—No merecías que te rompieran—sisea en tono bajo acercándose a mí de una forma peligrosa—. Eras una bruja de corazón blanco y alma libre, no era para que ese bastardo te hiciera añicos sólo por un plan que estaba ideando.
Toma mi cuello y me presiona contra la pared en la que no entiendo cómo nos acercamos para que pudiera dejarme acorralada como una presa.
—Eras perfecta tal y como eras—que tierno—. No merecías esto.
Esos son los comentarios que han llegado a mis oídos durante semanas. Que no merecía el cambio que Alandher me hizo tomar, que no debía haber cambiado por él.
Pero lo que no entienden es que si no hubiera cambiado en algún punto lo hubiera hecho y ya era hora de hacerlo, ya fue suficiente de ser la pobre niña a la que todos pueden pisotear, a la que sus poderes le dan miedo porque teme lastimar a los demás, por ello me quedo con esta versión que Alandher sacó de una forma que tal vez no era la correcta pero que de alguna forma salió.
—Aburre ser la niña tonta, Rhaysan—lo empujó con poder antes de estrellarlo contra la otra pared—. Eres bienvenido en mi castillo, pero deja de meterte en cosas que no te importan, alteza. Soy feliz con Alandher y mi cambio no es de tu interés.
Me transportó entre las sombras hasta salir de la sala donde Cassian me espera recargado en la pared con una pierna doblada hacia arriba y la mirada perdida en la pared de enfrente.
—¿A quién esperas?
Levanta la cabeza para verme y suspirar y esa es mi respuesta para saber que es a mí a la que espera, niego antes de hacerle la mueca de que puede seguirme que necesito ver unas cosas con él. No pensé que sería buena idea tener de compañero al cazador que está casado con mi hermana, pero sin duda es mejor de lo que pude esperar de otro cazador, además de que Cassian ya no es del todo un cazador.
Ahora es un jinete que todavía le falta aprender un par de cosas de su animal que debe estar dormido en el claro en el que lo dejamos. Me preguntó que pasará cuando los otros huevos se abran si es que lo hacen, que dudo mucho que un huevo se abra tan cerca de uno recién eclosionado.
—Isabella quiere saber si tienes pensando algo para la boda—niego despacio cuando damos vuelta por un pasillo.
A este punto sé a dónde nos dirigimos, y llevarlo a las catacumbas es algo que quería hacer desde antes que se supone que como nuevo jinete debe saberlo, además de que quiero y necesito que se aprenda las salidas del castillo en caso de que ocurra algo fuerte en este tiempo, por eso lo llevo a dónde vamos.
—No he pensado en eso—muevo la mano hacia el aire para sentir lo que corre debajo de nosotros—. Tal vez debería hablarlo con ella y con mamá.
He pensado que tal vez mi madre y padre podrían ayudarme con varias cosas dentro del castillo, pero no han querido dejar su casa por miedo a lo que Alandher puede hacer. A veces me preguntó si es por eso y no por el hecho de que están vivos de nuevo y quieren morir de nuevo. Sólo es una idea que se me ocurrió que no quiero hacer sentir mal a mi hermana que apenas está pensando en cómo será su vida ahora que sea madre de una niña. Sabe que es porqué yo le dije que no sabría si no me tuviera como hermana.
Recuerdo que su sueño era que su primer hijo fuera una niña a la que pudiera enseñarle a hacer trenzas a cazar y que fuera libre de hacer su vida como ella deseará así como mis padres le dieron ese beneficio, pero luego llegué yo y arruiné lo que mis padres llevaban con ella porque la tuvieron que enseñar para que compartiera cuando no la estaban educando para eso. Mi hermana no estaba preparada para una hermana por cosas que mi madre no nos ha contado a ninguna de las dos, pero que si le pregunto siento su tristeza, ese bajón de energía que me advierte que sea lo que sea es delicado para mi madre.
Bajamos las escaleras ocultas en la pared que abrí activando un ladrillo, le pregunté a Cassian si vió cuál era y sólo asintió, por lo que ahora lo llevo por donde voy, bajamos las escaleras hasta que llegamos al pasillo. Enciendo una flama en mi mano para conducirlo por el pasillo estrecho que huele a humedad y a putrefacción, algún animal debió morir por algo y su cuerpo quedó aquí abajo, Alandher no tenía problemas con dar y quitar vida hace unos días.
—¿Cuándo hicieron esto?—pregunta cuando damos vuelta en una división—. Se ve viejo.
—No sé, cuando llegué Alandher hizo que me aprendiera el camino a la salida—por cada uno de los túneles que están ocultos en las paredes del castillo—. Ahora voy a hacer que te los aprendas que Alandher quiere que lo hagas.
Asiente mientras seguimos caminando hasta bajar unos escalones, bajamos unos cuantos antes de que la segunda división se haga presente y es cuando doy vuelta, seguimos por ese pasillo hasta que llegamos a la salida del túnel. La luz causa ceguera en ambos por unos cuantos segundos, luego Cassian silba al ver qué estamos cerca del castillo pero afuera.
