colorada. —Lo sé, lo percibí cuando me golpeaste, tienes más fuerza que la que deberías —frunzo mi entrecejo. —Yo no te he golpeado, al menos no que recuerde. —Tranquila —me sonríe con complicidad —, lo entenderás todo cuando me dejes mostrarte, ahora necesito que no dejes de mirarme a los ojos —¡Oh si supieras que no quiero dejar de mirarlos! —, pondré mis manos a los lados de tu cabeza y sentirás un pequeño dolor y como tus tímpanos se taponan pero luego pasará ¿está bien? Quiero reírme, sencillamente no puedo tomar enserio a este chico, pero seguiré su broma hasta el final, después de todo tengo un conjunto deportivo nuevo. —Está bien. —¿Lista? —Ian pone sus manos en mi cabeza y veo como se tensan los músculos de sus brazos —No despegues tu mirada —me advierte al quedarme observando sus brazos, vuelvo a subir mis ojos y no puedo ocultar una risilla. —Si, sí, estoy lis … —no termino la frase cuando una terrible punzada atraviesa mi cabeza y seguido a una serie de imágenes que lo acompaña una voz más grave que la de Ian. *Hace mucho tiempo en una aldea pequeña y humilde ocurrió una tragedia, todos sus habitantes fueron asesinados cruelmente por una manada de lobos que buscaban venganza por la muerte de uno de sus integrantes, la llamaban su Luna, la pareja destinada para el Alpha líder de la manada. La manada solo dejó un solo hombre vivo, el cazador, el hombre que había portado la piel de la loba como si fuese un trofeo. Ahora éste se encontraba solo, con miedo y viendo como todo a su al rededor se teñía de rojo sangre. El hombre gritaba y maldecía a los lobos, el Alpha moría por no tener a su Luna, Dios lloraba por tener a sus dos creaturas favoritas en guerra y los ángeles de luz castigaban tanto al hombre como al lobo por hacer llorar a Dios, un castigo que duraría toda la eternidad y que pasaría de generación en generación, tanto el hombre como el lobo debían convivir el uno con el otro en el mismo cuerpo hasta que el humano muera, allí se acabaría la vida para ambos. Al inicio se consideraba una maldición, ahora una bendición, tanto el hombre como el lobo cohabitan en un mismo cuerpo apoyándose mutuamente, han crecido por todo el mundo ejerciendo el bien, y siguen buscando y amando a su Luna, su razón de existir. Tú Ángela eres la Luna y pareja destinada no solo de Ian sino mía, soy Max, su lobo y a partir de hoy, tu protector * Me paro bruscamente alejándome de Ian, tengo mis oídos taponados y un leve mareo, la respiración acelerada, el sudor recorre mi frente y estoy temblando, pero no puedo evitar querer sentirlo cerca, llevo mis manos a mi cabeza y miro aterrorizada a Ian que se encuentra de pie con una mirada de preocupación. Ian —¿Qué rayos fue eso? Puedo ver claramente el miedo en sus ojos, tengo mi corazón a mil por hora, me da pavor que se asuste tanto por lo que vio y por lo que sentirá a partir de ahora que termine alejándose de mí, no lo soportaría, ningún lobo soportaría estar lejos de su pareja después de haberla encontrado. Se que con la visión de Max los sentimientos que nosotros los lobos sentimos solo con percibir el olor de nuestra pareja empezarán a florecer en Ángela que no tiene sangre licántropo por sus venas, ella no puede sentir nuestro olor pero con la visión experimentará algo parecido. —Quiero que respires profundo Ángela, acabas de experimentar una visión por parte de Max, mi lobo. Ella baja sus manos de su cabeza en señal de que posiblemente se le acaban de destapar sus oídos. Estaba preparado para todo, por mi mente pasó todo tipo de escenarios donde la pequeña que tengo al frente con olor a cerezas y chocolate salía corriendo despavorida, pero no, desde el primer momento en que la vi en esa estación de tren ha superado mis expectativas dejándome sin aliento. Con sus ojos cristalinos a punto de llorar me dice las dos palabras que cambian nuestro mundo. —Quiero verlo. Se porque lo dice, al presenciar la visión primero te enamoras del