VII

1441 Words
Aquella noche había finalizado de la manera más extraña e inesperada, por primera vez en los días que tuvieron de conocer a Samuel, me había agradado su compañía y por primera vez desde que llegué, no me sentí tan sola. Y ahí estoy entendí cuanto me falta un amigo. Samuel era un joven extraño, poseía un rostro esplendido que iba de la mano con su hermoso cuerpo, pero lo que más llamaba la atención del, no era algo que ver con su físico y es que eso es mucho mucho, si no cuyo carácter Tan frío y sombrío que poseía, combinado con una personalidad pícara y divertida. Al terminar aquella velada, yo había pasado toda la noche analizándolo y descubrí mi misma sonriendo como tonta al recordar nuestro pequeño momento. PUFF- Que tonta, ese chico es demasiado insoportable para ser real; aparte mi idea de poder hacerme amiga de el se esfumo totalmente cuando grabé que fui simplemente a trabajar. Por más que los Austen me acogieran en su casa como una más, era su empleada y eso lo tenía muy en claro. Amanecí con un dolor de cabeza tan agudo y yo maldije por haberme desvelado tanto, esa mañana había amanecido un poco menos fresca que las anteriores, demasiado frío para llevar un suéter, pero no tan caluroso para probar suerte con mis cortos. Los extrañaba y me preguntaba si alguna vez tienen la suerte de poder usarlos en este pueblo. Aquella mañana era domingo y según Amy eran los días de descanso, la noche anterior la rubia había llegado ya la tarde, cosa que para nada me molestaba tener en cuenta que estaba disfrutando mucho de la compañía de sus hijos y su odioso tío. Pero al parecer eso había sido algo inaceptable en su comportamiento y se disculpo adelantándome mi paga semanal para que pueda disfrutar hoy de mi día; al principio me negué, era algo innecesario y no le tocaba pagarme hasta dentro de 3 días, pero Amy fue muy seria y terminé accediendo. Baje a desayunar y me encontré con las cabelleras revueltas de Alec. -Hola.- Le saludé.- ¿Y tu hermano? .- Se me hacia raro no encontrarme con Matthew, teniendo en cuenta que era el más madrugador y responsable de esos dos. - Bañándose. Tu sabes, exagerando con los germenes nocturnos.- Viró los ojos. A pesar de ser unos chiquillos, ambos me cayeron bastante bien, eran unos niños muy despiertos para su edad. -Mar ¿Tu tienes novio? .- La pregunta me tomo por sorpresa y un poco de nostalgia me invadió al recordar la razón por la cual me vine aquí. -No, ¿Porqué la pregunta? .- Pregunté curiosa. -YEI. Ganó la apuesta.- Se alegró. Mis ojos lo miraron con mucha curiosidad y el continuo.- Apóstol con el tío Samuel que eras solterona, pero la insistencia en que tenías pareja.- Mis ojos se abrieron de par en par .. ¿Quién diablos apuesta sobre la relación sentimental de la ¿niñera con su sobrino ?. -Pues tu tío no es muy listo.- Fastidié. -Si que lo es.- Respondió una voz familiar a mis espaldas. Samuel se sintió enpijamado con su cabello peculiarmente revuelto, traía los ojos todavía adormilados y por su voz aún más roncosa supuse que se acababa de levantar. - Todo esto porque discutían sobre mis relaciones sentimentales a espaldas mías.- Pregunté algo enojada y con humor. - Porque mi tío dice que eres muy maja para estar soltera.- Mis ojos se abrieron como platos y enseguida me ruboricé ¿Samuel Austen había estado hablando bien de mi? .- Dijo que eras muy santurrona para no estar en una relación.- Maldito, le dirigí una mirada de odio y Samuel comenzó a carcajearse. -Oyeeee, eso no fue así.- Se limito a pasar sus grandes manos por su rostro, maldición jamás me había fijado en sus manos, fácilmente podría tocar una sinfonía completa de Beethoven sin equivocarse.- Alec preguntaba porque siempre establece triste y me imagine que debías extrañar a tu novio, no sé. -Pues tienes razón en algo, complicaciones no sabes.- Lo mire de mala gana.- Y no estoy triste Alec, no te preocupes por mi, ¿Vale? .- Le sonreí al pequeño.- Bueno los dejo desayunar, iré a ver unas cosas.