El amanecer apenas se insinuaba tras las grietas del edificio, cuando la silueta encapuchada apareció en el umbral. Sus pasos eran vacilantes, pero su voz cargaba una urgencia que heló la sangre de todos. —El cazador no está solo —dijo, con un hilo de voz—. Hay otros. Y vienen hacia aquí. El grupo se tensó de inmediato. Clara dio un paso al frente, con la mirada fija en el extraño. —¿Quién eres? ¿Por qué deberíamos creerte? El encapuchado levantó las manos, mostrando que no llevaba armas. Sus ojos, cansados y oscuros, reflejaban tanto miedo como determinación. —Me llamo Elías. Escapé de ellos… apenas. Si no me creen, pronto lo sabrán. Valeria apretó la barra metálica, desconfiada. El recuerdo del cazador aún ardía en su mente. —¿Qué quieres de nosotros? Elías bajó la mirada

