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1745 Words
Acredian mira con molestia a Cassian por las palabras soltadas por su parte, pero sabe que no puede meterse con él porque en cierta forma se nota que Cassian ya no es él y que ahora es otra cosa muy distinta a lo que era. Por eso se piensa sus quejas y las cosas que puedan salir de su boca se las traga. Cassian termina de curarme antes de alejarse de mí y sonreírme. Una de las mucamas entra con seriedad en sus rasgos antes de suspirar. —¿Qué quieres?—brama mi padre al ver a la joven indecisa. —El rey Alandher quiere verlo—mi padre arquea una ceja antes de mirar a Cassian que se encoje de hombros—, también el rey Rhaysan quiere verlo. Mi padre ladea los labios antes de mirarnos y entender porque están presentes esos dos aquí. Una sonrisa fría aparece en sus labios y creo que su cabeza planea algo que dejará muy claro que el reino de las brujas tiene protección. —Ustedes dos—Cassian ladea la cabeza con curiosidad—. Los quiero vestidos de n***o, y con la corona puesta. Sin quejas Badien. —¿Quieres dramatismo?—se burla mi hermano—. Te lo daré. Acredian sale con la mucama antes de que Cassian se gire a mí y me guiñe un ojo por lo que planea, me dice cuál vestido sería el apropiado para lo que padre planea y casi me da algo al saber que si quiero ser parte del juego tendré que hacerlo. Sale de mi habitación y no tardo en ponerme el vestido que se adhiere a mis curvas como una segunda piel de la parte de arriba, con un escote pronunciado en la espalda, uno que llega hasta casi mis nalgas, el escote de enfrente tapa mis pechos antes de que siga bajando y se detenga justo por debajo de ellos con un pico. En la parte de la falda es suelto con algo de vuelo que le da libertad a mis piernas. Cuando Cassian aparece en mi habitación ya estoy lista con un maquillaje limpio en mi rostro, por eso sonríe y me guiña un ojo. Su traje es n***o totalmente y la espada que guarda en su funda se nota bastante, no hay nada de color en nosotros más que el de nuestra piel y ojos. Por eso cuando la mucama regresa para decirnos que padre solicita nuestra presencia nos asentimos y transportamos en una bola de humo. Aparecemos afuera de la sala del trono donde la reunión se lleva acabo, los guardias nos abren las puertas y hasta ese momento notó que Cassian se apareció una capa larga qué arrastra detrás de él con casa paso que da. Voy colgada de su brazo mientras avanzamos al trono donde mi padre está sentado con la corona en su cabeza reluciendo ante todas las brujas e invitados que hay. Nosotros llevamos la corona sencilla que nos da el poder en el reino, la mía es ligera y parece una hilera de espinas, pero la de Cassian… negra hecha de acero lumdaros con un dragón dibujado en la parte central de la corona. La mirada de Alandher me resulta ligeramente divertida porque no tiene idea o se la hace sobre el hombre que camina a mi lado con orgullo en él y sus facciones. Al llegar al final del pasillo ambos damos una leve reverencia antes de enderezarnos y sonreírle a mi padre que se ve orgulloso de la entrada que dimos. —Majestad, ¿nos llamó?—pregunta Cassian en tono alto. —En efecto, príncipe Badien—escucho a la que era mi hermana tragar—. Los señores quieren verlos a ti y a Amaneth. Hace la seña para que nos pongamos a su lado, pero Cassian eleva una de sus manos para extraer algo del suelo. Algo tiembla con el centro del movimiento al lado trono, todos sabemos la magia que tiene Cassian la cual se mantenía dormida hasta que su dragón y yo la despertamos. La magia de Cassian saca una pila de huesos que cruje al unirse y acomodarse, pero de lo que no estoy muy segura es de a que especie pertenecen esos huesos. Pero por el tamaño me hago una idea de cuál es, al final queda una silla de huesos que mi hermano se encarga de cubrirla de piel de otra especie o tal vez de la misma, luego hace a un lado el trono de mi padre para que su trono quede justo al lado. Se aproxima a su trono antes de hacerle una mueca a mi padre que lo mira con enfado por hacerle estos dramas a mi padre y sus invitados. —Amaneth—miro a Cassian antes de negar porque sé dónde me quiere. A pesar de ser muy distintos somos complementarios, él es la fuerza bruta y magia salvaje y yo, bueno, soy la astucia y la magia domesticada. Dos caras de la misma moneda llena de poder. Me siento sobre las piernas de mi hermano para verlos con una sonrisa canalla mientras mi padre hace rabietas a nuestro lado. —Puedes proceder, padre. Los ojos de Acredian van a Alandher que muestra cierto gesto por la forma en la que Cassian me sostiene de la cintura como si mi hermano y yo fuéramos a cometer incesto. —¿Sucede algo, rey Alandher? —¿Qué le sucedió a Cassian?