- Y me levante para tratar de descubrir en donde tomar un autobús. Salí de la mansión en busca de algún paradero y no tarde tanto para poder encontrar uno, a unos pocos pasos de la entrada de la casa, localice una casilla, suponga que allí era donde llegaba y se marchaba toda la gente que trabaja aquí, puesto que habían algunas personas que me habían visto en la casa. Sonreí amablemente a aquellos rostros conocidos y fui compensado de la misma manera, al parecer todos en ese lugar se conocieron de años, puesto que se sentó por grupos preguntándose por la salud familiar, me consideró un bicho raro incluido entre los otros empleados. Suspiré y me disuse un checar mi celular. Le mande un mensaje a mi hermana con la esperanza de no verme tan solitaria. Para: Macela Te extraño Lú): A los pocos minutos recibí su respuesta. De: Marcela ¿Todo bien? Yo a ti Boo;) Me reí, nuestros apodos de la infancia fueron utilizados para momentos íntimos y realmente extraños su cercanía. -Hola, ¿te molesta? .- una pelinegra de ojos azules me sonrió. -No, claro, adelante.- Levante mi bolsa y ella se dispuso a sentarse a mi lado. -¿Eres la nueva, no? - Me respondió con la misma sonrisa risueña de hace un momento. -Si, Marina Eysel.- Le tendí la mano. Aquella chica parecía reírse de mi gesto y yo la acepto. -Camille Fisher.- Sonrió. - Me alegra que alguien de mi edad esté trabajando aquí, no te imagines el martirio que es trabajar entre puro adulto.- Resopló. - Si me imagino.- Reí a lo bajo. -¿A donde te diriges? .- Pregunto curiosa. -Pues quería despejarme nada más, lo que sea es bueno.- Comenté. -Bueno, no creo que tengas muchas opciones, en este pueblo solo tenemos un centro comercial y unos cuantos bares y discotecas.- Hizo una mueca. -El centro comercial se escucha bien.- Sonreí. -Perfecto! Te acompaño.- Se unió. En el camino Camille se la pasó hablando de la amabilidad de la familia y el gran cariño que tenían, así mismo me contó que ella era hija de una de las ex empleadas que se había jubilado por edad, había nacido en este pueblo y lo conocía tan bien, así como a su gente. Me pareció que aquí los rumores se esparcieron tan rápido que antes de que tu supieras algo, la gente del pueblo ya estaba enterada. Me reí al recordar que algo parecido sucedió en mi ciudad. La extrañaba. La plaza no era ni muy grande ni muy chica, era lo justamente espaciosa como para poder terminar de recorrerla en un día, pero terminaría lo suficientemente cansada para no querer darle otra vuelta. Me disculpo a comprar un frappe el cual invitar a mi nueva amiga. Ella se negó alegando que detestaba los frappes con este clima y no lo pude negar, pero de alguna manera quería gastar algo de mi dinero. - Y bien ¿Cuál es tu puesto en la casa? .- Me interesa curiosa. - Au peir de los niños.- Respondí mientras absorbía la bebida de chocolate. -¿WHAT? QUE ENVIDIA.- Alzó la voz con emoción.- Supongo ya conociste al famoso Samuel, dime por favor cómo es.- La emoción de sus ojos se hizo visible.- Una parte de claramente guapísimo.- Empezó a reír. - Mmmm, no lo conozco mucho la verdad.- Me sinceré.- Pero es extraño.- Me sinceré. Y era la verdad, no tenía una palabra exacta para definir a Samuel, podría definirlo dependiendo del humor con el que había amanecido cada día. - Escuche que mañana se va, que triste.- Hizo un puchero.- Extrañare ver su lindo trasero por la casa.- Los ojos de Camille se perdieron en una fantasía con el joven. - ¿No vivía ahí? .- Según recordaba Amy me había dicho que él era el dueño de la casa. -No no no, la casa se la ha dado prestado al señor William, pero él tiene la mansión más hermosa que te puedas imaginar en Londres, yo diría que le hace competencia a la de los reyes.- Sonreí por su comentario exagerado. Mi tarde consistió en conocer un poco más a Camille y alegrarme de al fin tener a alguien con quien charlar, a fin de cuentas Samuel se iba a ir y mis esperanzas con el de tener un amigo. Regrese a la mansión cuando el sol comenzó a desaparecer, llegaría antes de que la noche me ganara, no estaba dispuesta a perderme en la oscuridad del frío pueblo.
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