—¿Te lo aprendiste?—asiente despacio—. Bien, este es uno, y lo veremos toda la semana, esta vez te guíe yo, pero tú entrarás solo y te veré en la entrada. Debes salir por la misma puerta
—De acuerdo.
—No te pierdas.
Me vuelvo humo antes de meterme por los ladrillos de roca de mi palacio hasta llegar a la entrada del pasadizo. Me quedó a esperar, recuerdo que la primera vez me perdí unas seis veces y Alandher tuvo que ir por mí en todas esas veces. En los otros también me perdí pero en la mayoría son muy distintos los caminos que se deben seguir.
Isabella me ve y se aproxima a mí con ese vientre abultado de unos seis meses, cuando nazca esa pequeña será el orgullo de sus padres y digo de ambos porque Cassian está emocionado porque nazca la pequeña criatura a la que bautizaran como Lue que significa Luna en lengua negra.
—¿Has visto a Cassian?—asiento despacio.
—Está ocupado con algo—que es aprenderé a salir del castillo sin que sepan que se puede—. ¿Qué se te ofrece?
—Han estado muy unidos desde que ese huevo eclosionó—sonrío porque mi hermana no debe estar celosa de mí ni dudar del amor que le tiene el cazador.
—¿Celosa?
—Eres una…
La puerta se abre y deja que Cassian salga por ella con algunas telarañas en su cabello, miro al cazador que se sacude la ropa. Debió caerse en algún punto del trayecto o equivocarse y terminar en las arenas que Alandher puso en uno de los senderos erróneos que dejó por todos lados.
—¿Dónde demonios estabas?
—Aprendiendo un pasadizo—se sacude la ropa viendo a mi hermana—. ¿Puedes esperarme del otro lado?—para sorpresa mía va para mí esa pregunta—. Quiero aorendermelo sin equivocaciones.
—Cassian, tenemos la revisión hoy—parece que mi hermana está en desacuerdo con Cassian con el tema del pasadizo—. Me vas a cambiar por algo que te puso mi hermana.
—Cariño, el pasadizo es en caso de que algo salga mal—la expresión de mi hermana se suaviza—. Pero tienes razón, no debo cambiarte por esto. Iremos a la revisión y yo entraré por aquí otra vez.
—¿Seguro que no quieres mi ayuda?—se gira a mí y señala a Isabella.
Mi señal para hacerme saber que tiene que entrar por el pasillo. Que si lo hace bien en unos cuantos minutos estará dentro del castillo.
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Voy con Alandher a tomar algo de café en nuestra terraza privada mientras escuchamos a Jack roncar cómodamente desde mi cama, está transformado en lobo y así da un poco de miedo por el color y la forma de cuervo que nunca termina por irse del todo.
—Estaba pensando en un nombre—mis ojos van a Alandher que sonríe al pensar en ese nombre que su cabeza estuvo pensando el día de hoy.
—¿Así?
—Sí—hace que el azúcar se ponga en mi taza—. Angus.
—¿Angus?
Se levanta de su asiento para acercarse y darme un beso en la sien y caminar al barandal de piedra que lo espera firme para que pueda poner sus codos en el material que evita que se vaya al frente. Me pongo de pie para seguirlo y ponerme a su lado.
—¿Sabías que Cass sería un jinete?—me encojo de hombros antes de beberle a mi café.
—Sólo lo intuía—respondo suave.
Me hacía una idea de que podía suceder por como era Cassian y el mandarlo a él a buscar esos huevos decía mucho y que se haya atrevido a aventurarse más profundo en el lugar de dónde provienen es algo que dice bastante de su personalidad, perfecto para un líder de jinetes de dragón, por eso tenía puesta la esperanza en que lo lograría, en qué se volvería un jinete de buen corazón.
—No te equivocaste—muevo los labios curveándolos en una sonrisa suave.
Me encojo de hombros antes de escuchar un gruñido de Jack que va en dirección de mi puerta, me volteo para abrirla y ver quién es el visitante indeseado en mi recámara.
Adrick.
—¿Qué se te ofrece, alado?—los ojos del alado van a Alandher antes de darle una sonrisa burlona.
—Adrick.
Regresa sus ojos a mí antes de suspirar y dar unos cuantos pasos a una silla de las que tengo en mi recámara, se sienta antes de cruzar las piernas con una gracia que inquieta.
—Vengo a hacer un trato—arqueo una ceja sin entender que se trae—. Su reino está dando dolores de cabeza desde antes de que crezca siquiera—eso dice mucho de Alandher y de mí como líderes de esto—. Es por eso que vine por un trato.
—¿Rhaysan ocupa mandadero?—se burla Alandher.
—No es para él.
Eso llama mi atención.
—¿Entonces para quién?
—Para mí. Quiero hacer un trato para yo poder unirme a su reino.