—la risa de Cassian llena la habitación junto con la mía—. ¿Qué es tan divertido, excelencias? —Su amigo Cassian está muerto—le responde Cass en tono divertido—. La mujer a su lado lo mató. Debería encarcelarla por asesinato y traerla como bandera. Isabella y Gregory se miran entre sí y es cuando comprendo que estos dos se acaban de casar y que si Isabella está ahí es porque Alandher se lo pidió u ordenó. Miro a mi hermano para negarle despacio, arquea una ceja porque entiende mi mensaje. La magia en los dedos de su mano libre comienzan a fluir llamando mi atención, por eso pongo mi mano sobre la suya con cuidado. —¿Para qué han venido?—mi voz interrumpe la concentración de Cassian y la de mi padre—. Digo, no hemos realizado nada malo contra sus reinos. —Vengo para hacer una propuesta—mis ojos van a Rhaysan que se había mantenido en silencio durante estos momentos —. Pido la mano de la princesa Amaneth en matrimonio. Cassian suelta una risa antes de negar, pasa un mechón de mi cabello para atrás antes de dejar un beso en mi mejilla y mirar con mal gesto a Rhaysan que no muestra nada ante nosotros. —La princesa no es moneda de cambio—padre levanta una mano para cerrarnos la boca a su manera. —¿Rey Alandher?—pregunta mi padre en un tono alto. —Solicito un intercambio entre reinos—no digo nada—. La mano de la princesa por los asesinos de la difunta reina Katrine. Entregará a su padre y a mi madre a cambio de mi mano en matrimonio, mis ojos van a Cassian que suspira negando a lo que propone Alandher cómo trato para obtener mi mano. —Eso suena interesante—la voz de mi padre pone de malas a mi hermano que arruga la nariz—. Pero lamentablemente hice un trato con mi hijo, Badien, no pueden pedirme la mano de ninguno de mis hijos en matrimonio. Cassian sonríe cuando ve las caras de disgusto de los reyes que vinieron pidiendo mi mano como si fuera fácil. Pero a pesar de eso creo que el que traigan a su padre y a mi madre nos da un poco de ventaja en este momento, le digo a Cassian y por los sonidos de su cuerpo es claro que mi opinión fue tomada en cuenta. —Padre, espera—los ojos de Acredian van a nosotros—. ¿De verdad entregará a los asesinos de mi madre, rey Alandher? Alandher truena los dedos y están su padre, mi madre y padre amordazados puestos de rodillas con varios golpes en zonas de su cuerpo. Isabella traga despacio porque estoy segura de que no está de acuerdo con entregar a sus padres, pero a Alandher no le interesa eso. O eso aparenta. —Pido la mano de… —Guardias—ladra Cassian y todos los hombres que rodean a los invitados se mueven para ir por los asesinos de nuestra madre. Alandher se queda estático por el poder de Cassian que lo deja en su lugar, también a todos sus seguidores idiotas. Alandher ve como los guardias toman a mis padres y a los de Alandher, pero Cassian me pone de pie y se acerca al rey petrificado. Le sonríe de manera cruel antes de acercar a Isabella que derrama una lágrima al ver qué Cassian ya no está, al menos no del que jugó. —Tenemos un dicho—sé a cuál se refiere—. Uno que es el favorito y se volvió lema de la casa real. Amaneth. —Nadie se va sin pagar. —Y sus padres me pagarán la muerte de una reina con la suya. Isabella niega con los ojos, pero a Cassian no le interesa cuando saca su espada de la funda y la entierra en el corazón del padre de Alandher, para luego sacarla y cortarle la cabeza a la que fue mi madre durante mucho tiempo. No siento tristeza ni nada, solo un leve dolor pero a la vez felicidad por la justicia que al fin se le dio a mi madre. —Usted es libre, aunque debería dejarlo en prisión. —¡Harper!—sisea el hombre que acaba de perder a su esposa por segunda vez. —Amaneth—miro a mi padre que me hace la seña para que vaya por lo que debo. Me acerco a los cuerpos que Cassian dejo en el suelo y con magia extraigo los corazones que latían para darle visa a los cuerpos. Cuando están a una altura considerable Cassian les lanza una bola de fuego que los incinera y no queda nada más que polvo. Sin el corazón no hay alma que se pueda regresar. —El pago por la muerte de la reina a sido recibido.
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