lobo y luego del humano. —Está bien, pero debemos salir, Max es muy grande y acá no cabemos —asiente no tan confiada y traga saliva señalándome con la cabeza. —Te sigo. Con mi corazón en la mano, metafóricamente hablando, salgo del estudio asegurándome que mi pequeña me siga y me dirijo al jardín que se encuentra en la parte trasera de la casa. Al llegar me giro hacia ella que está a dos metros de distancia y juega con sus manos mostrando su nerviosismo, puedo escuchar el latido de su corazón el cual está igual de acelerado que el mío, sus ojos no dejan de mirarme y yo no pierdo más tiempo, me transformo sintiendo como cambian mis huesos, como ahora estoy sobre cuatro patas y como Max tiene el control de lo que pueda pasar. Ángela Escéptica. Así me consideraba junto a mis amigos, pero ahora mientras sigo a un hombre que dice no ser solo un hombre no sé qué creer. Después de que las miles de imágenes pasaran por mi mente mientras las describía esa voz parecida a la de Ian pero más grave mi cuerpo, mi corazón y mi cerebro no funcionaban acorde. Quería llorar, gritar y salir corriendo a los brazos de mi madre, pero también quiero quedarme en los brazos de Ian ¿Por qué? No lo sé, como no sé porque quiero ver a Max, abrazarlo y sentir su pelaje, en la visión lo vi pero quiero sentirlo. Tengo un revoltijo de sentimientos que no puedo expresar en palabras, y menos cuando llegamos al jardín e Ian me mira con miedo mientras yo me revuelco de nervios y en cuestión de segundos todo mi mundo se viene de cabezas. Ian empieza a cambiar, sus huesos se alteran con un sonido horrible haciendo que jadee y caiga hacia atrás, su ropa se rasga quedando en pedacitos mientras le nace pelo en todo su cuerpo y queda en cuatro patas; garras, orejas, hocico y colmillos aparecen en cuestión de segundos, pero hay algo que no cambia … sus ojos, esos hermosos ojos de dos colores que inevitablemente me recuerdan al ataque en la estación de tren, como me defendió y como luego lo vi convertido en hombre llevándome a su auto, siempre fue él, ellos, y yo me siento como una tonta por no haber atado cabos. Veo como el lobo da pasos para atrás, baja sus orejas y esconde su cola entre sus patas traseras, me mira asustado como si fuera yo la que se convierte en un ser mitológico, y para mi sorpresa su reacción me duele, siento que mis ojos se cristalizan al ver su miedo, tal vez pensando que huiré pero no … aunque mi raciocinio me dice que lo haga no lo haré y aún no se la razón, solo sé que me quiero quedar con él, con ellos. —¿Max? —me levanto lentamente del suelo extendiendo mi mano y él solo alza sus orejas mientras doy un paso y después otro acercándome despacio. Claro que tenía miedo, olía a gato todo el tiempo y a los perros suelen no gustarles, pero mientras avanzaba él solo me mira relajando su cuerpo, parándose derecho y sacando su cola expectante al ver mi mano acercándose poco a poco a su enorme cabeza. Mi corazón no para de latir al estar a solo un paso de tocarlo, trago grueso y me paralizo cuando el lobo da un paso poniendo su frente en la palma de mi mano. Calor y suavidad, eso es lo que sentí mientras un mar de sentimientos hacía presencia en mi ser y no puede evitarlo, me arrodillé para abrazarlo y llorar sin razón alguna. —Max … Max … —sollocé con mis ojos cerrados dejándome caer junto con él sin despegarme ya que estoy agarrada como una pulga, él pasa una pata sobre mí y lame mi brazo izquierdo, es ahí cuando lo escucho, cuando mi miedo se va y mi corazón se vuelve loco. * Estoy acá mi Luna, mi mate, la mujer de mi vida. Te protegeré, te amaré y te honraré. Te prometo que seré tuyo y de nadie más, eres y serás la dueña de mi corazón. Te pertenezco y tú me perteneces, en cuerpo y alma, ahora y hasta el final de los tiempos * Sonrío, porque sé que es verdad y porque sé que esas palabras son sentimientos no son solo de Max sino también de Ian.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD